Relatos o Versos

feb
9
2012

Relato corto: “Sujetando el Alma” (Parte I)

 Escrito a las 11:00     Archivado en: Relatos o Versos     1 comentario


El Dr. Edwin Carpenter había dedicado muchos años al estudio de la muerte, obsesionado por el viaje del alma en su transición hacia la muerte. Aún recordaba cuando de niño vio un reportaje en televisión en el que numerosos testigos hablaban de ese túnel de luz blanca que decían haber visto al estar clínicamente muertos para luego volver a este mundo ¿Sería así? Aquella pregunta condicionó su juventud, sus estudios y toda su vida.
 
A sus 40 años su pelo rubio estaba cubierto de canas, liso y en una media melena que pese a sus pocos cuidados, conservaba su brillo y fuerza. Sus ojos azules y sus facciones elegantes habían hecho que tuviera mucho éxito con las mujeres, aunque no tardaban en alejarse de él dada su abstracción por su trabajo.
 
Se había consagrado como un eminente médico especialista en química orgánica y sistemas de anestesia. Su tiempo libre lo dedicaba por entero a sus investigaciones sobre el viaje en barca al otro lado, e incluso había modelado algún artículo científico con los más destacables detalles que encontraba en su camino. Siempre que cogía un avión era porque había algo al otro lado que podía servirle en su obsesión. Incluso cuando investigando la muerte en el antiguo Egipto visitó El Cairo, apenas reparó en la presencia de las pirámides, y siguió tomando notas sobre como aquella fascinante civilización concebía y preparaba la muerte.
 
Entrevistó a numerosos testigos qué, como los del documental de su infancia, decían haber visto un túnel tras ser rescatados de una muerte segura por algún equipo médico que les asistió en un accidente. Visitó la India, y Méjico, los Andes y el Tibet, y su vida fue perseguir las huellas que dejaba la muerte, en especial, ese momento de transición que lo obsesionaba.
 
Sus investigaciones sobre la muerte le llevaron a una tribu India americana llamada Cayuga, dónde los ancianos presentían su muerte y tomaban unos preparados de hierbas como facilitadores de ese camino. Dedicó un par de años a obtener aquella fórmula, como parte de un mapa sin sentido en el que buscaba una respuesta que por momentos, le parecía una quimera. Indagando la historia de los Cayuga, había descubierto también que aquellos ancianos que fallecían tras aquel ritual ancestral, llegaban dormidos a la muerte, y su última exhalación se producía en una carcajada final, aquello le había llamado la atención, avivando su pasión por unas investigaciones que en ausencia de frutos, a veces le dejaban sin fuerzas.
 
Aquel día, había salido a tomar algo con uno de los amigos que habían soportado su frenética vida laboral, y mientras discutían sobre las cosas de la vida, mientras pensaba en otras cosas, tuvo una importante revelación. Mezclando componentes de sus investigaciones, quizás encontraría la respuesta.
 
Había visto un documental el día anterior sobre afecciones del sueño, y cómo hay algunas personas que narran al detalle cada uno de sus sueños mientras los viven. Esa fue su chispa, su salvación desesperada, su refugio, quizás… una de esas personas que dibujan sueños con palabras, junto con la transición Cayuga al otro lado, podrían darle alguna pista. Si realizar el preparado indio no sería fácil, encontrar a una de esas personas sería complicado, y las circunstancias que hicieran posible el experimento, prácticamente imposibles.
 
Se puso en contacto con un compañero que se dedicaba a la investigación del sueño, y a cambio de un generoso regalo obtuvo un favor que parecía una apuesta desesperada en la que pones todas tus fichas en la mesa en una jugada desesperada. Su amigo doctor envió una carta a un grupo de personas con esa extraña afección que les hacía hablar tanto en sueños. En esa carta se contaba algo de las investigaciones del Dr. Carpenter, y tras explicar lo más elegantemente posible la situación, se sugería la oportunidad remota de contar al mundo qué había en el verdadero umbral que separa la vida y la muerte.
 
Aquella carta sólo tuvo una respuesta.

Continuará…

feb
5
2012

Sparrow derrotado

 Escrito a las 23:27     Archivado en: A5, Relatos o Versos     1 comentario


Aquella cita había empezado bien, y había seguido aún mejor; en un bar tranquilo encontramos un rincón dónde sentarnos a tomar algo y estar cómodos.
Varias cosas me fascinaban de aquella chica.
En primer lugar, su pasión. La pasión es hermosa sea cual sea su destino, tanto si decoras árboles de navidad en Julio como si cazas gamusinos con pompas de jabón, la pasión de alguien por su trabajo, es, para mi, muy atractiva.
En segundo lugar, me encantó su inteligencia y su humor, su manera de entender las cosas, su forma de contarlas, y su valor para cortarme cuando yo estaba hablando; cuando lo hacía, no podía sino quedarme embelesado observando su belleza, nada convencional, y del todo extraordinaria; y ese es el tercer factor, su belleza… no una belleza rencorosa y egoísta, sino una de esas que son un obsequio para el mundo. Sus ojos… parecían el boceto de un maestro, con líneas perfectas y una pupila en la cual si te sumergías creías poder aparecer al timón de la Perla Negra junto al mismísimo Jack Sparrow. Su boca… ¡Qué decir! era un punto y aparte en lo que a labios se refiere, y cuando sonreía, me recordaba el destello de un faro cuando lo miras fijamente y la luz llega a ti.
Claro, estas cualidades, las enmarcaba un rostro dulce y sensual, con un piercing en la nariz y un pelo precioso, y sobre todo… tenían el azúcar de una persona que no es consciente de lo hermosa que es.
 
Quizás no estuve estelar, pero estuve bien. Simpático, sincero y mostrándome, pese a los nervios, tal cual soy. No me era difícil imaginar una vida junto a aquella chica, no porque fuera igual a mi… sino por cómo podríamos complementarnos. Me veía preparando con esmero aquellos platos que pudiera comer, rediseñando mi estudio para que además de tener mis cosas… hubiera sitio para aquellas que componen su mundo y lo hacen posible. Disfrutaría de nuevos estilos musicales y podría compartir con ella otros que no conociera, había mil cosas, innumerables pequeñas señales que parecían apuntar en una dirección… y tenía la clara sensación, de poder aportar magia a su mundo sin quitarle nada, y de que ella, tal y como es, redecoraría el mío. Todo fue genial, maravilloso, fantástico… su sonrisa, su mirada, sensaciones tan complejas de explicar como extraordinarias.
 
No conseguí enseñarle todo lo que se puede decir en un abrazo.
Como es habitual, no supe leer si debía o no besarla, y opté por una respetuosa y quizás demasiado cobarde timidez.
Cuando me senté en el coche le envié un mensaje, soñando con que quizás volvería a darme un buen abrazo o un tímido beso, a regalarme esa única primera oportunidad necesaria para revolucionar su mundo.
La respuesta me dejó helado: “Seremos buenos amigos
Tanto dicho con tan poco, apenas pude moverme durante 30 minutos.
Pensé en el Destino de nuevo conspirando, continuando ese malévolo plan de extinguir todas mis ilusiones, de arrebatarme algunos de mis sueños para dejar, ese tan importante lado sentimental que poseo, marchito. Pensé que no era justo, pensé que por ella valdría la pena una lucha sin rendición, sin más meta que hacerla mía, para darle tanto que no tuviera motivos para elegir otro camino que no fuera conmigo. Pensé que las cosas no siempre salen como uno espera o merece.
 
Y entonces arranqué el coche, avivé el fuego de mi esperanza por dos motivos. El primero, por ser parte de mi, si dejara de creer en el amor… podría incluso convertirme en un chico más. El segundo… si perdiera la esperanza el Destino seguro me regalaría lo que busco, pero por no darle ese placer, por no concederle esa victoria, podía permitirme ser cabezón y no renunciar a un concepto distinto de amor, aunque solo renunciando a él pueda obtenerlo.
 
Cuando cogí la autopista puse un buen tema de metal alternativo, excelente loctite para un corazón fracturado. Esa canción me dio la intensidad con la que apretar el acelerador y reanudar mis latidos, porque áún con agujetas, no quería olvidar… que el mañana no espera, y será mío.
Solo masticando con energía el agrio sabor de la derrota, se aprecian las dulces victorias cuando llegan a tus labios.


Image from Stockvault. Called “Human Shadow”, from AD (thanks)

feb
2
2012

El póker de tus besos

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     4 comentarios


Hemos cenado, con una buena serie de fondo.
De primero risas, de segundo besos, y de postre caricias.
Recogemos la casa y seguimos haciendo bromas cómplices.
para después deslizarnos juntos en la cama,
te miro y valoro la fortuna de tenerte a mi lado.
 
Me respondes con tu sonrisa traviesa,
y tu mirada pícara anuncia el inicio de hostilidades.
Bajo el nórdico, desnudos, comenzamos la partida,
anuncias que no hay farol que valga,
tu apuesta inicial te deja desnuda,
y me obligas a igualarla cuanto antes.
 
Empieza la partida de Dos, el deseo es nuestra mano.
Me lengua, entre tus labios… es un Tres.
Cuando acaricio tus pechos, somos Cuatro.
Cinco, los dedos con los que aprieto tu culo,
mientras mi otra mano recorre tu cuerpo suave.
Seis… los segundos que dura mi beso en tu cuello.
Siete veces me muerdes el labio, feroz y lasciva,
mientras desciendes tu mano juguetona por mi pecho…
Ocho, los besos que me das mientras bajas por mi cuerpo.
Nueve surcos, los que dejan tus uñas en mi espalda.
Diez segundos los que aguanto antes de cogerte del pelo,
subirte a mi altura, pasear mi boca por tus labios,
desatar mi pasión contenida… y coger las riendas.
Mientras me deslizo dentro de ti, disfruto tu cara,
comienzo despacio… ¡Impón tu ritmo, mi Reina!
Das una bofetada en mi pecho y me miras juguetona,
luego me muerdes la oreja y… me siento tu Rey.
Juntos, nos retorcemos y danzamos sin prisa,
cambiando de canción, creando melodías,
cuando sentimos llegar ferozmente el As…
entre risas y gritos lo recibimos,
acaba entonces en éxtasis la partida…
en la que ambos somos ganadores y vencidos.
 
Cogemos aire y nos recuperamos de las emociones,
nos besamos dulcemente sin subir la apuesta,
nos acariciamos abrazados, nos miramos.
Y cuando el corazón y los besos se aceleran de nuevo,
me miras mimosa y sonríes susurrándome al oído
¿Otra partida?


Image from Stockvault. Called “Poker night”, from Lokigrl616 (thanks)

ene
23
2012

Fábula de la Luciérnaga Errante

 Escrito a las 18:46     Archivado en: A5, Relatos o Versos     5 comentarios


La primera vez que la vi, comprendí que todas mis búsquedas habían tenido sentido, que no estaba loco, que aquella luciérnaga que la madurez me hizo soñar existía y que ella podría hacer mi vida maravillosa, y yo… yo podría revolucionar su mundo pues su corazón junto al mío me daría una fuerza que ni yo mismo era capaz de imaginar, haría sus días extraordinarios… todos ellos.
 
Su alma, tenía forma de sonrisa, de optimismo, de camino despejado, de “un pasito más”, de “si quieres puedes”, de “la felicidad está en ti”. Su cuerpo, rebosaba esa belleza en unas manos delicadas y suaves, unos labios dulces que enmarcaban la sonrisa más perfecta que jamás hubiera visto. Si ella sonreía no te quedaba más remedio que pararte a contemplar tanta belleza y como te detenías hipnotizado no te dabas cuenta de que los astros se asomaban a verla y el mundo contenía su respiración para ser partícipe de aquella magia. Su melena pelirroja la protegía de quemarse cuando el Sol se paraba a ver su sonrisa. Cada gesto, cada pequeño detalle, completaban la figura de aquel particular ángel ante cuya belleza, tan solo podía emitir un balbuceo torpe y contener mi emoción.
 
Desde que la vi, desde lejos, soñé con ella. Con desayunos con risas, con cosquillas, con masajes y besos, caminos con piedras que saltar juntos, montañas que hacer menos empinadas compartidas… recordé la última vez que había sentido algo así por alguien, con la salvedad de que esta vez el círculo se cerraba, la persona lo merecía… aunque el mundo me acusara de loco, yo sabía que aquella era no mi media naranja, sino el corazón que encajaba a la perfección con el mío, no para latir juntos, sino para encontrar un ritmo celestial que contagiar, además, al mundo.
 
Me costó reunir el valor para hablar con ella, consciente de que no era una más, sino la única. Sabía que por inspirado que estuviera, mis palabras serían torpes y escasas, se quedarían cortas… y sin alas. Pero también sabía que por ella cruzaría volcanes descalzo y me bebería los mares si tras una puerta tuviera su sonrisa. A veces saltar al vacío no es una opción, sino el camino de lograr tus más altos y sagrados sueños.
Así que salté…
 
Sus palabras eran tan coherentes como cada garbanzo que había dejado en el camino. Su amabilidad, dulce, su timidez, cálida.
Pero el destino me ponía a prueba una vez más… llegaba tarde, pues otro caballero había obtenido antes que yo el favor de una oportunidad al lado de tan mágica dama.
Mentiría si no dijera que de todas mis heridas, aquella me había parecido la más profunda.
Mentiría si no dijera que mi cuerpo empezó a temblar y sentí unas ganas de llorar que no pude contener. Mentiría de no decir que me rompí, deseando dejarme llevar hecho ceniza por un viento cruel que podría haberla acercado a mi orilla un poco antes.
 
Sentía que no había otro camino que ella, ni otros pies al lado de los cuales mereciera la pena caminar.
Tan solo una persona mágica y especial, distinta y plena… y se me había escapado.
Lloré siete días con sus noches, pensé que mi corazón se rompería… pero en eso me equivocaba, sobrevivió.
 
Con mi última lágrima llegó la idea de no aceptar una rendición, de que si su caballero no daba la talla, quizás, algún día, tuviera mi oportunidad. La idea de que su felicidad era más importante que mi dolor, y que lo asumiría mejor si ella tenía esa plenitud que creía tan solo yo podría ofrecerle.
Y entonces la magia que invoqué accedió a mi deseo sincero, lo cumplió y me convirtió en un precioso narciso que estaría plantado siempre a la puerta de su casa.
 
Aquí espero.
Podré ver su cara todas las mañana,
incluso con suerte me regará de vez en cuando.
Y si algún día veo tristeza en su alma, si algún día no es feliz,
volveré a ser el hombre que fui,
para llevarla en brazos al mundo que merece,
y si no es así, moriré feliz por haber adornado la puerta,
de lo más bonito que jamás he visto.


Image taken from Stockvault. Called “Daffodil near stream“, by Chris Adzima (Thanks)

ene
20
2012

¿A dónde?

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     3 comentarios


Ella no podía detenerse, las sombras le perseguían sin descanso. Unas con rostro, otras eran tan solo sensaciones que aceleraban su pulso y seguían sus pasos, haciéndole necesitar correr sin rumbo. Fantasmas de un pasado transformados en siniestras formas masculinas que la asediaban, y de las cuales no parecía sentirse a salvo por mucho que corriera.
Salió de las calles de la ciudad y se dirigió hacia un campo de tierra próximo. Allí, donde le alcanzaba la vista, había un barranco, y algo dentro de ella le animaba a ir en aquella dirección como si allí hubiera una salvación o salida, y eso hizo.
Una vez allí, en el borde, se dio cuenta de que no había ninguna salida, y no solo eso… allí estaba atrapada.
Miró como el cielo se oscurecía de un modo tan mágico como siniestro, unas sombras a lo lejos se acercaban a ella.
Su final parecía próximo e inevitable, y comenzó a llorar, apretó su puño, dispuesta como siempre a morir pelando, y gritó “¡Quiero volar!”
Se dio media vuelta dispuesta a saltar al vacío, triste… pero libre… y en cierto modo, feliz.

 
Abrió los ojos sorprendida en su cama ¿Había sido todo un sueño? Su mente aún seguía viajando entre aquel mundo onírico y su realidad.
En pleno viaje, su voz repetía una frase: “Quiero volar”
No dejó de repetir esa frase, y entonces sintió un brazo apretándola fuerte hacia atrás. Se giró asustada y vio el rostro dulce de su chico medio dormido que la buscaba con el brazo para acercarla hacia él.
Casi completamente dormido, le murmuró: ¿Estás bien cariño?
Ella le respondió – Sí, sí, creo que ha sido sólo una pesadilla.
Él, murmurando de nuevo, le dijo – ¿A dónde quieres ir volando?
Ella sonrió – Nada cariño, era un sueño, y tan solo quería volar para ser libre y escapar de los malos.
Él, sin abrir los ojos ni mejorar su entonación – ¿Y todavía quieres volar?
Ella siguió sonriendo – ¡Claro! Yo siempre quiero volar ¡Ya sabes!
Él continuó la conversación completamente adormilado, como si nada – ¿Y prefieres volar tu sola o quieres que te acompañe?
- Pues… quiero que vengas conmigo ¿Qué otra opción habría?
- mmmmmm podría esperarte en tierra si quieres volar sola, o que lleves una cuerda como una cometa y tires de ella si me necesitas… o si quieres ir tu sola, yo estaré esperándote.
Ella se emocionó ante los balbuceos de aquella criatura que a veces parecía tan primitiva como ahora dulce.
- Quiero volar contigo – dijo ella
- ¿A dónde? – preguntó él
- Hasta el infinito… – y dejó aquella frase en el aire.
Él abrió los ojos y le dijo lo más bonito que le habían dicho nunca con una mirada casi lúcida, y luego añadió:
- … y mas allá.


Image called: “Rest and Relaxation” by Lillian Nelson, taken from stock.xchange royalty free gallery.
 

ene
17
2012

Con(tigo)

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     5 comentarios


Por cómo mueves tus pies luciendo calcetines nuevos. Por las prendas y los pelos que dejas tirados en el baño después de una ducha. Por cómo bailas cuando pasas la aspiradora. Por lo bien que entiendes mis silencios, por todo lo que me dices con los tuyos. Por tus besos dibujando sueños en mi espalda. Por mi mano enredada en tu pelo. Por cómo me abrazas cuando estoy fregando los platos. Por cómo te burlas de mi cuando estoy demasiado serio.
Por cómo empiezas a darme patadas en el sofá cuando te cansas de leer y quieres hacer otra cosa. Por lo preciosa que estás con cada uno de tus pijamas. Por hacerme cosquillas si no te doy varios besos de buenas noches. Por hacer figuras con los imanes de la nevera. Por hablar con las naranjas mientras las exprimes. Por todas esas dudas al elegir tu ropa cuando tenemos una cena importante. Por los besos en la nuca con los que me pides que dibujemos capítulos nuevos del kamasutra.
Por la decisión con la que defiendes tus argumentos, por cómo los cambias si los discuto bien, por cómo me enseñas a ver todo desde otro prisma. Por qué la sinceridad la empiezas contigo misma. Por qué te ríes cuando te caes. Por la fuerza con la que te levantas. Por el sabor de tus labios, por tu adicción a los míos. Por mantener la soledad fuera de mi ropa. Por motivos que el alma ni entiende ni explora. Por cómo andas descalza sobre mi agua. Por cómo atraviesas mi superficie para colarte en lo más hondo de mi. Mi fuego en el frío, mi hielo en verano.
 
Por eso, por todo, sigo reservándote tu lado de la cama.


Image taken from Stockvault. Called “Stop! Let me out!“, by Victor Stoyanov (Thanks)

Moraleja: El día que esté enamorado seré insoportable xD

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...un poeta novato en busca de diccionarios donde encontrar letras y colores que dibujen cielos y momentos, amante de la vida y sus Nirvanas, de canciones, gestos, olores... ¡Cómplice de atraco a palabra armada junto a Joaquín! Busco el hueco para deslizar mis dedos húmedos y lascivos por entre las piernas de la vida, mientras avivo mi mirada de Peter Pan, mientras con detergente me esmero en conservar el alma lo más blanca posible.

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