Relatos o Versos

Jun
7
2005

El Manto de Estrellas

 Escrito a las 13:45     Archivado en: Relatos o Versos     11 comentarios


Por la ciudad...Camino del colegio, Victoria paseaba con calma por la calle buscando pájaros en los árboles a los que dedicarles una sonrisa, contemplando con ilusión e inocencia ese paisaje urbano salpicado ocasionalmente por el verde. De vez en cuando, en los cruces de las calles se detenía plácidamente esperando que se iluminara el hombrecillo andante para poder así proseguir su camino. A sus 12 años era una niña risueña y alegre, todos disfrutaban de ella y por su sonrisa y su pelo rubio su familia decía que era como un rayo de Sol.

Aquella mañana, mientras contemplaba el cielo, pudo ver en lo alto de un edificio de cuatro plantas un hombre sentado en una cornisa, completamente vestido de blanco y con una piel tan clara que apenas podía distinguirse entre sus ropas. Su pelo blanco no hacía mas que aumentar la intensidad del brillo de esta figura.
A su lado pasó un compañero del colegio de la mano de su madre, y le preguntó a la niña: – ¿Qué miras?
Y la niña, que seguía ensimismada mirando aquella figura, contestó:
A aquel hombre que está sentado allí arriba vestido de blanco.
Su compañero miró hacía allí y no vio nada. Ofendido por lo que consideraba una broma prosiguió su camino al colegio de la mano de su madre.

Victoria siguió allí pensativa, contemplando aquella maravillosa figura, y decidió acercarse mas, aquel edificio estaba a un minuto caminando y algo en aquella figura le cautivaba y le obligaba a ir allí.
Llegó al portal del edificio y podía ver los pies de la figura balanceándose. Estuvo tentada de gritar para saludarlo, pero en ese momento se abrió el portal mientras una señora salía de compras con su carrito. Aprovechó la circunstancia para entrar, y tras un titubeo se dirigió al ático en busca de un modo de llegar a aquel hombre. Al alcanzar el último piso vio que las escaleras continuaban hacia una única puerta, y subió hasta allí para poder salir a una terraza enorme, llena de cuerdas para tender la ropa y gobernada por ese rojo oscuro de las baldosas de arcilla. Allí en el borde estaba él de espaldas, tranquilo e impasible, observando la ciudad. Ella se acercó y vio un escalón que estaba a un paso del precipicio y de la figura, y se sentó allí.
Dirigió su mirada a la blanca figura unos segundos y le dijo:
¿Que haces?
Él siguió tranquilo, sin inmutarse ni mostrar sorpresa por la compañía. Se tomó su tiempo y contestó:
Observo a la gente
La niña se quedó pensativa, miró hacia la ciudad y le replicó sonriendo:
¿y que ves?
La figura devolvió la sonrisa, giró la cabeza hacia Victoria, y le respondió:
Veo sus preocupaciones, sus ilusiones, sus pensamientos, sus sueños…
Ella respondió implacable:
¿y para que haces eso?
Así puedo saber que necesitan y en qué puedo ayudarles
¿como te llamas?
Me puedes llamar Kosh
Hubo un silencio y ambos se quedaron mirando al frente, disfrutando de la vista. La niña inquieta pensaba en todo aquello, y no tardó mucho en replicar enérgicamente.
¿No me preguntas mi nombre?
No necesito preguntártelo, Vicky
¿Como lo sabes?
Yo sé muchas cosas
¿cómo ayudas a la gente?
A veces un insignificante detalle puede cambiar una vida, busco esos detalles y los realizo
Si yo tuviera algún problema ¿me ayudarías?
Cuando así sea, ahí estaré, aunque no me veas
¿y porqué no te veré?
Con los años se desvanecerán los cristales de la inocencia que te permiten verme ahora
¿y no te volveré a ver?
Así es
Pero…
La niña comenzó a gimotear, se sentía muy bien al lado de aquel extraño, y le resultaba muy triste saber que nunca mas lo volvería a ver. Kosh, se giró y le dedicó una sonrisa, a la que añadió:
No llores, no te preocupes, siempre estaré cerca, y quizás puedas sentir mi mano tras mis actos
Pero…
Te haré un regalo, para que nunca me olvides y para que conserves tu inocencia, te obsequiaré con un manto de estrellas.
¿Qué es?
Lo sabrás cuando lo veas…
La niña seguía triste y parecía que iba a comenzar a llorar en cualquier momento. Kosh sopló sobre la palma de su mano abierta, y una brisa inundó a la niña llenándola de paz y tranquilidad. A ese gesto, él añadió unas palabras:
Tú debes ir a clase, llegarás tarde
La niña asintió y puso rumbo a la puerta por la que había entrado, antes de abrirla se giró y le dijo:
Gracias, cuidanos mucho ¿vale?
Él asintió sonriente y contestó:
Lo haré

Victoria no consiguió deshacerse de aquella imagen en todo el día, estuvo completamente ausente en clase y se movía guiada por el hábito sin pensar en lo que hacía, no podía olvidar aquella cara… ella estaba segura de lo que había visto, de que aquello era real, pero también sabía que no podía contárselo a nadie porque la tomarían por loca. “Un Ángel” susurraba, “He visto un Ángel” y pensaba como podía ser la vida de esa criatura maravillosa que hacía la vida de los hombres mejor.

Pasó el día volando, casi sin darse cuenta, y llegó a casa. Tiró la cartera y le dijo a su madre que estaba cansada y quería acostarse pronto. Después de cenar se puso el pijama y fue a darle un beso de buenas noches a sus padres y a su hermano, y tras ello cerró la persiana y se metió en la cama dejando encendida la lámpara de la mesilla para ahuyentar su miedo a la oscuridad.
Se quedó mirando el techo pensativa, recordando ese día que parecía uno mas pero que había sido algo completamente distinto. Manto de EstrellasMientras pensaba en lo sucedido, vio como poco a poco comenzaba a iluminarse el techo, pequeños puntitos surgían como chinchetas brillantes y se convertía en el más hermoso firmamento… fascinada y emocionada por aquello comenzaron a deslizarse sin freno lágrimas por sus mejillas, era algo tan bonito, tan mágico… una de sus manos se movió instintivamente hacia la lámpara y la apagó, para hacer aún mas hermoso aquel espectáculo. Con los ojos húmedos le conquistó el sueño aquella primera noche después de haber visto un Ángel, y la sonrisa formó parte de su cara hasta el amanecer.

A sus 24, Victoria seguía conservando aquel manto de estrellas, por las noches se dormía contemplándolo y las mañanas amanecían llenas de color… a veces, cuando cerraba los ojos, se podía distinguir una palabra entre un suspiro, “Kosh“.

Relato previo, o continuación, de “Desde mi Cornisa“, escrito un 1 de Julio de 2004
en la primera versión de Peor para el Sol

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May
27
2005

La Orilla de los Sueños

 Escrito a las 20:00     Archivado en: Relatos o Versos, Suspiros     7 comentarios


Maestro y aprendiz caminaban por un sendero que entre los pinos pasaba muy cerca del mar. El aprendiz reflexionaba sobre las enseñanzas que ese anciano con cara de niño le había estado inculcando en los últimos días, y una pregunta tomó forma:
-Maestro, ¿Para que sirven los sueños?
El Maestro continuó caminando sin girar la cabeza ni contestar y dirigió sus paso hacia una playa cercana, mientras el aprendiz le seguía le invadía el miedo de una pregunta desafortunada, pero sabía que no deben hacerse suposiciones, y que no mucho tiempo después algo sucedería para desvelar esa incógnita, así que pacientemente, siguió los pasos de su mentor.
La orilla de los SueñosLlegaron a la orilla de la playa, donde a escasos metros la espuma delimitaba el mar y comenzaba la tierra, el Maestro se giró hacia su aprendiz y dijo:
Los Sueños son como el mar, y la realidad es la tierra que pisamos. Debes disfrutar de la orilla y mojar tus pies con ellos, porque eso te enriquecerá como persona y te hará mejor, pero con cuidado de no meterte tan dentro del mar que puedas perder de vista la realidad y ahogarte. Por maravillosa que sea la tierra que tus pies tengan debajo, el mar es necesario para avivar la llama de nuestro espíritu, y la tierra imprescindible para que nuestra mente conserve el rumbo y no vaya a la deriva, como todo en esta vida… es cuestión de un punto medio.
Todos necesitamos frecuentar la orilla, es básico para que sigamos siendo humanos… y si nos alejamos demasiado tiempo corremos el riesgo de secarnos.
Es tal la relación entre el simil que te he planteado y el mar, que todos los que hemos visto esas maravillosas llanuras de agua y azul las necesitamos formando parte de nuestras vidas, y quienes aún no las han conocido escuchan su llamada en la distancia… y es que no hay nada tan bonito como todos tus sueños bailando juntos, hasta que llegan a tu orilla para hacerse realidad.

El aprendiz giró la cabeza hacia el mar, y sonrió.

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May
19
2005

El Principito

 Escrito a las 2:01     Archivado en: Relatos o Versos     10 comentarios


XXIII

Simplemente mágico...-Buenos días –dijo el principito.
-Buenos días –dijo el vendedor.
Era un vendedor de píldoras perfeccionadas, de las que apagan la sed. Tomando una a la semana, ya no se siente la necesidad de beber.
-¿Por qué vendes esto? –dijo el principito
-Supone una gran economía de tiempo –dijo el vendedor-. Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos a la semana.
-¿Y qué hace con esos cincuenta y tres minutos?
-Se hace lo que se quiere…
«Yo –se dijo el principito-, si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, andaría despacito hacia una fuente… »

Que regalo más fascinante nos hizo Antoine de Saint-Exupery con este libro,
al igual que la vida me lo hizo a mi hace poco, al brindarme la oportundiad de leerlo.

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May
18
2005

Sentados junto al fuego

 Escrito a las 17:03     Archivado en: Relatos o Versos     13 comentarios


Aquella noche de verano se habían reunido como hace años, el grupo de 5 amigos que eran la revolución del instituto. Tras encontrarse dos de ellos hicieron algunas llamadas para organizar esa noche donde unos cuantos años después volverían a juntarse y podrían reirse y disfrutar compartiendo lo que les había sucedido en todo este tiempo.
Esa noche habían encendido una hoguera tras recoger algunos palos en el bosque que delimitaba la playa, una vez la oscuridad reinaba en toda la playa. Sentados en torno a ella compartían unos bocadillos y algo de beber, y charlaban sobre sus vidas.

Raúl comentaba:
Cada día me gusta mi trabajo como publicista, aunque no es fácil vivir en Madrid y hecho de menos esta ciudad y su mar, y a vosotros, claro, aquello es distinto, pero te acabas acostumbrando.
Raquel contestaba:
A mi no me importaría vivir en una gran ciudad, aquí la gente te conoce demasiado y está todo lleno de cotillas… no sé, por un lado ganas en unas cosas pero pierdes en otras
Fernando decía entre risas:
Yo me iría encantado a vivir al Norte, a Holanda! Buenas chicas, muchas drogas, diversión a raudales, es una pena que el haya faltado a tantas clases de inglés y que no sea lo mio.
María contestó al hilo de la conversación:
La verdad es que en una gran ciudad hay muchas más opciones de todo, tanto de sitios para salir, como de gente con la que estar, cosas que hacer… me hubiera gustado irme a vivir a Madrid o Barcelona, pero ahora, con mi trabajo y mis amigos, me veo aquí toda la vida… y me encantaría ir a buscar a ese hombre de mi vida que aún no he encontrado.
y David respondió tranquilo a María:
La verdad es que aquí no vivía mal, pero mi camino me llevó lejos de aquí, a una gran ciudad, pero nada consigió que me olvidara de mi playa, de mi gente y del gran amor de mi vida.” David miró a María y prosiguió: “Por muchas personas que haya, por mucho mundo que recorra, sé que nunca encontraré una sonrisa como la tuya ni una miradal que necesite tanto, porque siempre creí que puedes amar a alguien de un modo distinto y diferente a cualquier otra persona, y saber en sus ojos, que lo tiene todo para hacerte feliz.

María se quedó pensativa y sin saber que decir durante un largo rato, con la cabeza baja, al igual que todos los de aquel grupo… todos conocían la fascinación de David por María, pero este nunca se había atrevido a declararla, y menos de aquel modo… pero bueno, las grandes ciudades, te quitan unas cosas… y te dan otras, y él… había ganado mucho valor.

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May
11
2005

El Arquitecto de Destinos

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Relatos o Versos     9 comentarios


Arquitecto, eso quería ser y siempre lo había tenido claro desde el comienzo de su existencia bajo esa forma carente de moléculas, incluso las almas tienen cosas que aprender y él sentía en lo más profundo de su esencia que había nacido para eso, y en ello centró sus energías, y no muchos siglos después de su comienzo en un nuevo mundo reinado por el blanco, había conseguido ser un ente eficaz en el diseño y planificación de la vida de los hombres. Trazaba perfectas elipses en las que sus protegidos adquirían valiosas enseñanzas, dolorosas curvas en las que sus vidas cambiaban radicalmente, y aburridas rectas en las que la monotonía se apoderaba de ellos… todo seguía un patrón, y solo los arquitectos como él eran capaces de comprender la belleza de la figura final.

En algún rincón del planeta, un chico salía de fiesta con dos chicas y un amigo, era una noche para relajarse después de tiempos complicados y disfrutar de unos bailes, algunas copas y una inmejorable compañía. Desde un primer instante una mirada mantenía cautivo a este chico, sorprendido por la claridad de esos ojos y la belleza de aquel rostro. La conversación acompañaba tan hermoso conjunto y las emociones se desataban, era algo que al mismo tiempo le sorprendía y le llenaba de gozo y nerviosismo. La mágica sucesión de días cristalizaba aquella mirada en beso, y después del beso una relación, con promesas, sueños… un comienzo.

Desde la distancia El Arquitecto observaba cuanto acontecía, le preocupaba el devenir de los acontecimientos, pues conocía el pasado y el destino de ese chico con cuerpo y alma del que se había hecho cargo desde su nacimiento. Ahora, algo estaba fallando, la ilusión y el deseo eran un velo demasiado opaco como para permitirle ver a aquel humano la realidad de aquel momento, así que se dispuso a realizar unos cambios en el dibujo de su destino. Trazó una muesca en una línea ascendente, aquella muesca sería un día en el que se sentiría triste y solo, y por esa sensibilidad podría ver mejor la verdad de su compañera, y justo ese día caería enfermo… y aquello le haría sentirse aún más solo, y alguien le decepcionaría. Mientras el arquitecto contemplaba el dibujo sabía que no era suficiente como para deshacer aquel entuerto, así que tras una prodigiosa inspiración prolongó una línea de una figura femenina que había quedado en el pasado del chico para volverla a poner en escena, de ese modo la sucesión de los factores generaría una inevitable ruptura, de ningún otro modo podría deshacerse aquella especie de embrujo al que estaba sometido, con el paso de las lunas aprendería a valorar aquella mala época que iba a pasar como una transición a tiempos mejores, y agradecería su fortuna y la confusión que reinaría en su vida en los próximos tiempos.

Meses mas tarde de aquella ruptura al chico le resultaba difícil animarse, tras haber encontrado una hermosa forma de felicidad la había perdido ante la irrupcion de alguien que había quedado mucho tiempo atrás en su pasado. Había perdido algo valioso por algo inservible, había dejado un sueño por una pesadilla, y se sentía algo extraño y perdido, triste, ni tan siquiera le ilusionaba comenzar un nuevo año solar, aunque algo le decía que no sería un simple año de transición, sino que pese a todo le esperarían grandes cosas, pero era incapaz de desprender de su piel esa pringosa tristeza aderezada con culpa…

El Arquitecto lo miraba, siempre sonriente, allá donde moran los arquitectos era el gesto más habitual en lo que podríamos llamar “cara”, y pese a sentir como suyo aquel sufrimiento era capaz de neutralizarlo con el conocimiento del futuro. Había rescatado a aquel chico de un mundo de negros antes de que se oscureciera su alma, para ello no le había quedado otra opción que hacer reaparecer un pasado capaz de generar una reacción en cadena para hacerlo más fuerte, mejorarlo como persona, aquello había podido producirle un cambio en su misma esencia, pese a no alterar la forma. Para completar aquella transición, el Arquitecto trazó una línea en la que alguien mas entraba en juego, un amigo, para romper por completo a aquel chico quebrado… él le ayudaría a recomponerse, y el fénix que resurgiría sería mucho mejor que el que había ardido. Más tarde, le ofreció consuelos para calmar las heridas del muchacho, vió traicionado a su traidor, y vió condenada a la mujer de su pasado, el cambio se había producido, el destino era una gran autopista por descubrir para aquel muchacho, un camino que valdría la pena recorrer…

Despejado y con la mente clara disfrutaba de aquel momento. Si bien conocía desde hace meses que aquel tesoro el cual creía valioso que había perdido no era mas que un engaño, algo le escocía y necesitaba pomada, y el día anterior se la había regalado una curiosa mezcla de traiciones, en las que el embustero fué castigado con la ignorancia de lo que realmente habita en su presente, y por otro lado, el poder disfrutar lo sucedido con aquella chica que había sido “pasado”, pero que meses atrás había vuelto para rescatarlo sin saberlo, aunque no volvería a formar parte de su vida porque así lo había merecido. Tenía que reconocer que era agradable sentir que a veces el mundo es justo y la gente obtiene lo que merece, sea bueno o malo.
Su mayor tesoro era una familia y un presente, con unos sueños que recuperaban su forma, libre al fin de seres que habían exprimido su vida y que hacían peligrar su futuro, con nuevas personas llenando esos huecos, al comprender eso comenzó a llenarse de gozo y de felicidad plena por sentirse liberado de aquellas cargas… y en aquel instante y en algún lugar de su mente encajó la última pieza de un puzzle, y después de no saber bien hacia donde mirar giró su cabeza hacia aquel cielo azul y despejado de primavera, y esbozando una enorme sonrisa dijo: “Gracias

En algún lugar blanco, perfecto y atemporal, alguien se mostraba sorprendido por lo que acababa de ver, en aquel instante agradeció complacido un reconocimiento que raras veces recibía, y tras corresponder la sonrisa, esbozó un ténue: “De nada
 
 

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  Earl grey con cookies de...

...un ser humano normal, sin aparentemente nada llamativo ni destacado... salvo quizás una visión diferente del mundo, coleccionista de sonrisas y abrazos, que intercambio por buenas conversaciones. Normal... salvo que puedo ver tu alma en tus ojos, que era gallego antes aún de haber nacido, que tengo tanto que ofrecer y tantos colores con los que pintar... que estoy seguro de que vale la pena conocerme.

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