Reflexiones
26
2012
Sal de la caja
A veces es curioso como podemos limitar a una persona a base de hacerle creer que hay cosas que no puede hacer. Decirle a alguien “eres torpe” por unos sucesos aislados, puede hacerle creer que es más torpe de lo que es, y si en lugar de quitarle hierro ahondamos en eso, podemos generar un complejo que a la larga, le haga sentirte dentro de una enorme caja de cartón llamada torpeza, de la que puede salir, aunque no sea fácil.
Una vez me contaba una amiga que a su hermana siempre la habían comparado con sus otras hermanas por ser la última en hacer el recorrido en el colegio, e irse encontrando con profesores que conocían a sus hermanas (en mi caso, les dejé el listón muy bajo a mis hermanas, pues yo era muy… petardo). Sus profesores le decían “Pues tus dos hermanas eran más listas”, y poco a poco, se fue construyendo un complejo con el que ahora, ya adulta, debe lidiar, y que condiciona mucho no ya lo que pueda hacer, sino lo que cree que puede hacer (Nota mental/consejo: si tenéis varios hijos… que cada uno vaya a un colegio distinto)
Desde niños, alguien debería enseñarnos que todo es posible, que la voluntad es la fuerza más poderosa del Universo y que con ella, mueves el mundo aunque no tengas ni palanca ni punto de apoyo. Si un sueño es real y sincero, lucharemos por él, sino, la vida quizás nos lleve por otros caminos más adecuados a nosotros. Cuando yo era niño, adoraba el baloncesto, pero nunca intenté ser una estrella en ese deporte (mis límites físicos y altura tuvieron algo que decir también), pero pese a que lo veo con tanta distancia, o quizás por eso mismo, sigo pensando que de habérmelo propuesto, podría haber disfrutado mucho más de ese deporte y ahora mismo estaría en Los Lakers asistiendo a Pau y metiendo unos triples de leyenda jajajaja.
Recuperando la seriedad con la que empezaba el post, que nadie te diga lo que puedes o no puedes hacer, sigue el rumbo de ese caballo desbocado que es tu corazón, que tu cabeza te defienda de caerte por barrancos, y sobre todo, sobre todos, sé tu mismo siempre, y no permitas que te encierren en una caja llena de límites que te imponen aquellos que no te conocen mejor que tú.

que en su día ponía música a un anuncio de Toyota:
Thinking out of the box – Garret Wall
15
2012
El regalo de la conciencia
En algún misterioso momento de la evolución, aquel primate del que venimos adquirió conciencia del mundo, empezó a sentirse pequeño al contemplar las estrellas, vio con miedo la muerte y no era ya solo su instinto animal el que pretendía evitarla. Inventó las religiones para condicionar el comportamiento que comenzaba a definirse tímidamente como “humano”, para que aquellas primeras personas no actuaran tan solo conforme a una conciencia que puede acabar defectuosa según el hombre, era necesario un ser o seres supremos que pudieran azotarte en el culo si eras malo, y colmarte de dichas y tesoros si vivías con la rectitud que las sagradas escrituras predicaban.
¿En qué momento le regalaron la conciencia al hombre? ¿Es parte del proceso de evolución normal tanto en este planeta como en otros? ¿Ese regalo trajo consigo eso que llaman “alma” o vino de serie con la vida?
Está claro que por ahí van los tiros de lo que nos hace diferentes a otros seres vivos, la concepción y entendimiento de nuestra propia vida, la aceptación de nuestra existencia, la capacidad de usar esa maravillosa cámara de fotos llamada conciencia, aunque el resultado de su manejo varíe tanto según las ópticas que cada persona le aplica.
Nos regalaron océanos de sentimientos de diversos colores, corazones rotos y lágrimas de felicidad, contrastes que nos permiten un mundo de matices y sensaciones opuestas, en las que unas dan sentido a las otras. En medio de un Universo gigante y frío, esos pequeños pozos de vida, diseminados en una playa infinita, son oasis donde el Universo se emociona sembrando la lágrima de la vida, y de vez en cuando… en una de esas maravillosas lágrimas existe la semilla de una conciencia como la nuestra. ¡Qué privilegiados somos!
Y esa semilla puede verse en los ojos de nuestras más dulces e inocentes versiones…

Image from Stockvault. Called “Blue eyes”, from Kate Towers (thanks)
13
2012
Dar lo mejor de ti…
Uno de esos muchos cambios que se deberían realizar en la educación es, en lugar de avivar creencias en magos y duendes, el demostrarle a los niños el increíble y fascinante potencial de la voluntad. Si te propones algo, si luchas por ello con todas tus fuerzas, podrás hacerlo realidad, debes plantearte claramente tu objetivo y a qué estás dispuesto a renunciar para alcanzarlo, no será fácil.
Últimamente pienso mucho en eso, en que mas allá de ser mejor o peor persona, podría dar mucho más de mi para ser la persona que me gustaría ser. Quienes me conocen saben que tengo buena autoestima en lo que a valores humanos se refiere, y trabajo para mejorar lo relativo al físico. No hace mucho, me encontré con una persona realmente extraordinaria, una mujer cuya sensacional belleza física era igualada y superada de largo por su carácter, inteligencia y motivaciones vitales, una mujer muy parecida a las de unas fantasías en las que hace tiempo dejaron de aparecer famosillas de medio pelo y aparecieron entre nieblas personas con una calidad y valores que van mas allá de un cuerpo más o menos bonito (y/o, posiblemente hueco).
En algún momento, se pasó por mi mente qué sucedería de tener una relación con alguien así. Recuerdo lo que sentía cuando estaba con chicas que consideraba más guapas que yo (en las valoraciones de IMDBs humanos), y las inseguridades que ello despertaba en mi… inseguridades que pueden llevar a los celos, los celos al sufrimiento, el sufrimiento… al lado oscuro de la fuerza. (A ver, me dejo de tonterías) Hace tiempo que dejé atrás algunos de aquellos primitivos instintos y aprendí cosas importantes.
A lo que iba, al pensar en una hipotética relación… me encontraba con una inferioridad diferente… esa persona exprime su potencial al máximo, y yo no, y siendo justo… no debería esperar a estar con alguien así para sacar lo mejor de mi. No contemporizo mal, si necesito el 60%, doy eso, pero si es necesario más… puedo llegar a un 120%, o eso creía. Me he dado cuenta que si te acostumbras a dar un 60%… cuando quieras acelerar, llegarás hasta un 90%, pero no a un 100%, ni por supuesto, mas allá (¿me se entiende?). Como un coche que si siempre va lento, llega un momento, en que no acelera… por mucho que le pises.
Muchos enemigos se enfrentan a nosotros cada día… la pereza, el confort, la cobardía, nosotros mismos diciéndonos la estupidez esa de “no puedes”… pero la realidad está oculta en el refranero: “Querer es poder”, y si das lo mejor de ti… llegarás a lugares que están mas allá de tus sueños.
Y en ello estoy…
1
2012
Delirios sentimentales
El otro día asistí a uno de esos momentos duros en los que una amiga lloraba desconsoladamente por un amor perdido. Lo hacía sin fondo, sin un mañana, y se veía cómo entre sus lágrimas se disolvía su alma. No hay motivos ni razones, ni esperanza ante esos delirios sentimentales, ni más salvación que el tiempo, ni pañuelos suficientes para secar el corazón ni bálsamos que lo curen, tan solo ver pasar ese reloj de arena que te consume con cada grano, dejándote reducida a poco más que nada, lista para renacer cuando hayas cogido fuerzas y ponga fin el sufrimiento.
Mientras la miraba, recordaba cuando yo también amaba así. Cuando era capaz de sufrir sin medida, de respirar agonías, de sentirme sumergido en océanos de oscuridad dónde la luz parecía imperceptible e inalcanzable. Supongo que en el bazar dónde compré mi calma, dejé algunas cosas, quizás se quedó una parte de mi sonrisa allá dónde la cordura se volvió un escudo aparentemente inquebrantable, quizá mi mente conquistó una porción de locura que protegiera al corazón de sus continuos saltos al vacío sin red.
Me daba pena, intentaba sostenerla entre mis brazos cuando se caía, y mientras tanto, una parte de mi pensaba, en un diálogo privado y propio: “¿Cuándo dejaste de amar así?”, tardé unas horas en responderme. Si no hubiera visto luciérnagas, quizás no creería en ellas, si no me hubiera enamorado de ranas, quizás no creería cuanto y cómo puedo amar. Supongo será solo cuestión de dedicación y esfuerzo, juntas ambas cosas.
Intenté explicarle…
que una persona que te trata mal o es injusta contigo no merece ser amada.
Que se idealiza a alguien en esas circunstancias, pero que es humano e imperfecto.
Que siempre llega un amor más grande, uno más real y mejor adaptado a quien tu eres.
Que la vida te hace un “regalo” para darte la oportunidad de encontrarte contigo misma.
Que su mundo no debe girar entorno a alguien que no esté en un espejo frente a ti.
Que cuando el odio queda atrás, cuando ves con perspectiva… comienza la curación,
cuando cierras un candado, puedes abrir otro.
Dije todo lo que sabía de la vida, pero nada podía suavizar ese largo camino por recorrer.
Un corazón joven no entiende de equilibrios ni de cordura,
tan solo de viento y de altura.

Image taken from Stockvault. Called “Love Locks“, by Khaki (Thanks)
16
2012
¿Quien camina a tu lado?
Recuerdo una vez que estaba en una reunión de informáticos en un castillo en una localidad perdida en medio de Inglaterra. Allí, nos reuníamos compañeros de otras oficinas y compartíamos experiencias, soluciones y nuestro día a día.
Allí había un chico que era una mezcla de países. De nacionalidad francesa, vivía en Luxemburgo aunque había nacido en Portugal. Su mujer, era rusa, y presumiendo de la misma, y sin ser solicitado, me enseñó una foto de ella. Efectivamente, era una mujer muy guapa.
¿Qué es lo que más te gusta de ella? – le pregunté
Pues eso, que está buenísima – me contestó
¿Y además de eso? – insistí
Bueno… cocina bien… y aunque tiene demasiado carácter, está buenísima – añadió
Y yo, sabiendo que no me entendía, cambié de tema.

Image taken from Stockvault. Called “Motion“, by Victor Stoyanov (Thanks)
Recuerdo que aquella conversación me dejó una huella profunda. Pensé mucho sobre lo hablado unas horas después, mientras en la cama ponía música suave en la Blackberry y me quedaba mirando el techo de piedra de mi habitación. En caso de casarme con alguien, si algún día lo hacía, y alguien me preguntaba sobre qué opino de mi mujer… aquellas serían las últimas palabras que saldrían de mi boca, eso seguro, antes me aseguraría de tener mucho más que decir.
Hoy tuve una conversación que me recordó a aquella.
¿Esa de esa foto es tu mujer? – pregunté
Si, me casé el año pasado – respondió
Lo sé, ya lo había oído – le dije – Tiene una sonrisa preciosa
¡Vaya! Muchísimas gracias – me respondió.
Y conociendo a esta persona pensé en boda y meta como conceptos similares (para él), en boda con “conseguir”… con tener… y no me gustó. Esa es otra de las cosas que espero evitar ¿Atar a una persona a ti con un anillo? Quizás antes… quizás para quienes como él, creen en un credo representado en la tierra por una organización, como poco, cuestionable.
Si algún día me caso, espero atar a esa persona a mi con lazos invisibles y correderos, con besos y apoyo incondicional, con cariño y grandes conversaciones, con amistad e creatividad diaria, con igualdad y equilibrio. Y si alguien me pregunta qué opino de ella, diré cosas como “Es una persona increíble“, “Somos el mejor equipo“, o recordaré la cita de Pitágoras que decía “Escogí una mujer de la cual puedo decir: hubiera podido elegirla más bella, pero no mejor.“
25
2011
El factor “no siempre”
Una de esas cosas que supongo a todos nos quedan muy marcadas son nuestros errores, que a menudo guardamos en un baúl de la mente que nos da vergüenza abrir, pero en el que miramos cuando algo nos recuerda aquellas bochornosas situaciones. Caídas lamentables, frases desafortunadas, plantones, tropiezos… supongo que todos guardamos algún incidente así ¿no? Desde alguna de las últimas veces que nos meamos en la cama de niños hasta nuestros torpes primeros pasos en el mundo sentimental… en fin, me entendéis ¿no?
Bueno, no sé porqué he empezado hablando de eso. Supongo que quería explicar que he cometido errores garrafales, algunos que me avergüenzan, otros en los que creyendo hacer lo mejor hice daño a quien no lo merecía… no queda otra que mirar al frente, sin olvidar, y aprendiendo de tus errores. A veces soy cabezón, otras, soso, incluso en ocasiones muy contadas, me cabreo muchísimo, pocas veces me he enfadado a mi nivel máximo, muy pocas, y no creo que siempre haya tenido razón, al fin y al cabo, en una diferencia personal hay tres verdades, la suya, la mía y la real.
Pero hay un factor que considero importante, yo le llamo el “No Siempre”. Me considero una persona razonable, coherente e incluso medianamente inteligente. Por ello, aunque me equivoco, sé que no siempre lo hago. Hay gente que siempre me da la razón (no me gusta), otras personas que suelen darme cera y aportar puntos de vista diferentes (gracias), lo cual me encanta. Gente con la que me enfado, y quienes se enfadan conmigo. Y hay personas que tienen una habilidad especial para darle la vuelta a la tortilla, y haciendo algo inadecuado, al final te cargan a ti con las culpas ¿A que os suena?. Y en ocasiones, incluso podrían tener razón. Me ofusco con algo y no veo la realidad con la claridad que merece, si tienen la paciencia de explicarse es probable que yo los entienda, y si es así, nunca he tenido el menor problema en disculparme las veces que sean necesarias.
Peeeeeeeero, hay personas que si te enfadas, se enfadan aún más que tu ¿Protección? ¿Contraataque? No lo sé, pero lo hacen. Y hay personas que nunca creen equivocarse, o que nunca te piden perdón si lo hacen. Y eso me enfada especialmente, porque igual que a veces me equivoco, también pienso que “no siempre” lo hago, y me merezco una disculpa cuando alguien es injusto conmigo.
Como os digo, no es habitual que me enfade… pero cuando lo hago… sube el precio del pan, y prendo fuego a Troya con una cerilla.
Moleskine de viaje de...
...un poeta novato en busca de diccionarios donde encontrar letras y colores que dibujen cielos y momentos, amante de la vida y sus Nirvanas, de canciones, gestos, olores... ¡Cómplice de atraco a palabra armada junto a Joaquín! Busco el hueco para deslizar mis dedos húmedos y lascivos por entre las piernas de la vida, mientras avivo mi mirada de Peter Pan, mientras con detergente me esmero en conservar el alma lo más blanca posible.
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