Relatos o Versos

Abr
11
2018

Mi señora Galadriel

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     Añadir comentario


     Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, me crucé con una criatura mágica en uno de esos lugares oscuros que pueblan el Universo, me parecía tan curioso que algo tan hermoso estuviera allí… pero desde el primer momento podía verla, y no me refiero solo por fuera, sino verla de verdad, y podía sentirla, no solo por dentro, sino sentirla a mi alrededor, y no tardé en darme cuenta de cómo sus dedos me hacían cosquillas en el alma mientras hablábamos, y cómo las horas se esfumaban a su lado como la espuma del agua del mar entre mis dedos, cuando de niño jugaba a atrapar olas.
Desde el primer instante me dijo: “Me iré en cualquier momento, tendré que volar a cada rato, vivo en un sitio lejano, allí es mi hogar, y tú eres, en mi alma, tan solo un invitado.” Así que aprendí a disfrutarla bajo esas reglas, sabiendo que yo era un capricho efímero para ella, y así me enseñó que cada minuto juntos era un regalo, para ambos.
Y viajamos en sueños, y compartimos miedos, y esparcimos recuerdos, y encerramos lamentos.
Cuándo nos quedábamos sin aire nos respirábamos mutuamente, cuando se nos apagaban las alas, nos pensábamos, y podíamos seguir un poco más.
Me regalaba su sonrisa, me mostraba su boca y me permitía fantasear con ella, pero no tocarla. Naufragaba en sus ojos castaños y aparecía ella con su pelo corto, pero lo suficientemente largo como para rescatarme, y me miraba como si tuviera todas las respuestas, y yo… me quedaba sin palabras, ni ideas ni preguntas. Le sonreía y le decía “Mi señora Galadriel“, y ella me respondía con un gesto lleno de luz “Mi criatura mágica“.

Ella era Presente, ella era contención de planes, de sueños, ella era desear una boca sin saber si algún día podrás tocarla con la tuya, ella era verdad, estrella fugaz, ella era mi refugio contra el miedo, ella era un paraguas en mitad de una tormenta sin tregua.
Y así transcurrieron instantes robados a los días grises, donde nos confesábamos secretos, compartíamos momentos, creábamos colores nuevos, y abríamos juntos nuestros corazones, para que nos los congelara el viento del invierno.
Fueron 13 los días señalados, fueron 13 los días que ella tenía permitido salir del palacio en el que vivía.
El último día, sonó de nuevo la puerta, con los golpes rítmicos y dulces que anunciaban su visita, y al abrir sonriente encontré allí una maceta con una hermosa rosa roja, protegida por una cúpula, era como la de mi querido Principito. Sonreí, si bien no tardé en comprender el significado de aquel símbolo, apagándose la luz de mi rostro entonces.
Me resguardé en mi casa y lloré un solo día, uno completo, no sin sentir que en cierto modo, defraudaba a mi dama de luz.
Al día siguiente me enfrenté al mundo con mi mejor sonrisa, recordando lo vivido, la lección que aprendí deslumbrado por su alma, la lección que soñaba tatuarme con sus labios, y que sin embargo, tan solo pudo quedar grabada a fuego con los abrazos que soñamos.
Solo hoy, solo ahora, quien sabe qué nos traerá… el mañana.
Y no pierdo la esperanza, de que el mundo gire, y algún día ella vuelva de visita a mi alma.

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Mar
13
2018

Apocalipsis de bolsillo

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Relatos o Versos     2 comentarios


Desde pequeño, el joven Ethan demostró que nunca había suficientes cosas que aprender, y sí mil campos por descubrir. La gente le aburría y le parecía predecible, pero sin embargo, ciencias como la física o la química, y el mundo de la Tecnología, le parecían pozos interminables de diversión y curiosidad satisfecha. Pese a lo sosas que le parecían los demás humanos, siempre se esmeró en integrarse y tener un trato cordial con todo el mundo y no parecer un bicho raro.
Y así fue creciendo, y aunque no todo el mundo se daba cuenta, era un verdadero genio. Se decantó por la química y la biología como carreras, y disfrutaba de las horas de microscopio y sus diferentes experimentos. También comenzaron a fascinarle los mundos animal y vegetal, amaba todo lo vivo, menos los seres humanos que le seguían pareciendo tan aburridos como capaces de hacer auténticas barbaridades. Se le había quedado grabado un documental sobre cómo miles de tiburones eran asesinados tan solo para arrancarles sus aletas y así hacer sopa, y recordaba como de niño había visto que hacían algo parecido con las focas por arrancarles la piel para hacer abrigos. La capacidad del ser humano de expoliar y destruir sin tener en cuenta nada más allá de su propio interés era algo que le asqueaba hasta extremos que no alcanzaba a explicar.
Siguió en esa dinámica durante un tiempo. El trabajo le encantaba, no tenía más que dos o tres amigos que no le aburrían, y el amor le había dejado bastante tranquilo hasta entonces, y a sus treinta y tres se fraguaba una idea en su cabeza que hacía de hobbie y puzzle mental a la vez, y cuando estaba inactivo dedicaba a ello sus horas. En un mundo digital él llevaba una libreta turquesa dónde hacía dibujos y apuntaba fórmulas, bocetos que tan solo él entendía sobre aquella idea que crecía en su mente como un ser vivo, siendo más una prueba de concepto que algo que quisiera hacer realidad, por sus implicaciones.
 
Pero aquel fatídico día él vio en las noticias cómo una mujer asesinaba a su bebé por no aguantar su lloro, y cómo un grupo de pirómanos se habían puesto de acuerdo para quemar una zona preciosa en la que él había pasado algún verano de niño, disfrutando de sus bosques. Se dirigió al trabajo maldiciendo a la humanidad y su capacidad de hacer cosas tan terribles, y cuando llegó al laboratorio un compañero le pidió un favor. Él era el encargado del almacén de virus y bacterias de la empresa química en la que trabajaban, y quería ir a ver a su hija bailar en el colegio, pero como siempre tenía que haber alguien por lo sensible del lugar, le pidió a Ethan que le cubriera ese día, a lo que accedió sorprendido, pues acababa de abrirse la puerta que él había fantaseado tantas veces con abrir.
En lugar de hacer tareas básicas de mantenimiento o leer el periódico pasando las horas, él sacó su libreta turquesa y analizó sus bocetos. Empezó a recoger diferentes muestras, empezando por una del Virus Marburg, uno muy similar al ébola para el que no hay tratamiento. También cogió un vial de Viruela, y empezó a experimentar con unas variaciones que hicieran que esos virus se propagaran rápidamente por al aire. Se le pasaron las horas volando, estaba disfrutando como nunca, con las precauciones adecuadas pues aquello era tan peligroso. La clave la tuvo una variante de la Influenza, algo parecido a la famosa gripe, y con sus experimentos había conseguido un virus letal, que se propagaba por el aire y que era capaz de sobrevivir a temperaturas de entre -20 y 50 grados. Además, usaba los organismos infectados para multiplicarse a modo de esporas, y sobre todo, lo más importante, la razón principal, tan solo afectaba a humanos.
Durante meses había pensado en aquello, tenía tanto sentido, un virus capaz de librar al planeta de su más letal habitante, permitiendo que todo lo demás siguiera su curso. En unos años, la naturaleza se reequilibraría, y seguiría su evolución una vez erradicada la infección del hombre de su faz, el hombre era el cáncer del planeta, y él lo tenía clarísimo.
Hizo un tubo de ensayo con aquel ingenio al que él llamó “Apocalipsis de bolsillo”.
Poco después, sonó una campana y fue consciente de que su jornada había terminado, y orgulloso de lo que había conseguido, se preparó para irse a casa, llevándose consigo aquel vial que era lo más parecido que había tenido a un hijo. Lo miró con amor y se lo guardó en el bolsillo, pasaría su bolsa por rayos X al salir, pero nunca miraban sus bolsillos.
 
Cuando bajaba por la escaleras se cruzó con una mirada cálida, y se quedó embobado con ella, mientras esta le saludaba: “Hola Doctor Hawk, he oído hablar tanto de usted, estoy deseando trabajar en esta empresa para disfrutar de genios como usted, es un honor…” su corazón latía como nunca lo había hecho, y sintió de repente como una ola de luz conquistaba el mundo, después de la tormenta de odio que había vivido estos últimos meses, y aquel día a primera hora recordándole la nula fe en la humanidad que tenía.
Con los nervios de aquel encuentro, su pie buscaba un escalón que no existía y tropezó, cayendo un metro hacia una esquina del descansillo. Al caer, escuchó un ruido de cristal roto en su bolsillo, y cerró los ojos consciente de lo que acababa de pasar.
Te querré siempre“, le dijo él, y ella se retiró sonrojada sin imaginar que ese siempre era cuestión de días, para todos y cada uno de los que aún habitábamos la tierra aquel día.

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Nov
28
2017

19 años sin Gloria (Fuertes)

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Relatos o Versos, Sociedad     comentarios cerrados


Hoy, un twit me llevó al regazo de Gloria Fuertes y sus palabras, y revisando su biografía me di cuenta que justo ayer hizo 19 años que nos dejó.
Ella nos enseñó, siendo niños, que las palabras eran amigas preciosas y que podíamos jugar con ellas, sin vergüenza ni miedo, y que podríamos vivir mil aventuras buscando las rimas adecuadas. Una mujer entrañable que nos dejó el regalo de su obra, antes de partir en su barco pirata. ¡Gloria siempre!

Nací para poeta o para muerto…

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

Autobiografía

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.

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Oct
27
2017

Se nos acabó el amor de tanto usarlo

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Desde dentro..., Relatos o Versos     comentarios cerrados


Entonces ¿Cómo te sientes? — me preguntó ella sonriente, metiéndose tan dentro de mi como podía con aquellos infinitos ojos azules.
Le devolví la sonrisa, no podía hacer otra cosa, aunque mi corazón estuviera gris y la ilusión que veía en su mirada no fuera más que un cruel castigo para mi más sincera realidad sentimental.
Ya sabes cómo me siento, respeto tu punto de vista, pero no lo comparto. — repliqué, nervioso y sintiéndome tan atrapado como en otros momentos de aquella relación tan repleta de altibajos, odiaba esa sensación, la privación de libertad es un dolor insoportable que solo entiende quien la ha vivido.
¿No crees que deberíamos darnos otra oportunidad? — dijo, vital e ilusionada.
Volví a mirarla, esta vez sin sonrisa y con gesto serio; luego miré al suelo y dejé volar mis pensamientos intentando encontrar equilibrio y razón para hilar palabras con un cierto sentido y orden.
Me gustaría tener la fe de que lo nuestro puede funcionar, pero he acabado tan desgastado que ahora mismo me resulta imposible concebirlo. Deseo que encuentres tu paz, yo buscaré la mía, pero el cielo que acabó volviéndose un infierno no es sitio para mi ahora, necesito aire limpio y mar. Mereces plenitud y alguien que aporte tanto como tu das, y sabes que yo lo intenté, fue algo progresivo que a mi me permitió ir cogiendo ritmo, y al final nos equivocamos de caminos y nos rompimos. Hay que aceptarlo y volver al principio, no de nuestra relación, sino de nosotros, recuperarnos para poder entregarnos al mundo y a la vida, y no se esclavos del miedo y la angustia como éramos.
Pero hubo tanto amor y pasión, tantos buenos momentos ¿No quieres volver a todo eso? — me preguntó sonriente y vital, como ella era siempre.
No se trata de querer, sino de poder… me costó tanto salir de una caja en la que me sentía encerrado, que ahora, el más mínimo espacio cerrado me genera claustrofobia ¿entiendes eso? — le dije, intentando ser razonable y tranquilo.
Pero… algo tan bonito, tan mágico, éramos una familia ¿A dónde va todo ese amor? — preguntó, con voz temblorosa.
Quizás… se nos acabó el amor de tanto usarlo. — le dije. Y me creyó, vi apagarse el brillo en sus ojos y en los mismos contemplé cómo su corazón se partía en mil pedazos. Algunos de esos fragmentos se incrustaron en mi alma y mi propia piel, y seguirán ahí para siempre.

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Jul
17
2017

Viento y espinas

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     comentarios cerrados


Nadie dijo que fuera fácil,
levantar la mirada frente,
con los ojos empapados,
y el corazón ausente.
 
Ni el secreto del Mar,
ni la brisa deshidratada,
nada puede calmar,
a una mujer desconsolada.
 
Veo en sus ojos esa flor
que una vez deshojada,
tan solo siembra dolor
hasta que es incendiada.
 
En el juego del amor
arde un alma espinada,
suena su canción,
nostalgia ahogada.


Beautiful image from Stockvault. Called “The Catcher in the Rye”, from Alexandra (thanks)
 

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Feb
14
2017

Y Trump hizo que se extinguiera la humanidad

 Escrito a las 12:00     Archivado en: Relatos o Versos     comentarios cerrados


El 14 de Febrero de 2019, un objeto enorme entró en el espacio aéreo español y aparcó en un campo extremeño, preguntando por el representante de la humanidad. La señora Julia llamó al teniente Fresnedillas, quien llamó a su comandante, el Sr. Julián de la Vega, que inmediatamente habló con el más alto rango de la guardia civil, que habló directamente con Mariano “007” Rajoy, el cual, tan locuaz como siempre, pidió que se le comunicara al extraterrestre:
Que por favor hable con Mr. Donald Trump,
al que yo puedo preshentarle si ashí lo deshea…

El alienígena pidió las señas, y la señora Julia le dijo que creía que Guáxingnton, al otro lado del Atlántico, el más grande de los mares, así que el buen extranjero se cogió su nave y se dispuso a cruzar el charco.
 
Allí, la inteligencia más avanzada del mundo, y me refiero a los espías norteamericanos, no a la otra, ya estaba preparada. Esperaron a la nave unos drones programados por un ingeniero ruso posteriormente exiliado en Cuba para trenzar figuras con humo de colores emulando las formas del pelo que llevaba aquella mañana Ivanka. En la entrada de Guáxingnton, suspendido en el aire, un enorme dirigible, que llevaba dos globos aerostáticos con flecos rubios en uno de los extremos del cilindro, cual primer dibujo fálico de un niño de 9 años, pero en el aire.
Unos aviones escoltaron a la nave al jardín de la casa blanca, donde esperaba el jovial gobernante.
 
De la nave bajó un ser humanoide, pequeño y gris, como el clásico arquetipo que dibuja la ciencia ficción. Saludó al presidente con la mano en alto, muy tercer reich, mientras este le decía “Bienvenido, no hace falta que te arrodilles ni nada, quiero parecer cercano.
El alienígena extrañado miraba curioso a aquella criatura de pelo amarillo. Tan pronto pudo hablar, en un correcto inglés de Cambridge de un curso CCC que encontró en un basurero espacial, le dijo:
Hola. Yo vengo a hablar del maltrato al que sometéis el planeta y del deterioro del mismo, como representante…” Entonces Trump le interrumpió. “Ah, vaya, creía que eras un marciano y eres otro puto perroflauta con una nave seguramente fabricada por la mierda esa de los chinos. Tienes ese aspecto lamentable porqué seguro que no comes carne. Ahora me vendrás con el calentamiento global y otras mentiras, no tengo tiempo para ti ¡Que se vayan las cámaras!“. Trump le dió un empujón en el hombro y el alienígena se dejó caer al suelo sorprendido, en un gesto muy humano.
El grupo de periodistas se alejó rápidamente de la zona alentados por el presidente: “Dejadlo de lado, es un hippy.
El buen alienígena cogió su nave y salió del sistema solar en un par de horas aún sorprendido por las extrañas criaturas con las que se había cruzado. En un planeta algo frío se encontró con el comité interestelar de revisión de razas inferiores y su evolución, e informó de que en la tierra no había intención de cuidar el planeta ni de tener una evolución real, ni de plantearse reducir ingresos para incrementar otro tipo de beneficios para su raza, y que la arrogancia y la estupidez gobernaban gran parte del planeta.
Entonces se dio orden a los bioengenieros de que hicieran un virus que acabara con todas las razas del hombre y que convirtiera su materia orgánica en compost ideal para el crecimiento de vida vegetal.
 
Y así fue como Trump consiguió que se extinguiera la humanidad.

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  Boletín no diario de...

...un celtíbero errante, un androide defectuoso y con sentimientos, un yeti en calzoncillos en busca de otros eslabones perdidos, coleccionista de sonrisas y momentos que atrapar con el cazamariposas que los años ha tejido, pintor de acuarela en un día de lluvia, que con su sonrisa desnuda y la mirada perdida, te espera sentado al borde de un acantilado.

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