Desde dentro…

Ago
20
2020

Amar mejor

 Escrito a las 17:00     Archivado en: Desde dentro..., Reflexiones     comentarios cerrados


Estas últimas semanas he hablado con varias personas que tienen problemas sentimentales, parece que el Covid afecta también al corazón, y hay quien anda cómo alma en pena por esos caminos sentimentales llenos de piedras que enseñan tanto en la vida, y nos dejan el corazón en pedazos, al sol o completamente congelado.
Una amiga mía, está destrozada porque tras intentar una nueva relación con el padre de sus hijas, a los dos meses parece que él se retractó y con el confinamiento de por medio, decidió seguir con su vida. Él se comporta tras dejarla cómo si hubiera dicho «Voy a comprar pan» y ella se encontró un buen día con que, tras haberse vuelto a enamorar de alguien muy importante para ella, él decidió seguir su camino solo… o no, pues hay serias sospechas de que hay alguien más en la vida de él. Mi amiga no sabe cómo gestionar esos celos, y se consume en un vaivén de días con algo de luz y días de total oscuridad. Yo le he soltado mis charlas motivadoras pero ni aún así… supongo que sólo el tiempo puede curar algo así.
Y este tipo de desajustes me recuerdan mucho a un vídeo que vi hace unas semanas por azar, de un loco genial llamado Mooji. No soy yo de gurús, pero la sencillez de este hombre siempre me ha cautivado, y su sonrisa es tan pura y dulce. Mooji es un maestro espiritual nacido en Jamaica, cuyas creencias se entrelazan con el hinduismo, más concretamente a la doctrina vedanta adwaita (‘no dual’, no hay almas y Dios, sino que las almas son Dios).
Pero a lo que voy, el vídeo se titula «No need to be loved«, y la curiosidad me hizo pinchar…
(a mi me sale con subtítulos activados, si no es así activadlos en español)
 


 
Reflexiones superinteresantes sobre cómo llevar de un modo sano las relaciones.
A lo largo de mi vida he encontrado reacciones de tantos tipos, y me he sentido, cómo la chica, con miedo de perder a alguien, siendo algo que casi conseguía volverme loco. ¿Qué pasó? Pues que la perdí, claro, y cuando me recuperé y volví a ser yo mismo, volvió, aunque entonces era yo el que buscaba algo diferente. Aunque existan estereotipos, cada persona tiene su modo de entender las relaciones y de amar. Hay quienes agotados de tantos intentos prefieren estar solos, hay quienes enganchan uno con otro por miedo a estar solos. Hay quienes al romperse una relación se enfadan y se vuelven violentos y agresivos pues sienten les han robado una propiedad, hay quienes incapaces de expresarse tras la ruptura se encierran en una cueva meses o incluso años.
Pero sobre todo, lo más importante, es, cómo decía Shakira «…Siempre supe que es mejor, Cuando hay que hablar de dos, Empezar por uno mismo…«. Debemos empezar por estar bien en y con nosotros mismos antes de sumergirnos en una relación, precipitarse es quizás el error más habitual, buscar una plenitud que está en nosotros mismos fuera… cómo si la otra persona fuera la encargada de entregarnos esa felicidad, y de preservarla. La amiga de la que os hablaba al principio siempre ha tenido esa misma ansiedad que la chica del vídeo, la misma que tenía aquella mujer que tenía 4 hijos con la que estuve, y que he visto muchas veces… y sentido, por desgracia. Esa ansiedad de «Necesito a alguien para estar completo» es un espejismo, un engaño, es un ruido que ahoga un silencio que no soportamos.
 

 
«Uno debe encontrar la verdad de uno mismo y ser eso.
A no ser que te conozcas a ti mismo no sabrás lo que es el amor de verdad.
 
Amor y verdad son uno.»

 
Mooji (1954—    )

 
 
Sigamos aprendiendo, sigamos caminando,
amemos bien, no amemos tanto que se nos vaya de las manos.
Busquemos una luz que nos llene el corazón,
y no busquemos una luz con la que atraigamos a otros corazones.
Cuando encontremos esa luz, otros se acercarán,
a empezar la conversación.
 
 

Porque la vida puede ser maravillosa.»
 
Andrés Montes
(1955-2009) ¡No te olvidamos jugón!

 

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Ago
12
2020

El Solucionador de problemas

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro...     comentarios cerrados


Todos tenemos uno u otro superpoder, y creo que es importante valorarlos, y pensar siempre más en lo que se tiene que en lo que te falta. Por ejemplo, dada su escasez, el sentido común parece cada vez más un superpoder, igual que la honestidad tan poco abundante no solo en los políticos, sino en todos ¿Quien podría asegurar sin miedo que siempre ha dicho la verdad? Yo tenía una amigo que presumía de ello, y precisamente era de lo que más carecía, pues él vivía en un mundo emocional que no existía y se inventaba las reglas por las cuales sus actos o palabras eran verdad, pero no por mucho repetir o querer creer algo lo convertimos en verdad.
Y ese mismo amigo también tenía un superpoder que rivalizaba con el mío, era un poderoso hechicero solucionador de problemas. En este mundo tan lleno de trucos y artilugios, existen soluciones para problemas que incluso no sabemos que tenemos, hay mil procedimientos y modos de hacer las cosas, formas correctas de pelar una naranja o de ayudar a una persona a superar una ruptura, maneras de gestionar tus contraseñas o modos de conservar un amigo, diseños para colocar del mejor modo posible los geles de la ducha o consejos que pueden ayudarte a tener una relación en pareja más enriquecedora y sana. Y en la competición que parecíamos tener por la vida, a menudo él sobresalía técnicamente, al ser muy inteligente y bastante creativo. Pero claro, su invalidez emocional hacía que todo lo que tuviera un poco de corazón o alma fuera para él un enigma indescifrable, en el que se atoraba una y otra vez. Sin embargo para mi era algo más sencillo a la hora de intentar entenderlo, hay cosas en las que hay que aparcar la lógica y dejar que sea el corazón el que ponga el cerebro.
 

 
Hoy me daba cuenta de cuántas cosas resuelvo cada día, en uno de esos días en los que liquidas varios problemas y haces muchas gestiones para resolver otros.
Últimamente he entrado en una sinergia que ha elevado mucho mi actividad diaria. Empezando por esa maravillosa reforma del salón y de mi estudio, y siguiendo por la venta vía Wallapop de todas aquellas cosas que ya no uso o necesito, es increíble lo importantes que son las limpiezas. En el fondo envidio a quienes pueden vivir sólo con una mochila, aunque el equilibrio va más allá de lo físico y material y quizás las maletas más peligrosas sean las emocionales y sentimentales, las incomprensiones y los rencores, la incapacidad de evolucionar o la ausencia de amor.
No hace mucho, me decía una amiga acompañados de un refresco, que yo le había aportado mucho en su proceso de vivir en presente. Me sorprendía tanto, siempre lo ha hecho, el darte cuenta de que puedes cambiar la vida de una persona con tu consejo o apoyo, o el que puedas ser un faro en su día más oscuro, es algo que te cuesta de aceptar y de creer. Me pregunto si los psicólogos que escriben libros que ayudan a decenas de miles de personas se detienen a valorar el peso de su labor, si pueden ver cuánto ayudan a sus lectores.
En mi caso… no sabría decir si he ayudado a 5 o 10 personas, o a muchas más. Alguna vez, algún lector de este blog ha hablado para dejar constancia de ello, aunque nunca hubiera comentado antes, dejándome boquiabierto. Me parece increíble que un consejo mío pueda ser escuchado con cariño y convertido en un cambio importante para alguien. Supongo que estamos acostumbrados a que los consejos entren por un oído y salgan por el otro, y no a que sean madurados y transformados.

Lo primero que aprendes cómo solucionador de problemas es que debes aceptar que no puedes resolverlos todos.
Lo segundo, es que no puedes ayudar a quien no quiere ayudarse.
Lo tercero, que cada cosa tiene su momento y no puedes precipitarlo.
Y lo cuarto, que por muchas normas que creas ver en el mundo, en el fondo, son mentira.

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Jul
15
2020

No hay perdón cómo el que te debes a ti mismo

 Escrito a las 1:32     Archivado en: Desde dentro...     comentarios cerrados


A menudo, aquello más importante es lo que tenemos más cerca, lo veamos o no, pues precisamente por la cercanía de lo común dejamos de ver… las gafas que llevamos puestas. Cómo nos sucede con ese fascinante secreto de la felicidad que escondemos dentro y que todos buscamos desesperadamente por el mundo, también escondemos otros pensamientos y secretos. Cómo esa virtud de comprender y de perdonarnos aquellos errores más comunes o extraños, o agradecer la inmensa colección de dichas que atesoramos, aunque no seamos conscientes de ello. Haz el experimento de vendarte un dedo sano durante todo un día. Sentirás cómo echas de menos algo que antes no sentías tener aunque usabas miles de veces cada día, y establecerás una nueva relación con tu dedo (no me seáis guarrillos). Cuando le quites el vendaje, tu dedo creerá poder volar, libre y feliz. No es sencillo, pero podemos valorar las cosas antes de perderlas, y si alguna vez has tenido una lesión habrás vivido lo vulnerables que nos sentimos al no poder caminar, o coger cosas con normalidad, o incorporarnos, o hacer funciones cotidianas… normalmente. Es entonces cuándo valoramos algo que hacemos cientos de veces sin ser conscientes… esa es la palabra clave, consciencia, la eterna lección de la que todos somos aprendices.
Otra lección vital, es el agradecimiento, y cada día lo veo más clave en la vida.
Pero hoy no pensaba en eso, pensaba en lo importante que es saber perdonarse.
Y no hablo de decirte que te perdonas, hablo de hacerlo de verdad.
Si con los demás somos duros, con nosotros somos demoledores.
Nos castigamos por saltarnos la dieta, por los objetivos no cumplidos y por las relaciones rotas, nos castigamos porque siempre hay un «pude hacerlo mejor» o un «lo que podría haber sido«. Si haces algo ¡Disfrútalo!, si eliges un camino piensa que de volver a la encrucijada seguramente cogerías el mismo sendero. Y si has dejado algún objetivo o sueño por cumplir… déjalo ir, y busca uno nuevo más humilde pero igualmente bonito, recuerda que son los viajes lo que enriquece esta vida, y en ellos habita el sabor del zumo que creemos encontraremos en el destino.
Nos castigamos al echar de menos a alguien y no ser capaces de decírselo, pero no elogiamos el valor que supone dejar partir a alguien de tu vida que no te daba el valor que merecías.
Nos castigamos por los amigos perdidos, pero no nos ponemos medallas por aquellos por los que luchamos y que año tras año siguen a nuestro lado completando nuestro mundo.
Nunca olvides que eres el héroe o heroína de tus triunfos, y un aprendiz de tus fracasos, y que lo único que no deberías perdonarte es no levantarte de un tropiezo y quedarte en el suelo llorando… e incluso si elegimos quedarnos llorando, debemos concedernos ese tiempo para ello, déjate llorar hasta quedarte seco, pues a veces el tiempo es necesario como bálsamo para que cojas la fuerza y aprendas lo necesario para levantarte habiéndote curado evolucionando hacia una versión mucho mejor de ti.
Somos maravillosos ¿No lo ves?
Pues es hora de limpiar tus gafas…

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Abr
25
2020

El mejor momento de mi día…

 Escrito a las 13:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     3 comentarios


Escrito antes del Covid… cuando todo era diferente y normal.

El despertador es cruel, y no tiene piedad,
llega un momento en el que se acaban los «snooze», y hay que partir para el trabajo.
Tras ponerme el traje que hace de uniforme, pongo rumbo, aún dormido, a un autobús que recorrerá la sierra para llevarme al centro de la capital. A lo lejos, se ve un precioso amanecer y una enorme mancha negra que los políticos niegan, pero que asegura que allí solo hay que respirar lo necesario.
Tras el peregrinaje, y una vez cerca de mi trabajo, un buen desayuno hace que mi día comience oficialmente, perdido en la selección de vídeos idiotas de YouTube mientras la tostada va cayendo acompañada de un te moruno…
Después de mi ratito de paz empieza el frenesí:
Emails a las tantas de la mañana sobre fotocopiadoras que atacan a mis usuarios, portátiles que no llevan bien las caídas, hay que hacer un nuevo pedido de iPhones y… seguro que hoy llegará algún email de la moda de esta semana: más casos de coronavirus, que si hemos viajado nos quedemos en casa, está clarísimo que no van a sacar ninguna estadística demostrando que el propio trabajo, mata bastante más gente que el cruel y fatídico virus que se encoje de hombros diciendo «pero si no soy más que una gripe incomprendida».
La pausa de la comida es siempre salvadora, una hora de paz y cosas ricas, y quizás con suerte cerrar los ojos media horita.
La tarde se lleva mucho mejor, incluso viviendo rodeado de informes. Hay que responder tres estupideces y dos cosas más razonables, parece ser que se ha acabado el sentido común en un par de departamentos, mientras alguien se acerca con una pregunta que antes de plantearte ha buscado en la red, ha probado mil cosas… y emocionado le echas una mano, no puedes llorar aunque tu corazón tiemble ante la proeza de la sencilla coherencia de intentar por ti mismo resolver algo, qué simple y qué escaso.
Llega el momento de partir para casa, hoy no regalo más fragmentos de mi alma.
Cojo un bus urbano y me hago fuerte en una esquina jugando a algo en el móvil.
Y luego otra estación, otro autobús, esta vez, directo a mi casa.
Me adormilo escuchando Alan Parsons Project y se me pasa, nunca mejor dicho, volando.
123 pasos separan la parada de mi casa, los camino contento, siempre sonriente.
Giro la llave para abrir la puerta de casa, y mi mundo se pone en pausa.
Me recibe el vaivén de la cola de mi hija peluda, y te escucho levantarte del sofá.
Vienes a mi con una sonrisa preciosa y una mirada limpia, para besarme sin prisa.
Nos fundimos abrazados, mezclando nuestros olores con besos.
Ahí estás…
eres el mejor momento de mi día.

 

 


 

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Abr
11
2020

A veces

 Escrito a las 17:00     Archivado en: A5, Desde dentro..., Desvarios     comentarios cerrados


A veces el mundo se detendrá en seco, en silencio, quedándose mudo, quieto, expectante,
otras será vertiginoso, esquivo y frenético, buscando encontrar su ritmo, su «adelante»,
en todos los ambientes, encontrarás señales que definan tu camino, que salgan a tu encuentro.
A veces serás brújula, flotador o medicina, otras serás torpedo, timador… o serás herida,
a veces serás sonrisa, alegría y vida, y otras serás espina, serás lágrima, serás huida.
A veces tu corazón se negará a olvidar, en otros casos lo hará sin que te des cuenta,
a veces un amigo sacará brillo a tu coraza, otras la pondrá seriamente a prueba.
A veces deberías aprender que siempre debes fiarte de tu instinto, tu lado más sabio.
A veces te reirás al comprender la ironía, de lo mucho que te encuentras al perderte,
de que la felicidad que buscas ya viaja contigo, de que los mejores besos se hacen esperar,
de que no eliges aquello que no puedes olvidar, de que no hay camino recto que lleve al altar.
A veces entenderás que la suerte es humilde y se alimenta de agradecimiento y corazón,
y esos mismos días entenderás que la vida solo pide ser abierta y disfrutada cual dulce melón.
A veces echarás de menos a personas por las que darías media vida por un día más con ellas,
y te emocionarás del privilegio de contar con esos pocos buenos amigos que son brújulas,
jugarás con pasión al póquer de una vida que suele guardarse un as con el que sorprenderte.
A veces te sentirás grande, otras te verás tan pequeño, difícil es medir tu dimensión,
ni bueno ni malo, ni piel ni hueso, ni razón ni soberbia, sólo aprendiz y corazón.
A veces querrás plegarte y volver temeroso al útero que puso en marcha tu alma,
otras abrirás tus alas sintiendo que el mundo al fin y al cabo no es tan grande.
A veces brillas, a veces llueves, a veces tiemblas, a veces gritas,
a veces descubres que el sentido de todo es bailar,
entre la añoranza y el amor,
entre el deseo y el orgasmo,
entre tu boca y la derrota,
entre tu respuesta y mi pregunta,
entre mi mar, y tu cielo.
 

 


 
 

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Feb
21
2020

Solo vivir

 Escrito a las 12:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     3 comentarios


A veces agota vivir en un mundo como este, lleno de redes sociales que persiguen acercarnos a… no sé muy bien a qué, pero lo hacen bajo el pretexto de tener cerca los que nos importan, cuando en realidad buscan medirnos, controlarnos y sacarnos utilidad comercial.
La realidad es que si queremos tener cerca a alguien, podemos abrazarlo, podemos coger el teléfono y llamarlo, disfrutar de su voz y su risa, y no un «jejeje» o ese «LOL» que escribimos sin inmutar las facciones ni nuestra cara, ahora ya no reímos por fuera… y necesitamos esas sonrisas para iluminar el mundo que nos rodea, para enriquecernos como colectivo, partiendo desde el individuo.
Yo confieso que me encantan las tecnologías y me fascinan las oportunidades que brindan, pero del mismo modo, a veces me cansan, me siento «viejo» cuando añoro la calidez, las tardes de baloncesto, las castañas entorno a la hoguera, los abrazos y las sonrisas, y no los mensajes de cumpleaños para cumplir por ir subidos en este tren de vida a veces tan frenético.
Una parte de mi van ese tren, trabajando con su portátil en mil proyectos y tareas, mezclando con ellas tareas personales para ir liquidando cosas pendientes, para seguir dando pasos… ¿al frente? No lo sé, cuesta saber hacia dónde va ese tren, y cuando intentas bajarte, estás esposado al mismo.
 
Pero yo he conseguido que una parte de mi se baje, y disfrute del ahora.
Quizás no lo comparta en redes sociales, pero a veces reboso felicidad.
Creo que las personas marcan la diferencia, y tengo la suerte de estar rodeado de verdaderos elementales del aire y del aire, del fuego y de la tierra. Ellos me recuerdan que lo importante es el olor de esa persona mientras la abrazas, que lo importante es colarte en su cuerpo a través de un escalofrío que explotará cual fuego artificial en su corazón, llenándole de calor. Lo importante no es ver una serie antes que nadie para que no te la jodan en twitter, sino elegir bien con quien ves esa serie y con quien compartes tu manta y su sofá. Lo importante es vivir cada día teniendo presente, que no vuelve, vivir cada persona sin saber cuánto tiempo podrás disfrutarla, impregnarte de la magia de un sitio o un momento para llevarlos contigo siempre, y no perdértelos haciendo fotos, algo que es muy habitual en mi.
 
La clave quizás sea esa…
Solo vivir
Lo demás, es accesorio.
 

 


 

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  Pensamientos caóticos de...

...un ser humano normal, sin aparentemente nada llamativo ni destacado... salvo quizás una visión diferente del mundo, coleccionista de sonrisas y abrazos, que intercambio por buenas conversaciones. Normal... salvo que puedo ver tu alma en tus ojos, que era gallego antes aún de haber nacido, que tengo tanto que ofrecer y tantos colores con los que pintar... que estoy seguro de que vale la pena conocerme.

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