Relatos o Versos
11
2012
Mataré dragones por ti
La casualidad quiso que en un rincón de la Red se encontraran para comenzar tímidamente una conversación. De sus similitudes emocionales e intelectuales nació poco a poco una conexión especial entre ambos. Por caminos separados habían aprendido que con el paso de los años dejas de buscar únicamente una carcasa bonita, te centras en un equilibrio mental, en una madurez cubierta y aderezada con inteligencia, sonrisas compartidas, en una dulzura nestlé con varias pizcas de independencia, en una suma de valores y cualidades que te ha llevado media vida encontrar, comprender y definir.
Así era ella. Una mujer sensacional, madura e inteligente, decidida y alegre, equilibrada e independiente, con clase y humilde… y aunque feliz, añoraba un digno compañero con el que crear una familia. En las fotos se veía que su belleza exterior era atractiva y elegante, en perfecta sintonía con su forma de ser.
Y tras algunas conversaciones prometedoras, de esas que son capaces de crearte un vínculo especial con alguien, e incluso una ilusión que encierras con llave y te prohibes, llegó el día del encuentro. Era momento de ver si las sensaciones eran ciertas o tan solo un espejismo… cuando has visto convertirse en varias ocasiones bosques en desiertos, aprendes a no celebrar los oasis hasta que refrescas tu cara en ese agua caída del Cielo.
Pese a que su primer encuentro estaba lleno de nervios, fue natural. Ella era como en las fotos, salvo que en persona, era mucho más hermosa. Su sonrisa era de esas capaces de colarse por tu columna vertebral para regalarte un escalofrío cálido, y sus ojos eran agua en un pozo profundo cuyo fondo, era un firmamento lleno de estrellas. La elegancia y clase que emanaba de sus palabras se manifestaba ahora en sus gestos y forma de vestir, y su pelo… una vez agotados los adjetivos, podríamos decir que como poco era precioso, tanto que ni el viento se atrevía a acariciarlo.
Venciendo los nervios no quedaba otra opción que desnudarse, metafóricamente hablando, allí mismo, mostrándose ambos tal y como eran, sin máscaras ni maquillaje. Y tras un paseo errante entre locales abarrotados, encontraron la mesa que acogería su primera conversación en persona.
Él hablaba de todo con miedo a meter la pata, pero con mas miedo aún de renunciar a ser él mismo. Ella se mostraba radiante sin ser consciente de su brillo, y a él le sorprendía que la gente no se detuviera a contemplarla. Hablaron de colores y países, de zumos de frutas, de errores y amores, de sueños contenidos que habían sido envueltos y plastificados hasta dejarlos reducidos a un vital y esencial presente.
Y tras compartir una tímida crepe y dos zumos, tras aquellos primeros momentos juntos, emprendieron un dulce y sencillo paseo. Ella se daba la vuelta de vez en cuando para caminar de espaldas mientras dibujaban juntos pensamientos y palabras, y él la contemplaba pensando que no podía existir nada más hermoso, por basto y amplio que fuera el mundo. Cuando estaban más próximos consideraba si un beso lo rompería todo o dejaría claras sus intenciones, pero él estaba seguro que lo que se fraguaba en su interior era algo que no querría estropear con la celeridad y precipitación de un “ahora”, no… él empezaba a darse cuenta de que quería, de que necesitaba… aspirar a un “siempre”.
Entre suspiros ahogados y hojas del árbol de los momentos perfectos, llegó la hora de partir prudentemente, para evitar extender aquello más de lo conveniente y rezar porque en el aire, se quedaran suspendidas las ganas y la añoranza de más momentos así.
- Me gusta sentirme así contigo - dijo él suspirando.
- ¿Cómo? ¿Qué sientes? -- preguntó curiosa.
- Pues, creo que sabes que me gustas… y si me dejas, yo mataré dragones por ti. -- aseveró él, rotundo y seguro de sus palabras, nervioso, pero sonriente.
- ¿Seguro que no dices eso por decir? -- respondió ella, y él vio restos de heridas pasadas en su mirada.
- Claro que no, lo digo en serio, nunca antes se lo había dicho a nadie. -- le dijo él mirándola y dedicándole su mejor sonrisa.
- ¿Y cómo sabes eso? -- preguntó ella más seria.
- ¡Mírame a los ojos! -- respondió decidido.
Ella se giró y fijó en él sus preciosos ojos repletos de perséidas. Ella buscaba la verdad y él concentraba su energía en expresar ese complejo sentimiento en su mirada, en demostrarle con gestos los inexistentes muros entre ambos, y una vez sintió que ella lo miraba plenamente, le dijo:
- Quizás no lo veas en mis ojos, quizás el miedo te lo impida… ¿No te das cuenta que llevo toda la vida esperándote y preparándome para estar a tu altura cuando llegaras? Y lo estoy. Si, lo sé, pensarás que estoy loco… y quizás sea así, pero sabes que no te miento respecto a lo que siento. Tan solo te pido una semana a mi lado, y que me renueves el contrato si lo merezco por otra semana mas jajaja ¡Dame tu mano! Aunque tienes tanto miedo como yo, sabes… sientes… que este puede ser el viaje de nuestra vida… -- dijo él con firmeza y sinceridad traslúcida.
Y ella sonrió, y le tendió la mano.

Image from Stockvault. Called “Swedish summer”, from AD (thanks)
Yo sabía que había oído esa frase en algún lado… y era en el libro de Santi Balmes (el cantante de Love of Lesbian), que escribió un libro llamado “Yo mataré monstruos por ti“, un libro infantil con una pinta sensacional y que cualquier día de estos espero regalarme. Al final opté por poner dragones en lugar de monstruos, pero la inspiración en ese título tan afortunado es innegable.
3
2012
El sanador musical (Parte 2)
El experimento había sido todo un éxito y un joven Dulen, en su último año de universidad, había conseguido curar a su primer paciente. No podía evitar estar emocionado, aunque su ambición era un sonido incesante que hacía de canica rebotando contra las paredes de su conciencia. Aquello no era sino un principio.
Siguió sus tratamientos con varios pacientes con afecciones leves. Consiguió reducir la preparación de las sesiones, que en un principio le llevaban horas, a unos minutos. Observaba el movimiento de las auras en el espejo durante un rato, y poco después, encendía el sintetizador que él mismo había programado para que las notas envolvieran al sujeto. Y mientras las notas se arremolinaban en melodías, el paciente se relajaba en un cómodo sillón hasta quedarse casi dormido. Una vez concluido, relajado y feliz, abandonaba el laboratorio. Dulen hacía sus anotaciones y seguía planificando su siguiente paso.
Después de completar con éxito la curación de varios sujetos decidió emprender un proyecto más ambicioso, y comenzar el tratamiento de un paciente más grave. Entre los voluntarios había una chica con una enfermedad muy compleja para la cual no habían encontrado aún curación con la medicina tradicional. La tristeza se abría paso con la enfermedad y la mostraba demacrada y gris.
Cuando Dulen comenzó el tratamiento de ella, no necesitaba apenas preparación, observaba los colores y se dejaba llevar por los mismos, sencillamente… hacía de las auras de sus pacientes sus partituras. En aquel momento ya había acabado el curso y todos lo conocían como “el hombre que conoce todas las notas”, y en aquel momento, era cierto.
La primera vez que observó el aura de aquella chica se quedó petrificado. Sus variaciones cromáticas y ondulaciones no tenían nada que ver con nada que hubiera visto antes. Supo que no podría hacerlo todo a la vez. Escogió las sombras verdes, íntimamente vinculadas con el cuerpo, y se tomó su tiempo, incluso hizo anotaciones y tuvo que cambiar la programación de los sintetizadores. Una vez listo, procedió. Fue cambiando de ritmos lentamente, sucediendo notas, una melodía se dirigía a una zona, la otra a la opuesta, y entre ambas, coherencia y sentido musical, aquella experiencia jamás había podido ser explicada por nadie que la hubiera vivido, todos, emocionados, exclamaban que era maravilloso e indescriptible.
Tras dos sesiones, el doctor de la chica fue a visitarlo.
- Dulen, debo decirte algo. -- le dijo
- Dígame doctor -- respondió sonriente
- Verás, no sé cómo, pero tu paciente… está superando la enfermedad desconocida. Nuestros análisis médicos revelan que con una sesión más podría quedar totalmente curada, incluso dejándola sola, su cuerpo podría ser capaz de acabar el proceso en tan solo unas semanas. -- explicó el doctor
- Eso es estupendo ¿no? -- respondió Dulen tan vital como siempre
- Si, claro, pero verás… su estado anímico no responde como debería, sigue triste y sin ganas de vivir.
- mmmmm bueno, puedo intentar hacer algo, me he centrado en su cuerpo, todo junto podría haber sido demasiado, en las próximas sesiones me centraré en ordenar su mente y hacer que encuentre el camino.
- ah, bueno… eso será maravilloso, ojalá todo salga bien, muchas gracias.
Dulen estuvo practicando durante dos días, empleando un nuevo sistema de sintetizadores que le permitieran mayor variedad y precisión de notas. Descansó durante toda una noche preparándose para el día siguiente, cuando a primera hora de la tarde tendría su sesión tan importante para reparar el lado más emocional de aquella chica.
Estaba todo listo para comenzar la sesión. La chica tenía los ojos perdidos y parecía nerviosa. Dulen le pidió que se calmara lo que pudiera y tomara asiento.
Las variaciones de aquellos espectros de colores eran increíbles, por un momento Dulen temió no poder hacerlo todo lo bien que la situación merecía, pero optimista, pensó que de ser así, suavizaría aquello para continuar en otras sesiones. Puso sus manos sobre las teclas del sintetizador y fundió su mirada en el espejo, no había nada mas para él. Comenzó suavemente las notas, buscando una melodía relajada que calmara poco a poco el eléctrico movimiento de aquellas líneas. Lo fue consiguiendo, cada vez se movían más despacio y así podía ver los verdaderos picos de las astillas en el alma de la joven. Siguió encadenando notas, con transiciones musicales que le daban unos segundos para pensar en cómo enfrentarse al siguiente ritmo sanador. Poco a poco los picos se hicieron elipses, y bajó a una melodía suave para mirar, mas allá del espejo, cómo estaba la chica.
Le sorprendió verla tranquila pero con varias lágrimas deslizándose por su cara. Le preguntó si estaba bien y ella le dedicó una sonrisa mientras asentía con la cabeza. Él le devolvió la sonrisa y fijó de nuevo su mirada en el espejo, aquello iba muy bien, pero aún debía ser finalizado.
Subió su ritmo de nuevo, limando unas aristas que se manifestaban en la zona sexual de la joven, e intentó no imaginar qué las habría causado, quizás algún abuso o algún hombre carente de tacto al tratarla, no podría adivinarlo así, pero si podía curarlo. Dulen no se había dado cuenta de que llevaba más de una hora, pero ni estaba cansado ni tenía la menor intención de detenerse.
La forma oscilaba en el espejo sin aristas, era muy parecida a la de una persona sana y feliz, tan solo quedaba un leve temblor. Emprendió un ascenso musical destinado a trabajar todo el espectro de la joven, a calmar aquello y que la oscilación de su aura se quedara con el clásico balanceo de un estado en calma. Puso toda su mente y sus fuerzas en aquel ascenso de notas hasta que finalmente, concluyó su melodía.
Agachó la cabeza cansado, y tras tomarse unos segundos miró a la joven. Tenía la cara inundada de lágrimas pero sonreía. Fue hacia ella y le ayudó a levantarse del sillón. Lloraba desconsoladamente y sin fondo, como un niño pequeño, y de vez en cuando soltaba una sonrisa que parecía muy sincera.
- Gracias -- mascullaba ella entre sollozos -- muchas gracias
Dulen se había quedado sin palabras.
- No sé cómo lo has hecho pero… tengo ganas de ver la Luz, de respirar la bruma, de sentir el jabón rodeando mi cuerpo mientras me doy un baño, de abrazar, de sentir, de llorar, de reír…
La joven levantó su cabeza para mirar a Dulen a los ojos. Su cara estaba repleta de marcas que habían dejado sus lágrimas, y pese a todas las que habían caído, seguía empapada en las mismas. Con determinación, la joven dirigió sus labios hacia los del sanador musical, y los fundió con los suyos mientras en la cara de Dulen se sentía la humedad que impregnaba la cara de la chica. Él respondió lo mejor que supo, y durante más de un minuto, se besaron apasionadamente, el sanador no había vivido nada parecido pero le encantaba y se dejó llevar, fue un beso sin reloj, ni medida, ni posible definición que se lo haga entender a quienes no lo vivieron como fue.
La emoción tras aquel regalo hizo asomar unas lágrimas a los ojos del sanador.
Se quedó contemplándola a un palmo, era hermosa, mucho, y aunque no sabía que decir, emitió un ligero murmullo con el que pretendía decir un “Gracias”.
Respiró hondo y miró al techo evitando que la emoción se desbordara.
Cuando pudo hablar con normalidad, Dulen dijo:
- ¡Vaya! Creo que acabo de descubrir la nota que me faltaba.
Días después empezó su libro sobre sanación musical, cuyos principios no solo consiguen que su raza tenga una vida mucho más longeva, sino mucho mejor.

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2
2012
Cuentos a medio escribir
Promesas incumplidas, heridas olvidadas,
miradas que quien ojeaba un móvil dio por contestadas.
Ventanas abiertas, puertas sin pomo, vino sin alcohol,
momentos en que ves la vida, tras un fino papel de charol.
Carteles en blanco, sonrisas huecas, lágrimas disecadas,
deposite aquí su corazón… y su alma será hipotecada,
dicen que la vida es la búsqueda de una mariposa,
que no desea ser encontrada.
Historias sin principio ni fin, instinto elemental,
estaciones sombrías que dan sentido a mi caminar.
Besos y amores que murieron aún antes de existir,
caricias con cicatrices, cuentos a medio escribir.
29
2012
El sanador musical (Parte 1)
En una de las zonas más lujosas de la ciudadela vivía Dulen, un hombre de mediana edad cuyo prestigio se había labrado desde niño. Cuando iba a la escuela ya demostraba una fascinación por la música fuera de lo común, en todo encontraba una melodía y era capaz de inventar ritmos y notas nuevas con una facilidad que muchos envidiaban sanamente.
Tras una serie de acontecimientos desafortunados, la segunda era del hombre se había desarrollado por cauces diferentes, variando radicalmente los patrones educativos y ramificando las ciencias y las artes entralazándolas de formas maravillosas. A miles de años luz, en la Tierra, otra evolución de una especie también llamada hombre, se enfrentaba a otro tipo de problemas muy diferentes, pero en aquel planeta en un sistema solar que ellos conocen como “Luz”, el equilibrio nacía del recuerdo de su complejo proceso evolutivo, y la elección afortunada de la única ramificación que podía llevarles a la salvación de su especie: el equilibrio con su mundo, que ellos llaman en su idioma “el regalo”.

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En aquel ambiente de constante crecimiento como raza, el pequeño Dulen tenía claras sus prioridades desde niño: la música y la vida. Y una rama científica emergente fue algo que conquistó su corazón desde el primer día, la Curación Musical. Se había descubierto que ciertas notas y melodías podían suavizar el dolor, atenuar la tristeza y canalizar la energía para que el cuerpo hiciera más fácil la curación de algunas enfermedades. El tiempo se reducía, en los casos más extremos, a una décima parte de lo que era habitual, y los resultados hicieron que socialmente, fuera una especialidad muy demandada y admirada. Por desgracia, no solo era necesaria la inteligencia, sino un sentido que no todos tenían para la música.
En aquel escenario, el pequeño Dulen no solo se hizo un camino, sino que labró uno nuevo que muchos después de él seguirían, o intentarían seguir. Él conseguiría no solo reducir el tiempo de curación, sino completarla empleando tan solo música, algo inconcebible incluso para los más optimistas científicos.
En su último año de carrera, Dulen se había convertido en un joven divertido y muy inteligente pero obsesionado por aquel arteciencia. Mientras las hormonas de los chicos les hacían caer presa de flirteos y juegos de amor, él seguía concentrado en sus proyectos y desde que empezó la universidad una idea fue creciendo en su interior, la de curar solamente con música. Su afición era su trabajo, su trabajo era su pasión, su pasión era su vida. La música formaba parte de él y un día se le ocurrió emplear los Analizadores de Aura en su proyecto. Aquella idea se conocería en los libros de historia posteriores como la Revelación de Dulen.
Estas herramientas eran usadas por aquellos que curaban mente y cuerpo para detectar los problemas. El reflejo energético de las personas se veía como un espectro de diferentes colores que hacían resaltar en otras tonalidades dónde existía un problema, para una vez detectado hacer lo posible por solucionarlo. Dulen asistía a la universidad vecina para visitar la clase de análisis de Auras y quedarse como oyente contemplando aquella aurora boreal humana a través de un espejo que hacía posible verla. Aquel día, contemplando el perfil energético de una alumna de la clase lo vio claro, él podría hacer de aquellas manchas de color una partitura, aunque no estaba seguro de qué podría pasar.
Presentó un proyecto en su universidad para hacer un estudio de ambos campos unidos, y siendo un alumno tan sobresaliente, no tuvo problemas en obtener la aprobación y el apoyo necesarios. Puso anuncios buscando voluntarios, y acudieron varias personas. Hizo una selección y comenzó el experimento con uno de ellos que tenía una afección estomacal. En lugar de hacer la partitura completa, tan solo incluía pequeñas partes de lo que veía, alternando unas notas definiendo la zona afectada y otras, dibujando con música cómo debería ser esa misma zona una vez curada.
Los resultados fueron impactantes, consiguió que mejorara la salud de aquel chico notablemente, y en dos semanas, en cuatro sesiones, estaba curado de aquella especie de úlcera que por la medicina más convencional, habría llevado un par de meses curar. Aquello se supo entre los gestores de la universidad y le facilitaron mucho más apoyo técnico a su proyecto, dejando de cuestionar completamente los materiales o equipos que pidiera.
Un Dulen adulto se sentó en su lujosa terraza de la zona más prestigiosa de la ciudadela mientras recordaba sus años de universidad. Le habían otorgado aquella ubicación de lujo por varios motivos, comenzando, cómo no, por su merecida posición social. Pero sobre todo, por la incapacidad de poder tener a los sanadores musicales en cualquier sitio; pocos habían salido tan buenos, y ninguno como Dulen, y se sabía que su equilibrio personal y bienestar eran vitales para que sus terapias fueran tan efectivas. Por ello, le habían concedido un apartamento reservado de otro modo a las más altas clases sociales. Allí podía divisar los otros módulos que colgaban de uno principal de la ciudadela, la bruma extendiéndose sobre el océano y las hermosas puestas de la Luz precediendo la noche. Quien quisiera tratarse debía acudir allí, y aquella pequeña ciudad, suspendida sobre el agua, se había convertido en un rincón de paz y cultura. Tanto era así que los teletransportes, que habitualmente en otras ciudades tenían en cada casa, no existían aquí. Había un puerto de teletransportación cerca de la plaza central, el único acceso a la ciudad sin emplear vehículos aéreos. Las eminencias de otras arteciencias también trabajaban en aquella ciudad, era un rincón del planeta muy especial donde la humanidad se redefinía a si misma encontrando su mejor posibilidad.
Dulen se recostó en su silla y siguió recordando sonriente su juventud, el día que encontró la clave que duplicaría la esperanza de vida de su raza, el que sucedió la magia y encontró la tecla divina, cuando ella entró en escena y lo cambió todo.
27
2012
Evitando tus minas
Él tenía tantas ganas de querer que confundía afecto y deseo, belleza y amor. No se fiaba de las apariencias, pero se sintió deslumbrado cuando la vio a ella, no pudo evitarlo. Se daba en tanta medida que se olvidó de preguntarse qué necesitaba a cambio de todo lo que quería ofrecer, una piedra con la que había tropezado en otras ocasiones, pero que cambiaba de forma y localización para seguir atrapando incautos. Él creía en el amor, no uno de fábulas, sino uno más real y bonito, uno en el que después de comer las perdices, el príncipe, friega los cacharros. Él creía en el arte y en el mundo, en la melodía escondida tras cada instante. Él se cansó de esperar el amor casi sin darse cuenta, pero nunca dejó de soñar con la llegada de esa persona que llena de defectos, era perfecta. Y cuando la vio, supo que moriría por ella, se lo dijo con una sonrisa y le tendió el corazón en la palma de su mano.
Ella tenía tantas corazas que ya no sabía dónde empezaba su piel y dónde acababan las cicatrices. Se había protegido tanto que se había olvidado de querer, y sobre todo, de dejarse querer. El amor se enquistó en rencor y con esa gran espada buscaba cómo defenderse del mundo. No creía en la gente, desconfiaba, y se volcaba tal y como era solo con quienes durante años habían merecido su confianza casi sin pretenderla. Su cuerpo de princesa era una anécdota entre sus libros e imágenes, conchas de océanos lejanos y demás aficiones que hacían que su mundo pareciera completo. Su belleza era tan extraordinaria como el gran desconocimiento que ella parecía tener de la misma, sus ojos apagaban velas al parpadear y sus labios, cuando hacía frío, secaban océanos. Intentar conocerla era cruzar un campo de minas dónde cuando creías haber avanzado unos metros, estabas un paso más cerca de la siguiente. Miró desconfiada al chico que sonriente se acercaba a ella, le dijo que creía en ella, que le diera una oportunidad… y ella no le creyó.
Sobra decir qué sucedió ante tal encuentro ¿no? …
pues que explotó la mina.

Origen de la imagen, este post de Taringa. Imagen completa.
Y vía la Srta. Vainilla, otra canción…
16
2012
Soñé que soñaba que te besaba
Contaba lunares en tu pecho, sembraba de besos tu piel,
me perdía en la maraña de tu pelo, y me hacía, de tus ojos, amante fiel.
Ahogaba palabras para que hablaran caricias y gestos,
liberaba miradas que dejaban desnudas las verdades que creías mentiras,
sonreía a tus retinas emocionadas cuando efectivamente, como te había dicho,
veías en mi mirada que para mi eres la mujer más hermosa del mundo,
y yo asistía fascinado al despliegue de tu corazón, el desplome de tu armadura,
nos abrazábamos fuerte, sosteniéndonos, purgando miedos… juntos.
En miradas cómplices la medida y valor de la fortuna obtenida,
manos que se aprietan afianzando un compromiso,
el de que por muchas batallas que haya,
saldremos caminando, y de la mano.
“No one said it would be easy, but I’d die for you” te susurro al oído,
“I wanna be where you are“, me respondes, y me regalas el cielo en tu boca,
me dejo llevar, fundiéndome contigo en un delirio de amor correspondido,
imagínate… amar, y ser amado.

Image is taken from Stock.xchng. Called “Girl illustration“, by Peter Suneson (Thanks)
Soñé que soñaba que te besaba, y triste me despertaba,
al ver que no eras tu, sino mi almohada, lo que yo abrazaba.
Sonreí justo después con tu recuerdo, firme y confiado,
pero qué bonito es estar dispuesto a todo,
cuando encuentras la persona adecuada.
Moleskine de viaje de...
...un Ladrón de Noches, Jinete de Olas en el Viento, Drogadicto de la Esencia del Mar, Dibujante con Sal de Nubes, Mago Sin Chistera que convierte los Granos de Arena en Estrellas, capaz de Acariciar con Suspiros y hacer Melodías de Optimismo de Esperanzas Rotas, de Sentir con los Ojos Abiertos, de Soñar Sin los Ojos Cerrados.
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