Desde dentro…

Jul
15
2020

No hay perdón cómo el que te debes a ti mismo

 Escrito a las 1:32     Archivado en: Desde dentro...     Añadir comentario


A menudo, aquello más importante es lo que tenemos más cerca, lo veamos o no, pues precisamente por la cercanía de lo común dejamos de ver… las gafas que llevamos puestas. Cómo nos sucede con ese fascinante secreto de la felicidad que escondemos dentro y que todos buscamos desesperadamente por el mundo, también escondemos otros pensamientos y secretos. Cómo esa virtud de comprender y de perdonarnos aquellos errores más comunes o extraños, o agradecer la inmensa colección de dichas que atesoramos, aunque no seamos conscientes de ello. Haz el experimento de vendarte un dedo sano durante todo un día. Sentirás cómo echas de menos algo que antes no sentías tener aunque usabas miles de veces cada día, y establecerás una nueva relación con tu dedo (no me seáis guarrillos). Cuando le quites el vendaje, tu dedo creerá poder volar, libre y feliz. No es sencillo, pero podemos valorar las cosas antes de perderlas, y si alguna vez has tenido una lesión habrás vivido lo vulnerables que nos sentimos al no poder caminar, o coger cosas con normalidad, o incorporarnos, o hacer funciones cotidianas… normalmente. Es entonces cuándo valoramos algo que hacemos cientos de veces sin ser conscientes… esa es la palabra clave, consciencia, la eterna lección de la que todos somos aprendices.
Otra lección vital, es el agradecimiento, y cada día lo veo más clave en la vida.
Pero hoy no pensaba en eso, pensaba en lo importante que es saber perdonarse.
Y no hablo de decirte que te perdonas, hablo de hacerlo de verdad.
Si con los demás somos duros, con nosotros somos demoledores.
Nos castigamos por saltarnos la dieta, por los objetivos no cumplidos y por las relaciones rotas, nos castigamos porque siempre hay un «pude hacerlo mejor» o un «lo que podría haber sido«. Si haces algo ¡Disfrútalo!, si eliges un camino piensa que de volver a la encrucijada seguramente cogerías el mismo sendero. Y si has dejado algún objetivo o sueño por cumplir… déjalo ir, y busca uno nuevo más humilde pero igualmente bonito, recuerda que son los viajes lo que enriquece esta vida, y en ellos habita el sabor del zumo que creemos encontraremos en el destino.
Nos castigamos al echar de menos a alguien y no ser capaces de decírselo, pero no elogiamos el valor que supone dejar partir a alguien de tu vida que no te daba el valor que merecías.
Nos castigamos por los amigos perdidos, pero no nos ponemos medallas por aquellos por los que luchamos y que año tras año siguen a nuestro lado completando nuestro mundo.
Nunca olvides que eres el héroe o heroína de tus triunfos, y un aprendiz de tus fracasos, y que lo único que no deberías perdonarte es no levantarte de un tropiezo y quedarte en el suelo llorando… e incluso si elegimos quedarnos llorando, debemos concedernos ese tiempo para ello, déjate llorar hasta quedarte seco, pues a veces el tiempo es necesario como bálsamo para que cojas la fuerza y aprendas lo necesario para levantarte habiéndote curado evolucionando hacia una versión mucho mejor de ti.
Somos maravillosos ¿No lo ves?
Pues es hora de limpiar tus gafas…

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Abr
25
2020

El mejor momento de mi día…

 Escrito a las 13:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     3 comentarios


Escrito antes del Covid… cuando todo era diferente y normal.

El despertador es cruel, y no tiene piedad,
llega un momento en el que se acaban los «snooze», y hay que partir para el trabajo.
Tras ponerme el traje que hace de uniforme, pongo rumbo, aún dormido, a un autobús que recorrerá la sierra para llevarme al centro de la capital. A lo lejos, se ve un precioso amanecer y una enorme mancha negra que los políticos niegan, pero que asegura que allí solo hay que respirar lo necesario.
Tras el peregrinaje, y una vez cerca de mi trabajo, un buen desayuno hace que mi día comience oficialmente, perdido en la selección de vídeos idiotas de YouTube mientras la tostada va cayendo acompañada de un te moruno…
Después de mi ratito de paz empieza el frenesí:
Emails a las tantas de la mañana sobre fotocopiadoras que atacan a mis usuarios, portátiles que no llevan bien las caídas, hay que hacer un nuevo pedido de iPhones y… seguro que hoy llegará algún email de la moda de esta semana: más casos de coronavirus, que si hemos viajado nos quedemos en casa, está clarísimo que no van a sacar ninguna estadística demostrando que el propio trabajo, mata bastante más gente que el cruel y fatídico virus que se encoje de hombros diciendo «pero si no soy más que una gripe incomprendida».
La pausa de la comida es siempre salvadora, una hora de paz y cosas ricas, y quizás con suerte cerrar los ojos media horita.
La tarde se lleva mucho mejor, incluso viviendo rodeado de informes. Hay que responder tres estupideces y dos cosas más razonables, parece ser que se ha acabado el sentido común en un par de departamentos, mientras alguien se acerca con una pregunta que antes de plantearte ha buscado en la red, ha probado mil cosas… y emocionado le echas una mano, no puedes llorar aunque tu corazón tiemble ante la proeza de la sencilla coherencia de intentar por ti mismo resolver algo, qué simple y qué escaso.
Llega el momento de partir para casa, hoy no regalo más fragmentos de mi alma.
Cojo un bus urbano y me hago fuerte en una esquina jugando a algo en el móvil.
Y luego otra estación, otro autobús, esta vez, directo a mi casa.
Me adormilo escuchando Alan Parsons Project y se me pasa, nunca mejor dicho, volando.
123 pasos separan la parada de mi casa, los camino contento, siempre sonriente.
Giro la llave para abrir la puerta de casa, y mi mundo se pone en pausa.
Me recibe el vaivén de la cola de mi hija peluda, y te escucho levantarte del sofá.
Vienes a mi con una sonrisa preciosa y una mirada limpia, para besarme sin prisa.
Nos fundimos abrazados, mezclando nuestros olores con besos.
Ahí estás…
eres el mejor momento de mi día.

 

 


 

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Abr
11
2020

A veces

 Escrito a las 17:00     Archivado en: A5, Desde dentro..., Desvarios     comentarios cerrados


A veces el mundo se detendrá en seco, en silencio, quedándose mudo, quieto, expectante,
otras será vertiginoso, esquivo y frenético, buscando encontrar su ritmo, su «adelante»,
en todos los ambientes, encontrarás señales que definan tu camino, que salgan a tu encuentro.
A veces serás brújula, flotador o medicina, otras serás torpedo, timador… o serás herida,
a veces serás sonrisa, alegría y vida, y otras serás espina, serás lágrima, serás huida.
A veces tu corazón se negará a olvidar, en otros casos lo hará sin que te des cuenta,
a veces un amigo sacará brillo a tu coraza, otras la pondrá seriamente a prueba.
A veces deberías aprender que siempre debes fiarte de tu instinto, tu lado más sabio.
A veces te reirás al comprender la ironía, de lo mucho que te encuentras al perderte,
de que la felicidad que buscas ya viaja contigo, de que los mejores besos se hacen esperar,
de que no eliges aquello que no puedes olvidar, de que no hay camino recto que lleve al altar.
A veces entenderás que la suerte es humilde y se alimenta de agradecimiento y corazón,
y esos mismos días entenderás que la vida solo pide ser abierta y disfrutada cual dulce melón.
A veces echarás de menos a personas por las que darías media vida por un día más con ellas,
y te emocionarás del privilegio de contar con esos pocos buenos amigos que son brújulas,
jugarás con pasión al póquer de una vida que suele guardarse un as con el que sorprenderte.
A veces te sentirás grande, otras te verás tan pequeño, difícil es medir tu dimensión,
ni bueno ni malo, ni piel ni hueso, ni razón ni soberbia, sólo aprendiz y corazón.
A veces querrás plegarte y volver temeroso al útero que puso en marcha tu alma,
otras abrirás tus alas sintiendo que el mundo al fin y al cabo no es tan grande.
A veces brillas, a veces llueves, a veces tiemblas, a veces gritas,
a veces descubres que el sentido de todo es bailar,
entre la añoranza y el amor,
entre el deseo y el orgasmo,
entre tu boca y la derrota,
entre tu respuesta y mi pregunta,
entre mi mar, y tu cielo.
 

 


 
 

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Feb
21
2020

Solo vivir

 Escrito a las 12:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     3 comentarios


A veces agota vivir en un mundo como este, lleno de redes sociales que persiguen acercarnos a… no sé muy bien a qué, pero lo hacen bajo el pretexto de tener cerca los que nos importan, cuando en realidad buscan medirnos, controlarnos y sacarnos utilidad comercial.
La realidad es que si queremos tener cerca a alguien, podemos abrazarlo, podemos coger el teléfono y llamarlo, disfrutar de su voz y su risa, y no un «jejeje» o ese «LOL» que escribimos sin inmutar las facciones ni nuestra cara, ahora ya no reímos por fuera… y necesitamos esas sonrisas para iluminar el mundo que nos rodea, para enriquecernos como colectivo, partiendo desde el individuo.
Yo confieso que me encantan las tecnologías y me fascinan las oportunidades que brindan, pero del mismo modo, a veces me cansan, me siento «viejo» cuando añoro la calidez, las tardes de baloncesto, las castañas entorno a la hoguera, los abrazos y las sonrisas, y no los mensajes de cumpleaños para cumplir por ir subidos en este tren de vida a veces tan frenético.
Una parte de mi van ese tren, trabajando con su portátil en mil proyectos y tareas, mezclando con ellas tareas personales para ir liquidando cosas pendientes, para seguir dando pasos… ¿al frente? No lo sé, cuesta saber hacia dónde va ese tren, y cuando intentas bajarte, estás esposado al mismo.
 
Pero yo he conseguido que una parte de mi se baje, y disfrute del ahora.
Quizás no lo comparta en redes sociales, pero a veces reboso felicidad.
Creo que las personas marcan la diferencia, y tengo la suerte de estar rodeado de verdaderos elementales del aire y del aire, del fuego y de la tierra. Ellos me recuerdan que lo importante es el olor de esa persona mientras la abrazas, que lo importante es colarte en su cuerpo a través de un escalofrío que explotará cual fuego artificial en su corazón, llenándole de calor. Lo importante no es ver una serie antes que nadie para que no te la jodan en twitter, sino elegir bien con quien ves esa serie y con quien compartes tu manta y su sofá. Lo importante es vivir cada día teniendo presente, que no vuelve, vivir cada persona sin saber cuánto tiempo podrás disfrutarla, impregnarte de la magia de un sitio o un momento para llevarlos contigo siempre, y no perdértelos haciendo fotos, algo que es muy habitual en mi.
 
La clave quizás sea esa…
Solo vivir
Lo demás, es accesorio.
 

 


 

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Ene
24
2020

De matrimonios y personas

 Escrito a las 16:00     Archivado en: Desde dentro..., Desvarios     comentarios cerrados


Si gritas muy alto «Soy heterosexual y jamás estaría con un tío», ten por seguro que el Universo conspirará para que acabes con una polla en la boca. Y no digo que sea mi caso, pero me han pasado cosas peores, y sin embargo…, he de agradecer a los que mueven los hilos su bondad, pues he llegado a los 42 habiendo vivido cosas de lo más curiosas, y he conocido felicidades de todos los colores, llevando con orgullo los pies llenos de heridas de los infiernos que atravesé para llegar a ellas.

El otro día me permití el gusto de ser franco, y me sentí cómo algunas veces cuando vas al baño… en fin, no seguiré por ahí, pero que quede patente que creo que los grandes poetas de la historia han sido parcos en palabras homenajeando los placeres experimentados en el retrete, cuando la fibra hace su efecto y… ¡Joder! Cada día mis desvíos y desvaríos son más graves. Como decía (sí, ya podéis ponerme voz de abuelo), tras escribir aquello empecé por recibir dos hostias bastante seguidas, ambas de mujeres casadas que me acusaban de ser un poco capullo. Qué conste que nunca he negado ser un poco tirando a bastante capullo, pero a veces es divertido agitar un avispero aunque puedan picarte por ello. Pero gracias a muchos de vosotros, lo que recibí después, fueron caricias y aplausos, y aunque valoro tanto los abrazos como los buenos tortazos, sí he de confesar que agradecí mucho el bálsamo de algunos de vuestros comentarios (Gracias).
Y es que poner a prueba a las personas es algo estupendo, seguro que alguna vez habré fallado yo algún examen, pero desde hace muchos muchos años, sé ver lo positivo que es ver la cara de alguien lejos de su zona de confort. Pero si he de ser justo, diré que efectivamente, no tengo ni idea de lo que es un matrimonio y lo que implica, y creo que no he criticado el valor de la gente que consigue mantener viva durante años su relación de pareja, sino en cierto modo la falta de coraje de quienes se conforman con algo incompleto, podrido, marchito o falso, por el simple hecho de no zarandear el árbol de la vida para ver qué les ofrece. E igual que digo eso, también añadiría «cada cosa tiene su momento«, y cada persona encuentra la inspiración y la fuerza necesarias en el momento más (in)oportuno, precipitarlo es un error, pero negarlo… es un error mayor aún (en mi humilde y desconocedora opinión).
Y no hablaba de las relaciones de esas personas, sino de que ahora sé que me equivoqué al aceptar ser el tercero en discordia en la vida de personas casadas, y que es un error que espero no volver a cometer. En esta última década he vivido los celos de un marido loco, o el ser un juguete para dar celos a alguien, o lo que es más habitual si cabe, el que pretendieran que fuera la vía de escape y solución a todos los males de esa persona que no es feliz, y que espera que tu la saques de esa relación en la que no quiere estar. Quizás por cobardía o por miedo a tanta responsabilidad, he huido de esas relaciones, siempre más preocupado por los niños que por los maridos, y casi siempre incomprendido y con con el discurso hacia ellas de: «Haz tú tus elecciones y no me hagas elegir por ti«, que supongo podéis comprender al menos un poquito, y quizás de estar libres de verdad… quien sabe si habría ido bien. Hace muchos años, cuando rondaba los 20 años, cometí el error de enamorarme de una persona a la que ayudé a superar una relación supertóxica que casi acaba con ella, y mi recompensa por aquel esfuerzo titánico fue quedarme fuera, incluso como amigo, una vez ella podía nadar por si misma… cuando aprendes a nadar, dejas atrás a los flotadores. (Así que nunca nunca os olvidéis de que nuestra mayor prioridad debe ser flotar, y volar, por vosotros mismos). Supongo que para darte sin medida a alguien, tienes que estar seguro de que luchará por la relación, en aquellos casos era dejando a su marido, y no prorrogando agonías por pena o comodidad. Mi pepita grilla me contaba hace poco de una amiga suya que está casada y con 2 hijas en la universidad, y que lleva 6 años con novio, el marido lo sabe y lo acepta… y sus hijas ¡Aún no! ¡Qué locura! ¿no?. Yo no quería verme en una de esas circunstancias.

Tengo pendiente ver «Historia de un matrimonio» en Netflix, me han dicho que es una pasada de película, y que además de recoger premios allá por dónde pasa, toca interesantes cuerdas del corazón humano. Así que sí, siento hablar de cosas que no entiendo por completo, siento que la empatía no sea uno de mis puntos fuertes, pero estoy trabajando en ello. Siento no haberme explicado siempre bien, y que en la busca de hacer el menor daño posible, no haya tenido éxito. ¿Sabéis? Yo también he sufrido lo mío, pero como buen varón… suelo llorar en silencio y con la puerta cerrada. Brindo de todos modos por esas lágrimas que me hacen un poco más humano y muy diferente a otros compañeros de género que se pasan la vida con el grifo cerrado, llorar limpia mucho.
Lo dicho, pese a que muchos os gustó lo que escribí a finales de año, siento si molesté a alguien, no era mi intención.

Como decía, el 2019 estuvo plagado de grandes momentos y locuras…
y este nuevo año espero que sea aún mejor,
y ha empezado con un trébol de cuatro hojas, en mitad del camino.

 

 
 

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Nov
5
2019

Cerrando filas

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro...     4 comentarios


Los que me conocéis, sabéis que me gusta compartir, llevo muchos años haciéndolo. Por mi pasión con la tecnología, he ido probando muchas cosas desde que tengo un teclado bajo mis dedos… este blog tiene ya más de 15 años, y aguanta estoicamente los cambios tecnológicos, pues ahora las redes sociales mueven más información, junto con esos terribles titulares sensacionalistas (clickbait) que complican mucho creer en una noticia sin hacer una intensa labor de investigación para cotejarla.
Pero a lo que voy, que me desvío, como suele ser habitual.
He vivido grandes momentos en este blog, y también me ha dado sus disgustos. Recuerdo cuando hace más de diez años, mi entonces pareja vigilaba los comentarios que me hacían y si había alguno cariñoso de más me costaba un fin de semana de gritos, o aquella «amiga» que podría querer algo más… y que demostró lo loca que estaba cuando un 28 de Diciembre revelé al mundo el nacimiento de mi inexistente hijo. También han estado las que al partir de mi vida me dejaron «muestras» de su amor, algunas tan increíbles como sorprendentes, indicando que hacía lo correcto, otras más justas y que me incitaron a reflexionar largo y tendido.
Mucho más recientemente, he tenido mis fantasmas… abrirte al mundo no siempre es fácil, y a veces hay cosas que te recuerdan que esto puede leerlo cualquiera. El otro día dejé fluir mi tristeza y la pareja de alguien importante lo leyó sintiéndose identificado, sentía yo entonces una mezcla de rabia sin justificar por la situación que nos une mezclado con un «no somos tan distintos», en otro mundo incluso seríamos buenos amigos. También recientemente alguien me preguntó por mi ex, y pasé por su Twitter para ver sorprendido un enlace a este blog de hace poco tiempo ¿Qué querrá decir? ¿Qué será de ella? Espero esté bien aunque en su día comprendí que no era responsabilidad mía… no es nada fácil mirar hacia delante sin preocuparte alguna vez por quienes quedan atrás. Muchas de estas cosas me han hecho consciente de cómo lo que cuento a veces excede mi propio límite de la intimidad… de ahí que haya «recogido la ropa» y retirado algunas cosas, que he guardado con mi mimo en una caja, para sacarlas más adelante si así lo siento.

Cuando compartes tu felicidad, siempre ves gente que se alegra por ti, pero también hay quien te maldice, por haber salido de tu vida o porque ellos no son capaces de encontrar paz en sus vidas. Mirando para mi… creo que me he abierto demasiado en algunos momentos… y que es hora de cerrar filas, y de preservar algunas cosas solo para mi.
Hay muchas cosas bonitas o divertidas que compartir, historias sin nombre y sentimientos que no salgan de lo más profundo.
Con tanta pasión por compartir… a veces olvidamos que es más importante vivir.
Y últimamente estoy muy ocupado viviendo… no sé si lo hago bien o mal, pero si sé que valoro más ser feliz… que contarlo.
Y sé que tendré que hacer cambios en mi vida, y tanto sin funcionan como si no es así, yo recibiré el castigo y el beneficio de mis actos y elecciones.
Supongo que de eso se trata la vida, prueba y acierto, miedo y valentía, besos y sequías.
En cualquier caso… gracias a los que me leéis, sea lo que sea lo que os impulse a hacerlo.
En las noches más oscuras, os escucho respirar a mi lado.
Y algunas veces, traéis una vela en la mano.

 
 
   
 
 

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Autor

  Earl grey con cookies de...

...un Ladrón de Noches, Jinete de Olas en el Viento, Drogadicto de la Esencia del Mar, Dibujante con Sal de Nubes, Mago Sin Chistera que convierte los Granos de Arena en Estrellas, capaz de Acariciar con Suspiros y hacer Melodías de Optimismo de Esperanzas Rotas, de Sentir con los Ojos Abiertos, de Soñar Sin los Ojos Cerrados.

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