A5

Ene
11
2016

Elefantes en una cacharrería

 Escrito a las 15:45     Archivado en: A5, Desde dentro...     comentarios cerrados


Intentar hacer el menor daño posible a tu entorno no es siempre garantía de ello.
Si vuelas inevitablemente podrás chocarte con otros pájaros del mismo modo que si pisas firme podrías aplastar a otros seres, también bajo el mar puedes romper un coral o remover la arena. por cuidadoso que seas (los demás seres también lo hacen).
En las relaciones sucede algo parecido, si bien el amor es lo más importante, en la amistad, el día a día o en pareja, no siempre es suficiente. Es duro aceptar que por mucho que quieras a alguien no basta para tener fluidez y equilibrio, plenitud y horizonte.
 
Aunque el corazón se aferre a ese capricho pueril de una persona que no quieres dejar ir, debes hablar con él para hacerle ver que no te conviene.
Unas veces será una amistad que aunque egoísta, te entretiene, aún sabiendo que no querrás tener a alguien así a tu lado en un apocalipsis zombie. Otras, será una de las relaciones más sagradas de tu vida, y cuando la veas desangrarse lentamente quizá prefieras dispararle en la cabeza para que al menos tú, no mueras con ella. Y otras será la pasión y la fantasía de esa vida compartida e intensa, pero que en dos frecuencias distintas, parece no poder encontrar su melodía conjunta. Dejar atrás es tan duro como lo que más, y solo es soportable por la esperanza de que a la larga, beneficie a todos los implicados.
Vivir sin miedo significa equivocarse, hacer daño sin querer, y recibirlo del mismo modo, aunque sea algo que tardemos en entender. Cultivar el desapego para que el cariño no se convierta en cadena, para que los abrazos no sean jaulas. Darle más importancia al fondo que a la forma, pero sin quedarte atrapado en el pozo. Vivir es aprender a querer bien, unas veces siendo lanza o espada de una persona, otras siendo el pañuelo que la despide al partir y otras esa colección de besos que alimenta, escondida en el recuerdo, la fuerza que nos hace evitar inclemencias y salir de túneles imposibles.
 
Elefante
 
Sonriamos ante el espejo reconociendo aquello que somos a menudo, elefantes en una cacharrería, pretendiendo entre el estruendo ser silenciosos, intentando no hacer daño sin poder evitar dejar huella, ni tener la espalda llena de tatuajes de las pisadas de otros. Aprendiendo a bailar, a veces, sin música, creciendo con o sin agua, suspiros mortales que se convierten en trazos del dibujo que Cronos traza sin prisa, ni pausa.

 


 

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comentarios cerrados
Dic
30
2015

La felicidad se abre paso

 Escrito a las 12:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     2 comentarios


El silencio y la calma habían precedido aquel momento tan curioso. Atrapado por el estrés de la vida, decidí sentarme en un banco a coger aire, no por cansancio, sino por ese ritmo frenético que nos hace olvidar lo básico y aparcamos la consciencia para parecernos a las máquinas. Allí sentado, yo era mucho más persona de lo que lo había sido en las últimas semanas, estaba en equilibrio con el Universo, y entonces, pasó ella, y lo derrumbó todo.
Al principio me costó reconocerla por su peculiar peinado, pero su preciosa sonrisa la delató. Afortunadamente, ella no se dio cuenta de mi presencia, y se agachó para limpiarle la boca a un niño que no tendría más de 2 o 3 años, y por cómo lo hizo, supe que era su hijo. Ella estaba como siempre, preciosa, y lucía radiante su pelo negro azabache y sus tan adorados tacones con falda corta. Resumiendo, estaba tan guapa como en mis recuerdos, los años siempre fueron benévolos con ella, y por su calidad humana, lo merecía.
Se levantó y siguió camino, y yo me quedé allí sentado, pensativo, recordando nuestra historia.
 
Cuando la conocí, en nuestros veintipocos, era una criatura mágica que rebosaba sensualidad y dulzura. Nos hicimos amigos sin darnos cuenta y compartimos besos ocasionalmente y me hice el mayor y más sincero admirador de su sonrisa traviesa y sus perfectos pechos, cuyo tamaño, forma y suavidad dejarían sin palabras a un Neruda borracho la noche de un Sábado.
Nos abonamos a las grandes conversaciones, sin muros, hablando con franqueza de quienes llegaban a nuestra vida, nuestros trabajos, y años después, el tema de conversación se centró en el hombre que la esperaba en casa y que no sabía cómo tratarla en diversos ámbitos.
Ella había tenido varias malas relaciones previas a aquella, personas de esas que pasan por tu vida y dejan tu cielo lleno de nubarrones grises, y que desde entonces parece que nunca tendrás un Sol pleno y siempre te faltará algo de luz en tu cielo. A ella le quedó ese miedo a estar sola, esa incapacidad de nadar en piscinas vacías, ese terror que te petrifica más allá de tu control o voluntad, esa imposibilidad de mantener firme la rabia que te hace escapar de una casa… para no volver.
 
Y desde entonces, con respecto a ella, esa fue mi batalla, hacerle ver que su felicidad era propiedad privada, suya, claro, y que alguien que se comportaba del modo que lo hacía él, no merecía a una mujer como ella a su lado. Mi amor por ella era honesto y desinteresado, pues la distancia siempre había frenado nuestros intentos de hacer planes juntos. De vez en cuando nos regalábamos encuentros llenos de magia y pasión, donde aparcábamos en la puerta la ropa y cualquier mal rollo, para disfrutar aquellas horas como si fueran el último día de nuestra vida. Pero incluso en esos días, asomaba el nubarrón, me frustraba no verla más brillante, y me dolía cómo se resignaba a no alcanzar la plenitud perfecta de la cima de una montaña por miedo a las torceduras de tobillo del camino.
Y el destino no siempre ayuda, y conoció a otro chico que parecía poder ofrecerle esos sueños y cuando se los estaba empezando a mostrar se retiró de la partida, quizás él también tuviera sus miedos, y si graniza el día que la tortuga deja el caparazón en casa, nunca más vuelve a desprenderse de él.
 
Osito
Image from the amazing website Gratisography, thank you Ryan McGuire, by BellsDesign.
 
Ella buscaba hobbies para llenar los inmensos huecos que tenía en su vida. Deporte, bailes, cocina, cualquier lección entretenida era válida, y un maravilloso perrito le regaló unos años de calma, cuidando a otro ser, nos olvidamos de aquello que nos falta. Y en esa búsqueda de pasiones, encontró un tesoro, y es que tenía un don, la habilidad de contar historias, y hacerlo con una magia especial. Ella plasmaba otras vidas en palabras como si las hubiera vivido, y es que quizás lo hacía y se ponía aquellas pieles para escapar de aquel metafórico castillo donde siempre la sentí presa.
Yo di tres pasos atrás y ya ni tan siquiera pude mirar por la ventana de su vida. Acabé enfadándome tras mis continuas derrotas intentando que se escapara de aquella cárcel de amor y se diera una oportunidad viviendo sin miedo ni caparazón.
 
Cuenta la leyenda… que siguió con el imbécil, y tanto siguió, que al final, pasó lo único que podía pasar, un error, un acierto, o ambos, dieron vida a un niño.
No hay mayor regalo para la soledad que la sonrisa de un niño, ni mejor entretenimiento para una vida. Imagino que los colores recuperaron su vivacidad de la mano de aquella maravillosa criatura.
 
De vez en cuando, me he cruzado con su cara feliz en el avatar de su Whatsapp, y le he sonreído cómplice sabiéndola bien, y al leer sus historias en su rincón de Internet, he recordado que aquella maravillosa mujer está más viva que nunca.
 
Leyendo sus palabras me di cuenta, de que la felicidad se abre paso, y que si no le damos más de mil veces con la puerta en las narices, acabará entrando en nuestra vida, de un modo u otro.

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Nov
25
2015

Las mujeres y yo (Capítulo 1)

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Mi Camino...     16 comentarios


Desde niño, el mundo de las relaciones casi siempre me ha fascinado. Hasta los 12 años escapaba de las mujeres, de ahí hasta los 16 me daban bastante igual, era más de amigos, bicis, baloncesto y playa, y desde esos 16-17 en adelante, han tenido bastante que ver con mi día a día, afectando a menudo a mi felicidad y forma de ver el mundo.
No me sería fácil recordar todas las chicas que me han encandilado, desde la etapa presexual, cuando un beso parecía un mundo entero, hasta el momento presente. Esta semana se puso en contacto conmigo un profesor del colegio al que fui teniendo 5 años, y a través de su Facebook pude encontrar a “mi primer amor“. Con 5 años, ella era una encantadora rubia de ojos azules de cara traviesa y acento jienense, y seguí queriéndola pese a que una vez me encerró en su casa y no me dejó salir hasta que le diera un beso en los labios. Incluso entonces la vida pretendía enseñarme que pese al machismo de la sociedad, las mujeres gobiernan el mundo. Aquellos 10 minutos fueron de los más largos de mi vida, y al final, accedí a mi ansiada libertad mediante el pago de un tímido ósculo.
Poco tiempo después, de vuelta en Galicia, una morena varonil que jugaba con los chicos al fútbol dadas sus capacidades atléticas me lo hacía pasar igualmente mal, y a mis 8 años, me perseguía en mi habitación demandando unos besos a los que yo no les veía el más mínimo sentido. Quizás ya por aquel entonces conocí por primera vez lo poco interesante que nos resulta “lo fácil”, pues creo recordar que me gustaba la hermana de aquella niña, mucho más comedida, y que no me hacía ni puto caso, mientras la otra intentaba agarrarse a mi cuello cual sanguijuela y de haberlo conseguido tengo la sensación de que no se habría soltado jamás.
Poco después, con 10 años, nos mudamos otra vez y en mi nuevo colegio se demostró una máxima que mantendría toda mi vida, me gustaba más estar con chicas que con chicos. Ellas siempre eran más sensibles y dulces, más humanas, los chicos en cambio, incluso desde niños, son brutos y toscos, y gustan de experimentar con pólvora y realizar campeonatos físicos y virtuales para ver quien la tiene más grande. En aquel colegio, de mi grupo de amigas, destacaba Amaia, una espectacular niña que hacía baile gallego y era un ángel moreno, con la que recuerdo grandes conversaciones y enamorarme por primera vez de ese algo especial que tienen las mujeres.
Poco después volveríamos a mudarnos para volver a la zona en la que viví casi toda mi etapa en Galicia, y allí recuerdo varias chicas majísimas y encantadoras que compartían conmigo aquel enorme colegio, y en especial había una chica muy estudiosa llamada Elga, la única que he conocido con ese nombre. Era rubia y de ojos azules, y poco a poco empezó a empeorar sus notas arrastrada por alguno de sus novietes que eran los clásicos “chicos malos” de clase. Por aquel entonces empecé a darme cuenta que no siempre los buenos tenían recompensa y que los clásicos estúpidos insoportables, normalmente más guapos y propensos a ser atletas, tenían todas las de ganar. Mi tío me dijo una vez, tú no desesperes y ten paciencia, que al final todo llega… y te cansarás de follar, y en parte, tenía razón.
Poco después empezaría el instituto, y me llevaría la gran decepción de ver cómo muchos amigos fumaban, y por aquel entonces para mí era imposible pensar que yo lo haría diez años después. El viaje solo había empezado y aún no sabía lo que era sufrir por amor, pero lo sabría, a fuego. Creo que fue en mi primer año de instituto cuando al ir a una fiesta mi padre me dio mis primeros condones, que acabarían caducando, creo recordar.
Lo dicho… empezaba el instituto, y aún no había tenido ninguna pareja seria, empezaba a despertar mi interés en ellas, y poco a poco, cambiaría mi mundo… pero eso, eso es otra historia.

(Continuaré… si tengo más de 10 comentarios,
o no puedo contenerme jejejeje
)

Shoes
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Nov
20
2015

El beso llave

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     4 comentarios


Esa novela que leer sin prisa,
ese mapa que recorrer lentamente,
un enigma que me intriga,
desafío nada corriente.
 
Crucigrama sin terminar,
fantasía masturbatoria,
agua fresca de manantial,
regalo de la memoria.
 
Corazón macerado al Sol,
hija del reino del color,
piel de pétalo de flor,
tributo a una oración.
 
Quien fuera beso en tu nuca,
que te escalofría, que te acurruca,
hundiéndote indefensa en mis brazos,
entregándote mortal a mis labios.

Childhood
Photo credit: LibreShot.com

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Nov
5
2015

Tanto roto, tanto todo…

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Desvarios     1 comentario


“Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre.
Conspiración, pólvora y traición.
No veo la demora y siempre es la hora,
de evocarla sin dilación”

via GIPHY

Hoy me apetece celebrar que aunque la tos me acompañará el inminente puente, parece haberse quedado atrás una fiebre que me ha tenido postrado y lento, asexuado e incompleto, como si fuera un militante del partido en el gobierno. ¡Tengo ganas de guerra! De hablar en verso, de “V” de Vendetta, de tirarle a quien lo merece de la coleta. Tengo ganas de maldecir a la plebe estúpida que creyó que el naranja no salía del azul, que Rajoy no era primo de Rivera, los hay que se niegan a ver, que los naranjas, son también PP. Tanta casta y tanto Krahe, no deja de repetirse una y otra vez cuando debería ser más ágil, no se puede dejar desteñir un morado que era el nuevo rojo sangre. Y mientras tanto, el robot de Ferraz exprime su sonrisa de bote, su falsa humildad, en esa cara de chapa que si la tocas, se agrieta. Garzón no aprieta, deja solo ante el peligro al de la melena, olvidando hacer equipo contra la alta suciedad que hace huchas con cráneos, el depredador que aunque acabe de comer, acecha, la retrógrada y católica derecha.
No hay piedad, pero nos darán en unas semanas, una buena oportunidad.
No confundas, persona sin máscara, los colores, no te dejes engañar, eres más listo que eso, eres más humano que ellos.
Las empresas desean la continuidad de este gobierno ¿los motivos? Son Robin Hoods invertidos, secan a los pobres, para que los ricos engorden… y nunca tienen suficiente. Pólvora… e inquisición, pero del otro lado, del de la gente, del lado del corazón.

V

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Oct
15
2015

Almas multicolor

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Desvarios, Relatos o Versos     4 comentarios


Abstraído, consigo vaciarme, parezco desaparecer y de no estar alejado de todo tránsito de gente, quizás podrían atravesarme. ¿Cuanto se puede saber de una persona por sus gestos y formas? ¿Pueden sentirse otros seres aunque no los veas? ¿Podemos sentir sin juzgar? Me siento en un banco, cierro los ojos, y me dejo envolver por el arco iris de pinturas ajenas del Universo que me envuelve, donde algunos tonos predominan más que otros:
El gris del miedo, por no llegar a fin de mes, por que tu pareja no te quiera, por ese problema de salud que te atormenta, por haberlo hecho sin condón la noche anterior. El gris es un color que se hace más grande cuanta más atención le prestas, y de no colorearte, puede terminar por cubrirte, cambiarte y redefinir tu esencia, hay que ser cuidadosos, regar tus acequias.
Un eterno rojo pasión de la vida y el deseo, de la sangre bailando en nuestras venas para recordarnos el Ahora, el de unos labios que se muerden a si mismos deseando que otra boca lo haga por ellos, el del un Sol que nos acaricia con su cálida alegría. Rojo de ese chico que necesita una caricia, de aquella mujer que ansía ser querida, rojo de un secreto cohibido, rojo… como un cartel de prohibido.
El verde Gaia, recordándonos ese todo del que formamos parte, esos árboles que cuando cortamos nos podamos. Verde que quiere sembrar gestos que mejoren el mundo, que nos quiere hacer crecer cada día, que nos da hambre de conocimiento, de horizontes, de viajes, de verdades… alcanzables, color puerto.
Azul paz, tranquilidad, calma, meditación, azul mirada llena, nostalgia bien digerida, agua limpia que cierra heridas, azul eterna esperanza, mientras exista un cielo, podrás surcarlo con tus plateadas alas.
Ocre como el tedio, la envidia, el chantaje emocional, el abusón del débil, la ambición material y hueca, como ese mundo que a veces necesita tres vueltas de tuerca.
Negro como la soledad, la muerte, la desesperación, un pozo sin salida.
Morados como los besos no dados, y el amarillo de las transiciones, y el blanco que enfrenta toda tiniebla, y ese naranja que te susurra con picardía que debes partir el día en rodajas y llenarte de alegría.
Vivimos mezclando colores, probando sensaciones, encontrando matices, vivimos entre algodones.

pintura
Beautiful image from Stockvault. Called “Artistic palette”, from Zagart (thanks)

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Autor

  Pensamientos caóticos de...

...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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