Relatos o Versos

Ene
9
2019

No Angel (I)

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro..., Relatos o Versos     comentarios cerrados


Aquella noche a varios miles de kilómetros de mi casa estaba algo aburrido y había acabado una serie que me había llevado en el portátil para el viaje. No sé muy bien el motivo, pero me dio por abrir Tinder como remedio contra esa endémica soledad del alma, y decidí darme un “paseo virtual”. Cuando llegaron los primeros “match”, empecé alguna conversación insulsa que acababa en una oferta sexual con un precio concreto, descartando quedar con nadie. Tras hablar con un amigo un rato, me dispuse a dormir cuando vi un mensaje en mi móvil de esta aplicación.
Hola – decía.
Acostumbrado a hablar en inglés, me llamó la atención que fuera en español y le contesté.
Hola ¿Qué tal llevas la semana?
Era Jueves y yo veía cerca el fin de mi estancia en la gran metrópolis asiática.
Bien, tranquila, estoy de vacaciones ¿y tú?
Le conté que estaba trabajando en Hong Kong esa semana, y que en realidad, vivía en Madrid. Ella me dijo que vivía en otra ciudad europea, pero que estaba de vacaciones pues necesitaba una desconexión del mundo real.
Estoy de vacaciones solita.
Elogié su sonrisa en las fotos que tenía puestas en su perfil, me costaba creer que pudiera estar hablando con una mujer tan espectacular y hermosa. Me contó dónde había nacido, y al matiz de que estaba solita, le pregunté si estaba soltera, esperando que en cualquier momento me confesara que estaba disponible por un precio, algo muy habitual en estos sitios.
La verdad no estoy soltera, bueno, solamente por esta semana ¿y tú?
Me quedé sorprendido de escuchar eso, uno siempre espera encontrar gente soltera en estas aplicaciones, pero no siempre es así. Me intrigó mucho aquella última frase, y seguí la conversación.
Tiene que ser una historia muy interesante la tuya. – le dije, la notaba agobiada, deseando escapar de algo.
No me juzgues. – me dijo. Y le respondí un “Para nada” que evitara que se molestara, ni yo era nadie para juzgarla ni conocía qué motivos la habían llevado a estar sola en Hong Kong.
Seguimos hablando de nuestros trabajos y de la vida, de la zona de la ciudad en la que estaba mi hotel y de en la que estaba ella, hablamos un ratito más… y le di mi whatsapp a ver qué pasaba.
 
 
Al ver su avatar de Whatsapp me quedé sorprendido pues confirmaba que era ella la de las otras fotos, y que era guapísima. Allí continuamos la conversación, esta vez estaba más tranquila y animada.
No tardó en decirme un “cariño”, qué dulces son las mujeres latinas, aunque me daba miedo que ahora llegara la letra pequeña.
Le lancé una indirecta de que si necesitaba un abrazo, y ella la recogió:
Qué lindo jajaja un poco de cariño sí me hará falta.
Me quedé con los ojos abiertos, y parecía que ella entraba al trapo.
Cómo jugando al póker, hice un all in. Le envié una foto de las vistas de mi habitación, en la planta 31, y al fondo, una luz brillaba en la zona en la que ella estaba en su apartamento, al otro lado del río. Le dije que con un Uber estaría en mi hotel en 5 minutos, y que yo podía enviárselo en cuánto me dijera.
Tardó 5 eternos minutos en contestarme.
Antes de que lo hiciera, le solté un “No quería molestarte” por si había ido demasiado rápido. Su respuesta fue que para nada había sido así.
Luego empecé a balbucear, tan típico en mi, intentando convencerla de lo interesante de vernos, sabía que en el fondo ella quería tanto como yo el encuentro, pero le daba miedo, lo cual era más que comprensible. Era dulce y encantadora, pero sus respuestas tardaban 5 o 6 minutos (más tarde me enteraría que era por problemas con su móvil).
Tardó luego otros diez minutos en decirme algo más.
Yo le sugerí que podríamos vernos el Viernes un rato, en caso de no querer en aquel momento.
¿Ya te vas a dormir? – me preguntó.
Mi respuesta fue clara, estaba cansado y llevábamos una hora hablando.
Si no vienes sí.
Respondió con una foto de ella de cuerpo entero metida en la ducha.
Mi mandíbula se me desencajó y se me disparó el corazón al pillarme por sorpresa ¿Era real lo que me estaba pasando?
Dame un rato que me preparo. – me respondió, y entonces el que se metió en la ducha fui yo.

Continuará…

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Abr
30
2018

EVEREST, de Miguel Gane

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Relatos o Versos     comentarios cerrados


El otro día me crucé con este poema al leer una parte del mismo en una foto de Instagram. Al buscarlo resultó que aquello (en negrita) era solo la punta del iceberg de un poema sensacional, de esos que sientes dentro de ti como propios, esos sentimientos comunes en su gran mayoría con algo que no consigues explicar. En fin, he tenido que hacerme con el libro para seguir disfrutando de este joven y genial poeta. Os invito a regalarlo en el día de la madre o a vosotros mismos, y disfrutar del conmovedor poder de la poesía…

E-VE-REST
 
No busco a alguien a quien querer,
quiero a alguien junto a quien encontrarme.
Lo nuestro no será el beso standard,
sino el beso revolución,
no quiero tu amor,
tampoco tú vas a querer el mío,
pero vamos a entregárnoslo
con la humildad de unas manos vacías,
y es que el amor es eso,
la libertad de compartir tu libertad.
 
No quiero un cuerpo,
quiero un alma,
un alma viva, loca y salvaje.
No busco el río,
quiero el océano,
no busco la llama,
quiero la hoguera,
no busco un camino,
quiero la tierra por entera;
nadar, arder y correr contigo.

 
Busco a una mujer junto a la que salvar ballenas,
juntar mi guerra y tu guerra, y entregarnos las armas cada noche,
busco la poesía que hay en un folio en blanco,
el rock and roll detrás del silencio,
contigo, quiero contagiarme de risa y sueños,
bailar hasta que los pies me duelan
pero seguir, y seguir, y que nunca deje de sonar la música.
Esa es mi locura, y estas son mis ganas de compartirla.
Quiero que salvar al mundo importe más que una cena de lujo,
quiero querer a la persona
que hay detrás de la piel,
busco ser todas tus noches y tus mañanas,
la ilusión de verte después del trabajo
y meterte mano, boca y corazón.
 
Quiero parar el tiempo contigo a cada carcajada.
 
No esperes que te diga que te quiero,
no prometo pasear de la mano,
no vamos a ver películas en tu sofá, los domingos,
las flores, las quiero vivas y no como símbolo de amor,
no me aprenderé tu fecha de cumpleaños,
no te llamaré todos los días,
pero prometo mirarte como si fueras el libro que siempre quise,
prometo aprender de ti y aprender contigo,
compartiré tu tristeza, pues también es bella una lágrima,
conoceré a la niña y querré sus rabietas,
cualquier rato contigo será como estar de vacaciones,
quiero que me quieras por lo que soy,
no por lo que escribo.
 
Busco a alguien,
y no pido mucho,
pues ya ves, yo, soy poca cosa,
pero junto a ti, contigo, por ti,
seré la puta montaña
más alta
del
mundo.
 
Miguel Gane
de su libro “Con tal de verte volar

 
 

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Abr
27
2018

“La otra orilla” de Rabindranath Tagore

 Escrito a las 15:30     Archivado en: Relatos o Versos     1 comentario


¡Ah, cómo me gustaría ir allá, a la otra orilla del río, donde hay la fila de barcas amarradas a las estacas de bambú! Allí los campesinos cruzan el río en sus barcas, y van a trabajar en lejanos campos con el pequeño arado al hombro.
 
Allí los pastores hacen pasar a nado a sus rebaños mugientes, para conducirlos a los pastos ribereños.
 
Desde allí vuelven al anochecer a sus casas, y la pequeña isla cubierta de hierbajos queda en poder de los chacales aulladores.
 
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.
 
Dicen que tras las alturas de la orilla hay maravillosas lagunas.
 
En ellas, las bandadas de patos silvestres se reúnen después de la estación de las lluvias, crecen apretadamente los juncos y los pájaros acuáticos depositan sus huevos.
 
Allí, las alzacolas dejan la huella de sus patitas en el barro suave y limpio.
 
Allí, las hierbas altas invitan a los rayos de luna a que se dejen mecer en la ondulante almohada de sus flores blancas…
 
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.
 
Pasaré sin cesar de una a otra orilla, y los muchachos y las muchachas de la aldea, cuando se bañen, me mirarán pasar maravillados.
 
Cuando el sol corone el cielo, cuando tras la mañana llegue el mediodía, correré hacia ti gritando:
 
-¡Madre, tengo hambre!
 
Cuando el día desfallezca y las sombras se oculten bajo los árboles, volveré a casa con el crepúsculo.
 
Nunca te abandonaré para ir a trabajar a la ciudad como mi padre.
 
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.

 
 

livelong¡Larga vida y prosperidad!

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Abr
26
2018

Arquetipos

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Relatos o Versos     comentarios cerrados


¿Cómo te gustan físicamente las chicas? — me preguntó
No tengo ningún arquetipo… me gustan de estilos y tipos muy diversos. – le respondí
Ya, como todos, pero ¿si tuvieras que elegir?
En fin, si quería que yo respondiera, lo haría. Pese a no tener ningún tipo concreto, siempre pienso en la misma chica cuando me hacen esa pregunta, una compañera del colegio que nunca conseguí volver a encontrar, se llamaba Úrsula, y es increíble que con ese nombre tan insulso ella fuera algo tan bonito…
Pues puestos a soñar… me gustan las chicas pequeñas, delgaditas, con poco pecho, con los ojos negros y grandes, el pelo oscuro y corto, y sobre todo una de esas sonrisas que te dejan sin aliento y una voz de las que generan escalofríos.
Me miró enfadada, y protestó:
¡No se parece en nada a mi!
Ya mujer, ni tampoco a ninguna de mis parejas… lo importante en una persona es que conectes con ella y te diviertas mucho.
¿Y yo te parezco divertida? — me preguntó, en plan sargento.
Me quedé mirándola unos segundos y supe que ahí se acababa aquella primera cita, y que también sería la última. Su agresividad, su falta de inquietudes… todo unido a que mi sexto sentido había dado ya la señal de “abandonen el barco”, así que cogí mi flotador y me dirigí a la cubierta. Giré la cabeza y le sonreí:
¿Quieres un helado? — le dije, me miró sorprendida — ¿Dónde está un Häagen-Dazs cuándo uno lo necesita? Hace un día precioso.

livelong¡Larga vida y prosperidad!

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Abr
25
2018

Morir ahogado

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro..., Relatos o Versos     comentarios cerrados


Alguien me dijo una vez,
que yo nunca dejaba de saltar,
de charco en charco,
que nunca dejaba de volar,
de naufragar mi barco.
 
No le faltaba razón,
conozco la sequía,
de miradas y labios,
ese hueco en el corazón,
que no entiende de horarios.
 
Por eso prefiero navegar,
buscando mi isla,
a vivir lejos del mar,
abrazando un paracaídas.
 
Prefiero nadar siempre,
aún a riesgo de ahogarme,
que quedarme quieto a la intemperie,
esperando hasta secarme.

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Abr
11
2018

Mi señora Galadriel

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     comentarios cerrados


     Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, me crucé con una criatura mágica en uno de esos lugares oscuros que pueblan el Universo, me parecía tan curioso que algo tan hermoso estuviera allí… pero desde el primer momento podía verla, y no me refiero solo por fuera, sino verla de verdad, y podía sentirla, no solo por dentro, sino sentirla a mi alrededor, y no tardé en darme cuenta de cómo sus dedos me hacían cosquillas en el alma mientras hablábamos, y cómo las horas se esfumaban a su lado como la espuma del agua del mar entre mis dedos, cuando de niño jugaba a atrapar olas.
Desde el primer instante me dijo: “Me iré en cualquier momento, tendré que volar a cada rato, vivo en un sitio lejano, allí es mi hogar, y tú eres, en mi alma, tan solo un invitado.” Así que aprendí a disfrutarla bajo esas reglas, sabiendo que yo era un capricho efímero para ella, y así me enseñó que cada minuto juntos era un regalo, para ambos.
Y viajamos en sueños, y compartimos miedos, y esparcimos recuerdos, y encerramos lamentos.
Cuándo nos quedábamos sin aire nos respirábamos mutuamente, cuando se nos apagaban las alas, nos pensábamos, y podíamos seguir un poco más.
Me regalaba su sonrisa, me mostraba su boca y me permitía fantasear con ella, pero no tocarla. Naufragaba en sus ojos castaños y aparecía ella con su pelo corto, pero lo suficientemente largo como para rescatarme, y me miraba como si tuviera todas las respuestas, y yo… me quedaba sin palabras, ni ideas ni preguntas. Le sonreía y le decía “Mi señora Galadriel“, y ella me respondía con un gesto lleno de luz “Mi criatura mágica“.

Ella era Presente, ella era contención de planes, de sueños, ella era desear una boca sin saber si algún día podrás tocarla con la tuya, ella era verdad, estrella fugaz, ella era mi refugio contra el miedo, ella era un paraguas en mitad de una tormenta sin tregua.
Y así transcurrieron instantes robados a los días grises, donde nos confesábamos secretos, compartíamos momentos, creábamos colores nuevos, y abríamos juntos nuestros corazones, para que nos los congelara el viento del invierno.
Fueron 13 los días señalados, fueron 13 los días que ella tenía permitido salir del palacio en el que vivía.
El último día, sonó de nuevo la puerta, con los golpes rítmicos y dulces que anunciaban su visita, y al abrir sonriente encontré allí una maceta con una hermosa rosa roja, protegida por una cúpula, era como la de mi querido Principito. Sonreí, si bien no tardé en comprender el significado de aquel símbolo, apagándose la luz de mi rostro entonces.
Me resguardé en mi casa y lloré un solo día, uno completo, no sin sentir que en cierto modo, defraudaba a mi dama de luz.
Al día siguiente me enfrenté al mundo con mi mejor sonrisa, recordando lo vivido, la lección que aprendí deslumbrado por su alma, la lección que soñaba tatuarme con sus labios, y que sin embargo, tan solo pudo quedar grabada a fuego con los abrazos que soñamos.
Solo hoy, solo ahora, quien sabe qué nos traerá… el mañana.
Y no pierdo la esperanza, de que el mundo gire, y algún día ella vuelva de visita a mi alma.

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Autor

  Diario "no" secreto de...

...un celtíbero errante, un androide defectuoso y con sentimientos, un yeti en calzoncillos en busca de otros eslabones perdidos, coleccionista de sonrisas y momentos que atrapar con el cazamariposas que los años ha tejido, pintor de acuarela en un día de lluvia, que con su sonrisa desnuda y la mirada perdida, te espera sentado al borde de un acantilado.

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