Ago
28
2020

Negociar contigo mismo

 Escrito a las 19:19     Archivado en: Desvarios     2 comentarios


En su día, pasé varias semanas pensando si felicitar o no a una persona especial por su cumpleaños. Nuestra relación no acabó bien, y la verdad es que en esos casos supongo que lo que más cuesta es por un lado «Aceptar» que algo se ha acabado y no quedará ni el poso de una amistad , y por otro, que habiendo perdido la capacidad de diálogo tranquilo… jamás podrás llegar a una conversación razonable o a un cierre pacífico de la relación, pues para la gasolina y la madera, cualquier chispa supone el inicio de un nuevo incendio y ambas partes desean evitarlo.
Pensaba entonces que ante todo, lo importante… siempre es ese diálogo con nosotros mismos.
Supongo que felicitar los cumpleaños es el último enclave que se sostiene en algunas relaciones.
Y cuando recuerdas el cumpleaños de un ser querido, que fue muy importante, te apetece decir un «sigo aquí», o no.
Y aunque en este caso esta claro que me equivoqué, en otros muchos he acertado y ha permitido retomar el contacto, compartir buenos deseos, aunque quizás no haya más que las cenizas de la hoguera de amistad o amor que hubo en el pasado, pero alguna vez consideré que en honor de una historia bonita… merecen ser preservadas algunas cenizas, a modo de recuerdo enmarcado, y también es precioso retomar una amistad una vez ha madurado con los años, recordando las correrías o anécdotas del pasado juntos, dejando atrás rencores estúpidos y enterrando orgullos, para plantar algo nuevo.
Equivocarse y acertar forma parte de la vida, y aprender de ello… es casi obligatorio.
Hay personas con una capacidad de almacenar rencor ilimitada, y un orgullo proporcional que jamás les permitiría reconocer sus errores.
Así que no queda más que aceptar, pasar página, y a seguir equivocándome para seguir aprendiendo…
 

Para el que sabe ver,
todo es transitorio,
todo está en permanente cambio.
 
Nosotros no somos los de ayer,
cada día renacemos.
 
Buda
 

 
Y según el tiempo me aleja de algún conflicto pasado, hay veces que no puedo evitar pensar «¿Y si tengo más culpa de la que creo?«, seguro que hay personas que no saben sintonizar ese pensamiento, pero para mi es inevitable, aunque tenga las limitaciones de perspectiva de analizar algo visto desde dentro, y de lo que solo ves una pequeña parte. No es sencillo alcanzar el punto en el que encuentras tu paz interior en lo relativo a algo que te ha importado, perdonándote, sabiendo que, aún habiendo cometido errores, eres consciente de que no hiciste las cosas tan mal y que por mucho que se te reproche por la otra parte, consideras que en un juicio… saldrías ganador. Vale la pena luchar por esa paz, tratar con una persona hasta alcanzar ese punto, para bien o para mal, esa verdad… subjetiva, que amortigua tu conciencia y la calma cómo un bálsamo refrescante. Si esa persona te quiso bien, te explicará tus errores para darte la oportunidad de mejorar, y puede que ella también quiera aprender algo. Si su orgullo o el rencor le impiden hablarte, o lo hace a gritos e insultos, está dejando patente el tipo de persona que es, y por supuesto, que no merece tu menor atención de ahí en adelante.

Y es que toda relación entre dos personas tiene dos puntos de vista totalmente diferentes. Quizás no se pueda llegar a un punto de encuentro, pero creo que sí deberíamos intentar al menos entender a la otra persona, y explicarnos. Tengo mil defectos, lo sé, incluso puedo negarme a hablar si estoy ofuscado o enfadado, pero antes o después intento entender, y si se hace con respeto, estoy abierto a hablar lo que sea necesario en busca de ese entendimiento. Esa sí es una diferencia importante entre las personas en una discusión: hay las que eligen callarse y no responder, o las que escapan o insultan cuándo sus argumentos se ven cuestionados o amortajados, o las personas que se anclan en las emociones negativas, se enfadan por algo que ellas también hicieron y se esconden en su concha saliendo sólo a vomitar heces dejadas en su mundo por otros. Siempre me pareció increíble cómo personas que se querían, amigos o pareja, pueden ser tan tóxicos y dañinos hacia el otro al acabar la relación. Supongo que sólo hay una explicación, llevaban todo eso dentro, porque son así, y esa es su verdadera cara.

Al fin y al cabo, cada uno elige cómo vivir ¿no? En el amor… o en el odio.
Y esa pregunta, de qué lado escogemos… …se nos plantea varias veces por día,
responder un día bien no quiere decir que no vayas a caer mañana en la trampa.
Cómo dijo George Santayana «Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.»
y aquellas personas que se mienten respecto a algo que han vivido, sin duda lo repetirán,
una y otra vez, con personas diferentes, hasta aprenderlo.

Así que con cuidado y sin máscaras,
empecemos por sonreírle al presente,
por ser honestos con nosotros mismos,
y vivamos lo más posible en el amor.
 
 

Porque la vida puede ser maravillosa.»
 
Andrés Montes
(1955-2009) ¡No te olvidamos jugón!

 

Ago
25
2020

…reflejos

 Escrito a las 11:11     Archivado en: Citas     comentarios cerrados


 

 
«Nadie puede decir nada sobre ti.
Lo que diga la gente
es sobre ellos mismos.”

 
Osho (1931—1990)

 
 


 
 

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Ago
20
2020

Amar mejor

 Escrito a las 17:00     Archivado en: Desde dentro..., Reflexiones     comentarios cerrados


Estas últimas semanas he hablado con varias personas que tienen problemas sentimentales, parece que el Covid afecta también al corazón, y hay quien anda cómo alma en pena por esos caminos sentimentales llenos de piedras que enseñan tanto en la vida, y nos dejan el corazón en pedazos, al sol o completamente congelado.
Una amiga mía, está destrozada porque tras intentar una nueva relación con el padre de sus hijas, a los dos meses parece que él se retractó y con el confinamiento de por medio, decidió seguir con su vida. Él se comporta tras dejarla cómo si hubiera dicho «Voy a comprar pan» y ella se encontró un buen día con que, tras haberse vuelto a enamorar de alguien muy importante para ella, él decidió seguir su camino solo… o no, pues hay serias sospechas de que hay alguien más en la vida de él. Mi amiga no sabe cómo gestionar esos celos, y se consume en un vaivén de días con algo de luz y días de total oscuridad. Yo le he soltado mis charlas motivadoras pero ni aún así… supongo que sólo el tiempo puede curar algo así.
Y este tipo de desajustes me recuerdan mucho a un vídeo que vi hace unas semanas por azar, de un loco genial llamado Mooji. No soy yo de gurús, pero la sencillez de este hombre siempre me ha cautivado, y su sonrisa es tan pura y dulce. Mooji es un maestro espiritual nacido en Jamaica, cuyas creencias se entrelazan con el hinduismo, más concretamente a la doctrina vedanta adwaita (‘no dual’, no hay almas y Dios, sino que las almas son Dios).
Pero a lo que voy, el vídeo se titula «No need to be loved«, y la curiosidad me hizo pinchar…
(a mi me sale con subtítulos activados, si no es así activadlos en español)
 


 
Reflexiones superinteresantes sobre cómo llevar de un modo sano las relaciones.
A lo largo de mi vida he encontrado reacciones de tantos tipos, y me he sentido, cómo la chica, con miedo de perder a alguien, siendo algo que casi conseguía volverme loco. ¿Qué pasó? Pues que la perdí, claro, y cuando me recuperé y volví a ser yo mismo, volvió, aunque entonces era yo el que buscaba algo diferente. Aunque existan estereotipos, cada persona tiene su modo de entender las relaciones y de amar. Hay quienes agotados de tantos intentos prefieren estar solos, hay quienes enganchan uno con otro por miedo a estar solos. Hay quienes al romperse una relación se enfadan y se vuelven violentos y agresivos pues sienten les han robado una propiedad, hay quienes incapaces de expresarse tras la ruptura se encierran en una cueva meses o incluso años.
Pero sobre todo, lo más importante, es, cómo decía Shakira «…Siempre supe que es mejor, Cuando hay que hablar de dos, Empezar por uno mismo…«. Debemos empezar por estar bien en y con nosotros mismos antes de sumergirnos en una relación, precipitarse es quizás el error más habitual, buscar una plenitud que está en nosotros mismos fuera… cómo si la otra persona fuera la encargada de entregarnos esa felicidad, y de preservarla. La amiga de la que os hablaba al principio siempre ha tenido esa misma ansiedad que la chica del vídeo, la misma que tenía aquella mujer que tenía 4 hijos con la que estuve, y que he visto muchas veces… y sentido, por desgracia. Esa ansiedad de «Necesito a alguien para estar completo» es un espejismo, un engaño, es un ruido que ahoga un silencio que no soportamos.
 

 
«Uno debe encontrar la verdad de uno mismo y ser eso.
A no ser que te conozcas a ti mismo no sabrás lo que es el amor de verdad.
 
Amor y verdad son uno.»

 
Mooji (1954—    )

 
 
Sigamos aprendiendo, sigamos caminando,
amemos bien, no amemos tanto que se nos vaya de las manos.
Busquemos una luz que nos llene el corazón,
y no busquemos una luz con la que atraigamos a otros corazones.
Cuando encontremos esa luz, otros se acercarán,
a empezar la conversación.
 
 

Porque la vida puede ser maravillosa.»
 
Andrés Montes
(1955-2009) ¡No te olvidamos jugón!

 

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Ago
18
2020

…invierno

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Citas     comentarios cerrados


 

 
«En medio del invierno aprendí por fin
que había en mi
un verano invencible.”

 
Albert Camus (1913-1960)

 

Au milieu de l’hiver; j’apprendais enfin qu’il y avanit en moi un été invincible.«

 


 
 

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Ago
12
2020

El Solucionador de problemas

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro...     comentarios cerrados


Todos tenemos uno u otro superpoder, y creo que es importante valorarlos, y pensar siempre más en lo que se tiene que en lo que te falta. Por ejemplo, dada su escasez, el sentido común parece cada vez más un superpoder, igual que la honestidad tan poco abundante no solo en los políticos, sino en todos ¿Quien podría asegurar sin miedo que siempre ha dicho la verdad? Yo tenía una amigo que presumía de ello, y precisamente era de lo que más carecía, pues él vivía en un mundo emocional que no existía y se inventaba las reglas por las cuales sus actos o palabras eran verdad, pero no por mucho repetir o querer creer algo lo convertimos en verdad.
Y ese mismo amigo también tenía un superpoder que rivalizaba con el mío, era un poderoso hechicero solucionador de problemas. En este mundo tan lleno de trucos y artilugios, existen soluciones para problemas que incluso no sabemos que tenemos, hay mil procedimientos y modos de hacer las cosas, formas correctas de pelar una naranja o de ayudar a una persona a superar una ruptura, maneras de gestionar tus contraseñas o modos de conservar un amigo, diseños para colocar del mejor modo posible los geles de la ducha o consejos que pueden ayudarte a tener una relación en pareja más enriquecedora y sana. Y en la competición que parecíamos tener por la vida, a menudo él sobresalía técnicamente, al ser muy inteligente y bastante creativo. Pero claro, su invalidez emocional hacía que todo lo que tuviera un poco de corazón o alma fuera para él un enigma indescifrable, en el que se atoraba una y otra vez. Sin embargo para mi era algo más sencillo a la hora de intentar entenderlo, hay cosas en las que hay que aparcar la lógica y dejar que sea el corazón el que ponga el cerebro.
 

 
Hoy me daba cuenta de cuántas cosas resuelvo cada día, en uno de esos días en los que liquidas varios problemas y haces muchas gestiones para resolver otros.
Últimamente he entrado en una sinergia que ha elevado mucho mi actividad diaria. Empezando por esa maravillosa reforma del salón y de mi estudio, y siguiendo por la venta vía Wallapop de todas aquellas cosas que ya no uso o necesito, es increíble lo importantes que son las limpiezas. En el fondo envidio a quienes pueden vivir sólo con una mochila, aunque el equilibrio va más allá de lo físico y material y quizás las maletas más peligrosas sean las emocionales y sentimentales, las incomprensiones y los rencores, la incapacidad de evolucionar o la ausencia de amor.
No hace mucho, me decía una amiga acompañados de un refresco, que yo le había aportado mucho en su proceso de vivir en presente. Me sorprendía tanto, siempre lo ha hecho, el darte cuenta de que puedes cambiar la vida de una persona con tu consejo o apoyo, o el que puedas ser un faro en su día más oscuro, es algo que te cuesta de aceptar y de creer. Me pregunto si los psicólogos que escriben libros que ayudan a decenas de miles de personas se detienen a valorar el peso de su labor, si pueden ver cuánto ayudan a sus lectores.
En mi caso… no sabría decir si he ayudado a 5 o 10 personas, o a muchas más. Alguna vez, algún lector de este blog ha hablado para dejar constancia de ello, aunque nunca hubiera comentado antes, dejándome boquiabierto. Me parece increíble que un consejo mío pueda ser escuchado con cariño y convertido en un cambio importante para alguien. Supongo que estamos acostumbrados a que los consejos entren por un oído y salgan por el otro, y no a que sean madurados y transformados.

Lo primero que aprendes cómo solucionador de problemas es que debes aceptar que no puedes resolverlos todos.
Lo segundo, es que no puedes ayudar a quien no quiere ayudarse.
Lo tercero, que cada cosa tiene su momento y no puedes precipitarlo.
Y lo cuarto, que por muchas normas que creas ver en el mundo, en el fondo, son mentira.

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Jul
30
2020

Llamadme sibarita… sí

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desvarios     comentarios cerrados


Pues sí, podéis llamarme sibarita, y además os doy permiso para desahogaros si queréis liberar cualquier otro insulto, siempre he aprendido de ellos y he intentado ver la parte de razón que toda crítica o discrepancia tiene, ese aprendizaje es el que aquellos que niegan su palabra a quienes le llevan la contraria se pierden.
Hoy me ponía una cocacola, la primera tras unos días con gastroenteritis, y pensaba en que no resulta complicado distinguir entre un envase y otro. Quiero decir, que noto diferencia entre botella y lata, e incluso entre tamaños de botella ¿Con entrenamiento podría decir de qué envase ha salido una cocacola? Las reinas serían las de cristal, sin duda, aunque me sería difícil diferenciar entre 350 y 233 ml, aunque siempre prefiero la primera por cantidad y me dan una alegría al sacarla en cualquier bar, así se trata al cliente. Sé que otras las acertaría, la falta de fuerza de los envases de plástico… un día debería ponerme a prueba con ayuda de algún amigo a ver de lo que soy capaz.
Distingo con facilidad, eso sí, el agua mineral. La Solan de Cabras es mi favorita, seguida de Lanjarón, y otras como Font Vella o Fuente Liviana también me gustan bastante. Sin embargo, no soporto las Bezoya y creo recordar, Aquarel, y las evito a toda costa. Y para mi son el día y la noche. Y no soporto los debates sobre la calidad del agua de grifo y lo maravillosa que es, no me gusta su sabor, y cómo alguien que tuvo durante muchos años un acuario, te digo que la maravillosa «agua de Madrid» te mataba a los peces si no la dejabas ciclando durante un buen puñado de horas, así que cómo diría mi abuela… «tan buena no será«. Beber agua preparada en botella me parece un timo, y llevo fatal que la ofrezcan en algún restaurante haciéndose los «cool» y sostenibles cuando lo único que son es miserables. Hay agua mineral embotellada en cristal, casi tan sostenible como tener una máquina que te filtre la del grifo y puedas meterla en unas monísimas botellitas con las que ofrecerla a tus… ¡miserable! jejeje y si encima la cobran, a precio de mineral, ya me han «divertido» la cena y escribiré raudo las reseñas pertinentes en Trip Advisor y Google para desquitarme, dejando aullar al hater que llevo dentro.
Yo confieso que soy sibarita en otras muchas cosas… y vosotros ¿en qué sois sibaritas?
 

 

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  Earl grey con cookies de...

...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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