Relatos o Versos

Feb
28
2019

“Dos grandes amores”

 Escrito a las 11:11     Archivado en: Reflexiones, Relatos o Versos     Añadir comentario


 

“Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos. Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella… Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderás siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y les impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejará de intentarlo… Se rendirán y buscarán a esa otra persona que acabarán encontrando. Pero les aseguro que no pasarán una sola noche, sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más… Todos saben de qué estoy hablando, porque mientras estaban leyendo esto, les ha venido su nombre a la cabeza. Se librarán de él o de ella, dejarán de sufrir, conseguirán encontrar la paz (le sustituirán por la calma), pero les aseguro que no pasará un día en que deseen que estuviera aquí para perturbarlos. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias”.
 
Paulo Coelho

 
 

 
 

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Ene
23
2019

No Angel (II)

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro..., Relatos o Versos     1 comentario


Pasó tanto tiempo desde las 00:20 que dijo que venía hasta la 1:20 que llegó… que llegué a pensar que era todo una broma pesada y que debía meterme en la cama.
Mientras tanto, vi algún vídeo de monólogos en el portátil y eché alguna partida en el móvil. Quería que el tiempo pasara rápido… y si se hacía muy tarde y era todo una broma, pues me llevaba un rato entretenido, una ducha profunda y revitalizante, y un recuerdo. Estaba considerando el dormirme, y de repente, escuché unos golpes tímidos en la puerta.
Abrí lentamente y allí estaba ella sonriente, con unos ojos preciosos y una sonrisa nerviosa. Su melena recogida y rizada era tan sensual, aquel lunar le daba tanta personalidad, y era de mi altura con tacones. Llevaba un vestido de una especie de raso marrón que dejaba ver su espectacular cuerpo, y su escote descubría aquel perfecto tesoro que me había dejado con la boca abierta en la foto que me había enviado desde la ducha.
Hola… pasa. – Le dije tembloroso. – Me parece increíble que estés aquí, llegué a pensar que era todo una broma, o un sueño.
Ella pasó y se notaba en su forma de moverse sus nervios.
Yo no hago cosas así nunca. – me dijo. A lo que respondí: Sí, lo sé, yo tampoco, vaya dos nos hemos ido a juntar.
Se sentó en la cama y mientras nos mirábamos fijamente, comenzó a relajarse. A los dos minutos de haber llegado ya la notaba mucho más tranquila, y se quitó la chaqueta y se descalzó. Contemplarla era un espectáculo. Su manera tan sensual de moverse, la perfección de su piel, su boca con unos labios grandes y carnosos, su piel ligeramente morena, su sensacional escote. Pero sobre todo, nuestras miradas cruzándose, aquel modo de quedarnos perplejos, recordando a dos enamorados, pero más “presente” quizás… perderme en aquellos ojos, era perfecta y plena paz.
Estuvimos hablando un buen rato, vimos juntos Hong Kong desde la ventana, hablamos por encima de la vida y sus cosas, de trabajos y de momentos vitales, pero sin entrar en sitios molestos como el que ella tuviera pareja y un hijo, y yo repasar lo que había sido un año muy complicado para el corazón y el alma.
Le di un beso en el hombro, yo estaba tan nervioso como ella, y no dejábamos de mirarnos sin comprender aquel guiño del destino, aquel encuentro tan extraño y especial de dos hispanohablantes en una ciudad de 7 millones y medio de habitantes, aquella magia fugaz conectándonos.
Y llegó el ansiado momento en que me besó. Aquellos enormes labios eran un abrazo, eran un nórdico, eran deseo… y hacían que yo me sintiera novato e indefenso ¡Yo! Mis labios decidieron que estarían a la altura y que no se iban a amilanar, y se entregaron sin miedo… saltaron al precipicio de aquella sagrada y celestial boca.
 
Bailamos… acariciar su piel fue descubrir de nuevo el tacto, tantear la perfección de sus formas era como un poema inédito de Neruda, el olor de su boca, de su pelo, de su cuello… su piel de gallina cuando le besaba en los sitios adecuados. De su cuello bajé a los hombros como una excusa perfecta para deslizar con mis labios sus tirantes, primero el derecho y luego el izquierdo, el vestido se resbaló y quedaron sus pechos al alcance de mi boca, y los besé con pasión mientras escuchaba su respiración acelerarse un poquito más, y no paraba de recorrer su piel, no podría cansarme de aquello, bajando por su barriguita mientras se reía por las tensiones liberadas y las cosquillas que le producía mi barba.
La puse de pie para dejar que el vestido se cayera al suelo, y aproveché para deshacerme también del tanga. La tumbé en la cama y volví a empezar en su cuello, aunque esta vez tenía claro mi objetivo. En unos segundo recorrí un cuerpo tan familiar pese a la novedad, de los hombros a los pechos, al ombligo, a los muslos… y aunque le daba un poco de vergüenza, fue más rápida y decidida mi lengua que cuando quiso darse cuenta ya exploraba su sexo dejándola indefensa ante mi.
Y así pude aprender sus ritmos, lo que le gustaba más, mirando de vez en cuando hacia ella y admirando la forma de sus pechos, seguí trabajando en un ritmo que elevara sus bioritmos. En medio de aquella pasión me susurró que se iba, que se iba, y yo seguí pues quería sentir en mi boca el temblor final de su cuerpo… y así fue, un espasmo perfecto, sintiendo en sus músculos la explosión a la que ponía melodía con sus gemidos. Pocas cosas me gustan más en la cama que sentir eso… y ese fue su primer regalo aquella noche.
 
Yo no podía pedir nada, ella tampoco podía dar, y sin embargo, me dio todo.
Era de esos labios por los que saltarías al vació sin paracaídas, feliz y sin miedo.
Bailamos, hicimos el amor y disfrutamos hasta que mi ángel quiso plegar sus alas.
Yo le habría hecho un hueco en mi cama de hotel, pero ella quería volver al nido de su casa alquilada.
Ambos nos despedimos sin saber si nos volveríamos a ver, ni cuando… ni dónde.
Aquellas horas juntos, aquellos momentos perfectos, se convirtieron en un tatuaje en mi alma, que no querré borrar nunca.

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Ene
9
2019

No Angel (I)

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro..., Relatos o Versos     comentarios cerrados


Aquella noche a varios miles de kilómetros de mi casa estaba algo aburrido y había acabado una serie que me había llevado en el portátil para el viaje. No sé muy bien el motivo, pero me dio por abrir Tinder como remedio contra esa endémica soledad del alma, y decidí darme un “paseo virtual”. Cuando llegaron los primeros “match”, empecé alguna conversación insulsa que acababa en una oferta sexual con un precio concreto, descartando quedar con nadie. Tras hablar con un amigo un rato, me dispuse a dormir cuando vi un mensaje en mi móvil de esta aplicación.
Hola – decía.
Acostumbrado a hablar en inglés, me llamó la atención que fuera en español y le contesté.
Hola ¿Qué tal llevas la semana?
Era Jueves y yo veía cerca el fin de mi estancia en la gran metrópolis asiática.
Bien, tranquila, estoy de vacaciones ¿y tú?
Le conté que estaba trabajando en Hong Kong esa semana, y que en realidad, vivía en Madrid. Ella me dijo que vivía en otra ciudad europea, pero que estaba de vacaciones pues necesitaba una desconexión del mundo real.
Estoy de vacaciones solita.
Elogié su sonrisa en las fotos que tenía puestas en su perfil, me costaba creer que pudiera estar hablando con una mujer tan espectacular y hermosa. Me contó dónde había nacido, y al matiz de que estaba solita, le pregunté si estaba soltera, esperando que en cualquier momento me confesara que estaba disponible por un precio, algo muy habitual en estos sitios.
La verdad no estoy soltera, bueno, solamente por esta semana ¿y tú?
Me quedé sorprendido de escuchar eso, uno siempre espera encontrar gente soltera en estas aplicaciones, pero no siempre es así. Me intrigó mucho aquella última frase, y seguí la conversación.
Tiene que ser una historia muy interesante la tuya. – le dije, la notaba agobiada, deseando escapar de algo.
No me juzgues. – me dijo. Y le respondí un “Para nada” que evitara que se molestara, ni yo era nadie para juzgarla ni conocía qué motivos la habían llevado a estar sola en Hong Kong.
Seguimos hablando de nuestros trabajos y de la vida, de la zona de la ciudad en la que estaba mi hotel y de en la que estaba ella, hablamos un ratito más… y le di mi whatsapp a ver qué pasaba.
 
 
Al ver su avatar de Whatsapp me quedé sorprendido pues confirmaba que era ella la de las otras fotos, y que era guapísima. Allí continuamos la conversación, esta vez estaba más tranquila y animada.
No tardó en decirme un “cariño”, qué dulces son las mujeres latinas, aunque me daba miedo que ahora llegara la letra pequeña.
Le lancé una indirecta de que si necesitaba un abrazo, y ella la recogió:
Qué lindo jajaja un poco de cariño sí me hará falta.
Me quedé con los ojos abiertos, y parecía que ella entraba al trapo.
Cómo jugando al póker, hice un all in. Le envié una foto de las vistas de mi habitación, en la planta 31, y al fondo, una luz brillaba en la zona en la que ella estaba en su apartamento, al otro lado del río. Le dije que con un Uber estaría en mi hotel en 5 minutos, y que yo podía enviárselo en cuánto me dijera.
Tardó 5 eternos minutos en contestarme.
Antes de que lo hiciera, le solté un “No quería molestarte” por si había ido demasiado rápido. Su respuesta fue que para nada había sido así.
Luego empecé a balbucear, tan típico en mi, intentando convencerla de lo interesante de vernos, sabía que en el fondo ella quería tanto como yo el encuentro, pero le daba miedo, lo cual era más que comprensible. Era dulce y encantadora, pero sus respuestas tardaban 5 o 6 minutos (más tarde me enteraría que era por problemas con su móvil).
Tardó luego otros diez minutos en decirme algo más.
Yo le sugerí que podríamos vernos el Viernes un rato, en caso de no querer en aquel momento.
¿Ya te vas a dormir? – me preguntó.
Mi respuesta fue clara, estaba cansado y llevábamos una hora hablando.
Si no vienes sí.
Respondió con una foto de ella de cuerpo entero metida en la ducha.
Mi mandíbula se me desencajó y se me disparó el corazón al pillarme por sorpresa ¿Era real lo que me estaba pasando?
Dame un rato que me preparo. – me respondió, y entonces el que se metió en la ducha fui yo.

Continuará…

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Abr
30
2018

EVEREST, de Miguel Gane

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Relatos o Versos     comentarios cerrados


El otro día me crucé con este poema al leer una parte del mismo en una foto de Instagram. Al buscarlo resultó que aquello (en negrita) era solo la punta del iceberg de un poema sensacional, de esos que sientes dentro de ti como propios, esos sentimientos comunes en su gran mayoría con algo que no consigues explicar. En fin, he tenido que hacerme con el libro para seguir disfrutando de este joven y genial poeta. Os invito a regalarlo en el día de la madre o a vosotros mismos, y disfrutar del conmovedor poder de la poesía…

E-VE-REST
 
No busco a alguien a quien querer,
quiero a alguien junto a quien encontrarme.
Lo nuestro no será el beso standard,
sino el beso revolución,
no quiero tu amor,
tampoco tú vas a querer el mío,
pero vamos a entregárnoslo
con la humildad de unas manos vacías,
y es que el amor es eso,
la libertad de compartir tu libertad.
 
No quiero un cuerpo,
quiero un alma,
un alma viva, loca y salvaje.
No busco el río,
quiero el océano,
no busco la llama,
quiero la hoguera,
no busco un camino,
quiero la tierra por entera;
nadar, arder y correr contigo.

 
Busco a una mujer junto a la que salvar ballenas,
juntar mi guerra y tu guerra, y entregarnos las armas cada noche,
busco la poesía que hay en un folio en blanco,
el rock and roll detrás del silencio,
contigo, quiero contagiarme de risa y sueños,
bailar hasta que los pies me duelan
pero seguir, y seguir, y que nunca deje de sonar la música.
Esa es mi locura, y estas son mis ganas de compartirla.
Quiero que salvar al mundo importe más que una cena de lujo,
quiero querer a la persona
que hay detrás de la piel,
busco ser todas tus noches y tus mañanas,
la ilusión de verte después del trabajo
y meterte mano, boca y corazón.
 
Quiero parar el tiempo contigo a cada carcajada.
 
No esperes que te diga que te quiero,
no prometo pasear de la mano,
no vamos a ver películas en tu sofá, los domingos,
las flores, las quiero vivas y no como símbolo de amor,
no me aprenderé tu fecha de cumpleaños,
no te llamaré todos los días,
pero prometo mirarte como si fueras el libro que siempre quise,
prometo aprender de ti y aprender contigo,
compartiré tu tristeza, pues también es bella una lágrima,
conoceré a la niña y querré sus rabietas,
cualquier rato contigo será como estar de vacaciones,
quiero que me quieras por lo que soy,
no por lo que escribo.
 
Busco a alguien,
y no pido mucho,
pues ya ves, yo, soy poca cosa,
pero junto a ti, contigo, por ti,
seré la puta montaña
más alta
del
mundo.
 
Miguel Gane
de su libro “Con tal de verte volar

 
 

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Abr
27
2018

“La otra orilla” de Rabindranath Tagore

 Escrito a las 15:30     Archivado en: Relatos o Versos     1 comentario


¡Ah, cómo me gustaría ir allá, a la otra orilla del río, donde hay la fila de barcas amarradas a las estacas de bambú! Allí los campesinos cruzan el río en sus barcas, y van a trabajar en lejanos campos con el pequeño arado al hombro.
 
Allí los pastores hacen pasar a nado a sus rebaños mugientes, para conducirlos a los pastos ribereños.
 
Desde allí vuelven al anochecer a sus casas, y la pequeña isla cubierta de hierbajos queda en poder de los chacales aulladores.
 
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.
 
Dicen que tras las alturas de la orilla hay maravillosas lagunas.
 
En ellas, las bandadas de patos silvestres se reúnen después de la estación de las lluvias, crecen apretadamente los juncos y los pájaros acuáticos depositan sus huevos.
 
Allí, las alzacolas dejan la huella de sus patitas en el barro suave y limpio.
 
Allí, las hierbas altas invitan a los rayos de luna a que se dejen mecer en la ondulante almohada de sus flores blancas…
 
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.
 
Pasaré sin cesar de una a otra orilla, y los muchachos y las muchachas de la aldea, cuando se bañen, me mirarán pasar maravillados.
 
Cuando el sol corone el cielo, cuando tras la mañana llegue el mediodía, correré hacia ti gritando:
 
-¡Madre, tengo hambre!
 
Cuando el día desfallezca y las sombras se oculten bajo los árboles, volveré a casa con el crepúsculo.
 
Nunca te abandonaré para ir a trabajar a la ciudad como mi padre.
 
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.

 
 

livelong¡Larga vida y prosperidad!

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Abr
26
2018

Arquetipos

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Relatos o Versos     comentarios cerrados


¿Cómo te gustan físicamente las chicas? — me preguntó
No tengo ningún arquetipo… me gustan de estilos y tipos muy diversos. – le respondí
Ya, como todos, pero ¿si tuvieras que elegir?
En fin, si quería que yo respondiera, lo haría. Pese a no tener ningún tipo concreto, siempre pienso en la misma chica cuando me hacen esa pregunta, una compañera del colegio que nunca conseguí volver a encontrar, se llamaba Úrsula, y es increíble que con ese nombre tan insulso ella fuera algo tan bonito…
Pues puestos a soñar… me gustan las chicas pequeñas, delgaditas, con poco pecho, con los ojos negros y grandes, el pelo oscuro y corto, y sobre todo una de esas sonrisas que te dejan sin aliento y una voz de las que generan escalofríos.
Me miró enfadada, y protestó:
¡No se parece en nada a mi!
Ya mujer, ni tampoco a ninguna de mis parejas… lo importante en una persona es que conectes con ella y te diviertas mucho.
¿Y yo te parezco divertida? — me preguntó, en plan sargento.
Me quedé mirándola unos segundos y supe que ahí se acababa aquella primera cita, y que también sería la última. Su agresividad, su falta de inquietudes… todo unido a que mi sexto sentido había dado ya la señal de “abandonen el barco”, así que cogí mi flotador y me dirigí a la cubierta. Giré la cabeza y le sonreí:
¿Quieres un helado? — le dije, me miró sorprendida — ¿Dónde está un Häagen-Dazs cuándo uno lo necesita? Hace un día precioso.

livelong¡Larga vida y prosperidad!

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Autor

  Backup mental de...

...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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