Desde dentro…

Ene
11
2017

Gangas que no lo son y coleccionistas de cosas.

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Cultura Geek, Desde dentro..., Freak World     comentarios cerrados


Que no os asusten los términos técnicos, intentaré explicar esto para todos los públicos.
Hoy me he comprado un Humble Bundle que incluye la remasterización de un clásico, uno de mis juegos favoritos de todos los tiempos (El Day of the Tentacle). Humble Bundle es una organización que vende juegos muy baratos, dando la mayoría del dinero a caridad, incluso puedes elegir el porcentaje a cada concepto. Durante años he comprado sus ofertas, por unos pocos euros, juegos por valor de varios cientos, sentirte doblemente bien por la ganga y por la buena causa en la que participas.
Muchos de esos juegos se activan en Steam, que para quienes no lo sepan es la plataforma de juegos más famosa del mundo. Estas plataformas te permiten comprar juegos, o activar un número de serie, y que ese juego forme parte de tu catálogo. Puedes instalarlo en tantos equipos como quieras cuando lo necesites, y como lo descargas, no debes estar pendiente del soporte físico. Existen varias plataformas similares, como Origin, Battle.Net o UPlay, centros de juegos de sus respectivas todopoderosas marcas, pero Steam siempre será mejor, es un paraíso del jugón, una oportunidad para el desarrollador indie de juegos, hogar de clásicos, una tierra de tesoros y maravillas multiplataforma, lo que hace que tanto usuarios de PC, como de Mac y Linux, disfruten de sus maravillas. 12647 juegos llenos de historias y aventuras.
Si antiguamente el coleccionista exhibía orgulloso una estantería repleta de cartuchos de consola, ahora tienes algo virtual que es tu catálogo, y hay webs que te permiten conocer el valor del mismo, así como algunas estadísticas molonas.
En una de ellas he sacado mi ficha:

Al verlo hoy me que quedado patidifuso por ese 89% de Juegos que nunca he probado, pero sí adquirido. ¿Y sabes una cosa? No creo que sea algo exclusivamente mío. Se lo comenté a mi compañero y él me decía “Pues yo andaré más cerca del 100%“. ¿Alguna vez has comprado algo que nunca has usado? Son problemas curiosos del primer mundo, adquirir cosas que esperan en la caja ser usadas, pero que acaban en la basura años después con el plástico protector original.
Irónicamente, mientras en Steam tengo 230 juegos en los que en total he invertido 89 horas, en un único juego de otra plataforma, el Battlefield 4, he llegado a invertir 1200 horas, la enorme diferencia entre un juego que te cala hondo y otros juegos que no pruebas o que no llegan a engancharte.
Este tipo de patrones hacen que intente gastar más dinero en cosas que necesito de verdad antes que aprovechar hipotéticas ofertas de cosas cuyo uso no veo claro, aunque es algo que sigo trabajando, no hace mucho cambié la lámpara de mesilla del dormitorio por algo que no sabía qué tal funcionaría (pero que estaba al 50% en Amazon), y si en ese caso al final parece un gran acierto, creo que fue más suerte que conocimiento.
Así que niños, la lección de hoy es:
Invierte en aquello que necesites y vayas a disfrutar,
y deja pasar las supuestas gangas que nunca usarás.

La maldición de un país enamorado de lo gratis, es que la gente coge cualquier cosa que le regalen (o adquiere una oferta) sin pararse a pensar si es algo que realmente necesita. El otro día en un centro comercial regalaban una lata de comida para gatos a través de una aplicación, la gente hacía cola para seguir el proceso ¿Si hubieran dado latas ilimitadas cuantas habría cogido cada persona? Seguro que incluso aquellos sin gatos habrían hecho cola.

Acabando con el tema de los juegos, diré que también asolan otros pensamientos, el “No podré jugar a esos juegos en lo que me queda de vida“, o un “¿En caso de haber tenido hijos podría dejarles mi colección de juegos? ¿Les importaría lo más mínimo?“, pero tampoco es para ponerse tan existencialista y adulto, que se me marchita aún mas mi niño interior.
Espero haberme explicado bien y que no sea muy pesada esta reflexión.
Que tengáis buen resto de semana

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Nov
4
2016

Estado de gracia

 Escrito a las 12:00     Archivado en: Desde dentro...     2 comentarios


Ayer por la noche viví un momento legendario. Estaba con preparativos de viaje, y en cuanto pude, eché un par de partiditas al ordenador, con gran resultado para mi y nefasto para todos los que cayeron ante mi fusil en una genial simulación de la primera guerra mundial. En los descansos, echaba unas partidas al juego de móvil más adictivo del mundo, el Clash Royale, y las victorias se sucedieron llevándome a mi record. Cada cosa que hacía parecía salir bien, y probara lo que probara, el resultado tenía el mismo éxito.
Mi tiempo de ese día se acababa, eran las once y media de la noche y la cama era mi destino inexorable.

Me recorté la barba y me miré al espejo, ese día me había cortado el pelo y me sentía guapo, algo que no es tan habitual como debería. Me metí en la ducha y disfruté de un champú con mentol y el gel Marine de la Toja, la aromaterapia al poder.
La ducha se llevó por el desagüe los restos de una conversación que había tenido un par de horas antes de esas que te dejan el cuerpo revuelto, así que me centré en aquella hora deliciosa y perfecta, aquel equilibrio pasajero que había sido un bálsamo para mi maltrecho corazón.

Pasaba media hora de la media noche y al día siguiente tenía que trabajar, pero elegí no agobiarme por ello, podemos convivir con el cansancio de la ausencia de sueño, pero no quería permitirme enturbiar aquella paz, ni agobiarme sin motivo. No sé si algún día dejará de sorprenderme cómo jodemos el presente preocupados por un mañana que de poco plausible acaba incumplido o imposible, o que destrozamos con nuestros propios agobios. Hay gente que no vive sin plan, y que si le trazas planes que no se cumplen te tachan de perroflauta o mentiroso, una de esas dicotomías absurdas a las que los humanos nos volvemos adictos en sociedad.

Tumbado en la cama valoraba aquel estado de gracia, aquella pausa en la rotación del mundo, aquel guiño del destino, esa hora en la que yo había sido inmortal, y la fortuna, mi amante más cómplice y fiel.

Precisamente por saber que la vida no siempre se prodiga en esos guiños, que a veces parece atormentarte y tener fijación en nublar tus días, precisamente por eso, valoraba plenamente aquel momento, sabiendo al bañarme en aquel Sol perfecto que más adelante llegarían días de tormenta, y esperando que como hasta ahora, se capaz de recordar en esos días gris que tras toda nube brilla el Sol, y solo hay que tener determinación y paciencia para volver a encontrarlo.

Pensando en las estaciones del ser humano me dormí…

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Jul
5
2016

Y la venta de humo se dispara en la bolsa de Nueva York

 Escrito a las 10:01     Archivado en: Desde dentro...     comentarios cerrados


Desde muy pequeños, llevamos maletas de las que no somos conscientes. Por ejemplo ¡Tetas! Tras esos meses en los que estamos enganchados a ellas como sustento vital, luego los hombres pasamos la vida fascinados por su belleza, siendo uno de los elementos al que nos aferramos con pasión en nuestras parejas y del que nunca parecemos cansarnos. No tengo muy claro cómo afecta su propio pecho a las mujeres, si influye mucho en los complejos y su autoestima, he visto a chicas ponerse pechos exageradamente grandes que parecían sentirse mejor así, y las que se quitaron pensando que tenían mucho cuando quizás no era así ¿Qué mujer está contenta con sus tetas? En fin, si algo tengo claro es que para gustos colores, y que a unos les gustan más grandes y a otros nos gustan más pequeñas.

Pero aunque parezca lo contrario, no quería hablar de tetas, sino de las huellas de la infancia. Como por ejemplo, el ¡Mira qué hago Papá! que todos hemos gritado en algún momento buscando la aprobación de nuestro padre o madre y sus elogios. Recuerdo las piruetas, los pequeños logros, los avances vitales en los cuales miraba a mi padre esperando un aplauso o un elogio, que siempre conseguía hincharme como un pavo si llegaba y me estaba mirando. Supongo que a todos nos ha pasado ¿no?
Según fui creciendo, bien cruzados los treinta, me di cuenta de que parte del sentido de la vida es apreciar por ti mismo tus piruetas, aunque nadie te aplauda, aunque nadie te vea. Cuando te quedas sin medallas ni premios demasiadas veces, aprendes a vivir solo, pues la gente no tiene por que darle el mismo valor que tu le das a algunas cosas. Si bailas buscando aplauso y no lo obtienes, quizá deberías plantearte por que bailas, y si te gusta de verdad, deberías seguir haciéndolo toda tu vida.

Me resulta especialmente molesto encontrarme con ese ¡Mira qué hago! en el mundo corporativo. En ese mundillo, tu haces un trabajo, pero cada vez más importante es que le cuentes a todo el mundo que has hecho ese trabajo, para que te den tu premio en forma de prestigio o compensación de cualquier tipo. Siempre me ha resultado molesto, pues hay personas que únicamente se dedican a eso, hay gente con el superpoder de trabajar una hora y pasarse hablando de ello semanas. Es la puta victoria del “parecer” sobre el “hacer”, del maquillaje sobre la verdadera cara, de la apariencia sobre la verdad, bienvenidos al siglo XXI.
Durante años me enfrenté a esa tendencia, pero mis derrotas se sucedían.
Así que le quité tiempo a mis tareas más técnicas para preparar informes coloristas en los que los jefes supieran qué hago y el valor que puedo aportar con mi trabajo.
El problema es que siempre se quiere más y nunca es suficiente, y quienes queremos hacer nuestro trabajo nos vemos alienados por los que reducen a números y gráficos, a tendencias y verdades que ellos pueden ver en una hoja de cálculo.
Y la venta de humo se dispara en la bolsa de Nueva York.
 
 

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Jun
23
2016

Besos ácidos

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Desde dentro..., Relatos o Versos     comentarios cerrados


¿Quien no ha dado algún beso ácido?
devaluado luego sin piedad en tu mente
si no prolifera en promesas o sueños,
habichuela mágica que riegas y no crece.
Fue quizás la erosión de la vida, las sequías,
los sueños ahogados en las orillas,
lo que me hizo cambiar la perspectiva.
 
Nadie debería jamás reprochar ni enturbiar un beso,
pues olvidaría que hubiera sido peor no haberle dado vida.
Los besos deseados son plantas verdes en el desierto,
pájaros que deben volar libres, la espuma en las olas,
fotografía oportuna, autopista a la incertidumbre,
una lección de vivir en el tiempo correcto,
el grano de arena que como cien antes,
se escurre entre tus dedos, para no volver.
 
Abraza esos labios con los tuyos, átalos bien en corto,
aunque desees un millón más, saborea tu estrella fugaz,
persigue una liebre sin pensar que no la podrás alcanzar,
salta al vació, sin saber si podrás resucitar.

 
Beautiful lips
Amazing picture from Wikimedia Commons
 

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Jun
9
2016

Castillos en el aire

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     comentarios cerrados


Queremos volar muy alto, y hacerlo acompañados, así que muy a menudo nos precipitamos, nos puede más el afán de la compañía que concentrarnos en la calidad y experiencia de nuestro propio vuelo. Afrontamos primeras citas con la pregunta en la mirada de “¿Será esta la persona que esperaba?“, y es algo que tan solo el tiempo puede responder. Casi he dejado de creer en los flechazos mágicos, pues se acaban quedando en el olvido y mueren de no ir acompañados de esfuerzo, buen hacer, entrega y paciencia.
Recuerdo una primera cita que acabó como deben acabar las primeras citas, con caricias y besos, y sin sexo, se debe dejar ahí la semilla de las “ganas de más” sin empacharse tanto que te sacies antes de empezar a disfrutar de lo que nace. Al acabar esa cita, una larga y llena de grandes momentos, recuerdo que me miró y me dijo: “¿Qué haces en Mayo?“. Yo pensé, pues cumpliré años, y no sé… no me alcanza la vista tan lejos. Era navidad, y aquel amor que traía bajo el brazo Noel mostraba su primera sorpresa, y habría bastantes más, algunas muy desagradables, lo que acabó por hacer que en Mayo ya casi nos habíamos olvidado.

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Amazing picture by: Jay Darvishian (from lifeofpix.com)

La impaciencia a veces nos juega malas pasadas, el querer llegar a la meta antes de cruzar la línea, ilusionarse con algo que apenas existe, un sentimiento pariente de el que hace que algunos al casarse, crean haber llegado a la cima de una montaña y no precisamente, haber comenzado un nuevo viaje. Nos ilusionamos y nos dejamos ir, es una trampa en la que he caído más veces de las que puedo recordar o por las que podría disculparme. Nos gusta a los humanos construir cosas, hace milenios, cuando acabábamos de salir del mono ya pintábamos en las paredes historietas de la Rue del Percebe, y por eso Lego ha crecido tanto como empresa, nos encanta construir naves, edificios, coches y vidas, y cuando nos dejamos llevar y aparcamos la cautela proyectamos nuestros castillos en el aire convenientemente edificados sobre una nube ¡Ay si llueve! ¡Qué más da! Y antes de acabar de construir el castillo la nube se deshace y deja caer las piedras sobre el valle de las decepciones.
¿Sabéis cúal creo que es el error?
Que siempre hemos creído que queremos un castillo, y quizás, seríamos más felices con una casita de madera, lo más cerca posible del mar, que se mantiene mejor y se limpia más fácil. Empezamos a sumarle cosas a nuestra fantasía, y se nos va de las manos. Es como lo móviles de ahora, con GPS, Güifi, brújula, cortador de patatas y mechero, sin olvidar el poder hablar, claro, ni la cámara para presumir de cuánto y de qué bien vivimos, lo hagamos o no.
Y al final, una simple mano, agarrando la tuya, puede hacer que te sientas más acompañado que interconectado con medio mundo.
Primero una tabla, luego un ladrillo, sin ellos, nunca tendrás tu castillo.

 
 
 

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Jun
6
2016

Un paseo por el campo

 Escrito a las 17:00     Archivado en: Desde dentro..., El Mundo...     1 comentario


Este fin de semana pude reencontrarme con la naturaleza de un modo que hacía muchísimos años que no me pasaba. Me tiré en la hierba y las hormigas se pelearon entre ellas en pugna por quien de ellas declaraba suyo mi cuerpo cual nuevo continente aparecido en su mundo, caminé de puntillas por los senderos para no pisotear a las ranitas de apenas media uña de tamaño que salían del charco para buscar su hueco en el gran mundo, me detuve a mirar los insectos emborrachándose en las flores, competí con una oveja a ver quien de los dos gritaba más e incluso recogí los huevos de unas gallinas que me miraban mal y estuvieron a un tris de comenzar una batalla conmigo que no sé quien de los dos habría perdido.

Amapolas

Fue una vuelta a lo simple, a lo básico, a lo primordial. Que el agua no sea algo que sale del grifo sin más, sino que sepas de qué pozo sale, y que no debes desperdiciarla, y que la luz sea natural y la electricidad un bien escaso y muy controlado. Cuando la leche no se calienta en microondas y sí en una pequeña cacerola, al fuego, y la tortilla de patata ya no es amarilla… sino naranja, por la calidad de las materias primas que le dan forma y elevan su sabor a los altares culinarios.
Cuando la noche es la excusa perfecta para sentarse a hablar a la luz de un farol, y te acuestas pronto pues el Sol acabará dictando a qué hora debe comenzar tu día, y tendrás muchas cosas qué hacer.

arbol

Me fasciné por lo diferente que es todo, por lo lento que pasa el tiempo alejado de más tecnología que aquella que pueda hacer una foto o introducir una melodía. Esa otra velocidad, esa pausa, ese arrullo incesante de los cientos de insectos que se unen en un zumbido que solo se atreven a romper cigarras, grillos o pájaros, componiendo juntos una canción. El buitre buscando presas mientras el conejo cruza con miedo los caminos, los pájaros que han anidado en una persiana que ya no podrás abrir hasta que dejen el nido sus chiquitines, pues eres parte de esa ecuación.

A veces el campo, silencioso y humilde, te recuerda sin palabras, que vives demasiado deprisa, que te ahogas por correr para cada cosa que haces, y que hacer más cosas en poco tiempo no significa necesariamente que sea aprovechado. El campo te recuerda que hay otro modo de vivir, que te puedes llenar de vida, y te susurra al oído su secreto: “Tan solo respira

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Autor

  Backup mental de...

...coleccionista de sujetadores del presente, sintonizador de melodías y momentos, de besos y recuerdos. Derrochador de optimismo, aprendiz de todo, maestro dando abrazos y cunnilingus, tiburón sin agua, gaviota con cielo.

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