Desde dentro…

Abr
25
2020

El mejor momento de mi día…

 Escrito a las 13:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     3 comentarios


Escrito antes del Covid… cuando todo era diferente y normal.

El despertador es cruel, y no tiene piedad,
llega un momento en el que se acaban los «snooze», y hay que partir para el trabajo.
Tras ponerme el traje que hace de uniforme, pongo rumbo, aún dormido, a un autobús que recorrerá la sierra para llevarme al centro de la capital. A lo lejos, se ve un precioso amanecer y una enorme mancha negra que los políticos niegan, pero que asegura que allí solo hay que respirar lo necesario.
Tras el peregrinaje, y una vez cerca de mi trabajo, un buen desayuno hace que mi día comience oficialmente, perdido en la selección de vídeos idiotas de YouTube mientras la tostada va cayendo acompañada de un te moruno…
Después de mi ratito de paz empieza el frenesí:
Emails a las tantas de la mañana sobre fotocopiadoras que atacan a mis usuarios, portátiles que no llevan bien las caídas, hay que hacer un nuevo pedido de iPhones y… seguro que hoy llegará algún email de la moda de esta semana: más casos de coronavirus, que si hemos viajado nos quedemos en casa, está clarísimo que no van a sacar ninguna estadística demostrando que el propio trabajo, mata bastante más gente que el cruel y fatídico virus que se encoje de hombros diciendo «pero si no soy más que una gripe incomprendida».
La pausa de la comida es siempre salvadora, una hora de paz y cosas ricas, y quizás con suerte cerrar los ojos media horita.
La tarde se lleva mucho mejor, incluso viviendo rodeado de informes. Hay que responder tres estupideces y dos cosas más razonables, parece ser que se ha acabado el sentido común en un par de departamentos, mientras alguien se acerca con una pregunta que antes de plantearte ha buscado en la red, ha probado mil cosas… y emocionado le echas una mano, no puedes llorar aunque tu corazón tiemble ante la proeza de la sencilla coherencia de intentar por ti mismo resolver algo, qué simple y qué escaso.
Llega el momento de partir para casa, hoy no regalo más fragmentos de mi alma.
Cojo un bus urbano y me hago fuerte en una esquina jugando a algo en el móvil.
Y luego otra estación, otro autobús, esta vez, directo a mi casa.
Me adormilo escuchando Alan Parsons Project y se me pasa, nunca mejor dicho, volando.
123 pasos separan la parada de mi casa, los camino contento, siempre sonriente.
Giro la llave para abrir la puerta de casa, y mi mundo se pone en pausa.
Me recibe el vaivén de la cola de mi hija peluda, y te escucho levantarte del sofá.
Vienes a mi con una sonrisa preciosa y una mirada limpia, para besarme sin prisa.
Nos fundimos abrazados, mezclando nuestros olores con besos.
Ahí estás…
eres el mejor momento de mi día.

 

 


 

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Abr
11
2020

A veces

 Escrito a las 17:00     Archivado en: A5, Desde dentro..., Desvarios     Añadir comentario


A veces el mundo se detendrá en seco, en silencio, quedándose mudo, quieto, expectante,
otras será vertiginoso, esquivo y frenético, buscando encontrar su ritmo, su «adelante»,
en todos los ambientes, encontrarás señales que definan tu camino, que salgan a tu encuentro.
A veces serás brújula, flotador o medicina, otras serás torpedo, timador… o serás herida,
a veces serás sonrisa, alegría y vida, y otras serás espina, serás lágrima, serás huida.
A veces tu corazón se negará a olvidar, en otros casos lo hará sin que te des cuenta,
a veces un amigo sacará brillo a tu coraza, otras la pondrá seriamente a prueba.
A veces deberías aprender que siempre debes fiarte de tu instinto, tu lado más sabio.
A veces te reirás al comprender la ironía, de lo mucho que te encuentras al perderte,
de que la felicidad que buscas ya viaja contigo, de que los mejores besos se hacen esperar,
de que no eliges aquello que no puedes olvidar, de que no hay camino recto que lleve al altar.
A veces entenderás que la suerte es humilde y se alimenta de agradecimiento y corazón,
y esos mismos días entenderás que la vida solo pide ser abierta y disfrutada cual dulce melón.
A veces echarás de menos a personas por las que darías media vida por un día más con ellas,
y te emocionarás del privilegio de contar con esos pocos buenos amigos que son brújulas,
jugarás con pasión al póquer de una vida que suele guardarse un as con el que sorprenderte.
A veces te sentirás grande, otras te verás tan pequeño, difícil es medir tu dimensión,
ni bueno ni malo, ni piel ni hueso, ni razón ni soberbia, sólo aprendiz y corazón.
A veces querrás plegarte y volver temeroso al útero que puso en marcha tu alma,
otras abrirás tus alas sintiendo que el mundo al fin y al cabo no es tan grande.
A veces brillas, a veces llueves, a veces tiemblas, a veces gritas,
a veces descubres que el sentido de todo es bailar,
entre la añoranza y el amor,
entre el deseo y el orgasmo,
entre tu boca y la derrota,
entre tu respuesta y mi pregunta,
entre mi mar, y tu cielo.
 

 


 
 

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Feb
21
2020

Solo vivir

 Escrito a las 12:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     3 comentarios


A veces agota vivir en un mundo como este, lleno de redes sociales que persiguen acercarnos a… no sé muy bien a qué, pero lo hacen bajo el pretexto de tener cerca los que nos importan, cuando en realidad buscan medirnos, controlarnos y sacarnos utilidad comercial.
La realidad es que si queremos tener cerca a alguien, podemos abrazarlo, podemos coger el teléfono y llamarlo, disfrutar de su voz y su risa, y no un «jejeje» o ese «LOL» que escribimos sin inmutar las facciones ni nuestra cara, ahora ya no reímos por fuera… y necesitamos esas sonrisas para iluminar el mundo que nos rodea, para enriquecernos como colectivo, partiendo desde el individuo.
Yo confieso que me encantan las tecnologías y me fascinan las oportunidades que brindan, pero del mismo modo, a veces me cansan, me siento «viejo» cuando añoro la calidez, las tardes de baloncesto, las castañas entorno a la hoguera, los abrazos y las sonrisas, y no los mensajes de cumpleaños para cumplir por ir subidos en este tren de vida a veces tan frenético.
Una parte de mi van ese tren, trabajando con su portátil en mil proyectos y tareas, mezclando con ellas tareas personales para ir liquidando cosas pendientes, para seguir dando pasos… ¿al frente? No lo sé, cuesta saber hacia dónde va ese tren, y cuando intentas bajarte, estás esposado al mismo.
 
Pero yo he conseguido que una parte de mi se baje, y disfrute del ahora.
Quizás no lo comparta en redes sociales, pero a veces reboso felicidad.
Creo que las personas marcan la diferencia, y tengo la suerte de estar rodeado de verdaderos elementales del aire y del aire, del fuego y de la tierra. Ellos me recuerdan que lo importante es el olor de esa persona mientras la abrazas, que lo importante es colarte en su cuerpo a través de un escalofrío que explotará cual fuego artificial en su corazón, llenándole de calor. Lo importante no es ver una serie antes que nadie para que no te la jodan en twitter, sino elegir bien con quien ves esa serie y con quien compartes tu manta y su sofá. Lo importante es vivir cada día teniendo presente, que no vuelve, vivir cada persona sin saber cuánto tiempo podrás disfrutarla, impregnarte de la magia de un sitio o un momento para llevarlos contigo siempre, y no perdértelos haciendo fotos, algo que es muy habitual en mi.
 
La clave quizás sea esa…
Solo vivir
Lo demás, es accesorio.
 

 


 

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Ene
24
2020

De matrimonios y personas

 Escrito a las 16:00     Archivado en: Desde dentro..., Desvarios     comentarios cerrados


Si gritas muy alto «Soy heterosexual y jamás estaría con un tío», ten por seguro que el Universo conspirará para que acabes con una polla en la boca. Y no digo que sea mi caso, pero me han pasado cosas peores, y sin embargo…, he de agradecer a los que mueven los hilos su bondad, pues he llegado a los 42 habiendo vivido cosas de lo más curiosas, y he conocido felicidades de todos los colores, llevando con orgullo los pies llenos de heridas de los infiernos que atravesé para llegar a ellas.

El otro día me permití el gusto de ser franco, y me sentí cómo algunas veces cuando vas al baño… en fin, no seguiré por ahí, pero que quede patente que creo que los grandes poetas de la historia han sido parcos en palabras homenajeando los placeres experimentados en el retrete, cuando la fibra hace su efecto y… ¡Joder! Cada día mis desvíos y desvaríos son más graves. Como decía (sí, ya podéis ponerme voz de abuelo), tras escribir aquello empecé por recibir dos hostias bastante seguidas, ambas de mujeres casadas que me acusaban de ser un poco capullo. Qué conste que nunca he negado ser un poco tirando a bastante capullo, pero a veces es divertido agitar un avispero aunque puedan picarte por ello. Pero gracias a muchos de vosotros, lo que recibí después, fueron caricias y aplausos, y aunque valoro tanto los abrazos como los buenos tortazos, sí he de confesar que agradecí mucho el bálsamo de algunos de vuestros comentarios (Gracias).
Y es que poner a prueba a las personas es algo estupendo, seguro que alguna vez habré fallado yo algún examen, pero desde hace muchos muchos años, sé ver lo positivo que es ver la cara de alguien lejos de su zona de confort. Pero si he de ser justo, diré que efectivamente, no tengo ni idea de lo que es un matrimonio y lo que implica, y creo que no he criticado el valor de la gente que consigue mantener viva durante años su relación de pareja, sino en cierto modo la falta de coraje de quienes se conforman con algo incompleto, podrido, marchito o falso, por el simple hecho de no zarandear el árbol de la vida para ver qué les ofrece. E igual que digo eso, también añadiría «cada cosa tiene su momento«, y cada persona encuentra la inspiración y la fuerza necesarias en el momento más (in)oportuno, precipitarlo es un error, pero negarlo… es un error mayor aún (en mi humilde y desconocedora opinión).
Y no hablaba de las relaciones de esas personas, sino de que ahora sé que me equivoqué al aceptar ser el tercero en discordia en la vida de personas casadas, y que es un error que espero no volver a cometer. En esta última década he vivido los celos de un marido loco, o el ser un juguete para dar celos a alguien, o lo que es más habitual si cabe, el que pretendieran que fuera la vía de escape y solución a todos los males de esa persona que no es feliz, y que espera que tu la saques de esa relación en la que no quiere estar. Quizás por cobardía o por miedo a tanta responsabilidad, he huido de esas relaciones, siempre más preocupado por los niños que por los maridos, y casi siempre incomprendido y con con el discurso hacia ellas de: «Haz tú tus elecciones y no me hagas elegir por ti«, que supongo podéis comprender al menos un poquito, y quizás de estar libres de verdad… quien sabe si habría ido bien. Hace muchos años, cuando rondaba los 20 años, cometí el error de enamorarme de una persona a la que ayudé a superar una relación supertóxica que casi acaba con ella, y mi recompensa por aquel esfuerzo titánico fue quedarme fuera, incluso como amigo, una vez ella podía nadar por si misma… cuando aprendes a nadar, dejas atrás a los flotadores. (Así que nunca nunca os olvidéis de que nuestra mayor prioridad debe ser flotar, y volar, por vosotros mismos). Supongo que para darte sin medida a alguien, tienes que estar seguro de que luchará por la relación, en aquellos casos era dejando a su marido, y no prorrogando agonías por pena o comodidad. Mi pepita grilla me contaba hace poco de una amiga suya que está casada y con 2 hijas en la universidad, y que lleva 6 años con novio, el marido lo sabe y lo acepta… y sus hijas ¡Aún no! ¡Qué locura! ¿no?. Yo no quería verme en una de esas circunstancias.

Tengo pendiente ver «Historia de un matrimonio» en Netflix, me han dicho que es una pasada de película, y que además de recoger premios allá por dónde pasa, toca interesantes cuerdas del corazón humano. Así que sí, siento hablar de cosas que no entiendo por completo, siento que la empatía no sea uno de mis puntos fuertes, pero estoy trabajando en ello. Siento no haberme explicado siempre bien, y que en la busca de hacer el menor daño posible, no haya tenido éxito. ¿Sabéis? Yo también he sufrido lo mío, pero como buen varón… suelo llorar en silencio y con la puerta cerrada. Brindo de todos modos por esas lágrimas que me hacen un poco más humano y muy diferente a otros compañeros de género que se pasan la vida con el grifo cerrado, llorar limpia mucho.
Lo dicho, pese a que muchos os gustó lo que escribí a finales de año, siento si molesté a alguien, no era mi intención.

Como decía, el 2019 estuvo plagado de grandes momentos y locuras…
y este nuevo año espero que sea aún mejor,
y ha empezado con un trébol de cuatro hojas, en mitad del camino.

 

 
 

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comentarios cerrados
Nov
5
2019

Cerrando filas

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro...     4 comentarios


Los que me conocéis, sabéis que me gusta compartir, llevo muchos años haciéndolo. Por mi pasión con la tecnología, he ido probando muchas cosas desde que tengo un teclado bajo mis dedos… este blog tiene ya más de 15 años, y aguanta estoicamente los cambios tecnológicos, pues ahora las redes sociales mueven más información, junto con esos terribles titulares sensacionalistas (clickbait) que complican mucho creer en una noticia sin hacer una intensa labor de investigación para cotejarla.
Pero a lo que voy, que me desvío, como suele ser habitual.
He vivido grandes momentos en este blog, y también me ha dado sus disgustos. Recuerdo cuando hace más de diez años, mi entonces pareja vigilaba los comentarios que me hacían y si había alguno cariñoso de más me costaba un fin de semana de gritos, o aquella «amiga» que podría querer algo más… y que demostró lo loca que estaba cuando un 28 de Diciembre revelé al mundo el nacimiento de mi inexistente hijo. También han estado las que al partir de mi vida me dejaron «muestras» de su amor, algunas tan increíbles como sorprendentes, indicando que hacía lo correcto, otras más justas y que me incitaron a reflexionar largo y tendido.
Mucho más recientemente, he tenido mis fantasmas… abrirte al mundo no siempre es fácil, y a veces hay cosas que te recuerdan que esto puede leerlo cualquiera. El otro día dejé fluir mi tristeza y la pareja de alguien importante lo leyó sintiéndose identificado, sentía yo entonces una mezcla de rabia sin justificar por la situación que nos une mezclado con un «no somos tan distintos», en otro mundo incluso seríamos buenos amigos. También recientemente alguien me preguntó por mi ex, y pasé por su Twitter para ver sorprendido un enlace a este blog de hace poco tiempo ¿Qué querrá decir? ¿Qué será de ella? Espero esté bien aunque en su día comprendí que no era responsabilidad mía… no es nada fácil mirar hacia delante sin preocuparte alguna vez por quienes quedan atrás. Muchas de estas cosas me han hecho consciente de cómo lo que cuento a veces excede mi propio límite de la intimidad… de ahí que haya «recogido la ropa» y retirado algunas cosas, que he guardado con mi mimo en una caja, para sacarlas más adelante si así lo siento.

Cuando compartes tu felicidad, siempre ves gente que se alegra por ti, pero también hay quien te maldice, por haber salido de tu vida o porque ellos no son capaces de encontrar paz en sus vidas. Mirando para mi… creo que me he abierto demasiado en algunos momentos… y que es hora de cerrar filas, y de preservar algunas cosas solo para mi.
Hay muchas cosas bonitas o divertidas que compartir, historias sin nombre y sentimientos que no salgan de lo más profundo.
Con tanta pasión por compartir… a veces olvidamos que es más importante vivir.
Y últimamente estoy muy ocupado viviendo… no sé si lo hago bien o mal, pero si sé que valoro más ser feliz… que contarlo.
Y sé que tendré que hacer cambios en mi vida, y tanto sin funcionan como si no es así, yo recibiré el castigo y el beneficio de mis actos y elecciones.
Supongo que de eso se trata la vida, prueba y acierto, miedo y valentía, besos y sequías.
En cualquier caso… gracias a los que me leéis, sea lo que sea lo que os impulse a hacerlo.
En las noches más oscuras, os escucho respirar a mi lado.
Y algunas veces, traéis una vela en la mano.

 
 
   
 
 

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Oct
27
2019

La tristeza

 Escrito a las 21:15     Archivado en: Desde dentro...     1 comentario


 

¡Cuánto más profundamente clave la tristeza
su garra en vuestro ser,
tanto más alegría
podréis contener!
 
De «El Profeta«, de Kahlil Gibran
 

 
Sé que a veces soy un optimista insufrible de esos que parece que esnifan a Paulo Coelho y a Jorge Bucay, y suele ser así. Sin embargo, aprendemos de los contrastes de la vida, y efectivamente… lo que nos hace tocar el cielo con dos manos un día, es susceptible de sumirnos en el infierno… los contrarios bailan una danza peligrosa, y hay que aprender a moverse en ella, en caso de que se pueda aprender… de no ser así, hay que intentarlo al menos.

Para definir como me siento, me acuerdo de una vez, hace 22 años, en que un grupo de amigos organizamos una escapada a un apartamento en Cabeza de Manzaneda, el pico más alto de Galicia, que en aquella época estaba completamente nevado. Allí nos juntamos unas 7 u 8 personas, todas buena gente. Pero uno de mis amigos, sin consultarme, invitó a mi expareja, con la que había estado 4 años y roto hacía unos meses, y yo había invitado a la chica que me gustaba, que no me hacía mucho caso y que me tenía en la friendzone, pero no me rendía. Recuerdo que aquella primera noche había cierta tensión, y no recuerdo muy bien porqué, empezaron a discutir varias personas, y se lió una buena sin comerlo ni beberlo. Al final, parecía que todo era culpa mía, aunque nadie lo dijera, y me sentía fatal por haber ocasionado todo aquello sin pretenderlo, aunque muchos factores habían escapado a mi control. Me invadió una tristeza tremenda, cuando haces algo con toda tu ilusión, movido por tu corazón, que te salga tan mal… te hace daño a un nivel al que no estamos acostumbrados, es como si tu corazón se congelara para después romperse. Cuando se calmaron los ánimos, cogí la puerta y me fui solo a la calle a pasear… paré en un bar, me compré un paquete de Camel (y yo no fumaba), y me fui a una cuneta a sentarme en la nieve fumando un pitillo tras otro, cayeron 4 o 5. Solo un manto de estrellas perfecto me mantenía atado a este mundo, la mayor parte de mí quería hacerse un ovillo en la nieve, y dejarse ir.
Un buen rato después estaba casi congelado. No recuerdo quien vino a por mi, pero sí creo recordar que me arroparon y me calmaron, para llevarme al apartamento; si alguien estaba molesto dejó de lado su rencor para comprenderme, supongo, no recuerdo mucho más… luego sé que estaba en una cama, tapado bajo una manta, envuelto en unas lágrimas silenciosas que descongelaban mi corazón lentamente, hasta que conseguí dormirme.
 
Esa frustración de cuando haces algo con todo tu amor, y sale fatal, es terrible. La he vivido tres o cuatro veces en toda mi vida, y no se la deseo ni a mi peor enemigo. Es un «Me quiero morir» mezclado con «no tengo fuerzas para nada«, sin corazón te quedas atenazado e inmóvil, y si cada vez que intentas decir algo que arregle el problema, la presión y la tensión en los demás se te abalanzan encima hacen que acabes por quedarte mudo. Son momentos en los cuales no encuentras pensamientos positivos y no sabes dónde refugiarte. Puede ser un corazón roto por alguien que no puede o quiere curarte, puede ser que alguien a quien amas con todo tu corazón ya no sienta nada por ti… normalmente solo te puede dañar tanto alguien que habita en lo más profundo de ti, justo en la habitación congelada.
 
Lo único bueno de esa tristeza es que te agota, te deja seco, y te duerme… aunque luego te despiertes cada poco con esa sombra encima.
Sólo el bálsamo del tiempo puede curarte, así que toca mantener la calma y no hacer ni decir tonterías.
En la soledad de mi esquinita, en silencio, hasta que encuentre el optimismo perdido.
Permitidme ser egoísta, y que escriba esto sin sentirme un victimista de esos que suelen repatearme tanto.
 

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Autor

  Earl grey con cookies de...

...un poeta novato en busca de diccionarios donde encontrar letras y colores que dibujen cielos y momentos, amante de la vida y sus Nirvanas, de canciones, gestos, olores... ¡Cómplice de atraco a palabra armada junto a Joaquín! Busco el hueco para deslizar mis dedos húmedos y lascivos por entre las piernas de la vida, mientras avivo mi mirada de Peter Pan, mientras con detergente me esmero en conservar el alma lo más blanca posible.

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