Mi Camino…

Feb
16
2016

Con los pies y mis recuerdos inmersos en la arena de mi playa

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro..., Mi Camino..., Miña Terra     4 comentarios


El pasado es un sofá en el que no me gusta acostarme a menudo, pues te puedes acabar sintiendo tan cómodo en él, que desearías quedarte a vivir ahí. Tras una vida repleta de echar de menos personas que ya no existían, por haber cambiado de esfera o de planeta, un gran día aprendí que mirando al frente corres menos riesgo de tropezar, disfrutas más del viaje y tienes la oportunidad de dibujar cosas maravillosas, no sin equivocarte, no sin tropezarte.
Pero por mucho que he querido mirar al frente, a veces la vida te obliga a mirar atrás, a recordar olores, momentos, sentimientos y personas, a mirarte en un espejo en el que te das cuenta, eras muy distinto, a viajar a otro momento del tiempo que se te ha dado.
Comencé este año volviendo rumbo al Sur, a Alcalá la Real, un pueblo prodigioso donde tuve la fortuna de pasar los mejores dos años de mi infancia. Allí, mis compañeros de 2º de EGB aún me recordaban, y especialmente, una niña con la que compartía mis juegos cuando vivía entre olivos. 33 años separaron aquel abrazo que honestamente, yo pensé que jamás se produciría, perdida ya toda esperanza de reencontrarme con aquella simpática rubia de ojos azules y gran acento “andalú”. Me equivocaba, tuve mi abrazo.
Alguna vez os habré hablado de mi sitio favorito del Universo, esa playa de Bastiagueiro donde tantas veces he creído hablar con Dios, todo un lujo siendo tan ateo como yo. Allí escribí mis primeras historias de amor, lloré hasta quedarme seco, imploré algún beso a la luz de sus estrellas e incluso estrené mi primer coche, siempre he querido compartir momentos mágicos con mi playa, y si algún día me caso, tendré que llevar a la que se convierta en mi adorada criatura a ese rincón para que los Dioses la bendigan como merece.
Allí conocí a mi primer amor, la mujer del pelo rojo, la boca de oro y los ojos verdes que esclavizó mi corazón durante 187 días, por aquel entonces pensaba que había cosas que se podían medir, y no era así. La primera vez que la besé es probablemente, el recuerdo que más veces habría repetido en caso de que existieran las grabadoras de momentos, no se olvida un primer beso así. Recuerdo, ya vagamente, mil cosas, pocas con orgullo. Me sentí como un mortal que una diosa había bajado a acariciar envuelto en nubes, y supongo que no tardó en verse lo humano que yo era. Yo no sabía usar la boca más que para besar, aunque no lo hiciera mal ya por aquel entonces, pero mis manos eran torpes y vergonzosas, y según me hice hombre o semidios pensé alguna vez si con lo que aprendí años después habría mantenido aquella diosa a mi lado, pero aquello no era un final… sino un comienzo, allí comenzó mi vida adulta.
La ruptura me pilló en plena selectividad y en lugar de obtener nota para hacer Arquitectura, tuve que considerar planes alternativos debido a mis pésimos exámenes… lo cual, por otro lado, fue un gran regalo, que ella me hizo sin saberlo, pues me llevó por un camino mucho más entretenido que el de la arquitectura. Pensé que no lo haría, pero sobreviví al apocalipsis de la ausencia de sus besos, y mi insistencia por recuperarla hizo que acabara por dejar de hablarme, no podría culparla. Morí y resucité muchas veces, pero supongo que jamás se olvida el primer amor ¿no?
El día que me hicieron mi oferta de trabajo en Madrid me crucé con ella, y aquel día, muchos años después, volvió a saludarme.
Una década después nos cruzamos de nuevo en una de mis visitas a mi tierra, en un concierto del maestro Sabina, y en una charla en la que me sentía furtivo, avergonzado y extraño, pude darle mi blog ofreciéndole de paso mi amistad para lo que necesitara, sabiendo que para ella era fácil de olvidar al ser una gran canción de Joaquín, una pasión musical de las que compartíamos. Imagino que tiempo después se acordó y pasó por aquí, y de aquí llegó a mi twitter, por donde nos hemos mandado algún mensaje de vez en cuando, y por el que me ha gustado ver de vez en cuando si estaba bien o si alguna palabra mía podía hacer que se sintiera mejor. Y ya solo quedaba un paso, por twitter… no hace mucho, le di mi móvil, y hace poco intercambiamos unos primeros whatsapps, un medio destinado a reemplazar las dulces cartas manuscritas y los cada vez más nostálgicos emails.
El pasado Sábado, nos contábamos batallitas y recordábamos a través de mensajes aquellos tiempos, sin viva voz ni acento gallego, y me sentía a la vez afortunado por vivir un momento así, algo que hace unos años me parecía imposible, y nostálgico de aquella época en la que todo era tan diferente y los jóvenes sentimientos parecían un volcán en erupción ¿En qué me parezco a aquel chico que “hablaba con Dios” en su playa de Bastiagueiro? ¿Qué queda de él en mi? Ella, en aquel entonces, vivía a pocos metros de aquella playa, la que se convirtió en mi mejor confidente y en cuya arena he escondido mis mayores secretos.
Suelo perdonarme haber sido un crío, haber dejado escapar a grandes mujeres, pero soy ecuánime y también me felicito por todos los pulpos y nécoras que devolví al mar antes de que acabaran conmigo. No es fácil madurar, aprender a ser persona antes que hombre, y aunque el miedo nos hace estúpidos, la ilusión por ser mejores nos hace humanos. Quizás haya perdido parte de la bondad e inocencia que tenía por aquel entonces, cuando me daba vergüenza desabrochar un sujetador o abrirle a la gente el corazón. Lo malo de sembrar trocitos de tu alma en las manos de otras personas es que muchas los tirarán al suelo, pero si evitamos dejar de sonreír, acaban por regenerarse.
No sé si la vida me brindará la oportunidad de darle un abrazo a la versión adulta de aquella diosa que marcó mi vida regalándome un rumbo mágico que me llevó a Madrid y a medio mundo. Somos lo que somos por cada una de nuestras intersecciones, y me encantaría darle las gracias por lo que supuso para mi viaje.
Pero el Destino siempre tiene un plan, y mi papel en él quizá sea soplar para llenar su vela, y que surque un mar que la lleve a su felicidad más plena, o tan solo ese abrazo con el que pueda contar si algún día se queda sin aire ni fuerzas.

 
Bastiagueiro
Cuando buscaba imagen para mis palabras me crucé con esta fotografía mágica que hace que me sienta como si estuviera allí. Qué ilusión saber que era de mi querida SuperKarmen, un patrimonio de la Coruña y un prodigioso ojo fotográfico. Con su permiso la cuelgo aquí, y os invito a seguirla: FacebookTwitterFlickr500pxInstagram
¡Gracias bonita!

 

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Nov
25
2015

Las mujeres y yo (Capítulo 1)

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Mi Camino...     16 comentarios


Desde niño, el mundo de las relaciones casi siempre me ha fascinado. Hasta los 12 años escapaba de las mujeres, de ahí hasta los 16 me daban bastante igual, era más de amigos, bicis, baloncesto y playa, y desde esos 16-17 en adelante, han tenido bastante que ver con mi día a día, afectando a menudo a mi felicidad y forma de ver el mundo.
No me sería fácil recordar todas las chicas que me han encandilado, desde la etapa presexual, cuando un beso parecía un mundo entero, hasta el momento presente. Esta semana se puso en contacto conmigo un profesor del colegio al que fui teniendo 5 años, y a través de su Facebook pude encontrar a “mi primer amor“. Con 5 años, ella era una encantadora rubia de ojos azules de cara traviesa y acento jienense, y seguí queriéndola pese a que una vez me encerró en su casa y no me dejó salir hasta que le diera un beso en los labios. Incluso entonces la vida pretendía enseñarme que pese al machismo de la sociedad, las mujeres gobiernan el mundo. Aquellos 10 minutos fueron de los más largos de mi vida, y al final, accedí a mi ansiada libertad mediante el pago de un tímido ósculo.
Poco tiempo después, de vuelta en Galicia, una morena varonil que jugaba con los chicos al fútbol dadas sus capacidades atléticas me lo hacía pasar igualmente mal, y a mis 8 años, me perseguía en mi habitación demandando unos besos a los que yo no les veía el más mínimo sentido. Quizás ya por aquel entonces conocí por primera vez lo poco interesante que nos resulta “lo fácil”, pues creo recordar que me gustaba la hermana de aquella niña, mucho más comedida, y que no me hacía ni puto caso, mientras la otra intentaba agarrarse a mi cuello cual sanguijuela y de haberlo conseguido tengo la sensación de que no se habría soltado jamás.
Poco después, con 10 años, nos mudamos otra vez y en mi nuevo colegio se demostró una máxima que mantendría toda mi vida, me gustaba más estar con chicas que con chicos. Ellas siempre eran más sensibles y dulces, más humanas, los chicos en cambio, incluso desde niños, son brutos y toscos, y gustan de experimentar con pólvora y realizar campeonatos físicos y virtuales para ver quien la tiene más grande. En aquel colegio, de mi grupo de amigas, destacaba Amaia, una espectacular niña que hacía baile gallego y era un ángel moreno, con la que recuerdo grandes conversaciones y enamorarme por primera vez de ese algo especial que tienen las mujeres.
Poco después volveríamos a mudarnos para volver a la zona en la que viví casi toda mi etapa en Galicia, y allí recuerdo varias chicas majísimas y encantadoras que compartían conmigo aquel enorme colegio, y en especial había una chica muy estudiosa llamada Elga, la única que he conocido con ese nombre. Era rubia y de ojos azules, y poco a poco empezó a empeorar sus notas arrastrada por alguno de sus novietes que eran los clásicos “chicos malos” de clase. Por aquel entonces empecé a darme cuenta que no siempre los buenos tenían recompensa y que los clásicos estúpidos insoportables, normalmente más guapos y propensos a ser atletas, tenían todas las de ganar. Mi tío me dijo una vez, tú no desesperes y ten paciencia, que al final todo llega… y te cansarás de follar, y en parte, tenía razón.
Poco después empezaría el instituto, y me llevaría la gran decepción de ver cómo muchos amigos fumaban, y por aquel entonces para mí era imposible pensar que yo lo haría diez años después. El viaje solo había empezado y aún no sabía lo que era sufrir por amor, pero lo sabría, a fuego. Creo que fue en mi primer año de instituto cuando al ir a una fiesta mi padre me dio mis primeros condones, que acabarían caducando, creo recordar.
Lo dicho… empezaba el instituto, y aún no había tenido ninguna pareja seria, empezaba a despertar mi interés en ellas, y poco a poco, cambiaría mi mundo… pero eso, eso es otra historia.

(Continuaré… si tengo más de 10 comentarios,
o no puedo contenerme jejejeje
)

Shoes
Image from the amazing website Gratisography, thank you Ryan McGuire, by BellsDesign.

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Oct
2
2013

El gran azul

 Escrito a las 22:57     Archivado en: A5, Desde dentro..., El Mundo..., Mi Camino...     3 comentarios


Creo que pocas experiencias pueden tocar tanto el alma de una persona como sumergirse en nuestros océanos, que esconden el 73% de la superficie de nuestro planeta irónicamente llamado tierra. Es un viaje a otro mundo, sin salir del nuestro.
No es un viaje sencillo, te dirán que no dejes de respirar… y allí no hay aire, y el que lleves contigo, se hará más pequeño según bajes ¡Puta presión!… pero no tengas la menor duda de que una vez que conoces al gran azul, que pruebas sus labios salados y sus miles de matices, es complicado no echarlo de menos, no sentir una nostalgia cuando te alejas de sus orillas, y una ansiedad tan profunda como él por encontrarlo de nuevo.
gran_azul

La dualidad está tan presente como en tantas otras cosas… y más aún bajo el agua: Dos respiradores, por si falla uno, que haya otro, dos compañeros que siempre deben nadar juntos… para cuidarse el uno al otro, y para casi todo hay dos modos de hacerlo, por si la otra falla, como llenar el chaleco de aire automáticamente o con la boca.
En la foto de abajo, con ese ser humano con el que los novatos creamos un vínculo especial, nuestro “sensei”, en mi caso, se trata de el gran Pascual, que ejerció de maestro duro a la par que divertido, y tuvo la paciencia necesaria para hacer la transición conmigo del miedo y la desesperación, al disfrute y más pleno gozo. Aquí está a mi derecha irreconocible por el equipo, y mis labios gigantes me delatan junto con el dedo acusador.
Pascual y yo

Os podría hablar de lo mucho que aprendí (hay que estudiarse un librito muy interesante), de las certificaciones que existen para iniciarse en este mundillo (PADI y SSI las más reconocidas, yo opté por la última bajo la recomendación de mi gente de Nisos), de las ganas que tengo de adquirir un ordenador de buceo o una GoPro bien equipada (que deberán esperar…)… este viaje me daría para muchos posts, y todos y cada uno de ellos, se quedarían muy cortos.
Si que os diré que me encandiló la faceta de buceo en pareja, no ya solo con amigos, sino con tu “soul mate“. Pude ver en los ojos de alguna pareja que me acompañó cómo compartido así… lo hace aún mejor. Ese “tú me cuidas y yo te cuido” hace aún más especial un vínculo sentimental, y pensé en silencio a menudo en lo bonito que sería compartir esto con una chica, pues unas jornadas de buceo están repletas de historias y recuerdos que solo pueden mejorar de ese modo.

Sería imperdonable no darle las gracias al vasco legendario, mítico Basajaun, que no solo me invitó a su apartamento alquilado y me animó al bautismo (y dejó a mi entera elección si hacer o no el curso), sino que además sacrificó algunas rutas mucho más divertidas por escoltarme durante mis inmersiones de formación y aprendizaje (Gracias de verdad perzonajo). Aquí se nos ve, él contra el muro, y yo con mis puñeteras manos que no puedo dejar quietas bajo el agua… qué se le va a hacer… queda tanto por aprender.
Con Basajaun

Bueno, para acabar, recomendaros un gran club de submarinismo, donde saben hacer que te enamores de este deporte. En NISOS Benidorm encontraréis a profesionales como José el sabio, Jessy la mamá, Fernando el crack o Pascual el maestro, que os mimarán y cuidarán mientras os enseñan a sobrevivir para que libre e inevitablemente, os enganchéis al gran azul. Sin personas como estas no habría tenido la confianza y seguridad de iniciarme en este mundillo… y volveré a ellos cada vez que pueda para “bucear en casa“, a ese hogar tan cerquita del mar que han creado donde algunos afortunados damos nuestros primeros pasos con aletas. ¡Gracias chicos!

Antes de saltar al agua… se grita algo con doble sentido…
¡Libre!

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Nov
15
2011

Empanadilla de bonito

 Escrito a las 0:01     Archivado en: Humor, Mi Camino...     3 comentarios


Hace 12 años, en tiempos de módem, estaba yo chateando una deliciosa tarde de verano con unos amigos del IRC Hispano.
Entre vaciles, alguien dijo que se iba a hacer unas empanadillas, a lo que yo contesté de broma:
Joder, qué bien ¡Envíame una anda!
Una vecina se había acercado a mi casa y me miraba atenta, en plan cotilla.
¿Qué haces? – me preguntó
Pedirle a un amigo que me envíe una empanadilla – contesté
¿Eso se puede hacer? ¿Por dónde te llega? – preguntó sorprendida
Por la impresora, le dije. Espera un rato y verás.
Se quedó patidifusa y dijo – ¿Y llega caliente?
Por supuesto – le dije con una leve sonrisa – recién salida de la sartén.
 
True story

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Sep
15
2011

La chica francesa

 Escrito a las 14:00     Archivado en: Mi Camino...     3 comentarios


Hace algo menos de un par de años compartí unas semanas con una chica francesa. Ella era original y muy vital, incluso demasiado, y viví alguna circunstancia realmente curiosa a su lado.
Recuerdo una noche en la que hablábamos del mundo y ella me comentaba lo cansada que estaba de las relaciones, tras haber vivido otra de esas decepciones en las que acababa con las ilusiones rotas. Ella es así, con dos meses junto a alguien cree poder diseñar una vida al lado de esa persona, y las cosas no siguen ese mismo camino, y en la montaña rusa toca bajar después de haber subido, pero se adapta bien, es una mujer fuerte y decidida.
Aquella noche me dijo:
¿Te gustaría ser mi follamigo?
A lo que respondí un titubeante: – ¿ein?
¡Sí! nada de relación seria ni amor, solo sexo, pero con una cierta frecuencia, sólo deseo.
Tras quedarme sin palabras y tomarme una pausa para reflexionar, imaginé todas las versiones anteriores de mi mismo en las que habría dado algo por que alguien me dijera algo así. Era libre, así que podía aceptar con alegría aquella oferta, aunque algo dentro de mi me decía que ahí fallaba algo.
Me quedé alguna noche en su casa, no le gustaba viajar a las afueras. Era una amante feroz, incluso a veces me dejaba totalmente cortado con un “¿Follamos o qué?“, pero me sentía cómodo con ella, y para mi eso no era fácil dadas las maletas que llevaba conmigo en aquel momento. Además de ser una mujer preciosa, su vitalidad me regaló cosas como el cine de bollywood o música francesa entre la que recuerdo especialmente a Stacey Kent, una norteamericana que tiene algunos temas realmente bonitos en francés.
Pero ella no sabía vivir despacio, y cuando un fin de semana fuimos a un centro comercial de compras, justo antes de cenar por allí, comenzó a hablarme de hijos y perros, de una casa de campo y una familia con la que lleva soñando desde que se hizo mujer, o quien sabe, incluso antes.
Además de lo que mis brújulas me dictaran, yo sabía que ella pretendía simplemente olvidar a otro hombre entre mis labios, y en tales circunstancias, me faltaban algunas cosas, además de la confianza, para aventurarme en algo más serio, yo intentaba aportarle equilibrio y calma, ella… era incapaz de poner en pausa sus sueños y de ver plenamente aquello que tenía delante, el mañana era la zanahoria que movía su paso por el mundo.
Dejé que la distancia nos separara, sabía que no tardaría en comenzar un nuevo proyecto, di dos pasos atrás antes de que mi corazón se implicara demasiado con aquel imán de belleza y pasión, de color y abismo. Renuncié a su cuerpo desnudo a cambio de conservar la propiedad de mi alma, y en aquel acto, en aquel “sacrificio”, completé un peldaño muy importante hacia mi madurez como hombre.

Hace poco hablé con ella, me dijo que había conocido a un chico con el que quería crear una familia. “¿Cuánto llevas con él?” le dije, “3 meses” contestó, y no sé que deseo más sinceramente, si que esta vez todo le salga como merece, o que si no le sale bien, aprenda a saborear el presente y a no soñar mas allá de un mañana, que con la pasión que vive, sabrá exprimir adecuadamente.

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Ago
16
2011

Cambio de barco

 Escrito a las 15:29     Archivado en: A5, Mi Camino...     comentarios cerrados


Heme aquí, de pruebas en nuevos horizontes, viendo si un hosting español, gallego para más Inri, puede darme lo que otros proveedores no me han dado. Siguiendo el consejo del bárbaro, ya estoy instalado en mi nueva casa sin saber muy bien para cuanto tiempo será. Usándome de conejillo de indias he comprobado que salvo algún incidente, migrar un WordPress es muy sencillo, y tengo que hacer alguna prueba de cómo hacerlo a blogspot o wordpress.com para documentarlo haciéndolo más fácil para quienes lo necesiten.

Conmigo se han venido, pues dejéles sitio en la maleta, esos 156 borradores que esperan aún su destino incierto, de habitar el olvido o de verse completos… algún día. Tropecienes álbums en fotos, sin incluir el porno. 25 megas en palabras, artículos, páginas y comentarios, sorprendido de cómo tanta historia cabe en un espacio tan pequeño, que no hace falta ni plegarlo para hacerle sitio en el equipaje.

Aquí continuo camino, me llevará unos días recolocar los plugins en las estanterías, comprobar que todo funciona y tapar con pegatinas cuantos agujeros puedan surgir en el casco de mi barco, creo que no me he olvidado nada, pero me aseguraré antes de doblar la esquina del horizonte rumbo a orillas inexploradas de mi vida y de mi alma.

No hay garantías, tan solo camino, si has de cambiar tu rumbo, hazlo con decisión, si has de hacer daño, que sea de un tirón, si has de emplear una única vela… que sea tu corazón.

Siempre hacia el frente, Oh Capitán, mi Capitán


“Vivo para ser amo de la vida, no un esclavo”

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  Alegrías y lágrimas de...

...coleccionista de sujetadores del presente, sintonizador de melodías y momentos, de besos y recuerdos. Derrochador de optimismo, aprendiz de todo, maestro dando abrazos y cunnilingus, tiburón sin agua, gaviota con cielo.

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