Desde dentro…

Jun
14
2017

Entre olas

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro...     2 comentarios


Nadie se ha perdido en un camino recto, reza algún proverbio, y nunca deja de sorprenderme, por hermoso e igualmente triste, en cómo la vida nos erosiona al mismo tiempo que nos hace crecer, el inherente precio del tropiezo en el aprendizaje, en cómo cambiamos sin darnos cuenta, y al ser tan lentamente… dejamos de entender qué vemos en el espejo.
Me preocupa cuánto de mi silencio tiene que ver con la vergüenza, y cuanto es simplemente el priorizar el vivir sobre el contarlo, o quizás tan solo que las musas crueles me han abandonado dejando tan solo un saco de huesos y miedos incapaz de hilar cien palabras con sentido.
Quizás sea tan solo la venganza de los errores cometidos cobrándose su revancha.

Yo siempre fui el vaivén de un oleaje buscando su equilibrio, disimulando sus carencias entre la espuma de un mar que escondía más secretos de los que podía imaginar. Cruzando huracanes, siempre he buscado y valorado ese mar en calma que ahora me llama más que nunca.
No hay tormenta sin días de Sol, ni oscuridad sin luz que la desafíe.
Quizá el mundo se convirtió en esto pues dejé de luchar para qué mutara en otra cosa.
O quizás es tan solo esa actitud, capaz de hacerte ver prados en desiertos, y viceversa.

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May
19
2017

Y sí existiera Dios…

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro...     1 comentario


Hoy hubo un momento en que ese pensamiento cruzó por mi cabeza.
Comenzaron a sucederse cosas tan improbables, que parecían dispuestas por algo superior.

Ayer yo me acosté con la garganta dolorida, y aunque esperaba equivocarme, no fue así y tras una noche de fiebre, me tocaba ponerme en marcha. Esperaba ir al médico y que me dijera “Estás malito, descansa y vete a trabajar si puedes el Lunes“, yo tenía la tarde de Viernes libre, y esperaba disfrutar de una partida con mis amigos y un momento de descanso más que necesario por todo lo que me ha pasado últimamente. Ahora todo se reducía a mi fiebre, quería hacerme bolita en mi sofá y verme alguna de mis películas favoritas entre sudores.

Me vestí entre temblores, y a las 6:45 estaba en camino. Me crucé Madrid en coche, acompañado de mis inefables Berto Romero y Andreu Buenafuente en su podcast “Nadie sabe nada”, que conseguían arañarme alguna risa en medio de mi malestar.
A las siete envié un email a mi compañero avisándole de que estaba mal y que según lo que dijera el médico, igual no iba al trabajo.
Eran las 8 de la mañana cuando esperaba que abriera la consulta, y me llamó mi compañero, yo suponía que para ver qué tal estaba yo.
Me decía que le había dado un latigazo en el lumbago y que no se podía mover, él tampoco podía ir a trabajar.
Eso reducía mis opciones a una cosa: Yo tenía que ir a trabajar, por mal que estuviera, y todo el día, no solo la mañana.
Faltaban 20 minutos para que abriera la consulta, y después, esperaba irme a casa a descansar.
En ese momento me llevé uno de los chascos más grandes de mi vida, se rompieron todos mis planes e ilusiones más básicas para aquel día, e hice de tripas corazón, y puse rumbo a mi trabajo… faltando mi compañero, me tocaba ser el referente tecnológico de mi oficina.

¿Qué posibilidades había de que un mismo día los dos cayéramos tan enfermos?
Mi mañana fue agotadora y empezó por un debate absurdo con mi pareja, de esos que invitan y obligan a la reflexión. De repente, el problema no era si yo estaba enfermo o no, ni lo de mi compañero, sino si podría ir al día siguiente al mediodía al Ikea.
Me sentía como bajo una cámara oculta, algo a lo que mis 39º (compré un termómetro en una farmacia) no ayudaban.
Lo sucedido me dio la calma y la fuerza para exigir espacio y descanso.
Y en medio de todos esos pensamientos febriles yo pensaba:
Y si existiera Dios y ha diseñado este maquiavélico día para regalarme una oportunidad.

Y en mi febril realidad, tenía sentido que fuera así…

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Ene
11
2017

Gangas que no lo son y coleccionistas de cosas.

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Cultura Geek, Desde dentro..., Freak World     comentarios cerrados


Que no os asusten los términos técnicos, intentaré explicar esto para todos los públicos.
Hoy me he comprado un Humble Bundle que incluye la remasterización de un clásico, uno de mis juegos favoritos de todos los tiempos (El Day of the Tentacle). Humble Bundle es una organización que vende juegos muy baratos, dando la mayoría del dinero a caridad, incluso puedes elegir el porcentaje a cada concepto. Durante años he comprado sus ofertas, por unos pocos euros, juegos por valor de varios cientos, sentirte doblemente bien por la ganga y por la buena causa en la que participas.
Muchos de esos juegos se activan en Steam, que para quienes no lo sepan es la plataforma de juegos más famosa del mundo. Estas plataformas te permiten comprar juegos, o activar un número de serie, y que ese juego forme parte de tu catálogo. Puedes instalarlo en tantos equipos como quieras cuando lo necesites, y como lo descargas, no debes estar pendiente del soporte físico. Existen varias plataformas similares, como Origin, Battle.Net o UPlay, centros de juegos de sus respectivas todopoderosas marcas, pero Steam siempre será mejor, es un paraíso del jugón, una oportunidad para el desarrollador indie de juegos, hogar de clásicos, una tierra de tesoros y maravillas multiplataforma, lo que hace que tanto usuarios de PC, como de Mac y Linux, disfruten de sus maravillas. 12647 juegos llenos de historias y aventuras.
Si antiguamente el coleccionista exhibía orgulloso una estantería repleta de cartuchos de consola, ahora tienes algo virtual que es tu catálogo, y hay webs que te permiten conocer el valor del mismo, así como algunas estadísticas molonas.
En una de ellas he sacado mi ficha:

Al verlo hoy me que quedado patidifuso por ese 89% de Juegos que nunca he probado, pero sí adquirido. ¿Y sabes una cosa? No creo que sea algo exclusivamente mío. Se lo comenté a mi compañero y él me decía “Pues yo andaré más cerca del 100%“. ¿Alguna vez has comprado algo que nunca has usado? Son problemas curiosos del primer mundo, adquirir cosas que esperan en la caja ser usadas, pero que acaban en la basura años después con el plástico protector original.
Irónicamente, mientras en Steam tengo 230 juegos en los que en total he invertido 89 horas, en un único juego de otra plataforma, el Battlefield 4, he llegado a invertir 1200 horas, la enorme diferencia entre un juego que te cala hondo y otros juegos que no pruebas o que no llegan a engancharte.
Este tipo de patrones hacen que intente gastar más dinero en cosas que necesito de verdad antes que aprovechar hipotéticas ofertas de cosas cuyo uso no veo claro, aunque es algo que sigo trabajando, no hace mucho cambié la lámpara de mesilla del dormitorio por algo que no sabía qué tal funcionaría (pero que estaba al 50% en Amazon), y si en ese caso al final parece un gran acierto, creo que fue más suerte que conocimiento.
Así que niños, la lección de hoy es:
Invierte en aquello que necesites y vayas a disfrutar,
y deja pasar las supuestas gangas que nunca usarás.

La maldición de un país enamorado de lo gratis, es que la gente coge cualquier cosa que le regalen (o adquiere una oferta) sin pararse a pensar si es algo que realmente necesita. El otro día en un centro comercial regalaban una lata de comida para gatos a través de una aplicación, la gente hacía cola para seguir el proceso ¿Si hubieran dado latas ilimitadas cuantas habría cogido cada persona? Seguro que incluso aquellos sin gatos habrían hecho cola.

Acabando con el tema de los juegos, diré que también asolan otros pensamientos, el “No podré jugar a esos juegos en lo que me queda de vida“, o un “¿En caso de haber tenido hijos podría dejarles mi colección de juegos? ¿Les importaría lo más mínimo?“, pero tampoco es para ponerse tan existencialista y adulto, que se me marchita aún mas mi niño interior.
Espero haberme explicado bien y que no sea muy pesada esta reflexión.
Que tengáis buen resto de semana

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Nov
4
2016

Estado de gracia

 Escrito a las 12:00     Archivado en: Desde dentro...     2 comentarios


Ayer por la noche viví un momento legendario. Estaba con preparativos de viaje, y en cuanto pude, eché un par de partiditas al ordenador, con gran resultado para mi y nefasto para todos los que cayeron ante mi fusil en una genial simulación de la primera guerra mundial. En los descansos, echaba unas partidas al juego de móvil más adictivo del mundo, el Clash Royale, y las victorias se sucedieron llevándome a mi record. Cada cosa que hacía parecía salir bien, y probara lo que probara, el resultado tenía el mismo éxito.
Mi tiempo de ese día se acababa, eran las once y media de la noche y la cama era mi destino inexorable.

Me recorté la barba y me miré al espejo, ese día me había cortado el pelo y me sentía guapo, algo que no es tan habitual como debería. Me metí en la ducha y disfruté de un champú con mentol y el gel Marine de la Toja, la aromaterapia al poder.
La ducha se llevó por el desagüe los restos de una conversación que había tenido un par de horas antes de esas que te dejan el cuerpo revuelto, así que me centré en aquella hora deliciosa y perfecta, aquel equilibrio pasajero que había sido un bálsamo para mi maltrecho corazón.

Pasaba media hora de la media noche y al día siguiente tenía que trabajar, pero elegí no agobiarme por ello, podemos convivir con el cansancio de la ausencia de sueño, pero no quería permitirme enturbiar aquella paz, ni agobiarme sin motivo. No sé si algún día dejará de sorprenderme cómo jodemos el presente preocupados por un mañana que de poco plausible acaba incumplido o imposible, o que destrozamos con nuestros propios agobios. Hay gente que no vive sin plan, y que si le trazas planes que no se cumplen te tachan de perroflauta o mentiroso, una de esas dicotomías absurdas a las que los humanos nos volvemos adictos en sociedad.

Tumbado en la cama valoraba aquel estado de gracia, aquella pausa en la rotación del mundo, aquel guiño del destino, esa hora en la que yo había sido inmortal, y la fortuna, mi amante más cómplice y fiel.

Precisamente por saber que la vida no siempre se prodiga en esos guiños, que a veces parece atormentarte y tener fijación en nublar tus días, precisamente por eso, valoraba plenamente aquel momento, sabiendo al bañarme en aquel Sol perfecto que más adelante llegarían días de tormenta, y esperando que como hasta ahora, se capaz de recordar en esos días gris que tras toda nube brilla el Sol, y solo hay que tener determinación y paciencia para volver a encontrarlo.

Pensando en las estaciones del ser humano me dormí…

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Jul
5
2016

Y la venta de humo se dispara en la bolsa de Nueva York

 Escrito a las 10:01     Archivado en: Desde dentro...     comentarios cerrados


Desde muy pequeños, llevamos maletas de las que no somos conscientes. Por ejemplo ¡Tetas! Tras esos meses en los que estamos enganchados a ellas como sustento vital, luego los hombres pasamos la vida fascinados por su belleza, siendo uno de los elementos al que nos aferramos con pasión en nuestras parejas y del que nunca parecemos cansarnos. No tengo muy claro cómo afecta su propio pecho a las mujeres, si influye mucho en los complejos y su autoestima, he visto a chicas ponerse pechos exageradamente grandes que parecían sentirse mejor así, y las que se quitaron pensando que tenían mucho cuando quizás no era así ¿Qué mujer está contenta con sus tetas? En fin, si algo tengo claro es que para gustos colores, y que a unos les gustan más grandes y a otros nos gustan más pequeñas.

Pero aunque parezca lo contrario, no quería hablar de tetas, sino de las huellas de la infancia. Como por ejemplo, el ¡Mira qué hago Papá! que todos hemos gritado en algún momento buscando la aprobación de nuestro padre o madre y sus elogios. Recuerdo las piruetas, los pequeños logros, los avances vitales en los cuales miraba a mi padre esperando un aplauso o un elogio, que siempre conseguía hincharme como un pavo si llegaba y me estaba mirando. Supongo que a todos nos ha pasado ¿no?
Según fui creciendo, bien cruzados los treinta, me di cuenta de que parte del sentido de la vida es apreciar por ti mismo tus piruetas, aunque nadie te aplauda, aunque nadie te vea. Cuando te quedas sin medallas ni premios demasiadas veces, aprendes a vivir solo, pues la gente no tiene por que darle el mismo valor que tu le das a algunas cosas. Si bailas buscando aplauso y no lo obtienes, quizá deberías plantearte por que bailas, y si te gusta de verdad, deberías seguir haciéndolo toda tu vida.

Me resulta especialmente molesto encontrarme con ese ¡Mira qué hago! en el mundo corporativo. En ese mundillo, tu haces un trabajo, pero cada vez más importante es que le cuentes a todo el mundo que has hecho ese trabajo, para que te den tu premio en forma de prestigio o compensación de cualquier tipo. Siempre me ha resultado molesto, pues hay personas que únicamente se dedican a eso, hay gente con el superpoder de trabajar una hora y pasarse hablando de ello semanas. Es la puta victoria del “parecer” sobre el “hacer”, del maquillaje sobre la verdadera cara, de la apariencia sobre la verdad, bienvenidos al siglo XXI.
Durante años me enfrenté a esa tendencia, pero mis derrotas se sucedían.
Así que le quité tiempo a mis tareas más técnicas para preparar informes coloristas en los que los jefes supieran qué hago y el valor que puedo aportar con mi trabajo.
El problema es que siempre se quiere más y nunca es suficiente, y quienes queremos hacer nuestro trabajo nos vemos alienados por los que reducen a números y gráficos, a tendencias y verdades que ellos pueden ver en una hoja de cálculo.
Y la venta de humo se dispara en la bolsa de Nueva York.
 
 

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Jun
23
2016

Besos ácidos

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Desde dentro..., Relatos o Versos     comentarios cerrados


¿Quien no ha dado algún beso ácido?
devaluado luego sin piedad en tu mente
si no prolifera en promesas o sueños,
habichuela mágica que riegas y no crece.
Fue quizás la erosión de la vida, las sequías,
los sueños ahogados en las orillas,
lo que me hizo cambiar la perspectiva.
 
Nadie debería jamás reprochar ni enturbiar un beso,
pues olvidaría que hubiera sido peor no haberle dado vida.
Los besos deseados son plantas verdes en el desierto,
pájaros que deben volar libres, la espuma en las olas,
fotografía oportuna, autopista a la incertidumbre,
una lección de vivir en el tiempo correcto,
el grano de arena que como cien antes,
se escurre entre tus dedos, para no volver.
 
Abraza esos labios con los tuyos, átalos bien en corto,
aunque desees un millón más, saborea tu estrella fugaz,
persigue una liebre sin pensar que no la podrás alcanzar,
salta al vació, sin saber si podrás resucitar.

 
Beautiful lips
Amazing picture from Wikimedia Commons
 

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  Post-its desordenados de...

...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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