Desde dentro…

Feb
21
2020

Solo vivir

 Escrito a las 12:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     3 comentarios


A veces agota vivir en un mundo como este, lleno de redes sociales que persiguen acercarnos a… no sé muy bien a qué, pero lo hacen bajo el pretexto de tener cerca los que nos importan, cuando en realidad buscan medirnos, controlarnos y sacarnos utilidad comercial.
La realidad es que si queremos tener cerca a alguien, podemos abrazarlo, podemos coger el teléfono y llamarlo, disfrutar de su voz y su risa, y no un “jejeje” o ese “LOL” que escribimos sin inmutar las facciones ni nuestra cara, ahora ya no reímos por fuera… y necesitamos esas sonrisas para iluminar el mundo que nos rodea, para enriquecernos como colectivo, partiendo desde el individuo.
Yo confieso que me encantan las tecnologías y me fascinan las oportunidades que brindan, pero del mismo modo, a veces me cansan, me siento “viejo” cuando añoro la calidez, las tardes de baloncesto, las castañas entorno a la hoguera, los abrazos y las sonrisas, y no los mensajes de cumpleaños para cumplir por ir subidos en este tren de vida a veces tan frenético.
Una parte de mi van ese tren, trabajando con su portátil en mil proyectos y tareas, mezclando con ellas tareas personales para ir liquidando cosas pendientes, para seguir dando pasos… ¿al frente? No lo sé, cuesta saber hacia dónde va ese tren, y cuando intentas bajarte, estás esposado al mismo.
 
Pero yo he conseguido que una parte de mi se baje, y disfrute del ahora.
Quizás no lo comparta en redes sociales, pero a veces reboso felicidad.
Creo que las personas marcan la diferencia, y tengo la suerte de estar rodeado de verdaderos elementales del aire y del aire, del fuego y de la tierra. Ellos me recuerdan que lo importante es el olor de esa persona mientras la abrazas, que lo importante es colarte en su cuerpo a través de un escalofrío que explotará cual fuego artificial en su corazón, llenándole de calor. Lo importante no es ver una serie antes que nadie para que no te la jodan en twitter, sino elegir bien con quien ves esa serie y con quien compartes tu manta y su sofá. Lo importante es vivir cada día teniendo presente, que no vuelve, vivir cada persona sin saber cuánto tiempo podrás disfrutarla, impregnarte de la magia de un sitio o un momento para llevarlos contigo siempre, y no perdértelos haciendo fotos, algo que es muy habitual en mi.
 
La clave quizás sea esa…
Solo vivir
Lo demás, es accesorio.
 

 


 

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Ene
24
2020

De matrimonios y personas

 Escrito a las 16:00     Archivado en: Desde dentro..., Desvarios     comentarios cerrados


Si gritas muy alto “Soy heterosexual y jamás estaría con un tío”, ten por seguro que el Universo conspirará para que acabes con una polla en la boca. Y no digo que sea mi caso, pero me han pasado cosas peores, y sin embargo…, he de agradecer a los que mueven los hilos su bondad, pues he llegado a los 42 habiendo vivido cosas de lo más curiosas, y he conocido felicidades de todos los colores, llevando con orgullo los pies llenos de heridas de los infiernos que atravesé para llegar a ellas.

El otro día me permití el gusto de ser franco, y me sentí cómo algunas veces cuando vas al baño… en fin, no seguiré por ahí, pero que quede patente que creo que los grandes poetas de la historia han sido parcos en palabras homenajeando los placeres experimentados en el retrete, cuando la fibra hace su efecto y… ¡Joder! Cada día mis desvíos y desvaríos son más graves. Como decía (sí, ya podéis ponerme voz de abuelo), tras escribir aquello empecé por recibir dos hostias bastante seguidas, ambas de mujeres casadas que me acusaban de ser un poco capullo. Qué conste que nunca he negado ser un poco tirando a bastante capullo, pero a veces es divertido agitar un avispero aunque puedan picarte por ello. Pero gracias a muchos de vosotros, lo que recibí después, fueron caricias y aplausos, y aunque valoro tanto los abrazos como los buenos tortazos, sí he de confesar que agradecí mucho el bálsamo de algunos de vuestros comentarios (Gracias).
Y es que poner a prueba a las personas es algo estupendo, seguro que alguna vez habré fallado yo algún examen, pero desde hace muchos muchos años, sé ver lo positivo que es ver la cara de alguien lejos de su zona de confort. Pero si he de ser justo, diré que efectivamente, no tengo ni idea de lo que es un matrimonio y lo que implica, y creo que no he criticado el valor de la gente que consigue mantener viva durante años su relación de pareja, sino en cierto modo la falta de coraje de quienes se conforman con algo incompleto, podrido, marchito o falso, por el simple hecho de no zarandear el árbol de la vida para ver qué les ofrece. E igual que digo eso, también añadiría “cada cosa tiene su momento“, y cada persona encuentra la inspiración y la fuerza necesarias en el momento más (in)oportuno, precipitarlo es un error, pero negarlo… es un error mayor aún (en mi humilde y desconocedora opinión).
Y no hablaba de las relaciones de esas personas, sino de que ahora sé que me equivoqué al aceptar ser el tercero en discordia en la vida de personas casadas, y que es un error que espero no volver a cometer. En esta última década he vivido los celos de un marido loco, o el ser un juguete para dar celos a alguien, o lo que es más habitual si cabe, el que pretendieran que fuera la vía de escape y solución a todos los males de esa persona que no es feliz, y que espera que tu la saques de esa relación en la que no quiere estar. Quizás por cobardía o por miedo a tanta responsabilidad, he huido de esas relaciones, siempre más preocupado por los niños que por los maridos, y casi siempre incomprendido y con con el discurso hacia ellas de: “Haz tú tus elecciones y no me hagas elegir por ti“, que supongo podéis comprender al menos un poquito, y quizás de estar libres de verdad… quien sabe si habría ido bien. Hace muchos años, cuando rondaba los 20 años, cometí el error de enamorarme de una persona a la que ayudé a superar una relación supertóxica que casi acaba con ella, y mi recompensa por aquel esfuerzo titánico fue quedarme fuera, incluso como amigo, una vez ella podía nadar por si misma… cuando aprendes a nadar, dejas atrás a los flotadores. (Así que nunca nunca os olvidéis de que nuestra mayor prioridad debe ser flotar, y volar, por vosotros mismos). Supongo que para darte sin medida a alguien, tienes que estar seguro de que luchará por la relación, en aquellos casos era dejando a su marido, y no prorrogando agonías por pena o comodidad. Mi pepita grilla me contaba hace poco de una amiga suya que está casada y con 2 hijas en la universidad, y que lleva 6 años con novio, el marido lo sabe y lo acepta… y sus hijas ¡Aún no! ¡Qué locura! ¿no?. Yo no quería verme en una de esas circunstancias.

Tengo pendiente ver “Historia de un matrimonio” en Netflix, me han dicho que es una pasada de película, y que además de recoger premios allá por dónde pasa, toca interesantes cuerdas del corazón humano. Así que sí, siento hablar de cosas que no entiendo por completo, siento que la empatía no sea uno de mis puntos fuertes, pero estoy trabajando en ello. Siento no haberme explicado siempre bien, y que en la busca de hacer el menor daño posible, no haya tenido éxito. ¿Sabéis? Yo también he sufrido lo mío, pero como buen varón… suelo llorar en silencio y con la puerta cerrada. Brindo de todos modos por esas lágrimas que me hacen un poco más humano y muy diferente a otros compañeros de género que se pasan la vida con el grifo cerrado, llorar limpia mucho.
Lo dicho, pese a que muchos os gustó lo que escribí a finales de año, siento si molesté a alguien, no era mi intención.

Como decía, el 2019 estuvo plagado de grandes momentos y locuras…
y este nuevo año espero que sea aún mejor,
y ha empezado con un trébol de cuatro hojas, en mitad del camino.

 

 
 

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Nov
5
2019

Cerrando filas

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro...     4 comentarios


Los que me conocéis, sabéis que me gusta compartir, llevo muchos años haciéndolo. Por mi pasión con la tecnología, he ido probando muchas cosas desde que tengo un teclado bajo mis dedos… este blog tiene ya más de 15 años, y aguanta estoicamente los cambios tecnológicos, pues ahora las redes sociales mueven más información, junto con esos terribles titulares sensacionalistas (clickbait) que complican mucho creer en una noticia sin hacer una intensa labor de investigación para cotejarla.
Pero a lo que voy, que me desvío, como suele ser habitual.
He vivido grandes momentos en este blog, y también me ha dado sus disgustos. Recuerdo cuando hace más de diez años, mi entonces pareja vigilaba los comentarios que me hacían y si había alguno cariñoso de más me costaba un fin de semana de gritos, o aquella “amiga” que podría querer algo más… y que demostró lo loca que estaba cuando un 28 de Diciembre revelé al mundo el nacimiento de mi inexistente hijo. También han estado las que al partir de mi vida me dejaron “muestras” de su amor, algunas tan increíbles como sorprendentes, indicando que hacía lo correcto, otras más justas y que me incitaron a reflexionar largo y tendido.
Mucho más recientemente, he tenido mis fantasmas… abrirte al mundo no siempre es fácil, y a veces hay cosas que te recuerdan que esto puede leerlo cualquiera. El otro día dejé fluir mi tristeza y la pareja de alguien importante lo leyó sintiéndose identificado, sentía yo entonces una mezcla de rabia sin justificar por la situación que nos une mezclado con un “no somos tan distintos”, en otro mundo incluso seríamos buenos amigos. También recientemente alguien me preguntó por mi ex, y pasé por su Twitter para ver sorprendido un enlace a este blog de hace poco tiempo ¿Qué querrá decir? ¿Qué será de ella? Espero esté bien aunque en su día comprendí que no era responsabilidad mía… no es nada fácil mirar hacia delante sin preocuparte alguna vez por quienes quedan atrás. Muchas de estas cosas me han hecho consciente de cómo lo que cuento a veces excede mi propio límite de la intimidad… de ahí que haya “recogido la ropa” y retirado algunas cosas, que he guardado con mi mimo en una caja, para sacarlas más adelante si así lo siento.

Cuando compartes tu felicidad, siempre ves gente que se alegra por ti, pero también hay quien te maldice, por haber salido de tu vida o porque ellos no son capaces de encontrar paz en sus vidas. Mirando para mi… creo que me he abierto demasiado en algunos momentos… y que es hora de cerrar filas, y de preservar algunas cosas solo para mi.
Hay muchas cosas bonitas o divertidas que compartir, historias sin nombre y sentimientos que no salgan de lo más profundo.
Con tanta pasión por compartir… a veces olvidamos que es más importante vivir.
Y últimamente estoy muy ocupado viviendo… no sé si lo hago bien o mal, pero si sé que valoro más ser feliz… que contarlo.
Y sé que tendré que hacer cambios en mi vida, y tanto sin funcionan como si no es así, yo recibiré el castigo y el beneficio de mis actos y elecciones.
Supongo que de eso se trata la vida, prueba y acierto, miedo y valentía, besos y sequías.
En cualquier caso… gracias a los que me leéis, sea lo que sea lo que os impulse a hacerlo.
En las noches más oscuras, os escucho respirar a mi lado.
Y algunas veces, traéis una vela en la mano.

 
 
   
 
 

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Oct
27
2019

La tristeza

 Escrito a las 21:15     Archivado en: Desde dentro...     1 comentario


 

¡Cuánto más profundamente clave la tristeza
su garra en vuestro ser,
tanto más alegría
podréis contener!
 
De “El Profeta“, de Kahlil Gibran
 

 
Sé que a veces soy un optimista insufrible de esos que parece que esnifan a Paulo Coelho y a Jorge Bucay, y suele ser así. Sin embargo, aprendemos de los contrastes de la vida, y efectivamente… lo que nos hace tocar el cielo con dos manos un día, es susceptible de sumirnos en el infierno… los contrarios bailan una danza peligrosa, y hay que aprender a moverse en ella, en caso de que se pueda aprender… de no ser así, hay que intentarlo al menos.

Para definir como me siento, me acuerdo de una vez, hace 22 años, en que un grupo de amigos organizamos una escapada a un apartamento en Cabeza de Manzaneda, el pico más alto de Galicia, que en aquella época estaba completamente nevado. Allí nos juntamos unas 7 u 8 personas, todas buena gente. Pero uno de mis amigos, sin consultarme, invitó a mi expareja, con la que había estado 4 años y roto hacía unos meses, y yo había invitado a la chica que me gustaba, que no me hacía mucho caso y que me tenía en la friendzone, pero no me rendía. Recuerdo que aquella primera noche había cierta tensión, y no recuerdo muy bien porqué, empezaron a discutir varias personas, y se lió una buena sin comerlo ni beberlo. Al final, parecía que todo era culpa mía, aunque nadie lo dijera, y me sentía fatal por haber ocasionado todo aquello sin pretenderlo, aunque muchos factores habían escapado a mi control. Me invadió una tristeza tremenda, cuando haces algo con toda tu ilusión, movido por tu corazón, que te salga tan mal… te hace daño a un nivel al que no estamos acostumbrados, es como si tu corazón se congelara para después romperse. Cuando se calmaron los ánimos, cogí la puerta y me fui solo a la calle a pasear… paré en un bar, me compré un paquete de Camel (y yo no fumaba), y me fui a una cuneta a sentarme en la nieve fumando un pitillo tras otro, cayeron 4 o 5. Solo un manto de estrellas perfecto me mantenía atado a este mundo, la mayor parte de mí quería hacerse un ovillo en la nieve, y dejarse ir.
Un buen rato después estaba casi congelado. No recuerdo quien vino a por mi, pero sí creo recordar que me arroparon y me calmaron, para llevarme al apartamento; si alguien estaba molesto dejó de lado su rencor para comprenderme, supongo, no recuerdo mucho más… luego sé que estaba en una cama, tapado bajo una manta, envuelto en unas lágrimas silenciosas que descongelaban mi corazón lentamente, hasta que conseguí dormirme.
 
Esa frustración de cuando haces algo con todo tu amor, y sale fatal, es terrible. La he vivido tres o cuatro veces en toda mi vida, y no se la deseo ni a mi peor enemigo. Es un “Me quiero morir” mezclado con “no tengo fuerzas para nada“, sin corazón te quedas atenazado e inmóvil, y si cada vez que intentas decir algo que arregle el problema, la presión y la tensión en los demás se te abalanzan encima hacen que acabes por quedarte mudo. Son momentos en los cuales no encuentras pensamientos positivos y no sabes dónde refugiarte. Puede ser un corazón roto por alguien que no puede o quiere curarte, puede ser que alguien a quien amas con todo tu corazón ya no sienta nada por ti… normalmente solo te puede dañar tanto alguien que habita en lo más profundo de ti, justo en la habitación congelada.
 
Lo único bueno de esa tristeza es que te agota, te deja seco, y te duerme… aunque luego te despiertes cada poco con esa sombra encima.
Sólo el bálsamo del tiempo puede curarte, así que toca mantener la calma y no hacer ni decir tonterías.
En la soledad de mi esquinita, en silencio, hasta que encuentre el optimismo perdido.
Permitidme ser egoísta, y que escriba esto sin sentirme un victimista de esos que suelen repatearme tanto.
 

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Ago
30
2019

Maneras de entender el amor

 Escrito a las 12:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     comentarios cerrados


Según los paradigmas sociales, que a mis cuarenta y… POCOS esté soltero, debería considerarse un fracaso. Sin embargo, viendo otras relaciones que hay por ahí, tiene mucho de éxito. No tengo muchas parejas cerca de ejemplo que pueda usar de referencia y decir “Quiero ser como ellos“. Siempre he pensado que el día que me case lo haré con alguien de quien sentirme orgulloso y con quien pueda crear algo especial, y no una persona aleatoria que me elogie o me folle bien (con perdón), aunque quizás no debería decir eso último muy alto… no vaya a ser que me vuelva el boomerang kármico, que ya he caído en trampas así. Es triste, tanto si me pasa a a mi como a otra persona, conformarse con una persona que no te llena por necesidad afectiva o miedo a la soledad, de tener alguien a tu lado… siempre he creído más importante el quién que el qué, cómo y cuándo, y cada día tengo más claro que junto a la confianza y lealtad, necesito divertirme con mi pareja (fuera de la cama, y dentro).
Si dejamos de lado estos dos o tres años de toboganes y venenos (mea culpa al 100%), desde que se acabó mi última relación seria, hace una década, no he tenido una pareja sólida, y sin embargo ¿cuántos flechazos he tenido? Pues alguno que otro, a mi alrededor la gente se ha reído mucho conmigo, pues tan rápido como paso página, me encandilo con alguien nuevo. Y aunque no lo parezca, quiero sentar la cabeza… pero ¡No es nada fácil! Haré una aclaración para no herir a nadie, cada relación es un mundo, y a veces hay personas geniales con las que pesa la distancia o las diferencias a la hora de ver el mundo y la vida, aunque sea una pena teniendo fuertes puntos en común y un sentimiento intenso de afecto. En el camino se han quedado posibles parejas sensacionales, aunque también considero que tuve mis motivos para no seguir (o los tuvieron ellas) y complicar las cosas alargándolas innecesariamente en el tiempo. Las que más duelen son las oportunidades perdidas cuando la víbora me ponía la vida patas arriba, pero gracias a Dior… eso ya ha quedado atrás.
Tengo pensado escribir un libro de humor que tendría un nombre políticamente incorrecto genial, pero tendré que buscar algo más sutil, en el que cuente cómicamente estas historias. Aunque si algo me detiene es que siempre hay dos caras en cada moneda, y aunque yo me lo tomo con resignación y humor, no siempre es así en el otro lado, hay gente que lo ha pasado muy mal sin merecerlo, pues todos encajamos las cosas de maneras diferentes, y seguramente, ellas tendrían visiones muy diferentes de lo sucedido. Además, he de confesar que no siempre me he portado bien, y que mis motivos o razones no siempre eran fáciles de ver o entender.
Ahora mismo me centro en celebrar lo bien que sienta alejarse de personas tóxicas, vengan vestidas con una sonrisa, o más serias y vestidas de monjas, ese será un capítulo muy interesante de mi libro ¡Con la Iglesia nos hemos topado! Un ateo como yo que alguien pretendía convertir al lado oscuro, gran historia… ains Señor, dame paciencia.
 

 
Y cuando me ilusiono con alguien, tengo un amigo al que siempre sorprende mucho, o lo hacía: “¿Cómo lo haces?” Me decía, pues a él le cuesta más creer en la gente y apenas se ha ilusionado un par de veces en su vida, y el único amor parcialmente correspondido que tuvo le ha dejado cicatrices que le durarán toda la vida. Yo me llevé mi primera decepción con 17 años, cuando mi primera novia me duró 4 días, otra historia muy divertida, por lo menos ahora, no os imagináis lo que he llorado por las mujeres… cómo Gus, mi primer gran amor, que cuando me dejó me hundí tanto que no pude estudiar para selectividad, lo que condicionó que yo no estudiara arquitectura, y forzó que llegaran a mi vida los ordenadores, mi gran pasión vital, y que ellos me llevaran a Madrid y me den de comer a día de hoy… todo parece tener un sentido con la distancia, y el mundo nunca deja de girar. Recuperé el contacto con ella 20 años después, y somos amigos, a veces todo tiene un porqué tanto si lo vemos como si no es así, quizás alguna de mis charlas motivacionales calen en el ella y pueda aportarle cosas positivas, o ella a mi, solo lo sabremos… con tiempo y perspectiva.
A lo que voy “…he muerto y he resucitado, con mis cenizas un árbol he plantado, su fruto ha dado y desde hoy algo ha empezado…“; si algo me ha enseñado la vida, es que con calma… siempre te curas, el corazón cicatriza mejor si lo dejas al aire, lleva mal las corazas y ser aislado del mundo. Así que fui aprendiendo que si pierdes al que crees “el mayor amor de tu vida”, es que habrá otro distinto después, incluso más grande, siempre diferente. Claro que habrá personas que nunca olvides, pero haz sitio para que lleguen otras nuevas si no quieren o quieres que se queden. Y cómo las mujeres son lo más bonito de la creación, es fácil encandilarse de una sonrisa… una mirada, un buen abrazo… y en mi obsesión por encontrar ese medio limón que se quede, a veces puedo haber olvidado exprimir a tope el presente.
Ahora mido más mis palabras, aunque a veces el corazón mueve mis labios, y he dicho burradas incluso más grandes de las que he oído. Sigo soñando con la persona que lo cambia todo, y sigo enamorándome de quien no debo, y quizás en navidad esté embobado con otra mirada. Estoy seguro que las parcas que tejen los hilos de mi destino, justo cuando aprenda a vivir plenamente sin expectativas ni buscar esos ojos que lo cambian todo… de repente pondrán ante mi lo que tanto tiempo busqué, y tendré que remodelar de nuevo mi vida para adaptarme a ello.
Cuando así sea… lo haré contento.
Qué bonita es la vida ¿no?
Sigo aprendiendo…
 

Porque la vida puede ser maravillosa.
 
Andrés Montes
(1955-2009) ¡No te olvidamos jugón!

 




 

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Ago
19
2019

Aceptación…

 Escrito a las 11:00     Archivado en: Desde dentro...     comentarios cerrados


aceptar
Del lat. acceptāre ‘recibir’/em>

1. tr. Recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da, ofrece o encarga.

2. tr. Aprobar, dar por bueno, acceder a algo.

3. tr. Recibir o dar entrada. No se aceptó la enmienda.

4. tr. Asumir resignadamente un sacrificio, molestia o privación…”

Hace unos meses escuché una frase que cambió mi vida para siempre: “Debes aceptar que tú no puedes ayudarla.“, seguida de otra que era igualmente una flecha en el centro de la diana “Ellos no son responsabilidad tuya.“. Y era cierto, mi maldición de ser un caballero andante hacía que me sintiera en la responsabilidad de ayudar a una de esas personas que quieren morir ahogadas. Les tiras un flotador, y no lo cogen, y nadan en dirección contraria, les tiras una cuerda… lo mismo, ellos te piden gritando “Tírate tú, tírate tú“, y en ese momento tienes tres opciones. Tirarte al agua y que te ahoguen con ellos, tirarte al agua y que te sacrifiquen para salir ellos (y luego se volverán a tirar), o quedarte en el barco y salvarte tu. No hace falta que diga, que por mucho que me doliera, elegí esto último. Obviamente, desde el agua, se me gritaban todo tipo de improperios atacando cada matiz de mi ser y mi vida, pero precisamente por eso busqué una persona objetiva, externa a todo, que me ayudara a ver, y entender, que eso que yo hacía era lo correcto, y poder así perdonarme, la culpa de si has hecho o no lo correcto puede ser una ingrata compañera de viaje. Y cuando me dijo aquel “No puedes hacer más de lo que has hecho” me puse a llorar como un idiota, pero empezó el camino hacia la sanación, la mía.
 
En aquel momento, yo estaba atormentado, incluso considerando por la culpa el volver a una relación que decir que era complicada o tóxica, era quedarse muy cortos. Yo quería empezar por crear un equilibrio personal, diálogo, sanar heridas, y ella no quería remover la “mierda” y quería pasarse directamente a cumplir su fantasía, sin importar las necesidades de los demás ni hacer las cosas bien como había sugerido poco antes, diciendo lo que yo quería oír. Aquel diálogo necesario no existió, ni pausa entre locuras ni coherencia, pero se dieron los sucesos adecuados para que yo mantuviera una cierta claridad y no cediera, algo que ha sido probablemente el mayor acierto de mi vida. Podría pasarme horas contando cosas, barbaridades de esas que cuesta creer que sean ciertas de lo enrevesadas que fueron, pero lo que más me sorprendía, era la diferencia entre sus umbrales y los míos. Sin entrar en detalles, ella consideraba que un maltrato era algo que te llevaba al hospital un tiempo, y yo, que una sucesión de palabras despectivas podrían ser la primera semilla para eso mismo.
 
La aceptación es algo muy complicado, porque normalmente estamos tan obcecados con algo que sencillamente… no lo vemos, y no puedes entender o aceptar algo que no ves. Durante los meses de relación que separamos con largos periodos de calma cuando rompíamos, yo intuía que había algo mal, pero no sabía verlo, ni ver lo grande que era. Nunca hacía las cosas suficientemente bien, siempre había cosas que reprochar, y por mucho que diera, no era suficiente. La mente clara que me ayudó al final sí supo verlo y comprenderlo, encajarlo en un patrón, diagnosticar la enfermedad e incluso ponerle nombre: trastorno límite de la personalidad. Recuerdo mi cara al oírlo. Mientras me explicaban los síntomas, parecía que me hablaban de la que había sido mi pareja con pelos y señales, como si la conociera ¿Y ella no soportaba que te alejaras de ella? Y yo… “Sí” ¿Y tenía cambios de humor radicales? “Sí”. Me parece increíble que muchas más personas puedan pasarlo tan mal por algo así. Yo le decía que su terrible infancia tenía que haber dejado alguna huella, ella no quería mirar para ahí, tampoco la culpo. Limpiar algo así puede llevar toda la vida, y hay que hacerlo, sobre todo, por quienes nos rodean, pues ellos sufrirán las consecuencias de los síntomas, los cambios de personalidad, la ira, la violencia, el miedo y el dolor. Cuando te das cuenta que la persona que quieres no es mala, sino que está enferma, te replanteas todo. ¿Soy un egoísta por no quedarme en esta relación? ¿Debería hacer un esfuerzo incondicional por salvar algo así? La realidad es que, bajo cualquier circunstancia, merecemos respeto y muchas otras cosas. Todo lo que pasó fue a la sombra de muchas mentiras, agresividad, malos ratos y noches sin dormir, cosas que hasta me daba vergüenza contar, pues la respuesta de quienes me querían era siempre la misma “¿Qué haces ahí?”. Y si hasta ese momento había tenido confianza ciega en que dentro de aquella demencial locura al menos ella me decía la verdad, al final era algo que ya no tenía, sus mentiras en los últimos meses habían sido muy graves, aunque en su escala de valores no fuera así, para mi… había cruzado el límite de lo perdonable.
Y salí de aquello merced al apoyo de mis amigos y un agente externo que me dio claridad y luz cuando más lo necesitaba.
Tardé demasiado tiempo en aceptar algo que mucha gente veía obvio, pero si algo me ha enseñado la vida es que cada cosa tiene su momento… y es vital que veas las cosas por ti mismo, no que te guíes por consejos de otros a los que podrías culpar si algo no sale bien. Mantén la calma, respira hondo, libera de peso tu mochila, mejor cuánto más ligeros… acepta lo que no puedes cambiar, y lucha, incansablemente, por tu felicidad.
 

Artículo escrito en Junio de 2019, cuando cogí la suficiente distancia, y que he dejado reposar un par de meses. Espero que pueda ayudar a alguien que pase por situaciones parecidas.

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Autor

  Alegrías y lágrimas de...

...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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