Desde dentro…

Jun
21
2019

Aprovechando tu segundo

 Escrito a las 17:00     Archivado en: Desde dentro...     Añadir comentario


 
 
 
La vida es un segundo… y pasa volando.
Es algo que gana más valor y sentido según pasan los años.
Pero siempre está vigente del mismo modo, aunque con los cuarenta empiecen los achaques, y cuando eres niño sientas que puedes correr más que el viento, en cualquier momento… puedes estar a un solo paso de tu final, y no solemos ser conscientes de ello. No hay garantías de nada, no existe nada eterno, y el “siempre” es la mayor mentira de todos los tiempos, una que hace de nórdico para darnos calor, pero que es imposible de agarrar, como cualquier otra nube de las que habitan nuestro cielo.
Asusta mirar alrededor y ver a un deportista de élite tener un infarto a sus 38, o a un abogado de prestigio mundial morirse de una grave enfermedad en dos meses, pese a tener todo el dinero del mundo, la vida sana perfecta y a todas las personas que hagan falta para cuidar de ellos. Somos seres de papel, somos estrellas fugaces, volamos un mágico instante por un firmamento que aunque crucemos no es nuestro… es un regalo y un préstamo a la vez, es un tesoro que no tiene precio, y sin embargo, que no solemos valorar adecuadamente.
Vivamos sin miedo, agotemos los besos, las caricias, los abrazos y las sonrisas, hagámonos el amor con ropa y sin ella, mojémonos con las olas del mar y respiremos bien hondo, olvidemos rencores y volemos libres, huyamos de prisiones y de cazadores, seamos sinceros… sobre todo con nosotros mismos, aprendamos o disfrutemos de lo aprendido, seamos con los demás cómo nos gustaría que fueran con nosotros, suframos lo justo y necesario, centrémonos más en ser que en parecer.
Aprovechemos este segundo que nos regala la vida, antes de que se acabe.
 
 
 

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May
7
2019

“El amor”, según mi libro favorito (El Profeta), de Kahlil Gibran

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro..., Relatos o Versos     1 comentario


Dijo Almitra:
Háblanos del Amor.
Él levantó la cabeza, miró a la gente y una rara serenidad de acero y miel inundó sus almas.
Cuando el amor os llame, seguidlo; aunque sus caminos sean duro y difíciles.
Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos; aunque os hiera la espada que entre ellas se esconde.
Y cuando os hable, creed en él; aunque su voz destroce vuestros sueños, tal como el viento del norte devasta los jardines.
Porque así como el amor os corona, os crucifica.
Así como os hace crecer, os poda.
Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.
Como trigo en gavillas os une a vosotros mismos. Os desgarra para desnudaros.
Os criba para libraros de las células envejecidas de vuestra piel y las neuronas marchitas que pudren vuestro cerebro. Os desinfecta, rescata vuestra inocencia.
Os amasa, hasta volveros flexibles y dóciles.
Y os cuece en su fuego sagrado para convertiros en el pan consagrado de la fiesta de Dios.
Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.
Pero si, en vuestro miedo, buscáis solamente la paz y el placer del amor, entonces será mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales. Hacia un mundo sin primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.
El amor no da nada más que a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.
El amor no posee ni es poseído.
Porque el amor es suficiente para el amor.
Cuando améis no debéis decir:
-Dios está en mi corazón.
Sino más bien:
-Yo estoy en el corazón de Dios.
Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque será él quien, si os encuentra dignos, os lleve de su mano.
El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.
Pero si amáis, y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:
Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.
Saber del dolor de la demasiada ternura.
Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.
Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.
Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar. Volver al hogar con gratitud en el atardecer.
Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.

A veces no está mal, recordarle a uno mismo, un extracto de su libro favorito.

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Feb
13
2019

“Días extraños”, con Nacho Vegas

 Escrito a las 17:38     Archivado en: Desde dentro..., Música     comentarios cerrados


…Sigue recto, hay un desvío
tomaló hasta el final
si hemos hecho algo mal amor
verás una señal.
Pero no iba llegar,
y avanzamos igual
como atraídos por el Sol
hacia su mismo centro
hay días en que valdría más
no salir de la cama
en solo un minuto vi mi vida cambiar
si solo era un juego pregunté
dónde esta la gracia
y todo el camino aquella extraña canción
Bara bam bam bam
y no nadie dijo nada
no nadie dijo nada
nadie dijo nada
nada más.

 
Nacho Vegas — Días extraños
 


 

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Ene
28
2019

El rencor que te retuerce

 Escrito a las 10:30     Archivado en: Aullidos, Desde dentro...     1 comentario


He de confesar que estas últimas semanas he pasado más veces de las que me gustaría por sitios que no debería transitar, sitios oscuros y vacíos, pozos para un alma que sigue caminando sabiendo que siempre hay salidas. El rencor hacia mi última pareja es difícil de gestionar, su comportamiento y sus acciones pueden ser comprensibles bajo su punto de vista, pero bajo cualquier otro… es tan duro ver a alguien que quieres escoger quedarse con un maltratador por miedo a estar sola, que me aterra que algún día protagonice alguno de esos lamentables titulares y yo ni me entere, el trato cordial nos está prohibido también por una persona que como los partidos políticos, promete mucho pero no puede esconder su verdadera y cruel cara. Pero bueno, siendo justos, mucha gente sufrió lo suyo cuando yo estaba con ella por eso mismo.

El amor, el rencor y el odio bailan un tango peligroso… supongo que solo el tiempo puede hacer olvidar esa amargura de haberte sentido engañado y utilizado, pero intento disculparme diciéndome que todo es muy reciente, hace poco más de una semana que ella se casó con él, con el loco malo, y no hace más de cinco o seis meses que ella forzó nuestra ruptura, supongo que influenciada por el lavado de cerebro de este sujeto que no tenía otra cosa qué hacer que irla desgastando hasta convencerla de que su locura y sus actos habían sido fruto de los celos. Cada uno hace sus elecciones y hay qué aceptar las de la gente que queremos, por duras que sean.

Debo perdonarme por las cosas que hice mal y al mismo tiempo ser justo y no olvidar que éramos agua y aceite, yo intenté mezclarnos muchas veces pero ella solo quería que yo me convirtiera en aceite, y que lo hiciera en unos plazos muy limitados, sin valorar mis gestos ni mis esfuerzos, yo me adaptaba a un mundo del que ella no quería cambiar casi nada… y hay que ser, ante todo, uno mismo. Si algo me encantaba de ella era su forma de luchar por todo, impaciente e inagotable, pero se obsesionó con una idea, y dejó de pensar en nosotros y cuidar la pareja, ya solo le obsesionaba un contrato imaginario, olvidando algo que teníamos ante nosotros y que yo creía real.
Al final había tanto miedo, ruido y desasosiego, que nos consumió sin remedio.
Ojalá mi intuición sea errónea, él sea lo que promete, y sobre todo, ella encuentre la calma que merece.

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Ene
23
2019

No Angel (II)

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro..., Relatos o Versos     1 comentario


Pasó tanto tiempo desde las 00:20 que dijo que venía hasta la 1:20 que llegó… que llegué a pensar que era todo una broma pesada y que debía meterme en la cama.
Mientras tanto, vi algún vídeo de monólogos en el portátil y eché alguna partida en el móvil. Quería que el tiempo pasara rápido… y si se hacía muy tarde y era todo una broma, pues me llevaba un rato entretenido, una ducha profunda y revitalizante, y un recuerdo. Estaba considerando el dormirme, y de repente, escuché unos golpes tímidos en la puerta.
Abrí lentamente y allí estaba ella sonriente, con unos ojos preciosos y una sonrisa nerviosa. Su melena recogida y rizada era tan sensual, aquel lunar le daba tanta personalidad, y era de mi altura con tacones. Llevaba un vestido de una especie de raso marrón que dejaba ver su espectacular cuerpo, y su escote descubría aquel perfecto tesoro que me había dejado con la boca abierta en la foto que me había enviado desde la ducha.
Hola… pasa. – Le dije tembloroso. – Me parece increíble que estés aquí, llegué a pensar que era todo una broma, o un sueño.
Ella pasó y se notaba en su forma de moverse sus nervios.
Yo no hago cosas así nunca. – me dijo. A lo que respondí: Sí, lo sé, yo tampoco, vaya dos nos hemos ido a juntar.
Se sentó en la cama y mientras nos mirábamos fijamente, comenzó a relajarse. A los dos minutos de haber llegado ya la notaba mucho más tranquila, y se quitó la chaqueta y se descalzó. Contemplarla era un espectáculo. Su manera tan sensual de moverse, la perfección de su piel, su boca con unos labios grandes y carnosos, su piel ligeramente morena, su sensacional escote. Pero sobre todo, nuestras miradas cruzándose, aquel modo de quedarnos perplejos, recordando a dos enamorados, pero más “presente” quizás… perderme en aquellos ojos, era perfecta y plena paz.
Estuvimos hablando un buen rato, vimos juntos Hong Kong desde la ventana, hablamos por encima de la vida y sus cosas, de trabajos y de momentos vitales, pero sin entrar en sitios molestos como el que ella tuviera pareja y un hijo, y yo repasar lo que había sido un año muy complicado para el corazón y el alma.
Le di un beso en el hombro, yo estaba tan nervioso como ella, y no dejábamos de mirarnos sin comprender aquel guiño del destino, aquel encuentro tan extraño y especial de dos hispanohablantes en una ciudad de 7 millones y medio de habitantes, aquella magia fugaz conectándonos.
Y llegó el ansiado momento en que me besó. Aquellos enormes labios eran un abrazo, eran un nórdico, eran deseo… y hacían que yo me sintiera novato e indefenso ¡Yo! Mis labios decidieron que estarían a la altura y que no se iban a amilanar, y se entregaron sin miedo… saltaron al precipicio de aquella sagrada y celestial boca.
 
Bailamos… acariciar su piel fue descubrir de nuevo el tacto, tantear la perfección de sus formas era como un poema inédito de Neruda, el olor de su boca, de su pelo, de su cuello… su piel de gallina cuando le besaba en los sitios adecuados. De su cuello bajé a los hombros como una excusa perfecta para deslizar con mis labios sus tirantes, primero el derecho y luego el izquierdo, el vestido se resbaló y quedaron sus pechos al alcance de mi boca, y los besé con pasión mientras escuchaba su respiración acelerarse un poquito más, y no paraba de recorrer su piel, no podría cansarme de aquello, bajando por su barriguita mientras se reía por las tensiones liberadas y las cosquillas que le producía mi barba.
La puse de pie para dejar que el vestido se cayera al suelo, y aproveché para deshacerme también del tanga. La tumbé en la cama y volví a empezar en su cuello, aunque esta vez tenía claro mi objetivo. En unos segundo recorrí un cuerpo tan familiar pese a la novedad, de los hombros a los pechos, al ombligo, a los muslos… y aunque le daba un poco de vergüenza, fue más rápida y decidida mi lengua que cuando quiso darse cuenta ya exploraba su sexo dejándola indefensa ante mi.
Y así pude aprender sus ritmos, lo que le gustaba más, mirando de vez en cuando hacia ella y admirando la forma de sus pechos, seguí trabajando en un ritmo que elevara sus bioritmos. En medio de aquella pasión me susurró que se iba, que se iba, y yo seguí pues quería sentir en mi boca el temblor final de su cuerpo… y así fue, un espasmo perfecto, sintiendo en sus músculos la explosión a la que ponía melodía con sus gemidos. Pocas cosas me gustan más en la cama que sentir eso… y ese fue su primer regalo aquella noche.
 
Yo no podía pedir nada, ella tampoco podía dar, y sin embargo, me dio todo.
Era de esos labios por los que saltarías al vació sin paracaídas, feliz y sin miedo.
Bailamos, hicimos el amor y disfrutamos hasta que mi ángel quiso plegar sus alas.
Yo le habría hecho un hueco en mi cama de hotel, pero ella quería volver al nido de su casa alquilada.
Ambos nos despedimos sin saber si nos volveríamos a ver, ni cuando… ni dónde.
Aquellas horas juntos, aquellos momentos perfectos, se convirtieron en un tatuaje en mi alma, que no querré borrar nunca.

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Ene
9
2019

No Angel (I)

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro..., Relatos o Versos     comentarios cerrados


Aquella noche a varios miles de kilómetros de mi casa estaba algo aburrido y había acabado una serie que me había llevado en el portátil para el viaje. No sé muy bien el motivo, pero me dio por abrir Tinder como remedio contra esa endémica soledad del alma, y decidí darme un “paseo virtual”. Cuando llegaron los primeros “match”, empecé alguna conversación insulsa que acababa en una oferta sexual con un precio concreto, descartando quedar con nadie. Tras hablar con un amigo un rato, me dispuse a dormir cuando vi un mensaje en mi móvil de esta aplicación.
Hola – decía.
Acostumbrado a hablar en inglés, me llamó la atención que fuera en español y le contesté.
Hola ¿Qué tal llevas la semana?
Era Jueves y yo veía cerca el fin de mi estancia en la gran metrópolis asiática.
Bien, tranquila, estoy de vacaciones ¿y tú?
Le conté que estaba trabajando en Hong Kong esa semana, y que en realidad, vivía en Madrid. Ella me dijo que vivía en otra ciudad europea, pero que estaba de vacaciones pues necesitaba una desconexión del mundo real.
Estoy de vacaciones solita.
Elogié su sonrisa en las fotos que tenía puestas en su perfil, me costaba creer que pudiera estar hablando con una mujer tan espectacular y hermosa. Me contó dónde había nacido, y al matiz de que estaba solita, le pregunté si estaba soltera, esperando que en cualquier momento me confesara que estaba disponible por un precio, algo muy habitual en estos sitios.
La verdad no estoy soltera, bueno, solamente por esta semana ¿y tú?
Me quedé sorprendido de escuchar eso, uno siempre espera encontrar gente soltera en estas aplicaciones, pero no siempre es así. Me intrigó mucho aquella última frase, y seguí la conversación.
Tiene que ser una historia muy interesante la tuya. – le dije, la notaba agobiada, deseando escapar de algo.
No me juzgues. – me dijo. Y le respondí un “Para nada” que evitara que se molestara, ni yo era nadie para juzgarla ni conocía qué motivos la habían llevado a estar sola en Hong Kong.
Seguimos hablando de nuestros trabajos y de la vida, de la zona de la ciudad en la que estaba mi hotel y de en la que estaba ella, hablamos un ratito más… y le di mi whatsapp a ver qué pasaba.
 
 
Al ver su avatar de Whatsapp me quedé sorprendido pues confirmaba que era ella la de las otras fotos, y que era guapísima. Allí continuamos la conversación, esta vez estaba más tranquila y animada.
No tardó en decirme un “cariño”, qué dulces son las mujeres latinas, aunque me daba miedo que ahora llegara la letra pequeña.
Le lancé una indirecta de que si necesitaba un abrazo, y ella la recogió:
Qué lindo jajaja un poco de cariño sí me hará falta.
Me quedé con los ojos abiertos, y parecía que ella entraba al trapo.
Cómo jugando al póker, hice un all in. Le envié una foto de las vistas de mi habitación, en la planta 31, y al fondo, una luz brillaba en la zona en la que ella estaba en su apartamento, al otro lado del río. Le dije que con un Uber estaría en mi hotel en 5 minutos, y que yo podía enviárselo en cuánto me dijera.
Tardó 5 eternos minutos en contestarme.
Antes de que lo hiciera, le solté un “No quería molestarte” por si había ido demasiado rápido. Su respuesta fue que para nada había sido así.
Luego empecé a balbucear, tan típico en mi, intentando convencerla de lo interesante de vernos, sabía que en el fondo ella quería tanto como yo el encuentro, pero le daba miedo, lo cual era más que comprensible. Era dulce y encantadora, pero sus respuestas tardaban 5 o 6 minutos (más tarde me enteraría que era por problemas con su móvil).
Tardó luego otros diez minutos en decirme algo más.
Yo le sugerí que podríamos vernos el Viernes un rato, en caso de no querer en aquel momento.
¿Ya te vas a dormir? – me preguntó.
Mi respuesta fue clara, estaba cansado y llevábamos una hora hablando.
Si no vienes sí.
Respondió con una foto de ella de cuerpo entero metida en la ducha.
Mi mandíbula se me desencajó y se me disparó el corazón al pillarme por sorpresa ¿Era real lo que me estaba pasando?
Dame un rato que me preparo. – me respondió, y entonces el que se metió en la ducha fui yo.

Continuará…

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  Boletín no diario de...

...un ser humano normal, sin aparentemente nada llamativo ni destacado... salvo quizás una visión diferente del mundo, coleccionista de sonrisas y abrazos, que intercambio por buenas conversaciones. Normal... salvo que puedo ver tu alma en tus ojos, que era gallego antes aún de haber nacido, que tengo tanto que ofrecer y tantos colores con los que pintar... que estoy seguro de que vale la pena conocerme.

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