Desde dentro…

Oct
27
2017

Se nos acabó el amor de tanto usarlo

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Desde dentro..., Relatos o Versos     comentarios cerrados


Entonces ¿Cómo te sientes? — me preguntó ella sonriente, metiéndose tan dentro de mi como podía con aquellos infinitos ojos azules.
Le devolví la sonrisa, no podía hacer otra cosa, aunque mi corazón estuviera gris y la ilusión que veía en su mirada no fuera más que un cruel castigo para mi más sincera realidad sentimental.
Ya sabes cómo me siento, respeto tu punto de vista, pero no lo comparto. — repliqué, nervioso y sintiéndome tan atrapado como en otros momentos de aquella relación tan repleta de altibajos, odiaba esa sensación, la privación de libertad es un dolor insoportable que solo entiende quien la ha vivido.
¿No crees que deberíamos darnos otra oportunidad? — dijo, vital e ilusionada.
Volví a mirarla, esta vez sin sonrisa y con gesto serio; luego miré al suelo y dejé volar mis pensamientos intentando encontrar equilibrio y razón para hilar palabras con un cierto sentido y orden.
Me gustaría tener la fe de que lo nuestro puede funcionar, pero he acabado tan desgastado que ahora mismo me resulta imposible concebirlo. Deseo que encuentres tu paz, yo buscaré la mía, pero el cielo que acabó volviéndose un infierno no es sitio para mi ahora, necesito aire limpio y mar. Mereces plenitud y alguien que aporte tanto como tu das, y sabes que yo lo intenté, fue algo progresivo que a mi me permitió ir cogiendo ritmo, y al final nos equivocamos de caminos y nos rompimos. Hay que aceptarlo y volver al principio, no de nuestra relación, sino de nosotros, recuperarnos para poder entregarnos al mundo y a la vida, y no se esclavos del miedo y la angustia como éramos.
Pero hubo tanto amor y pasión, tantos buenos momentos ¿No quieres volver a todo eso? — me preguntó sonriente y vital, como ella era siempre.
No se trata de querer, sino de poder… me costó tanto salir de una caja en la que me sentía encerrado, que ahora, el más mínimo espacio cerrado me genera claustrofobia ¿entiendes eso? — le dije, intentando ser razonable y tranquilo.
Pero… algo tan bonito, tan mágico, éramos una familia ¿A dónde va todo ese amor? — preguntó, con voz temblorosa.
Quizás… se nos acabó el amor de tanto usarlo. — le dije. Y me creyó, vi apagarse el brillo en sus ojos y en los mismos contemplé cómo su corazón se partía en mil pedazos. Algunos de esos fragmentos se incrustaron en mi alma y mi propia piel, y seguirán ahí para siempre.

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Sep
12
2017

“Anything can happen”

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     comentarios cerrados


(Cualquier cosa puede pasar)

Últimamente me siento en una encrucijada, pero no una de dos caminos… sino la unión de muchos más senderos de los que soy capaz de ver, y entre los que debo elegir. Intento tomarme mi medicación para no ver casualidades por doquier, intento no soñar despierto con besos imposibles, intento no darle rienda suelta a este corazón tan podrido de latir, y sobre todo, me centro en mi mantra de intentar siempre mantener la calma y seguir adelante, aunque sea despacio.

Contemplo criaturas celestiales y pienso si realmente hay “Una” distinta, única, especial y “para mi” o es todo tan solo el espejismo colectivo de una pertenencia imposible. Me pregunto si hay magia de verdad o el amor al final es solo un buen truco, esa ilusión a la que no le vemos las mangas y que no somos capaces de entender jamás, pero que es mentira. Quizás esos delirios fugaces sean todo, quizás algo perfecto no pueda ser eterno por definición, pues “Nada perfecto dura para siempre excepto en nuestros recuerdos“.

En días así siento que cualquier cosa es posible, desde apearme de este planeta por un atropello o un infarto, hasta conocer al amor de mi vida antes de que acabe el otoño, o incluso que ya la conociera de antes, de mucho antes, o incluso que pudiera dejar de creer en ella (La resistance! Eso jamás)… o que comience una nueva y apasionante etapa vital con mejor salud y mayor percepción de esa energía que creo, modela el mundo.
Todo parece importar tanto, y a la vez… dar tanto igual.

Aferrarte a las pequeñas cosas, redifinir más que la forma de andar. Como leía hoy en twitter, quizás no sea momento de pasar página, quizás haya que pasar el libro entero. Reencontrar esa melodía…

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Sep
5
2017

¡No al maltrato!

 Escrito a las 12:00     Archivado en: Desde dentro...     comentarios cerrados


Hay cosas que no entiendes hasta que no las vives en tu propia carne, una cosa es escuchar a alguien hablar de maltrato, y otra, es vivirlo. Durante años he tenido cerca el maltrato psicológico, tan aceptado socialmente, sobre todo en un sentido… del hombre a la mujer. Los clásicos “Es que tu no vales” o el “No tienes ni idea” son el comienzo de un camino oscuro que lleva a sitios muy tenebrosos, en los cuales se destroza el alma de un género que le da sentido y belleza al mundo.

El machismo, arraigado y aceptado, no se desvanece todo lo rápido que nos gustaría, e incluso el hombre que se crea más equitativo tiene en su subconsciente el virus que la sociedad le ha implantado con respecto a una igualdad aún lejana.
Sin embargo, también los hombres sufrimos maltrato. Tan solo hace falta una mujer dispuesta a imponerse y un hombre que poco a poco, vaya aceptando un rol más sumiso, y enamorado, intente satisfacerla y complacerla.
Una vez me crucé con una mujer que vivía de bronca en bronca y que se pasaba el día gritando demandando atención y cariño, que confundía querer con poseer y que quería tener siempre a “su hombre” cerca, que no le importaba que yo renunciara a todos mis amigos para estar con ella ¿Qué más podía necesitar?. Durante un tiempo, sentí en mi piel todo esto de lo que hablo.

¡No pienso tolerar tu maltrato!
— ¿Maltrato? Anda, no me seas nenaza, que eres sólo medio hombre.
¡No voy a dejar que me insultes!
— Pero cariño, si yo te quiero más que nadie en este mundo.

No tengo ni idea de la teoría de este tipo de procesos de maltrato, pero aunque desde fuera resulte imposible de creer, un amor mal comprendido es la base de todo. Es un amor enfermo, posesivo, y por lo que he visto, el maltratador tiene un serio complejo de inferioridad que intenta superar machacando a la otra persona e intentando ponerse siempre por encima, y siendo incapaz de ser mejor… intenta debilitar a la otra persona para conseguirlo.

El problema es que el maltratado se queda enganchado a esas subidas y bajadas, a ese deseo de revivir esos momentos elevados en los que eres lo más importante y hermoso para esa persona que cuando está bien, que te mira y te quiere como si fueras el centro del Universo. ¿Qué luego vienen las malas rachas? Sí, claro, hay que llevarlas lo mejor posible, porqué el/ella me quieren de verdad, y es algo que no puede controlar, y cuando estamos bien estamos muy bien, hay que sacar esto adelante…
Las excusas se suceden, y la cárcel, que se forma lentamente alrededor del maltratado, es real, aunque él/ella no la han visto pues se ha ido construyendo lentamente, está claro que si el primer día alguien te trata como lo hace unos meses o años después, le mandas a paseo sin dudarlo.

Si de verdad amas a una persona, serás feliz viéndola crecer y volar, incluso por encima de ti.
Si tenéis un amigo o amiga que está siendo maltratado, apoyadle con cariño, dejad que descubra qué necesita y cuándo, dadle vuestra opinión si la pide y recomendadle terapia, y recordadle que hay vida más allá de esa relación y mil cosas geniales por vivir, recordad que no ve lo mismo que vosotros y que aunque sufre, está enganchado a una relación que se muere porque alguien le consume lentamente la vida.

A veces el proceso me recuerda tanto al tabaquismo…

No hay justificación para el maltrato, ni físico ni psíquico, y por ello no se debe disculpar ni perdonar, si no eres capaz de sentirte igual a otra persona y para que sea así necesitas destrozarla hasta que esté por debajo de ti, necesitas terapia urgente y prolongada.

¡No al maltrato!
 


 
 
 

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Ago
22
2017

Esquiva cordura

 Escrito a las 22:59     Archivado en: Desde dentro...     comentarios cerrados


Hoy he tenido un día con dos o tres momentos extraños, de esos que los frikis identificamos perfectamente con un “fallo en Matrix”. No son dejavús pero sí de la misma familia. Es escalofriante tener la sensación de que alguien con quien hace tiempo que no hablas te va a escribir y que lo haga, da un poquito de miedo. No deja de ser una prueba de esa conexión entre todos, de ese “Internet” entre personas tan poco estudiado y al que quizás algún día la ciencia le de una explicación.
A veces creo volverme loco, perder el Norte, ahogarme en una soledad que no siempre entiendo ni soy capaz de perdonarme, incapaz de ver la luz que se esconde tras todo eclipse, oculto bajo una montaña de papeles llenos de incomprensiones, peleas, e insultos que no hacen sino esconder la verdad de un amor imposible de ocultar.
En esos momentos no tiene precio tener a tu lado a alguien que te diga “No, no estás loco“, alguien que te diga “Hiciste lo correcto“, alguien que te diga “Yo habría hecho lo mismo que tu, pero quizás antes, qué paciencia tienes“, con esos elogios eres capaz de sentir esa brisa que en días tan calurosos como los que han visitado la capital este verano supone un alivio que casi no tiene precio.
A veces el mundo parece querer abrazarte, y otras, darte una o varias patadas en los huevos.
Y no te queda otra que pararte a escuchar, para ver qué dice, y no te queda otra que intentar entender su balbuceo mientras sigues perdido. Y en esos momentos me aferro a la idea de que estar perdido, es siempre el paso previo a reencontrarse.

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Jun
14
2017

Entre olas

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro...     2 comentarios


Nadie se ha perdido en un camino recto, reza algún proverbio, y nunca deja de sorprenderme, por hermoso e igualmente triste, en cómo la vida nos erosiona al mismo tiempo que nos hace crecer, el inherente precio del tropiezo en el aprendizaje, en cómo cambiamos sin darnos cuenta, y al ser tan lentamente… dejamos de entender qué vemos en el espejo.
Me preocupa cuánto de mi silencio tiene que ver con la vergüenza, y cuanto es simplemente el priorizar el vivir sobre el contarlo, o quizás tan solo que las musas crueles me han abandonado dejando tan solo un saco de huesos y miedos incapaz de hilar cien palabras con sentido.
Quizás sea tan solo la venganza de los errores cometidos cobrándose su revancha.

Yo siempre fui el vaivén de un oleaje buscando su equilibrio, disimulando sus carencias entre la espuma de un mar que escondía más secretos de los que podía imaginar. Cruzando huracanes, siempre he buscado y valorado ese mar en calma que ahora me llama más que nunca.
No hay tormenta sin días de Sol, ni oscuridad sin luz que la desafíe.
Quizá el mundo se convirtió en esto pues dejé de luchar para qué mutara en otra cosa.
O quizás es tan solo esa actitud, capaz de hacerte ver prados en desiertos, y viceversa.

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May
19
2017

Y sí existiera Dios…

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro...     1 comentario


Hoy hubo un momento en que ese pensamiento cruzó por mi cabeza.
Comenzaron a sucederse cosas tan improbables, que parecían dispuestas por algo superior.

Ayer yo me acosté con la garganta dolorida, y aunque esperaba equivocarme, no fue así y tras una noche de fiebre, me tocaba ponerme en marcha. Esperaba ir al médico y que me dijera “Estás malito, descansa y vete a trabajar si puedes el Lunes“, yo tenía la tarde de Viernes libre, y esperaba disfrutar de una partida con mis amigos y un momento de descanso más que necesario por todo lo que me ha pasado últimamente. Ahora todo se reducía a mi fiebre, quería hacerme bolita en mi sofá y verme alguna de mis películas favoritas entre sudores.

Me vestí entre temblores, y a las 6:45 estaba en camino. Me crucé Madrid en coche, acompañado de mis inefables Berto Romero y Andreu Buenafuente en su podcast “Nadie sabe nada”, que conseguían arañarme alguna risa en medio de mi malestar.
A las siete envié un email a mi compañero avisándole de que estaba mal y que según lo que dijera el médico, igual no iba al trabajo.
Eran las 8 de la mañana cuando esperaba que abriera la consulta, y me llamó mi compañero, yo suponía que para ver qué tal estaba yo.
Me decía que le había dado un latigazo en el lumbago y que no se podía mover, él tampoco podía ir a trabajar.
Eso reducía mis opciones a una cosa: Yo tenía que ir a trabajar, por mal que estuviera, y todo el día, no solo la mañana.
Faltaban 20 minutos para que abriera la consulta, y después, esperaba irme a casa a descansar.
En ese momento me llevé uno de los chascos más grandes de mi vida, se rompieron todos mis planes e ilusiones más básicas para aquel día, e hice de tripas corazón, y puse rumbo a mi trabajo… faltando mi compañero, me tocaba ser el referente tecnológico de mi oficina.

¿Qué posibilidades había de que un mismo día los dos cayéramos tan enfermos?
Mi mañana fue agotadora y empezó por un debate absurdo con mi pareja, de esos que invitan y obligan a la reflexión. De repente, el problema no era si yo estaba enfermo o no, ni lo de mi compañero, sino si podría ir al día siguiente al mediodía al Ikea.
Me sentía como bajo una cámara oculta, algo a lo que mis 39º (compré un termómetro en una farmacia) no ayudaban.
Lo sucedido me dio la calma y la fuerza para exigir espacio y descanso.
Y en medio de todos esos pensamientos febriles yo pensaba:
Y si existiera Dios y ha diseñado este maquiavélico día para regalarme una oportunidad.

Y en mi febril realidad, tenía sentido que fuera así…

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Autor

  Post-its desordenados de...

...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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