Desde dentro…

Jun
9
2016

Castillos en el aire

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     comentarios cerrados


Queremos volar muy alto, y hacerlo acompañados, así que muy a menudo nos precipitamos, nos puede más el afán de la compañía que concentrarnos en la calidad y experiencia de nuestro propio vuelo. Afrontamos primeras citas con la pregunta en la mirada de “¿Será esta la persona que esperaba?“, y es algo que tan solo el tiempo puede responder. Casi he dejado de creer en los flechazos mágicos, pues se acaban quedando en el olvido y mueren de no ir acompañados de esfuerzo, buen hacer, entrega y paciencia.
Recuerdo una primera cita que acabó como deben acabar las primeras citas, con caricias y besos, y sin sexo, se debe dejar ahí la semilla de las “ganas de más” sin empacharse tanto que te sacies antes de empezar a disfrutar de lo que nace. Al acabar esa cita, una larga y llena de grandes momentos, recuerdo que me miró y me dijo: “¿Qué haces en Mayo?“. Yo pensé, pues cumpliré años, y no sé… no me alcanza la vista tan lejos. Era navidad, y aquel amor que traía bajo el brazo Noel mostraba su primera sorpresa, y habría bastantes más, algunas muy desagradables, lo que acabó por hacer que en Mayo ya casi nos habíamos olvidado.

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Amazing picture by: Jay Darvishian (from lifeofpix.com)

La impaciencia a veces nos juega malas pasadas, el querer llegar a la meta antes de cruzar la línea, ilusionarse con algo que apenas existe, un sentimiento pariente de el que hace que algunos al casarse, crean haber llegado a la cima de una montaña y no precisamente, haber comenzado un nuevo viaje. Nos ilusionamos y nos dejamos ir, es una trampa en la que he caído más veces de las que puedo recordar o por las que podría disculparme. Nos gusta a los humanos construir cosas, hace milenios, cuando acabábamos de salir del mono ya pintábamos en las paredes historietas de la Rue del Percebe, y por eso Lego ha crecido tanto como empresa, nos encanta construir naves, edificios, coches y vidas, y cuando nos dejamos llevar y aparcamos la cautela proyectamos nuestros castillos en el aire convenientemente edificados sobre una nube ¡Ay si llueve! ¡Qué más da! Y antes de acabar de construir el castillo la nube se deshace y deja caer las piedras sobre el valle de las decepciones.
¿Sabéis cúal creo que es el error?
Que siempre hemos creído que queremos un castillo, y quizás, seríamos más felices con una casita de madera, lo más cerca posible del mar, que se mantiene mejor y se limpia más fácil. Empezamos a sumarle cosas a nuestra fantasía, y se nos va de las manos. Es como lo móviles de ahora, con GPS, Güifi, brújula, cortador de patatas y mechero, sin olvidar el poder hablar, claro, ni la cámara para presumir de cuánto y de qué bien vivimos, lo hagamos o no.
Y al final, una simple mano, agarrando la tuya, puede hacer que te sientas más acompañado que interconectado con medio mundo.
Primero una tabla, luego un ladrillo, sin ellos, nunca tendrás tu castillo.

 
 
 

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Jun
6
2016

Un paseo por el campo

 Escrito a las 17:00     Archivado en: Desde dentro..., El Mundo...     1 comentario


Este fin de semana pude reencontrarme con la naturaleza de un modo que hacía muchísimos años que no me pasaba. Me tiré en la hierba y las hormigas se pelearon entre ellas en pugna por quien de ellas declaraba suyo mi cuerpo cual nuevo continente aparecido en su mundo, caminé de puntillas por los senderos para no pisotear a las ranitas de apenas media uña de tamaño que salían del charco para buscar su hueco en el gran mundo, me detuve a mirar los insectos emborrachándose en las flores, competí con una oveja a ver quien de los dos gritaba más e incluso recogí los huevos de unas gallinas que me miraban mal y estuvieron a un tris de comenzar una batalla conmigo que no sé quien de los dos habría perdido.

Amapolas

Fue una vuelta a lo simple, a lo básico, a lo primordial. Que el agua no sea algo que sale del grifo sin más, sino que sepas de qué pozo sale, y que no debes desperdiciarla, y que la luz sea natural y la electricidad un bien escaso y muy controlado. Cuando la leche no se calienta en microondas y sí en una pequeña cacerola, al fuego, y la tortilla de patata ya no es amarilla… sino naranja, por la calidad de las materias primas que le dan forma y elevan su sabor a los altares culinarios.
Cuando la noche es la excusa perfecta para sentarse a hablar a la luz de un farol, y te acuestas pronto pues el Sol acabará dictando a qué hora debe comenzar tu día, y tendrás muchas cosas qué hacer.

arbol

Me fasciné por lo diferente que es todo, por lo lento que pasa el tiempo alejado de más tecnología que aquella que pueda hacer una foto o introducir una melodía. Esa otra velocidad, esa pausa, ese arrullo incesante de los cientos de insectos que se unen en un zumbido que solo se atreven a romper cigarras, grillos o pájaros, componiendo juntos una canción. El buitre buscando presas mientras el conejo cruza con miedo los caminos, los pájaros que han anidado en una persiana que ya no podrás abrir hasta que dejen el nido sus chiquitines, pues eres parte de esa ecuación.

A veces el campo, silencioso y humilde, te recuerda sin palabras, que vives demasiado deprisa, que te ahogas por correr para cada cosa que haces, y que hacer más cosas en poco tiempo no significa necesariamente que sea aprovechado. El campo te recuerda que hay otro modo de vivir, que te puedes llenar de vida, y te susurra al oído su secreto: “Tan solo respira

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May
20
2016

Mi maestra

 Escrito a las 17:00     Archivado en: Desde dentro...     2 comentarios


Ella me enseñó tanta cosas, que todavía las sigo aprendiendo.
Me enseñó cómo se debe querer, y que no siempre es suficiente.
Con ella aprendí lo que es morir de amor, desear arrancarte el corazón.
Y también aprendí a evitar ese monstruo que habita en la posesión y los celos.
Por primera vez, a ser uno más en la familia de tu pareja, la calidez de la buena gente.
Ella me enseñó que la pasión no tiene ni fondo ni medida, y que no hay sitios donde no se pueda acabar follando, y que el deseo y el sexo dibujan un mundo que podemos explorar cómplices y sin miedo, probando en pareja todo tipo de cosas que podrían gustarte más de lo que imaginas, si dejas vergüenza y pudor en casa.
Con ella aprendí que el paraíso era una tarde de sofá con una manta, un bote de crema hidrante, y su “¿me das un masaje en los pies?“.
Hasta el fútbol era divertido cuando desnudos, celebrábamos los goles entrelazándonos y siendo uno.
Ella fue mi maestra, del cielo y de la tierra, del purgatorio y el infierno.
El cuerpo que nunca olvidas, el beso que no puedes evitar soñar.
El pezón perfecto, el orgasmo fácil, la caricia en el momento adecuado, la boca que hidrata el alma, la elegancia hecha mujer.
La que quieres olvidar que se te escapó por idiota, pero que quieres recordar que fue tuya fugazmente pues algo bueno hay en ti si mereciste ese privilegio.
Me quedaron tantas asignaturas para Septiembre, que suspendí y ambos nos perdimos. Pero nunca he dejado de soñar con el altar de su boca y sus ojos.
La maldición en la caricia de una Diosa es la negación del olvido.
  
Sin embargo, el otro día me susurró el viento que quizás algún día vuelva a verla.
Y cuando así sea, si algún día nos encontramos de nuevo… querré abrazarla, o morirme de vergüenza, o comerla a besos, o hacerle el amor si se deja, o tener un niño con ella, o tan solo dejarme caer en sus brazos para recordar por un segundo lo que se sentía estando en casa.

  

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May
19
2016

Exhaustamente vivo

 Escrito a las 12:00     Archivado en: Desde dentro...     2 comentarios


     He de confesar que hace poco me he dado cuenta de que he cambiado.
     Y no me agobiaré, pero reconozco que debo recobrar algunas cualidades que he dejado en el camino.
     Mi sonrisa ha perdido brillo, la gente me cansa más de lo que me sorprende, y ya no me creo mis fábulas de princesas, asnos y ogros.
     Cierto es que mi trabajo no es sencillo, y lo que durante años fue trampolín, ahora es un peso duro de llevar. Las empresas a veces exigen tanto de ti, que una vez acaban de absorber tu alma, empiezan con tu cuerpo, y no te das cuenta hasta que débil, te caes de rodillas. Entonces hay que cambiar el enfoque y plantearte si debes buscar otro trabajo, o tomarte el que tienes de una manera diferente, por tu propia supervivencia.
     Con mi vida sentimental pasa algo parecido. Llevo unos años en los que he disfrutado de estrellas fugaces, unas duraderas y que parecían iluminarlo todo, otras que morían poco después de nacer, a todas parecía faltarles algo, o les sobraba, o simplemente… ¿me hacía mi locura ver o intuir cosas que quizás eran? si con alguien debemos ser brutalmente honestos, es con nosotros mismos, y no acomodarnos en el “pues me quiere“, “es encantadora” o el “folla bien“, argumentos que para mucha gente podrían ser suficientes pero para los Buscadores chiflados como yo podrían no serlo.
     Creo que solo hay una cosa que me ha fascinado más en esta vida que la tecnología, y es el sabor de un… cuerpo de mujer. Cuesta emprender largos viajes en soledad, se echa de menos el cómplice que algunas personas tienen, es un precio justo de perseguir un sueño, y tiene una recompensa que aunque acaba pareciendo hueca, no es ni más ni menos que coleccionar colores, formas, miradas y momentos, que compongan ese último segundo antes del último suspiro.
     La vida esconde celosa sus cartas, en las buenas partidas de póquer, puedes creer ver a qué juega el rival que tienes delante… pero la vida es maestra, y especialista en sorprenderte, del mismo modo que puede concluir la partida cuando quiera, puede obsequiarte con una carta, tan solo una, que cambie tu vida para siempre.
     Y si no tengo fuerzas para llorar, sonrío.
     Y si no puedo correr, camino.
     Y si no puedo amar, sueño.
     Exhaustamente vivo.

  

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May
10
2016

Momentos que se van… que vuelven… que se encienden, que desaparecen

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Desde dentro...     2 comentarios


La noria gira, y de niño te encanta dar vueltas en ella, eres de goma y siempre aparece alguien que te ayuda a levantarte cada vez que tropiezas. Aunque tengas mil normas que cumplir para no caerte, valoras menos la niñez y deseas tener el control que tiene ese adulto que está a tu lado.
Según creces, te das cuenta que la vida no es una carrera, sino una maratón llena de momentos, de oportunidades que parecen volver una y otra vez, hasta que dejan de hacerlo. Hay amistades que van y vuelven, que parece que estarán ahí siempre, y de repente se cansan, y se apagan como una vela sin mecha. Sin embargo, otras relaciones parecen tener siempre un motivo para arder, e incluso después de un tiempo de pérdida, se reencuentran con un abrazo que promete no sin miedo que todo sigue igual que antes.
Dejarse llevar, una cosa es tatuarte en un hombre “Carpe Diem” y otra muy distinta entenderlo, y más aún, vivirlo.
La noria se convierte en ruleta, y has perdido tantas veces que dejas de apostar mucho a cada número, dejando que el miedo haga de banca y se forre a tu costa. Al final, todos esperamos esa corazonada que nos haga apostarlo todo al 13 negro o al 7 rojo. Cada cosa debe enseñarte tu valor, el miedo define la valentía, el amor hace sentirse hueca a la nada, y las montañas rusas hacen que valoremos las mesetas.
Lo esencial es invisible a los ojos, reza la cita…
por eso a veces los cierro, pues de nada sirven en este juego.

 
 

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May
5
2016

Maruja

 Escrito a las 12:00     Archivado en: Desde dentro...     6 comentarios


Maruja es una gallega de ciudad, nacida en los años 30, y que pasó tanta hambre en su día, que nunca ha dejado de comer nada que tuviera delante, y que paseando por los montes gallegos, ha señalado a cabritos al grito de “qué bueno estaría en la cazuela“. Cuando dice “Qué hermoso estás” en su idioma, significa que estás gordo y que deberías pensar seriamente en ponerte a dieta, y si te dice “Hijo, tienes mala cara” significa que empiezas a estar guapo. Para ella nunca hay comida suficiente en la mesa, y sus caldos gallegos y filetes empanados son tan míticos como unas rosquillas que no tienen par. Ella siempre ofrece café, aunque hayas dicho mil veces que no te gusta, y cuando le dices “Yo no tomo café“, te dice picajosa “Entonces ¿un poquito de queso?” pues recuerda que tampoco te gusta.
Maruja me daba de niño 100 pesetas a escondidas para que mis padres no lo vieran, y luego les decía “tened cuidado a ver qué hace el niño con el dinero“.
A Maruja le encanta vacilar y no le importa si puede enfadar a alguien, meterá el dedo en la llaga tantas veces como haga falta hasta sacar de sus casillas a sus hijos o sus nietos, es su seña de identidad. Le encanta bailar siempre que puede, el pachangueo, y descifrar las series de la tele, especialmente Walker, y jamás has puesto a prueba tu paciencia si no le has intentado explicar un telediario o un documental.
Maruja siempre ha hecho lo mejor que ha podido lo que le han dejado hacer, habitante de un rol de mujer en tiempos de Franco lleno de límites y sin posibilidades, que no supo actualizar según cambiaba el mundo, así que ha sido mujer, madre, abuela e incluso bisabuela. Ella siempre ha nombrado a mis parejas por el nombre de la anterior, por despiste, inconsciente de las que me liaba, y jamás consigues que se ponga el cinturón en el coche sin tener antes una buena discusión y que se lo cruce por el hombro para “engañar a la guardia civil“.
Maruja: Rebelde sin causa.

Maruja

Maruja era mi abuela, la última que me quedaba, y hoy nos ha dejado.
Y no sé si me da más miedo olvidarla, o echarla de menos.
Gracias por todo lo que nos has dado y enseñado.
 
 
 

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Autor

  Moleskine de viaje de...

...un poeta novato en busca de diccionarios donde encontrar letras y colores que dibujen cielos y momentos, amante de la vida y sus Nirvanas, de canciones, gestos, olores... ¡Cómplice de atraco a palabra armada junto a Joaquín! Busco el hueco para deslizar mis dedos húmedos y lascivos por entre las piernas de la vida, mientras avivo mi mirada de Peter Pan, mientras con detergente me esmero en conservar el alma lo más blanca posible.

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