Reflexiones

nov
23
2012

Idolatrías en caída libre

 Escrito a las 19:30     Archivado en: A5, Reflexiones     7 comentarios


Uno de los problemas que existen en las relaciones humanas es cuando la admiración se convierte en idolatría, o cuando el amor se convierte en veneración, cuando creemos que quien hemos conocido… es “más que humano”, divinizado por la óptica del amor o la admiración de algún factor en el que destaca esa persona.

A veces una persona con cierto prestigio en círculos que frecuentas… bien por lo que escribe, por sus fotografías, por su “halo” de encanto, por ser más o menos atractiva/o… llega a tu vida despertando admiración, pues durante tiempo has leído lo que escribe, disfrutado de su trabajo o admirado sus disciplinas académicas. Un día conoces a esa persona físicamente y surge una chispa, incluso puede nacer una relación… pero tu ya la tienes en un pedestal altísimo, y tu la contemplas desde abajo… en ese momento esa persona solo suele tener una opción… caer.
Las idolatrías, los pedestales, las admiraciones excesivas… suelen dejar muy alto un listón que parece complicado superar, y el único destino de esas circunstancias son las decepciones, pues esa persona tiene complicado estar a la altura de la imagen que te has proyectado en tu cabeza.


Image from Stockvault. Called “Lightyears away”, from Charl Christiani (thanks)

Lo he vivido… lo he sufrido…
A mi me ha pasado esto en muchas circunstancias. Durante mi vida he tenido la suerte (o no) de estar con mujeres que consideraba “celestiales”, principalmente por su belleza física, y que luego, una vez en la relación, eran más que mortales. Incluso en alguna ocasión he sido el colocado en un pedestal altísimo… y ¿A quien no le gusta algo así? Al principio estás contento, lo ves todo desde muy arriba, pero no tardas en mirar abajo y pensar “Eh! Bájame de aquí, yo no soy esto.“, y claro, quien está mirándote desde abajo, aplaude tus simpatías y no entiende del todo el fondo, y tú con pena sabes que desde tan arriba… solo puedes caer.
Y muchas veces he conocido personas que tenía idealizadas por admirarlas, bien sea por tu trabajo, por la imagen que transmiten en una red social, algo que te cautiva y que luego, en el mundo real, es muy diferente. No siempre quienes irradian más color y energía son capaces de conservarla, ni por supuesto crearla. Otras personas, espinos andantes, esconden tras el dañino arbusto un corazón precioso, aunque eso no quiere decir que todos los espinos escondan paraísos. Una persona prodigiosa en algún campo del saber humano… puede ser genial en eso, y sin embargo, un desastre como pareja y compañero. Vivir en un mundo sin máscaras, y ponernos gafas de Sol al ser deslumbrados, moderar expectativas… pueden ayudarnos a no ser engañados. Todos somos humanos y venimos del mismo sitio, y acabaremos en… un país multicolor.

Merecemos querer y ser queridos por lo que somos, no por lo que hacemos creer al mundo que somos. Y si queremos, podemos demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de ser incluso mejores que nuestra versión idealizada, ese fantasma que lo tiene todo… salvo el esfuerzo que nosotros demostramos cada día por superarnos y dar un pequeño pasito al frente.

En fin, disculpad el desvarío… buen fin de semana.
Esto es to esto es to esto es todo amigos.

nov
17
2012

Todos errantes

 Escrito a las 3:24     Archivado en: A5, Reflexiones     2 comentarios


Los seres humanos tenemos algo especial, quizás hasta único… al menos, mientras no se demuestre lo contrario y otras especies puedan expresarse. A todos nos define esa sensación temporal de conciencia errante, perdida ¿Quien no se ha sentido solo? ¿Quien no se ha sentido a la deriva en una barca en medio de un gran océano en calma? ¿Quien no ha querido parar el mundo… para bajarse de él?
Eso de lo que hablo… hay diferentes modos de verlo, y de vivirlo, hay quienes que se encuentran muy jóvenes con esos vacíos, hay quienes tardan mucho más, y hay quienes les tienen tanto miedo que se pasan la vida negándolos, aunque no por ello dejen de existir. Y es que… llevamos tantos sentimientos dentro… amor, ira, rabia, miedo, esperanza, felicidad, orgullo, celos, tristeza… y cuando se mezclan, los confundimos, nos engañamos, nos perdemos, pues en medio de todos ellos, además, buscamos el a dónde debemos ir, y quienes somos.
Crecemos según aprendemos a gestionar y separar sabores y sentimientos.
 
Todos nos sentimos errantes, en un momento y otro.
Todos somos tan parecidos… y a la vez tan distintos.
Es en los billones de pequeños detalles donde residen las mayores diferencias.
Al fin y al cabo, menos de un 1% es lo que hace que no seamos chimpancés,
y unos matices tan pequeños que cuesta imaginarlos,
son lo que nos hace… únicos.

Quizás precisamente ese atributo, el estar perdidos, errantes, es el azúcar que se diluye en el agua de nuestra conciencia para hacernos ser precisamente… humanos.
Ese es el regalo de estar vivos, de tener un pensamiento:
el interminable puzzle que nos lleva a encontrarnos,
el que nunca completamos,
pero que nos hace sentirnos enteros,
cuando vemos tan solo una pequeña parte
del dibujo.

oct
25
2012

La vida sin cruzar paredes a cabezazos

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Reflexiones     1 comentario


Uno de los cambios que he ido notando en los últimos años en mi, es adquirir el suficiente temple como para controlar la ira o los enfados. Intento aplicar una máxima que explicaba bien un chiste:

- Vaya ¡Hola Luis! cuanto tiempo sin verte ¡Qué buen aspecto tienes! ¿Cual es tu secreto?
- Pues he aprendido a tomarme la vida con calma y no discutir por cosas insignificantes.
- ¡Venga ya, menuda chorrada! No puede ser por esa tontería.
- Pues no sera por eso.

Antaño he librado grandes batallas. Cuando eran de pareja, eran de las que te dejan exhausto, con la energía justa para un salvaje polvo de reconciliación. Cuando eran con amigos, de las que hacen temblar el hilo de la amistad, o reírte al día siguiente, según como ambos se lo tomen. Defender tu postura es agotador, y más aún cuando quien tienes delante no adapta ni negocia su punto de vista por muchos argumentos o pruebas que le des de que algo no es así.

Pero he aprendido, como ya dije en alguna ocasión, por tonto que parezca, que hay una opción a cruzar un muro de piedra que antes no consideraba… el NO hacerlo. A veces nos empecinamos tanto en hacer algo, que olvidamos el motivo y el sentido. ¿Quiero hacerlo? ¿Qué beneficio obtendré si lo hago? O concretando… ¿Será capaz esta persona de entender lo que pretendo explicarle? ¿Es posible la comunicación que pretendo?

A veces no tiene sentido pasar horas hablando con una persona cuya mente es una tierra donde no puede germinar la semilla de la duda, quienes una y otra vez, vuelven a sus patrones… victimismo, hostilidad ante la negación de sus argumentos, infantilismo caprichoso, orgullo… puedes pasarte horas hablando con alguien, explicar un argumento, definirle otros puntos de vista, aprender de los suyos… y de repente ves que vuelve a verlo todo como antes de hablar, y te desanimas. A todos nos puede pasar eso, pero hay personas en los que es una constante: los náufragos que no paran de gritar pero que cuando llegas a su isla no quieren ser salvados, los niños adultos que lloran por un juguete pero que si se lo das llorarán por otro, los adictos a su autocompasión que culpan al mundo y quienes le rodean de todo… y cuando quieres a alguna de esas personas sufres, pero no hay que olvidar que no se puede salvar a quien no desea ser salvado, ni razonar con un caprichoso, ni hacerle ver el mundo a quien elige ser ciego.
Alguna vez he hablado de lo difícil que es para quien pretenda ser un buen padre ver cómo su hijo se tropieza y golpea por la vida, sin poder evitarlo, sin sobreprotegerlo, dejándole que aprenda algo que no se puede explicar. Con las amistades y seres queridos sucede algo parecido, debes ayudar si se te pide, tender una mano si la van a coger, pero también, por duro que sea, dar un paso atrás y dejar que cada uno soluciones sus problemas y haga sus elecciones… ese paso atrás es duro, pero necesario.

Hay muchas alternativas a partirte la cabeza intentando atravesar un muro de piedra…
os aconsejo que intentéis explorarlas.

oct
23
2012

Un capricho caro

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Reflexiones     5 comentarios


De las muchas cosas que he vivido, no está, obviamente, el saber qué se siente al estar casado y que aparezca una persona en tu vida que revolucione tu mundo. A mi alrededor he vivido de todo, desde 30 años de matrimonio que acaban en agotamiento extremo y brindan a ambos la oportunidad de una vida nueva y diferente, hasta quien tras unos pocos años de casada se dio cuenta que su felicidad caminaba lejos, y cogió un tren con estaciones inciertas, pero con cielos prometedores. Sin llegar a acabar en boda, también he visto parejas que eran capaces de viajes de 10 o 15 años, y morir justo antes de esa boda tan simbólica y teóricamente importante, hay agonías que duran mucho más tiempo del que deberían… bueno, de eso sí que sé un poco.

¿Caduca el amor? Alguna vez estudios científicos han ocupado sus portadas con titulares en esa línea… “¡2 años!” decían, “Esa es la caducidad del amor“, quizás estuvieran en lo cierto, todo lo acertado que se puede estar sabiendo que cada persona es un mundo. A lo largo de mi vida, he conocido a alguna de esas parejas que parecen abocadas al fracaso, dónde uno de ellos pone mucho más que el otro, dónde uno da todo y el otro tan solo lo exprime… y cuando el final parecía cuestión de tiempo, me sorprendí observando que hay quienes nacen para dar zumo, y quienes nacen para exprimirlo… vaya metáfora más mala.

No hay reglas en el amor, pero sí hay patrones. La autoestima tiene muchísimo que ver con la relación que tendremos con otra persona, y temblará aún más cuando inmersos en una relación debamos enfrentarnos a los tratos cotidianos entre dos personas. Vivimos en un mundo que nos enseña que vivir en pareja está bien, y lo contrario, mal. Es habitual, estando soltero, que te pregunten “Tienes novia“, y cuando respondes “No, llevo un tiempo solo.” te miran con pena y dicen “Bueno, ya llegará“. Aún debe pasar un tiempo para que la mentalidad medieval respecto a esto cambie, como en tantos otros asuntos como la religión, la sexualidad y los derechos humanos, vivimos en un planeta que va a muchas velocidades diferentes, y en cuyos procesos evolutivos hay cientos de años de distancia dentro de un mismo momento.

Que me desvío…

¿Cómo será eso de estar casado? ¿Habrá amores a prueba de todo? ¿Un edificio está en pie por qué así fue diseñado por su arquitecto o por qué no ha llegado un temporal lo suficientemente fuerte como para derribarlo?
Hoy me imaginaba en la hipotética situación de estar casado, incluso de tener hijos, y vivir como la rutina invade mi vida casi sin darme cuenta, dejando una puerta abierta a alguien nuevo… a un lado la confianza y la estabilidad, la familia y el equilibrio… una felicidad tranquila… a otro lado, una pasión desmedida, novedad e incertidumbre, locura y una bestial alteración de la rutina ¿Qué camino escoger?

Sopesar esas cosas no debe ser nada complejo, según la situación, yo haría una cosa u otra. Si fuera feliz con mi vida en familia, lucharía por ella, pero de no ser así… intentaría no valerme de excusas como los niños, la tranquilidad, o el evitar problemas para no optar por un cambio. Pero siendo feliz, hay fórmulas para resucitar la pasión, hacer cosas diferentes y reencontrar la ilusión perdida, no es fácil… pero precisamente las cosas fáciles suelen ser las peores, y la energía que pongamos en luchar por aquello que merece la pena definirá las personas que seremos.

La vida no es un carrera corta, la vida es una maratón. Lo importante es llegar a la meta y disfrutar del camino, no hacer pequeños sprints que no te lleven a ninguna parte o te tengan en círculos… de eso trataba la fábula de la tortuga y la liebre ¿no?

jun
25
2012

Sin mirar atrás…

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Reflexiones     8 comentarios


No hace mucho pude ver alguna de esas huellas que dejan atrás las decisiones tomadas, nada malo, tan solo huellas que cuentan historias. Con los desvíos que dejamos atrás en un momento u otro de nuestra vida y que luego se quedan en nuestra cabeza dando vueltas, inconclusos, con la culpa asediándonos cruelmente aprovechando la oportunidad que le brinda la duda. Olvidamos la sintonía que teníamos con una parte de nosotros mismos aquel momento en que hicimos la elección, olvidamos que parte de ese “yo” que ahora somos ya era nuestro y consecuente cuando elegimos un cambio de rumbo.
Llevamos mal la separación, incluso cuando dejamos atrás personas con las que no encontramos esa tan ansiada sintonía… o lo que es más duro, cuando conectas verdaderamente con alguien, y esa conexión se pierde entre brumas diluida con falta de cuidados, cambios radicales o pérdida de entendimiento.
El ruido nos ciega, la memoria se borra en silencio… y acabamos olvidando qué nos condujo a tomar las decisiones que nos llevaron a donde estamos. Y miras atrás… y piensas que aquel camino no era tan malo, que quizás te trataría mejor con el tiempo, o que sería más bonito si te dieras la oportunidad de caminar por él durante años… te mientes, por no creer en la decisión que tomaste, por olvidar qué te hizo coger otro camino.
Pero la vida es cíclica e irónica, haciendo probable que vuelvas a esa misma intersección en algún momento, y allí quieto, con cara de idiota, tomarás el mismo camino que tomaste hace meses o años, pues entenderás, nuevamente, que aunque no sepas a dónde te llevará esta vez, el otro… no es el tuyo.
Ese día aprenderemos un poquito más de la lección de mirar al frente sin olvidar lo aprendido, pero sin mirar atrás, aunque ya no seamos la misma persona que tomó las decisiones que nos definen.

“…El Dorado era un champú,
la virtud unos brazos en cruz,
el pecado una página web.
 
En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver


Image from Stockvault. Called “Rail”, from Khaki (thanks)

may
29
2012

Baloncesto como metáfora de la vida

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Reflexiones     11 comentarios


Cuando era niño, el baloncesto cambió mi mundo. Se apoderó rápidamente de mis sueños, y esos leves matices de muñeca que definían la diferencia entre atravesar la canasta o no, eran parte de mi día a día. Tardé, sin embargo, mucho tiempo en comprender el baile tras aquel juego. Tiempo después de dejar de pelear en una cancha, observaba en televisión cómo se movían los pivots, no solo pensando en ellos, sino en sus compañeros, cómo se cruzaban los aleros para buscar la posición que les permitiera un tiro exterior cómodo, y cómo un buen base, ayudaba a todos ellos con liderazgo y guía.

La vida tiene muchas cosas en común con el baloncesto.

La canasta en la que todo el mundo intenta detenerte, y aún así consigues. Esas fintas en las que creemos que seguiremos un camino pero nuestro instinto nos guía por otro completamente distinto, ese compañero que te deja una pelota fácil para encestar un progreso vital o un paso al frente. Y cuando te caes al suelo, alguien te tiende la mano para levantarte, y sin darte cuenta, gestos como ese… hacen equipo, sin darnos cuenta, hacemos amigos.
La carrera en solitario hacia canasta en la que estás solo y cuyo exceso de seguridad te hace fallar algo fácil, la vida castiga la vanidad y la arrogancia del mismo modo. Cada tiro que no encestamos por mucho que pongamos nuestro corazón en ello, aquellos que dan vueltas en la canasta y entran casi llorando, o se salen del mismo modo. Una cancha donde la experiencia es de gran importancia, y la ilusión vital en cada pequeño paso.
El rebote que te brinda otra oportunidad de anotar, el que coges para defender tu mundo.
Esos instantes perfectos que jamás olvidaremos como reflejo de un triple que entra limpio.
Buscar la plasticidad de un movimiento perfecto y la contundencia de una estadística asombrosa, para acabar dándote cuenta, de que lo único importante… es pasártelo bien y disfrutar a tope cada partido.

Porque a veces, el presente es una pelota en tus manos… y solo existe ese momento, con mil posibilidades dando vueltas entorno a él, ni antes, ni después, solo ahora, solo la canasta… y tú.


Image from Stockvault. Called “Ball in a basket”, from Munib butt (thanks)

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...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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