Relatos o Versos

may
1
2015

Siempre Vetusta… (III)

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Música, Relatos o Versos     Añadir comentario


(La grieta)
La misma sed, la misma pared, el mismo folio en blanco…
ni en el desayuno consigo engañarme, debo ampliar mi dieta de ti,
bajar todo pasado de esta báscula desigual, desbrozar el tedio,
y en el espejo sin devaluar, eterna promesa, honesta verdad,
que mis ojos no juzguen mientras en ellos me encuentro.
 
(Pirómanos)
…En el mismo renglón gozo y dolor pueden gritar, menos humo y más fuego, más, más, más…
sin verdades absolutas nos quedamos desnudos, solamente nosotros,
cúmulos de necesidades, transiciones, encuentros, revelaciones y pérdidas,
sin olvidarnos de sentirnos marionetas de nuestros silencios,
recordando que cada final feliz es una historia inconclusa,
que cada viaje empieza con otra puta despedida.
 
(Las salas de espera)
…una pista más en el festival de la paciencia.
aunque apremie el mañana, aunque escueza el pasado,
jamás deberías pensar en otra cuando libidinoso
muevas tu cabeza entre los muslos de una Dama Presente muy celosa,
entrégate a ella y descubrirás el punto G que te falta,
mientras te enseña besos que nunca habías conocido.

abr
24
2015

Siempre Vetusta… (II)

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Música, Relatos o Versos     1 comentario


(Fuego)
…Pero ¿Quién quiere encontrarse si aún no se ha perdido?…
escaso consuelo dejar entrar al peregrino en un laberinto,
del que no sabes si querrá escapar, en el que se podría trastornar,
pero es su elección coger o no la oportunidad, escoger cambiar,
encontrando la felicidad que le dará su libertad.
 
(Fiesta mayor)
Nada encaja en su lugar
debes dejar de buscar para encontrar,
quedarte en hueso para ser ligero,
cerrar los ojos para contemplar,
que en toda mentira brilla una verdad.
 
(¡Alto!)
…la próxima vez ya dura demasiado, yo guardo la fe, tu encuentra el milagro.
sin ases en la manga solo queda la realidad que niega tu boca,
caricias viperinas sin crédito en el banco de un presente que reconocer,
momentos a medio masticar, agujeros inevitables al centro de mi alma,
cuentas pendientes que no colgaban de tu oreja, mi dulce amor.

abr
23
2015

El destino tenía un plan

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     2 comentarios


El vagón de Metro iba medio vacío, así que pude sentarme cómodamente en una de las esquinas. Justo enfrente a mi, había una chica pelirroja, y a unos metros unos chicos que parecían colombianos reían contándose historias de conquistas y desamores. Al fondo del vagón, otras tres personas, una con un lector de libros electrónicos y dos jugando con sus móviles. Eso hizo que cogiera el mío casi sin pensar, como acto reflejo, y al girar mi vista hacia él observé que quien tenía delante pasaba una página de un libro en papel. Pensé en cómo cambia todo, la evolución y el olor de un libro viejo, y apagué mi móvil y lo guardé en el bolsillo interior de mi chaqueta.
Me quedé mirando a esa chica pelirroja que cada cada 3 o 4 minutos pasaba una página. Empecé mi viaje en sus converse moradas, unos calcetines con más colores de los que podría contar y unos vaqueros desgastados de los que me gustan. Bajo esa segunda piel, parecía tener una piernas bonitas, pero mis ojos no juzgaban, tan solo estaban de paseo. Llevaba una camiseta roja, bajo una chaqueta del mismo color, ambos a juego con un gorro de lana. En su regazo un bolso que se parecía al mío, lleno de bolsillos, con las cremalleras con protección contra la lluvia… más funcional que estético, pero sin ser feo. Mis ojos recorrieron sus manos, eran preciosas y pequeñas, muy dulces. En su cuello llevaba un árbol de la vida celta en plata, precioso, colgando de una cuerda negra. Sus labios eran gruesos, y su nariz muy simpática, y sus tenues pecas parecían un intrincado y mágico “une los puntos” de esos que hacíamos de niños.
Estaba tan tranquilo, tan allí, que al completar mi viaje por su piel, solté un suspiro profundo mientras sonreía.
Entonces ella me miró, atravesando mis ojos, llegando directamente a una tecla de mi corazón que me dejó petrificado.
No pude poner ni mirada seductora ni ojitos de gatito de Shrek, ni desviar mis ojos a otro sitio, estaba atrapado.
Sentí como si ella analizara mi forma de mirarla y me sometiera a un cuarto grado de preguntas, como si intentara librarse de todo matojo o arbusto para llegar a descubrir una esencia que definía mi alma y cuyo paradero yo había buscado mil veces sin suerte. Tampoco podía oponerme, tan solo aceptar, tan solo sentir.
Cuando obtuvo lo que buscaba me sonrió, y sembró un escalofrío que se convertiría con el tiempo en tatuaje.
Embriagado por aquellas sensaciones, comencé a recobrar mi cuerpo cuando ella bajó de nuevo su mirada al libro que llevaba consigo, y entonces me fijé, era el Bestiario de Cortázar. Otro escalofrío.
Las emociones se apoderaron de mi cuerpo y me hicieron levantarme y aferrarme a la manilla próxima a la puerta, como si la siguiente fuera mi parada, pero no era así, me quedaban aún diez o doce mas, aquella línea era la Historia Interminable. ¿Qué pensaría ella de mi? “Vaya idiota”, seguramente… y empecé entonces una de esas absurdas conversaciones mentales entre supuestos y realidades que jamás existieron ni existirán, imaginaciones que convertimos en realidad solo de tanto machacarlas con el pensamiento…
Se abrió la puerta al llegar a la siguiente parada, y no había nadie allí para subir, pero a mi lado, alguien se bajó… era ella.
Un metro después de cruzar esa puerta se giró y me miró a los ojos. Esta vez sí vio algo, supongo que miedo a no volver a verla diluido con pena por tener que aceptar algo así.
Se acercó a mi y besó mis labios con una dulzura inexplicable, un único, perfecto y eterno beso.
Recuerdo su olor, su tacto, su sabor… ese estremecimiento en la fuerza, ese terremoto en mi mundo.
Pitó el metro anunciando su partida, y se separó de mi sonriente.
Le devolví la sonrisa igualmente profunda y sincera.
La puerta se cerró ante mi para separar nuestros mundos.
No pude contener mis lágrimas… no pude evitar romperme.
 
Dos paradas más tarde, recuperé el aire.
Cuatro paradas después, intentaba tatuarme aquel momento en mi alma, para no perderlo nunca.
A las Seis paradas, casi conseguía verle el lado bueno a aquello. Había sido perfecto, un momento mágico e inalterable, un final de cuento, aquello que por no continuar no puede corromperse ni diluirse, una fantasía que vive para siempre por no haber podido ser cumplida, la eterna duda de si en aquellos ojos habitaba el amor de mi vida. Ese era su regalo, un beso sin nombre, un encuentro sin par, algo que no se puede, por mucho que vivas, olvidar ni volver a alcanzar.
Y así fue durante los 3 años que tardé en volver a encontrarla. Parece ser, que el destino tenía un plan.

Kate Mara

Una historia inspirada por alguno de esos cientos de viajes que hacemos al año en metro, con una foto que encontré por ahí de Kate Mara, la que será la mujer invisible en el relaunch de los 4 Fantásticos, y que siempre me ha recordado a la Julia Roberts de Pretty Woman.

abr
17
2015

Siempre Vetusta… (I)

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Música, Relatos o Versos     1 comentario


El otro día en Ámsterdam me desperté cantando “¡Alto!“, de Vetusta Morla, y en mi espera en el aeropuerto, escuché el disco entero un par de veces. Me di cuenta de lo mucho que tenía que ofrecerme, y de que quizás no había sido justo con el tercer disco de los madrileños… y tuve una revelación, debía pagar una penitencia por mi osadía, y escribir un pequeño texto por cada canción, empezando con un verso de la canción que lo inspire.
12 canciones, 4 paquetes de 3…

(La deriva)
Habrá que inventarse una guarida, no quiero timón en la deriva…
El viento no repara mi piel, pero tampoco la quiebra,
disfruto de la vida que subyace en cada herida,
horizontes que descubrir conmigo, hambre de Norte,
ojos en los que perderme eternamente, mientras llega.
 
(Golpe maestro)
…fue un atraco perfecto, fue un golpe maestro, quitarnos la sed…
intentar arrancarte la fe es una argucia del Destino para engañarte,
me dices mostrándome la belleza de un anochecer y diez instantes perfectos,
no me queda más remedio que creerte, te dicen mis ojos cansados,
mitad desgastados y rotos, pero secretamente… vivos y tuyos.
 
(La mosca en tu pared)
…Si al despertar, siguiera allí, ¿querrías ver lo que yo vi?…
he de reconocer que de tanto escribir principios,
he dejado de creer en los finales, cabezonería o realidad,
asegura bien tu lealtad, pues una mala decisión,
te podría condenar a muerte por sobredosis de sociedad.

abr
14
2015

Hasta siempre amigo

 Escrito a las 23:56     Archivado en: Aullidos, Desde dentro..., Relatos o Versos     1 comentario


“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo.
A la vuelta, contó.
Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
— El mundo es eso — reveló.— Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.”

 
eduardo
 
Poco más puedo añadir que algunas de sus líneas mágicas, un extracto de su Libro de los abrazos. Ayer nos apenaba la triste pérdida de Eduardo Galeano, un grande de la literatura. Muchas gracias por todo… por iluminar nuestros senderos oscuros con tus palabras.

abr
9
2015

Nunca se sabe

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Relatos o Versos     Añadir comentario


Esta historia, de origen incierto, atesora valiosas enseñanzas ¿Para qué vivir en el futuro o en el pasado si nunca se sabe qué puede pasar? Que cada uno saque el zumo que pueda de este curioso relato, espero que os guste.

¿Buena suerte o mala suerte?
 
Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:
 
-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!
 
El hombre lo miró y le dijo:
 
-¿Buena suerte o mala suerte? Nunca se sabe.
 
Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:
 
-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!
 
El hombre lo miró y le dijo:
 
-¿Buena suerte o mala suerte? Nunca se sabe.
 
Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y cayó al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:
 
-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.
 
El hombre, otra vez lo miró y dijo:
 
-¿Buena suerte o mala suerte? Nunca se sabe.
 
Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:
 
-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!
 
Otra vez el hombre lo miró diciendo:
 
-¿Buena suerte o mala suerte?… Nunca se sabe.

Autor

  Boletín no diario de...

...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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