A5

Mar
9
2016

Si mi vida sentimental fuera una empresa

 Escrito a las 17:00     Archivado en: A5, Desde dentro..., Humor     2 comentarios


Hace unos años, tras una serie de catastróficas decisiones, decidí otorgar poderes completos a la Junta Directiva formada por María Alma, Amparo Corazón y Juan Cabeza, esperanzado en que recondujeran el rumbo de mi “empresa” tras una época en la que Amparo Corazón gobernó como cabeza única el rumbo de mi vida.

Era necesario un cambio, y transcurrido un tiempo, el balance es realmente complejo y daría pie a horas de debates y presentaciones en powerpoint sobre si sus decisiones fueron acertadas o no, y si mejoraron el trabajo de la anterior dirección. Han aumentado las inversiones en el extranjero con respecto al año pasado, pero han disminuido los beneficios, la clave podría ser minimizar esas inversiones en diferentes compañías, o centrarnos solo un un cliente satisfecho, pero cada vez parece un proyecto más a largo plazo o no viable.

Queda claro, en primer lugar, la necesidad de mejorar el sistema de seguridad, pues la cantidad de víboras, lagartas y locas de atar que se han colado en mi vida es preocupante. Así que un test de Turing para comprobar el nivel de humanidad sería útil, así como algún tipo de prueba sobre la calidad del corazón, aunque tampoco hay que olvidar que para los sujetos que se salen de los gráficos puede que La Empresa se quede corta, por lo que hay que elevar considerablemente el nivel de esta empresa hasta que sea digno de la ansiada deidad celta.
Pese a ello, los Recursos Inhumanos han funcionado razonablemente bien, echando a mucha gente incluso antes de que repercutieran más en el devenir de la empresa. En algunos casos se perdieron cientos de euros por fallos de i+D inicial o exceso de ilusión, pero es solo una leve pérdida económica si a cambio se saca de La Empresa a una impresentable, cuanto antes se descubra un mal fichaje, mejor que mejor. Tan solo ha habido un caso o dos mal gestionados y que merecieron hacerse fijos en plantilla, pero no se puede vivir mirando al pasado.
Quizás deberíamos perdonarnos, como empresa, los errores cometidos a bien de cubrir necesidades básicas, tales como besos o abrazos, o coitos con una frecuencia razonable. Es increíble lo que un hombre puede justificar a cambio del vital intercambio de besos o caricias, y es sorprendente lo difícil, por no decir imposible, que es realizar ese tipo de ejercicios sin que afecten a la junta directiva y Amparo Corazón acabe de baja por depresión. Hay que ser precavido, no hacer falsas promesas de contratos fijos, y con la mayor franqueza, disfrutar del momento sin culparse si se acaba la gasolina o llega el temido tedio.

Dinohead
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No debemos perder el rumbo, y aunque hay días en que nos encantaría ser absorbidos por una hermosa corporación, vivir en presente es clave para el buen devenir de La Empresa. Disfrutar de la libertad de no tener que justificar a los mercados es algo que merece ser disfrutado del mismo modo que podría serlo vivir al amparo de una gran cotizada en bolsa, la felicidad está en las pequeñas cosas y debe ser encontrada y apreciada antes de poder ser adecuadamente compartida.
Acuerdos de la Junta Directiva para el 2016:
— Se decide un incremento de capital para viajes del 100% para el año que viene.
— Se retira la inversión en amores imposibles un 67% para los dos primeros trimestres del año.
— Se aumenta el presupuesto en profilácticos un 50%, así como un 45% para lubricantes y accesorios.
— Se prohíbe hacer regalos los tres primeros meses, entendidos como “periodo de prueba”.

Además, debido a los errores cometidos este pasado año, dañando a personas que no lo merecían innecesariamente y con serios errores financieros y morales, no se subirá el sueldo a nadie, especialmente a la dirección de La Empresa, comenzando un periodo de reflexión en el que se deberán hacer las cosas mucho mejor de cara al año que viene si se desea incrementar el beneficio espiritual neto.

Como siempre, pasión y vida.

Atentamente,

La Dirección

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Feb
11
2016

Besas muy bien

 Escrito a las 17:30     Archivado en: A5, Relatos o Versos     4 comentarios


Besas muy bien — me dijo
Gracias, tu tampoco besas mal — repliqué, buscando ser picajoso y no demasiado estúpido.
Vaya, el creído ha respondido ¿Qué nota me darías? — me dijo, y por su tono, se mascaba la tragedia, pero qué cojones le voy a hacer, me encantan los naufragios.
Bueno, esas cosas no se valoran con una simple nota… pero un 7. — respondí. Al final, pese al inevitable hostión que se estaba fabricando con mi nombre, decidí salvar un poco los muebles y darle un punto más de lo que merecía, pero no fue suficiente, y se indignó.
Ah, vaya ¿Sólo eso? En fin… ¿Y has conocido a algún 10? — preguntó inquisidora.
Pues dos o tres, la verdad, no es algo que abunde — respondí tranquilo, recordando para ello que a mi lado tenía una aventura y no a la hipotética mujer de mi vida, ella sería una reina de dieces, no por la forma, sino por el fondo, no por la plasticidad, sino por el sentimiento tras ello.
¿Y nueves? ¿Cuantos has encontrado? — siguió preguntando, obviamente, aún no estaba a salvo.
Pues 5 o 6 supongo, aunque pudo ser fruto del momento y que lo hubiera idealizado todo… los dieces son aquellos labios que pruebes cuando los pruebes, te saben a cielo, son ese sofá en el que te caigas como te caigas, te sientes cómodo y nunca te haces daño — repliqué muy tranquilo.
Anda, mira, si ahora al niño moquito le ha entrado la vena poética — ironizó — Al final conseguirás que me sienta afortunada por tu valoración. — prosiguió con retintín
Y como no me gusta sentir que se ríen de mi, pasé a la ofensiva.
Deberías — dije tajante
¿Qué quieres decir? — dijo molesta
Pues eso, que no es mala nota, generosa, diría yo — añadí tranquilo, con el hielo invadiendo mis venas.
¡Serás idiota! ¡Prepotente! ¡Machista! — dijo ya más alterada, mientras se levantaba de la cama
¡Gay! ¡Facha! ¡Honesto! — sumé a su lista
Empezó a vestirse y le di un minuto para que se calmara. Luego, empecé a arañar su espalda buscando causarle algún escalofrío que la debilitara. Me incorporé y la besé en la columna, y pude sentir en mis labios su piel de gallina.
Venga tonta, que estaba de broma. — le dije con voz melosa
¡Idiota! — respondió, como una olla a presión liberándose con un silbido del aire que aún le queda dentro.
Se detuvo en el proceso de vestirse, y no solo dejó de subirse las medias, sino que también se quitó de nuevo las braguitas para dejarlas en la mesilla. Se tumbó a mi lado y se quedó mirándome fijamente. De vez en cuando, un “idiota” a modo de susurro se le escapaba como si se tratara del ruido de su respiración. Puse mi mano en su hombro y fui bajando acariciándola, primero su brazo, siguiendo con su pecho, luego su cadera y finalmente haciéndome hueco entre sus muslos. Como si fuera un cliente ante un mostrador, empecé a jugar con su “timbre”, siendo el sonido un brillo en sus ojos, y la respuesta unas contracciones por todo su cuerpo preguntándome que qué quería.
Volví a besarla como si no la hubiera besado nunca, o como si nunca más, pasada esa noche, fuera a volver a hacerlo.
Tras un prolongado intercambio de besos me miró sonriente y brillante, y me dijo:
Besas muy bien.
Y volvimos a empezar.

 
Boca
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Ene
27
2016

Y la mano se cuela bajo…

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     2 comentarios


Momentos místicos, respiraciones contenidas, gritos del Universo, puntas del iceberg.
Los esperados, soñados, perseguidos, buscados y por fin encontrados.
Como cuando arranca un aplauso, cuando logras una victoria que creías imposible, besas el cielo desde lo más alto de la montaña, o acabas un curso y obtienes el ansiado título. O como cuando te dan una noticia que te conmueve… ese gesto que es padre de una lágrima de felicidad que dibuja una runa en tu mejilla.
Más aún, ese primer beso que nace de horas de nervios, ese escalofrío cómplice, ese punto de inflexión en que la paciencia y la razón se rinden al deseo y una mano traviesa, que llevaba un rato errante dibujando versos por la piel, se cuela bajo unas braguitas de encaje mientras un pálpito retuerce tu corazón. Empiezas un viaje, y llegas a un terreno mágico que has soñado mil veces, y que ahora por fin puedes disfrutar. Deseas aferrar a tu recuerdo cada matiz, cada sensación, quieres que el tacto te gobierne y desearías poder apagar el cerebro, y tener todos tus sentidos únicamente en esa mano, tan solo gestionas unos labios que siguen bailando un precioso tango.
Disfrutas del paisaje, sea desértico o selvático, buscas el arroyo como algo instintivo, quizás por simple supervivencia, y cada milímetro del trayecto transcurre lentamente. Cuando por fin llegas, no puedes evitarlo, te emocionas, te estremeces, sonríes travieso, sabiendo que ya tras ese viaje, tan solo una cosa has de hacer… tienes que lanzarte, bañarte y beber del sagrado oasis, hasta quedarte sin sentido, hasta que tu conciencia se diluya con la suya.

Touch
IMAGE: By Dani_vr from A Coruña, España (Eros Galicia – Sensual caricia) [CC BY-SA 2.0], via Wikimedia Commons

Con la corrección y revisión de mi querida Moonanet

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Ene
11
2016

Elefantes en una cacharrería

 Escrito a las 15:45     Archivado en: A5, Desde dentro...     comentarios cerrados


Intentar hacer el menor daño posible a tu entorno no es siempre garantía de ello.
Si vuelas inevitablemente podrás chocarte con otros pájaros del mismo modo que si pisas firme podrías aplastar a otros seres, también bajo el mar puedes romper un coral o remover la arena. por cuidadoso que seas (los demás seres también lo hacen).
En las relaciones sucede algo parecido, si bien el amor es lo más importante, en la amistad, el día a día o en pareja, no siempre es suficiente. Es duro aceptar que por mucho que quieras a alguien no basta para tener fluidez y equilibrio, plenitud y horizonte.
 
Aunque el corazón se aferre a ese capricho pueril de una persona que no quieres dejar ir, debes hablar con él para hacerle ver que no te conviene.
Unas veces será una amistad que aunque egoísta, te entretiene, aún sabiendo que no querrás tener a alguien así a tu lado en un apocalipsis zombie. Otras, será una de las relaciones más sagradas de tu vida, y cuando la veas desangrarse lentamente quizá prefieras dispararle en la cabeza para que al menos tú, no mueras con ella. Y otras será la pasión y la fantasía de esa vida compartida e intensa, pero que en dos frecuencias distintas, parece no poder encontrar su melodía conjunta. Dejar atrás es tan duro como lo que más, y solo es soportable por la esperanza de que a la larga, beneficie a todos los implicados.
Vivir sin miedo significa equivocarse, hacer daño sin querer, y recibirlo del mismo modo, aunque sea algo que tardemos en entender. Cultivar el desapego para que el cariño no se convierta en cadena, para que los abrazos no sean jaulas. Darle más importancia al fondo que a la forma, pero sin quedarte atrapado en el pozo. Vivir es aprender a querer bien, unas veces siendo lanza o espada de una persona, otras siendo el pañuelo que la despide al partir y otras esa colección de besos que alimenta, escondida en el recuerdo, la fuerza que nos hace evitar inclemencias y salir de túneles imposibles.
 
Elefante
 
Sonriamos ante el espejo reconociendo aquello que somos a menudo, elefantes en una cacharrería, pretendiendo entre el estruendo ser silenciosos, intentando no hacer daño sin poder evitar dejar huella, ni tener la espalda llena de tatuajes de las pisadas de otros. Aprendiendo a bailar, a veces, sin música, creciendo con o sin agua, suspiros mortales que se convierten en trazos del dibujo que Cronos traza sin prisa, ni pausa.

 


 

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comentarios cerrados
Dic
30
2015

La felicidad se abre paso

 Escrito a las 12:00     Archivado en: A5, Relatos o Versos     2 comentarios


El silencio y la calma habían precedido aquel momento tan curioso. Atrapado por el estrés de la vida, decidí sentarme en un banco a coger aire, no por cansancio, sino por ese ritmo frenético que nos hace olvidar lo básico y aparcamos la consciencia para parecernos a las máquinas. Allí sentado, yo era mucho más persona de lo que lo había sido en las últimas semanas, estaba en equilibrio con el Universo, y entonces, pasó ella, y lo derrumbó todo.
Al principio me costó reconocerla por su peculiar peinado, pero su preciosa sonrisa la delató. Afortunadamente, ella no se dio cuenta de mi presencia, y se agachó para limpiarle la boca a un niño que no tendría más de 2 o 3 años, y por cómo lo hizo, supe que era su hijo. Ella estaba como siempre, preciosa, y lucía radiante su pelo negro azabache y sus tan adorados tacones con falda corta. Resumiendo, estaba tan guapa como en mis recuerdos, los años siempre fueron benévolos con ella, y por su calidad humana, lo merecía.
Se levantó y siguió camino, y yo me quedé allí sentado, pensativo, recordando nuestra historia.
 
Cuando la conocí, en nuestros veintipocos, era una criatura mágica que rebosaba sensualidad y dulzura. Nos hicimos amigos sin darnos cuenta y compartimos besos ocasionalmente y me hice el mayor y más sincero admirador de su sonrisa traviesa y sus perfectos pechos, cuyo tamaño, forma y suavidad dejarían sin palabras a un Neruda borracho la noche de un Sábado.
Nos abonamos a las grandes conversaciones, sin muros, hablando con franqueza de quienes llegaban a nuestra vida, nuestros trabajos, y años después, el tema de conversación se centró en el hombre que la esperaba en casa y que no sabía cómo tratarla en diversos ámbitos.
Ella había tenido varias malas relaciones previas a aquella, personas de esas que pasan por tu vida y dejan tu cielo lleno de nubarrones grises, y que desde entonces parece que nunca tendrás un Sol pleno y siempre te faltará algo de luz en tu cielo. A ella le quedó ese miedo a estar sola, esa incapacidad de nadar en piscinas vacías, ese terror que te petrifica más allá de tu control o voluntad, esa imposibilidad de mantener firme la rabia que te hace escapar de una casa… para no volver.
 
Y desde entonces, con respecto a ella, esa fue mi batalla, hacerle ver que su felicidad era propiedad privada, suya, claro, y que alguien que se comportaba del modo que lo hacía él, no merecía a una mujer como ella a su lado. Mi amor por ella era honesto y desinteresado, pues la distancia siempre había frenado nuestros intentos de hacer planes juntos. De vez en cuando nos regalábamos encuentros llenos de magia y pasión, donde aparcábamos en la puerta la ropa y cualquier mal rollo, para disfrutar aquellas horas como si fueran el último día de nuestra vida. Pero incluso en esos días, asomaba el nubarrón, me frustraba no verla más brillante, y me dolía cómo se resignaba a no alcanzar la plenitud perfecta de la cima de una montaña por miedo a las torceduras de tobillo del camino.
Y el destino no siempre ayuda, y conoció a otro chico que parecía poder ofrecerle esos sueños y cuando se los estaba empezando a mostrar se retiró de la partida, quizás él también tuviera sus miedos, y si graniza el día que la tortuga deja el caparazón en casa, nunca más vuelve a desprenderse de él.
 
Osito
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Ella buscaba hobbies para llenar los inmensos huecos que tenía en su vida. Deporte, bailes, cocina, cualquier lección entretenida era válida, y un maravilloso perrito le regaló unos años de calma, cuidando a otro ser, nos olvidamos de aquello que nos falta. Y en esa búsqueda de pasiones, encontró un tesoro, y es que tenía un don, la habilidad de contar historias, y hacerlo con una magia especial. Ella plasmaba otras vidas en palabras como si las hubiera vivido, y es que quizás lo hacía y se ponía aquellas pieles para escapar de aquel metafórico castillo donde siempre la sentí presa.
Yo di tres pasos atrás y ya ni tan siquiera pude mirar por la ventana de su vida. Acabé enfadándome tras mis continuas derrotas intentando que se escapara de aquella cárcel de amor y se diera una oportunidad viviendo sin miedo ni caparazón.
 
Cuenta la leyenda… que siguió con el imbécil, y tanto siguió, que al final, pasó lo único que podía pasar, un error, un acierto, o ambos, dieron vida a un niño.
No hay mayor regalo para la soledad que la sonrisa de un niño, ni mejor entretenimiento para una vida. Imagino que los colores recuperaron su vivacidad de la mano de aquella maravillosa criatura.
 
De vez en cuando, me he cruzado con su cara feliz en el avatar de su Whatsapp, y le he sonreído cómplice sabiéndola bien, y al leer sus historias en su rincón de Internet, he recordado que aquella maravillosa mujer está más viva que nunca.
 
Leyendo sus palabras me di cuenta, de que la felicidad se abre paso, y que si no le damos más de mil veces con la puerta en las narices, acabará entrando en nuestra vida, de un modo u otro.

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Nov
25
2015

Las mujeres y yo (Capítulo 1)

 Escrito a las 15:00     Archivado en: A5, Mi Camino...     16 comentarios


Desde niño, el mundo de las relaciones casi siempre me ha fascinado. Hasta los 12 años escapaba de las mujeres, de ahí hasta los 16 me daban bastante igual, era más de amigos, bicis, baloncesto y playa, y desde esos 16-17 en adelante, han tenido bastante que ver con mi día a día, afectando a menudo a mi felicidad y forma de ver el mundo.
No me sería fácil recordar todas las chicas que me han encandilado, desde la etapa presexual, cuando un beso parecía un mundo entero, hasta el momento presente. Esta semana se puso en contacto conmigo un profesor del colegio al que fui teniendo 5 años, y a través de su Facebook pude encontrar a “mi primer amor“. Con 5 años, ella era una encantadora rubia de ojos azules de cara traviesa y acento jienense, y seguí queriéndola pese a que una vez me encerró en su casa y no me dejó salir hasta que le diera un beso en los labios. Incluso entonces la vida pretendía enseñarme que pese al machismo de la sociedad, las mujeres gobiernan el mundo. Aquellos 10 minutos fueron de los más largos de mi vida, y al final, accedí a mi ansiada libertad mediante el pago de un tímido ósculo.
Poco tiempo después, de vuelta en Galicia, una morena varonil que jugaba con los chicos al fútbol dadas sus capacidades atléticas me lo hacía pasar igualmente mal, y a mis 8 años, me perseguía en mi habitación demandando unos besos a los que yo no les veía el más mínimo sentido. Quizás ya por aquel entonces conocí por primera vez lo poco interesante que nos resulta “lo fácil”, pues creo recordar que me gustaba la hermana de aquella niña, mucho más comedida, y que no me hacía ni puto caso, mientras la otra intentaba agarrarse a mi cuello cual sanguijuela y de haberlo conseguido tengo la sensación de que no se habría soltado jamás.
Poco después, con 10 años, nos mudamos otra vez y en mi nuevo colegio se demostró una máxima que mantendría toda mi vida, me gustaba más estar con chicas que con chicos. Ellas siempre eran más sensibles y dulces, más humanas, los chicos en cambio, incluso desde niños, son brutos y toscos, y gustan de experimentar con pólvora y realizar campeonatos físicos y virtuales para ver quien la tiene más grande. En aquel colegio, de mi grupo de amigas, destacaba Amaia, una espectacular niña que hacía baile gallego y era un ángel moreno, con la que recuerdo grandes conversaciones y enamorarme por primera vez de ese algo especial que tienen las mujeres.
Poco después volveríamos a mudarnos para volver a la zona en la que viví casi toda mi etapa en Galicia, y allí recuerdo varias chicas majísimas y encantadoras que compartían conmigo aquel enorme colegio, y en especial había una chica muy estudiosa llamada Elga, la única que he conocido con ese nombre. Era rubia y de ojos azules, y poco a poco empezó a empeorar sus notas arrastrada por alguno de sus novietes que eran los clásicos “chicos malos” de clase. Por aquel entonces empecé a darme cuenta que no siempre los buenos tenían recompensa y que los clásicos estúpidos insoportables, normalmente más guapos y propensos a ser atletas, tenían todas las de ganar. Mi tío me dijo una vez, tú no desesperes y ten paciencia, que al final todo llega… y te cansarás de follar, y en parte, tenía razón.
Poco después empezaría el instituto, y me llevaría la gran decepción de ver cómo muchos amigos fumaban, y por aquel entonces para mí era imposible pensar que yo lo haría diez años después. El viaje solo había empezado y aún no sabía lo que era sufrir por amor, pero lo sabría, a fuego. Creo que fue en mi primer año de instituto cuando al ir a una fiesta mi padre me dio mis primeros condones, que acabarían caducando, creo recordar.
Lo dicho… empezaba el instituto, y aún no había tenido ninguna pareja seria, empezaba a despertar mi interés en ellas, y poco a poco, cambiaría mi mundo… pero eso, eso es otra historia.

(Continuaré… si tengo más de 10 comentarios,
o no puedo contenerme jejejeje
)

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Autor

  Moleskine de viaje de...

...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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