Reflexiones

Jun
25
2012

Sin mirar atrás…

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Reflexiones     8 comentarios


No hace mucho pude ver alguna de esas huellas que dejan atrás las decisiones tomadas, nada malo, tan solo huellas que cuentan historias. Con los desvíos que dejamos atrás en un momento u otro de nuestra vida y que luego se quedan en nuestra cabeza dando vueltas, inconclusos, con la culpa asediándonos cruelmente aprovechando la oportunidad que le brinda la duda. Olvidamos la sintonía que teníamos con una parte de nosotros mismos aquel momento en que hicimos la elección, olvidamos que parte de ese “yo” que ahora somos ya era nuestro y consecuente cuando elegimos un cambio de rumbo.
Llevamos mal la separación, incluso cuando dejamos atrás personas con las que no encontramos esa tan ansiada sintonía… o lo que es más duro, cuando conectas verdaderamente con alguien, y esa conexión se pierde entre brumas diluida con falta de cuidados, cambios radicales o pérdida de entendimiento.
El ruido nos ciega, la memoria se borra en silencio… y acabamos olvidando qué nos condujo a tomar las decisiones que nos llevaron a donde estamos. Y miras atrás… y piensas que aquel camino no era tan malo, que quizás te trataría mejor con el tiempo, o que sería más bonito si te dieras la oportunidad de caminar por él durante años… te mientes, por no creer en la decisión que tomaste, por olvidar qué te hizo coger otro camino.
Pero la vida es cíclica e irónica, haciendo probable que vuelvas a esa misma intersección en algún momento, y allí quieto, con cara de idiota, tomarás el mismo camino que tomaste hace meses o años, pues entenderás, nuevamente, que aunque no sepas a dónde te llevará esta vez, el otro… no es el tuyo.
Ese día aprenderemos un poquito más de la lección de mirar al frente sin olvidar lo aprendido, pero sin mirar atrás, aunque ya no seamos la misma persona que tomó las decisiones que nos definen.

“…El Dorado era un champú,
la virtud unos brazos en cruz,
el pecado una página web.
 
En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver


Image from Stockvault. Called “Rail”, from Khaki (thanks)

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May
29
2012

Baloncesto como metáfora de la vida

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Reflexiones     11 comentarios


Cuando era niño, el baloncesto cambió mi mundo. Se apoderó rápidamente de mis sueños, y esos leves matices de muñeca que definían la diferencia entre atravesar la canasta o no, eran parte de mi día a día. Tardé, sin embargo, mucho tiempo en comprender el baile tras aquel juego. Tiempo después de dejar de pelear en una cancha, observaba en televisión cómo se movían los pivots, no solo pensando en ellos, sino en sus compañeros, cómo se cruzaban los aleros para buscar la posición que les permitiera un tiro exterior cómodo, y cómo un buen base, ayudaba a todos ellos con liderazgo y guía.

La vida tiene muchas cosas en común con el baloncesto.

La canasta en la que todo el mundo intenta detenerte, y aún así consigues. Esas fintas en las que creemos que seguiremos un camino pero nuestro instinto nos guía por otro completamente distinto, ese compañero que te deja una pelota fácil para encestar un progreso vital o un paso al frente. Y cuando te caes al suelo, alguien te tiende la mano para levantarte, y sin darte cuenta, gestos como ese… hacen equipo, sin darnos cuenta, hacemos amigos.
La carrera en solitario hacia canasta en la que estás solo y cuyo exceso de seguridad te hace fallar algo fácil, la vida castiga la vanidad y la arrogancia del mismo modo. Cada tiro que no encestamos por mucho que pongamos nuestro corazón en ello, aquellos que dan vueltas en la canasta y entran casi llorando, o se salen del mismo modo. Una cancha donde la experiencia es de gran importancia, y la ilusión vital en cada pequeño paso.
El rebote que te brinda otra oportunidad de anotar, el que coges para defender tu mundo.
Esos instantes perfectos que jamás olvidaremos como reflejo de un triple que entra limpio.
Buscar la plasticidad de un movimiento perfecto y la contundencia de una estadística asombrosa, para acabar dándote cuenta, de que lo único importante… es pasártelo bien y disfrutar a tope cada partido.

Porque a veces, el presente es una pelota en tus manos… y solo existe ese momento, con mil posibilidades dando vueltas entorno a él, ni antes, ni después, solo ahora, solo la canasta… y tú.


Image from Stockvault. Called “Ball in a basket”, from Munib butt (thanks)

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Abr
26
2012

Sal de la caja

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Reflexiones     8 comentarios


A veces es curioso como podemos limitar a una persona a base de hacerle creer que hay cosas que no puede hacer. Decirle a alguien “eres torpe” por unos sucesos aislados, puede hacerle creer que es más torpe de lo que es, y si en lugar de quitarle hierro ahondamos en eso, podemos generar un complejo que a la larga, le haga sentirte dentro de una enorme caja de cartón llamada torpeza, de la que puede salir, aunque no sea fácil.
Una vez me contaba una amiga que a su hermana siempre la habían comparado con sus otras hermanas por ser la última en hacer el recorrido en el colegio, e irse encontrando con profesores que conocían a sus hermanas (en mi caso, les dejé el listón muy bajo a mis hermanas, pues yo era muy… petardo). Sus profesores le decían “Pues tus dos hermanas eran más listas”, y poco a poco, se fue construyendo un complejo con el que ahora, ya adulta, debe lidiar, y que condiciona mucho no ya lo que pueda hacer, sino lo que cree que puede hacer (Nota mental/consejo: si tenéis varios hijos… que cada uno vaya a un colegio distinto)

Desde niños, alguien debería enseñarnos que todo es posible, que la voluntad es la fuerza más poderosa del Universo y que con ella, mueves el mundo aunque no tengas ni palanca ni punto de apoyo. Si un sueño es real y sincero, lucharemos por él, sino, la vida quizás nos lleve por otros caminos más adecuados a nosotros. Cuando yo era niño, adoraba el baloncesto, pero nunca intenté ser una estrella en ese deporte (mis límites físicos y altura tuvieron algo que decir también), pero pese a que lo veo con tanta distancia, o quizás por eso mismo, sigo pensando que de habérmelo propuesto, podría haber disfrutado mucho más de ese deporte y ahora mismo estaría en Los Lakers asistiendo a Pau y metiendo unos triples de leyenda jajajaja.

Recuperando la seriedad con la que empezaba el post, que nadie te diga lo que puedes o no puedes hacer, sigue el rumbo de ese caballo desbocado que es tu corazón, que tu cabeza te defienda de caerte por barrancos, y sobre todo, sobre todos, sé tu mismo siempre, y no permitas que te encierren en una caja llena de límites que te imponen aquellos que no te conocen mejor que tú.

Y sin duda, la canción ideal para este post… es esta,
que en su día ponía música a un anuncio de Toyota:
Thinking out of the box – Garret Wall

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Mar
15
2012

El regalo de la conciencia

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Reflexiones     3 comentarios


En algún misterioso momento de la evolución, aquel primate del que venimos adquirió conciencia del mundo, empezó a sentirse pequeño al contemplar las estrellas, vio con miedo la muerte y no era ya solo su instinto animal el que pretendía evitarla. Inventó las religiones para condicionar el comportamiento que comenzaba a definirse tímidamente como “humano”, para que aquellas primeras personas no actuaran tan solo conforme a una conciencia que puede acabar defectuosa según el hombre, era necesario un ser o seres supremos que pudieran azotarte en el culo si eras malo, y colmarte de dichas y tesoros si vivías con la rectitud que las sagradas escrituras predicaban.

¿En qué momento le regalaron la conciencia al hombre? ¿Es parte del proceso de evolución normal tanto en este planeta como en otros? ¿Ese regalo trajo consigo eso que llaman “alma” o vino de serie con la vida?

Está claro que por ahí van los tiros de lo que nos hace diferentes a otros seres vivos, la concepción y entendimiento de nuestra propia vida, la aceptación de nuestra existencia, la capacidad de usar esa maravillosa cámara de fotos llamada conciencia, aunque el resultado de su manejo varíe tanto según las ópticas que cada persona le aplica.

Nos regalaron océanos de sentimientos de diversos colores, corazones rotos y lágrimas de felicidad, contrastes que nos permiten un mundo de matices y sensaciones opuestas, en las que unas dan sentido a las otras. En medio de un Universo gigante y frío, esos pequeños pozos de vida, diseminados en una playa infinita, son oasis donde el Universo se emociona sembrando la lágrima de la vida, y de vez en cuando… en una de esas maravillosas lágrimas existe la semilla de una conciencia como la nuestra. ¡Qué privilegiados somos!

Y esa semilla puede verse en los ojos de nuestras más dulces e inocentes versiones…


Image from Stockvault. Called “Blue eyes”, from Kate Towers (thanks)

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Feb
13
2012

Dar lo mejor de ti…

 Escrito a las 12:04     Archivado en: Reflexiones     4 comentarios


Uno de esos muchos cambios que se deberían realizar en la educación es, en lugar de avivar creencias en magos y duendes, el demostrarle a los niños el increíble y fascinante potencial de la voluntad. Si te propones algo, si luchas por ello con todas tus fuerzas, podrás hacerlo realidad, debes plantearte claramente tu objetivo y a qué estás dispuesto a renunciar para alcanzarlo, no será fácil.
Últimamente pienso mucho en eso, en que mas allá de ser mejor o peor persona, podría dar mucho más de mi para ser la persona que me gustaría ser. Quienes me conocen saben que tengo buena autoestima en lo que a valores humanos se refiere, y trabajo para mejorar lo relativo al físico. No hace mucho, me encontré con una persona realmente extraordinaria, una mujer cuya sensacional belleza física era igualada y superada de largo por su carácter, inteligencia y motivaciones vitales, una mujer muy parecida a las de unas fantasías en las que hace tiempo dejaron de aparecer famosillas de medio pelo y aparecieron entre nieblas personas con una calidad y valores que van mas allá de un cuerpo más o menos bonito (y/o, posiblemente hueco).
En algún momento, se pasó por mi mente qué sucedería de tener una relación con alguien así. Recuerdo lo que sentía cuando estaba con chicas que consideraba más guapas que yo (en las valoraciones de IMDBs humanos), y las inseguridades que ello despertaba en mi… inseguridades que pueden llevar a los celos, los celos al sufrimiento, el sufrimiento… al lado oscuro de la fuerza. (A ver, me dejo de tonterías) Hace tiempo que dejé atrás algunos de aquellos primitivos instintos y aprendí cosas importantes.
A lo que iba, al pensar en una hipotética relación… me encontraba con una inferioridad diferente… esa persona exprime su potencial al máximo, y yo no, y siendo justo… no debería esperar a estar con alguien así para sacar lo mejor de mi. No contemporizo mal, si necesito el 60%, doy eso, pero si es necesario más… puedo llegar a un 120%, o eso creía. Me he dado cuenta que si te acostumbras a dar un 60%… cuando quieras acelerar, llegarás hasta un 90%, pero no a un 100%, ni por supuesto, mas allá (¿me se entiende?). Como un coche que si siempre va lento, llega un momento, en que no acelera… por mucho que le pises.
Muchos enemigos se enfrentan a nosotros cada día… la pereza, el confort, la cobardía, nosotros mismos diciéndonos la estupidez esa de “no puedes”… pero la realidad está oculta en el refranero: “Querer es poder”, y si das lo mejor de ti… llegarás a lugares que están mas allá de tus sueños.
Y en ello estoy…

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Feb
1
2012

Delirios sentimentales

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Reflexiones     6 comentarios


El otro día asistí a uno de esos momentos duros en los que una amiga lloraba desconsoladamente por un amor perdido. Lo hacía sin fondo, sin un mañana, y se veía cómo entre sus lágrimas se disolvía su alma. No hay motivos ni razones, ni esperanza ante esos delirios sentimentales, ni más salvación que el tiempo, ni pañuelos suficientes para secar el corazón ni bálsamos que lo curen, tan solo ver pasar ese reloj de arena que te consume con cada grano, dejándote reducida a poco más que nada, lista para renacer cuando hayas cogido fuerzas y ponga fin el sufrimiento.
Mientras la miraba, recordaba cuando yo también amaba así. Cuando era capaz de sufrir sin medida, de respirar agonías, de sentirme sumergido en océanos de oscuridad dónde la luz parecía imperceptible e inalcanzable. Supongo que en el bazar dónde compré mi calma, dejé algunas cosas, quizás se quedó una parte de mi sonrisa allá dónde la cordura se volvió un escudo aparentemente inquebrantable, quizá mi mente conquistó una porción de locura que protegiera al corazón de sus continuos saltos al vacío sin red.
Me daba pena, intentaba sostenerla entre mis brazos cuando se caía, y mientras tanto, una parte de mi pensaba, en un diálogo privado y propio: “¿Cuándo dejaste de amar así?”, tardé unas horas en responderme. Si no hubiera visto luciérnagas, quizás no creería en ellas, si no me hubiera enamorado de ranas, quizás no creería cuanto y cómo puedo amar. Supongo será solo cuestión de dedicación y esfuerzo, juntas ambas cosas.

Intenté explicarle…
que una persona que te trata mal o es injusta contigo no merece ser amada.
Que se idealiza a alguien en esas circunstancias, pero que es humano e imperfecto.
Que siempre llega un amor más grande, uno más real y mejor adaptado a quien tu eres.
Que la vida te hace un “regalo” para darte la oportunidad de encontrarte contigo misma.
Que su mundo no debe girar entorno a alguien que no esté en un espejo frente a ti.
Que cuando el odio queda atrás, cuando ves con perspectiva… comienza la curación,
cuando cierras un candado, puedes abrir otro.

Dije todo lo que sabía de la vida, pero nada podía suavizar ese largo camino por recorrer.
Un corazón joven no entiende de equilibrios ni de cordura,
tan solo de viento y de altura.


Image taken from Stockvault. Called “Love Locks“, by Khaki (Thanks)

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Autor

  Desvaríos diversos de...

...un poeta novato en busca de diccionarios donde encontrar letras y colores que dibujen cielos y momentos, amante de la vida y sus Nirvanas, de canciones, gestos, olores... ¡Cómplice de atraco a palabra armada junto a Joaquín! Busco el hueco para deslizar mis dedos húmedos y lascivos por entre las piernas de la vida, mientras avivo mi mirada de Peter Pan, mientras con detergente me esmero en conservar el alma lo más blanca posible.

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