Relatos o Versos

jun
24
2015

El último día de Guardían

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     2 comentarios


Jamás había dejado de fascinarme la belleza creciente de Elisa cuando dormía. Sus miedos y tensiones diarias se diluían de su expresión como la tierra se desliza por el desagüe cuando estás en la ducha tras un día en el barro.
Su pureza no hacía sino incrementar su perfección, allí hecha un ovillo, tan necesitada de afecto como de coherencia en su mundo, y tan aparentemente incapaz de encontrarlo entre tanto gris, pese a su luz.
Jamás me cansaba de observar las formas de aquel pelo castaño largo y lleno de mechas, o de leer las huellas que las lágrimas habían dejado en su mejilla, o las constelaciones de sus pecas… y los secretos de su piel. Un corazón nacido para latir pleno, una plenitud que el Destino no podía otorgarle dada su afición por completar puzzles y curar animalitos automutilados, su colección de trapecistas sin red y mentiras a medio cocer. Si el blanco era aquel corazón nacido para curar, el negro era el de quienes no se querían dejar sanar y que además no permitían brillar a sus cuidadoras, de las que mi Elisa, era princesa… o reina.
Aquellas horas, desde que empezaban sus sueños, hasta que el sol besaba su mejilla, ella era mía. Alguna vez imaginaba sus pupilas mirándome, como si eso fuera suficiente para que yo pudiera sanarla al darme por completo y sin miedo. Y soñándola feliz incluso alguna lágrima se me escapaba, mi niña que solo quería volar, y se chocaba con los árboles.
Esa era mi última noche junto a ella, yo me evaporaría con el Sol, y al día siguiente, ella dormiría por primera vez con aquel remendador de almas que le había prometido un cielo muy diferente al de todos los que antes le habían hecho promesas, eso creía ella, eso deseaba yo, incluso para los de mi especie, el Universo tiene secretos.
Se requería mi ayuda para proteger otro corazón único, para ser viento o consuelo invisible y en silencio junto a otra persona, y si en aquel momento hubiera podido vivir en un tiempo que no fuera presente, lo habría hecho imaginando un mundo con o sin ella, pues ya no sería más mi responsabilidad ni mi vigilia.
Le dejé la mitad de mi ser en su mejilla, en forma de lágrima.
Cuando despertó, ya se había evaporado.
Jamás supo de mi, ni de que estuve, ni de que me fui.

chica
Amazing picture by: Daniel Santalla (from lifeofpix.com)

jun
12
2015

Sin gasolina

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Desde dentro..., Relatos o Versos     Añadir comentario


Hasta allí había llegado, por ahora no había más. En medio de aquella metafórica ruta 66, solo podía ver desierto salpicado de lunares verdes, y una carretera al borde de la cual me encontraba parado, una vez acabada la gasolina.
No me quedó más que sentarme a pensar, intentar sacar un poco de claridad del mapa de pensamientos en el que siempre somos tan predecibles y lineales para con nosotros mismos. ¿Cómo pensar libre? Cuando te rompes y agotado estás de rodillas, hay un instante en el cual tu pensamiento es únicamente alma, y tus prejuicios, miedos y traumas se callan para dejarte escuchar verdades más o menos cómodas.
Se trata de acostumbrarte al murmullo frenético del mundo, ignorarlo, y quedarte con los susurros que algo dentro de ti te dice, son lo más parecido al ruido que haría la respiración de un Universo al que le pintarías ojos y le obligarías a ser Dios.
Poco después, las horas ya no eran horas, no había ni prisa ni pausa.
No tardé en comprender que aquella necesaria parada era a la vez, noche y día. Noche para respirar, sentir, pensar, perdonar, soñar y encontrar una paz necesaria para que, en silencio, se llenara el depósito exhausto. Día para reemprender el camino, con la ilusión del que coge por primera vez la carretera, por muchos cientos de miles de kilómetros que lleve a sus espaldas.

fuel
Photo credit: LibreShot.com

may
13
2015

“El Huevo” (Relato corto de Andy Weir)

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Relatos o Versos     1 comentario


El otro día me encontré este magnífico relato corto escrito por Andy Weir, alguien que con solo un libro ha cosechado el éxito y cariño de muchos de nosotros. Me ha encantado este relato tan humano, recordándome a esa “Última pregunta” que tocó una parte de mi corazón que pocas cosas más han podido alcanzar. (Fuente)

The Egg
By: Andy Weir
Translation: Ezequiel Aranda

Ibas camino a tu casa cuando falleciste.
Fue un accidente de tránsito. Nada extraordinario, pero sin embargo fatal. Dejaste atrás una esposa y dos hijos. Fue una muerte indolora. Los paramédicos dieron todo de si para salvarte, pero no hubo caso. Tu cuerpo estaba tan destrozado, que hasta fue mejor así, créeme.
Y fue entonces que nos encontramos.
“¿Qué… Qué pasó?” Preguntaste. “¿Dónde estoy?”
“Moriste”, respondí con naturalidad. No tenía sentido medir mis palabras.
“Había… un camión y estaba derrapando…”
“Sip”, dije.
“Yo… ¿Morí?”.
“Sip. Pero no te sientas mal al respecto. Todos mueren”.
Miraste alrededor. No había nada. Solo tu y yo. “¿Qué es este lugar?” Preguntaste. ¿Es el más allá?
“Más o menos”.
“¿Usted es Dios?”
“Si, soy Dios”.
“Mis hijos… mi esposa”. Preguntaste.
“¿Qué hay con ellos?”
“¿Estarán bien?”
“Eso me gusta. Acabas de morir y tu principal preocupación es tu familia. Eso es muy bueno”.
Me miraste con fascinación. Para ti, no me veía como Dios. Sólo me veía como un tipo común. O posiblemente una mujer. Una vaga figura de autoridad, quizás. Más como una maestra de gramática, que como el Todopoderoso.
“No te preocupes. Ellos estarán bien. Tus hijos te recordarán como alguien perfecto en todo aspecto. No tuvieron tiempo para llegar a despreciarte por algo en particular. Tu esposa llorará por fuera, pero sentirá alivio por dentro. A decir verdad, tu matrimonio se estaba cayendo en pedazos. Si te sirve de consuelo, se sentirá culpable al sentir alivio”.
“Oh”, dijiste. “Entonces, ¿Qué pasa ahora? ¿Me voy al Cielo, o al Infierno, o algo así?
“Ninguno. Serás reencarnado”.
“Ah, entonces los hindúes tenían razón”.
“Todas las religiones están en lo cierto, a su manera”, contesté. “Camina conmigo”.
Me seguiste mientras cruzábamos el vacío. “¿Adonde vamos?”
“A ningún lugar en particular. Se siente bien caminar mientras hablamos”.
“¿Y cuál es el punto entonces? Preguntaste. “Cuando renazca, seré solamente una pizarra en blanco, ¿Verdad? Un bebé. Todas mis experiencias y todo lo que hecho en esta vida no importará”.
“No exactamente. Llevas contigo todo el conocimiento y las experiencias de todas tus vidas pasadas. Sólo que no lo recuerdas ahora mismo”.
Paré de caminar y te tomé por los hombros. “Tu alma es mucho más magnífica, bella, y gigantesca de lo que puedas imaginar. Una mente humana solo puede contener una pequeña fracción de lo que eres. Es como apoyar tu dedo en un vaso con agua para sentir su temperatura. Pones una pequeña parte de ti contra el recipiente, y para cuando la quitas, habrás obtenido el conocimiento que poseía”.
“Has estado dentro de un humano por los últimos 48 años, por lo que aún no te has extendido, para sentir tu inmensa consciencia. Si pasáramos el suficiente tiempo aquí, comenzarías a recordarlo todo. Pero no tiene sentido hacer eso entre cada vida”.
“¿Cuántas veces he reencarnado?”
“Oh, muchas. Muchísimas. Y en muchísimas vidas diferentes”. Dije. “Esta vez serás una campesina china, en el año 540 AC”.
“Espera, ¿Qué?”. Tartamudeaste. “¿Me enviarás de vuelta en el tiempo?”
“Bueno, técnicamente, sí. El tiempo como lo conoces, solo existe en tu universo. Las cosas son algo distintas de donde yo vengo”.
“¿De dónde vienes?”
“Mmm… Yo vengo de un lugar. Un lugar distinto. Y allí hay otros como yo. Se que querrías saber como es este lugar, pero honestamente, no entenderías”.
“Oh,” Dijiste algo desilusionado. “Un momento… Si soy reencarnado en distintos lugares en el tiempo, en algún punto podría haber interactuado conmigo mismo”.
“Seguro. Pasa todo el tiempo. Y con ambas vidas conscientes únicamente de sí mismas, tu nunca sabes que este encuentro está sucediendo”.
“¿Cuál es el punto de todo esto, entonces?”
“¿Enserio?” Pregunté. ¿Me estás preguntando cuál es el sentido de la vida? ¿No está un poco estereotipado?”
“Bueno, es una pregunta razonable”. Persististe.
Te miré a los ojos. “El significado de la vida, la razón por la que creé este universo, es para que madures”.
“¿Querrás decir la humanidad? ¿Quieres que maduremos?”
“No, solo tú. Creé este universo para ti. Con cada vida creces, maduras, y te vuelves un intelecto mayor”.
“¿Solo yo? ¿Qué hay de los demás?”
“No hay nadie más”. Dije. “En este universo solo estamos tú y yo”.
Me miraste fija, e inexpresivamente. “Pero toda la gente en la Tierra…”
“Todos son tú. Diferentes encarnaciones de ti mismo”.
“O sea que, ¿Yo soy todos?”
“Ahora lo estás entendiendo”, te dije palmeándote la espalda a manera de congratulación.
“¿Yo soy cada humano que ha vivido?”
“Y cada humano que vivirá. Exactamente”.
“¿Soy Abraham Lincoln?”
“Y eres John Wilkes Booth, también”. Agregué.
“¿Soy Hitler?”. Preguntaste apaleado.
“Y los millones que asesinó”.
“¿Soy Jesús?”
“Y todos sus seguidores”.
Te quedaste en silencio.
“Cada vez que trataste injustamente a alguien”, dije “te lo estabas haciendo a ti mismo. Cada acto de amabilidad que has hecho, te lo has hecho a ti mismo. Cada momento feliz y cada momento triste experimentado por un ser humano fue, o será, experimentado por ti”.
Lo pensaste por un largo tiempo.
Luego me preguntaste, “¿Por qué? ¿Por qué hacer todo esto?”
“Porque algún día, te volverás como yo. Porque eso es lo que eres. Eres uno de los míos. Eres mi hijo”.
“Whoa,” exclamaste incrédulo. “¿Dices que soy un dios?”.
“No. No todavía. Eres un feto. Aún estás creciendo. Una vez que hayas vivido cada vida humana a través de los tiempos, habrás crecido lo suficiente como para nacer”.
“Entonces, el universo entero es solo…”
“Un huevo”. Respondí. “Ahora es momento de que continúes hacía tu próxima vida”.
Y te envié hacía ella.

may
1
2015

Siempre Vetusta… (III)

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Música, Relatos o Versos     Añadir comentario


(La grieta)
La misma sed, la misma pared, el mismo folio en blanco…
ni en el desayuno consigo engañarme, debo ampliar mi dieta de ti,
bajar todo pasado de esta báscula desigual, desbrozar el tedio,
y en el espejo sin devaluar, eterna promesa, honesta verdad,
que mis ojos no juzguen mientras en ellos me encuentro.
 
(Pirómanos)
…En el mismo renglón gozo y dolor pueden gritar, menos humo y más fuego, más, más, más…
sin verdades absolutas nos quedamos desnudos, solamente nosotros,
cúmulos de necesidades, transiciones, encuentros, revelaciones y pérdidas,
sin olvidarnos de sentirnos marionetas de nuestros silencios,
recordando que cada final feliz es una historia inconclusa,
que cada viaje empieza con otra puta despedida.
 
(Las salas de espera)
…una pista más en el festival de la paciencia.
aunque apremie el mañana, aunque escueza el pasado,
jamás deberías pensar en otra cuando libidinoso
muevas tu cabeza entre los muslos de una Dama Presente muy celosa,
entrégate a ella y descubrirás el punto G que te falta,
mientras te enseña besos que nunca habías conocido.

abr
24
2015

Siempre Vetusta… (II)

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Música, Relatos o Versos     1 comentario


(Fuego)
…Pero ¿Quién quiere encontrarse si aún no se ha perdido?…
escaso consuelo dejar entrar al peregrino en un laberinto,
del que no sabes si querrá escapar, en el que se podría trastornar,
pero es su elección coger o no la oportunidad, escoger cambiar,
encontrando la felicidad que le dará su libertad.
 
(Fiesta mayor)
Nada encaja en su lugar
debes dejar de buscar para encontrar,
quedarte en hueso para ser ligero,
cerrar los ojos para contemplar,
que en toda mentira brilla una verdad.
 
(¡Alto!)
…la próxima vez ya dura demasiado, yo guardo la fe, tu encuentra el milagro.
sin ases en la manga solo queda la realidad que niega tu boca,
caricias viperinas sin crédito en el banco de un presente que reconocer,
momentos a medio masticar, agujeros inevitables al centro de mi alma,
cuentas pendientes que no colgaban de tu oreja, mi dulce amor.

abr
23
2015

El destino tenía un plan

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     2 comentarios


El vagón de Metro iba medio vacío, así que pude sentarme cómodamente en una de las esquinas. Justo enfrente a mi, había una chica pelirroja, y a unos metros unos chicos que parecían colombianos reían contándose historias de conquistas y desamores. Al fondo del vagón, otras tres personas, una con un lector de libros electrónicos y dos jugando con sus móviles. Eso hizo que cogiera el mío casi sin pensar, como acto reflejo, y al girar mi vista hacia él observé que quien tenía delante pasaba una página de un libro en papel. Pensé en cómo cambia todo, la evolución y el olor de un libro viejo, y apagué mi móvil y lo guardé en el bolsillo interior de mi chaqueta.
Me quedé mirando a esa chica pelirroja que cada cada 3 o 4 minutos pasaba una página. Empecé mi viaje en sus converse moradas, unos calcetines con más colores de los que podría contar y unos vaqueros desgastados de los que me gustan. Bajo esa segunda piel, parecía tener una piernas bonitas, pero mis ojos no juzgaban, tan solo estaban de paseo. Llevaba una camiseta roja, bajo una chaqueta del mismo color, ambos a juego con un gorro de lana. En su regazo un bolso que se parecía al mío, lleno de bolsillos, con las cremalleras con protección contra la lluvia… más funcional que estético, pero sin ser feo. Mis ojos recorrieron sus manos, eran preciosas y pequeñas, muy dulces. En su cuello llevaba un árbol de la vida celta en plata, precioso, colgando de una cuerda negra. Sus labios eran gruesos, y su nariz muy simpática, y sus tenues pecas parecían un intrincado y mágico “une los puntos” de esos que hacíamos de niños.
Estaba tan tranquilo, tan allí, que al completar mi viaje por su piel, solté un suspiro profundo mientras sonreía.
Entonces ella me miró, atravesando mis ojos, llegando directamente a una tecla de mi corazón que me dejó petrificado.
No pude poner ni mirada seductora ni ojitos de gatito de Shrek, ni desviar mis ojos a otro sitio, estaba atrapado.
Sentí como si ella analizara mi forma de mirarla y me sometiera a un cuarto grado de preguntas, como si intentara librarse de todo matojo o arbusto para llegar a descubrir una esencia que definía mi alma y cuyo paradero yo había buscado mil veces sin suerte. Tampoco podía oponerme, tan solo aceptar, tan solo sentir.
Cuando obtuvo lo que buscaba me sonrió, y sembró un escalofrío que se convertiría con el tiempo en tatuaje.
Embriagado por aquellas sensaciones, comencé a recobrar mi cuerpo cuando ella bajó de nuevo su mirada al libro que llevaba consigo, y entonces me fijé, era el Bestiario de Cortázar. Otro escalofrío.
Las emociones se apoderaron de mi cuerpo y me hicieron levantarme y aferrarme a la manilla próxima a la puerta, como si la siguiente fuera mi parada, pero no era así, me quedaban aún diez o doce mas, aquella línea era la Historia Interminable. ¿Qué pensaría ella de mi? “Vaya idiota”, seguramente… y empecé entonces una de esas absurdas conversaciones mentales entre supuestos y realidades que jamás existieron ni existirán, imaginaciones que convertimos en realidad solo de tanto machacarlas con el pensamiento…
Se abrió la puerta al llegar a la siguiente parada, y no había nadie allí para subir, pero a mi lado, alguien se bajó… era ella.
Un metro después de cruzar esa puerta se giró y me miró a los ojos. Esta vez sí vio algo, supongo que miedo a no volver a verla diluido con pena por tener que aceptar algo así.
Se acercó a mi y besó mis labios con una dulzura inexplicable, un único, perfecto y eterno beso.
Recuerdo su olor, su tacto, su sabor… ese estremecimiento en la fuerza, ese terremoto en mi mundo.
Pitó el metro anunciando su partida, y se separó de mi sonriente.
Le devolví la sonrisa igualmente profunda y sincera.
La puerta se cerró ante mi para separar nuestros mundos.
No pude contener mis lágrimas… no pude evitar romperme.
 
Dos paradas más tarde, recuperé el aire.
Cuatro paradas después, intentaba tatuarme aquel momento en mi alma, para no perderlo nunca.
A las Seis paradas, casi conseguía verle el lado bueno a aquello. Había sido perfecto, un momento mágico e inalterable, un final de cuento, aquello que por no continuar no puede corromperse ni diluirse, una fantasía que vive para siempre por no haber podido ser cumplida, la eterna duda de si en aquellos ojos habitaba el amor de mi vida. Ese era su regalo, un beso sin nombre, un encuentro sin par, algo que no se puede, por mucho que vivas, olvidar ni volver a alcanzar.
Y así fue durante los 3 años que tardé en volver a encontrarla. Parece ser, que el destino tenía un plan.

Kate Mara

Una historia inspirada por alguno de esos cientos de viajes que hacemos al año en metro, con una foto que encontré por ahí de Kate Mara, la que será la mujer invisible en el relaunch de los 4 Fantásticos, y que siempre me ha recordado a la Julia Roberts de Pretty Woman.

Autor

  Boletín no diario de...

...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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