A5
11
2012
El cazador de belleza
Había una vez un hombre cuyos años vividos le habían enseñado el dulce aroma de un fotograma, el revelador pensamiento que da lugar a un poema, la belleza que por muchas imágenes o líneas que emplees, parece que jamás será capturada.
Una vez desarrollados gustos, tan solo quedaba sacar su red y capturar en ella esos pequeños fragmentos de perfección, esos trocitos de realidad tan cercanos a un metafórico cielo cristiano, esos extractos de belleza que adornan las páginas de la vida y que le dan sentido a la misma.
Podía deleitarse viendo una imagen durante horas, intentando plasmarla con su cámara, si la llevaba a mano, o sencillamente, contemplándola en silencio. Podía dedicar horas a hilar con palabras líneas que aproximaran un recuerdo, que hicieran posible un sentimiento. Había muchas formas de honrar la belleza, y él pretendía, como podía, descubrir poco a poco algunas de ellas.
Pero un día salió a la calle deseando que un amanecer lo esperara, mas estaba nublado, y no se le ofrecía el espectáculo esperado. Tampoco en el firmamento había formas curiosas que recordar o dibujar a lápiz. Desde algún rincón de su alma, asomó la ansiedad para atormentarlo, y cambió su modo de ver el mundo para que nada fuera tan hermoso como lo recordado, ni nada nuevo digno de ser fotografiado. Sin darse cuenta, olvidó la mirada inocente con la que contemplaba el mundo y se dejó invadir por el alquitrán de una visión oscura, y aunque perseguía la belleza con las mismas ganas de antes, aparecía en ocasiones más contadas, cuando antes eran comunes y cotidianas.
Olvidó que la belleza está en quien la contempla, no en quien la posee, algo que había aprendido sin darse cuenta y había olvidado del mismo modo, y entre esas sombras, siguió buscando la belleza, pero no como cuando era natural para él, tranquilo y en calma, sino de un modo nuevo que contradecía su misma búsqueda, nervioso y con prisas, y de algún modo su corazón se marchitaba y él no comprendía el motivo.
Un día de Marzo, caminando por la plaza de un pequeño pueblo de montaña, se fijó en un anciano que sentado a la sombra de un almendro contemplaba emocionado sus flores. Aquella cara diluyó alquitranes y alejó los grises de su alma el tiempo suficiente para poder volver a ver plenamente, por unos minutos.
- ¿Qué mira usted buen hombre? -- le preguntó al anciano allí sentado
- La primavera dedicándome una sonrisa -- respondió tranquilo el anciano
- Desearía también yo ver esa sonrisa dónde ya solo veo una flor -- dijo el hombre apesadumbrado
- Quizás deberías recordar, que respirar es un sentimiento, no una obligación. -- respondió, y el anciano le miró y le dedicó una sonrisa. La mirada de aquel hombre atravesaba alquitranes y retinas, iba directa al alma. Decía todo con casi nada, brindaba tantas respuestas como preguntas entregaba, le recordaba a alguien que dejó tras un espejo y que por mucho buscar, no encontraba.
Devolvióle la sonrisa al anciano que junto al almendro se sentaba. Puso la cámara en sus ojos y dónde miraba, fotografiaba. Habiendo perdido la esperanza y su alegría, su amada belleza, fue hallada.
¿Dónde? Os preguntaréis… pues ahí mismo, donde estaba.

Imagen de aquí
“Enamorarse es sentirse encantado por algo, y algo sólo puede encantar si es o parece ser perfección.”
José Ortega y Gasset
28
2012
Contra el gris…
El gris es poderoso, fuerte, silencioso, paciente y siniestro.
Espera agazapado el momento para abalanzarse sobre ti, sabe que tarde o temprano tendrá su oportunidad, y tiene plena confianza en que no la desaprovechará. Intenta arrancarte las ilusiones entre los poros de una piel que reseca poco a poco con su nauseabundo aliento, extrae sin prisa el brillo de tu sonrisa, y sin descanso, poco a poco, si no le plantas cara, lo consigue. Y no se detiene, no hasta arrebatártela, no hasta que te deja vacío.
El gris nunca se se rinde, inagotable y paciente, se alimenta de tristeza y tedio, de lágrimas y ecos, escarba en tu pasado para llenar de polvo tu alma y venda los ojos de tu futuro para intentar que tu angustia te impida ver el presente. Te recuerda al oído lo que no tienes, para que olvides lo que tienes, lo que eres. Te enseña los huecos y los agujeros que existen en el mundo, en lugar del equilibrio que los llena y les da sentido.
Pasito a paso, lentamente, te lo quita todo… intenta hacerte creer que no eres nada, que no eres ni tan siquiera nadie.
Será inevitable que en un momento u otro caigas, y cuando así sea… déjate caer, no sin la promesa de levantarte pronto.
Pues solo un fallo comete el gris en repetidas ocasiones, sin ser capaz de aprender jamás de él como castigo de su condición.
Cuando te encuentres tirado en el suelo, casi sin vida, sin ilusiones, ni esperanzas ni alegría, pondrá un pie sobre ti y brindará al cielo una duradera carcajada de victoria. Será justo entonces cuando sientas volver tus fuerzas, y puedas levantarte con ganas, dándole el puñetazo en los huevos que merece ese siniestro caballero metáfora de ciclos y sentimientos, de finales sin comienzos… llamado el gris.
Levántate entonces magullado y sabio, dale sentido a la primavera, abre la jaula con la que el gris pretende que encierres en ti pensamientos oscuros y huecos, sonríele al cielo para devolverle la claridad arrebatada en tu caída, y alza tu brazo celebrando, que aún quedan muchas pompas de jabón que soplar.

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24
2012
Aprendiendo del corazón
Es curioso como incluso con el paso del tiempo, el corazón mantiene una inmadurez infantil y caprichosa. Se le pueden enseñar muchas cosas, pero hay otras que por mucho que nos esforcemos no aprende, y serán baches que atravesaremos una y otra vez. Y puede ser que en tus rodillas tengas mil cicatrices por haber saltado mucho más alto de lo que te permitían tus puntos de apoyo, y por mucho que perjuraras que eso no volvería a pasar… vuelves a encontrarte en el suelo tiempo después con otra cicatriz en la rodilla “¿He saltado yo?“, te preguntas, y sí… obviamente, lo hiciste.
Pero quizás sea mucho mejor saltar, pese a las caídas, que quedarte quieto en un sitio. Hay algo bonito en soñar despierto, en enamorarte cada día de desconocidas, o en querer conocer a alguien cuanto antes, en preguntarte si algún día tendrás hijos… y cual sería su apellido, tras qué esquina estaría la cómplice en tan titánica obra.
Es, a la vez, maldición y regalo el poder dibujar y proyectar cómo podría ser una relación, el ver acabará siendo, y detenerte, si es pertinente, incluso antes de comenzar a caminar. Me gustaría tener claro qué componente abunda más ¿Maldición… o regalo?. De repente siento esa necesidad de desvelar a dónde irá una relación, y hay un momento en que en mi locura sentimental, creo saberlo. A veces pasan 5 minutos, o incluso menos, y otras veces tardo unos días, pero llega un momento en que sé que una relación con esa persona iría al mismo sitio que todas las demás… y no me refiero a las mías, sino a la vertiente más extendida y conformista del amor, su lado más gris, su lado menos humano y desgraciadamente, más común. Así que cojo otro camino, o sigo en el mismo, el mío.

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¿Para qué empezar algo que no va a ningún sitio? Hay una realidad que creo conocer, y es que si doy lo mejor de mi, podría ser feliz y hacer feliz a quien compartiera conmigo una relación en pareja. Pero también sé que solo podré hacer eso eficazmente si es alguien especial, que me encandile de verdad (ese “digno rival” del que hablaba ayer), y que me aporte tantas cosas como yo espero aportarle. No puedo engañarme, no puedo conformarme con menos que eso, me lo debo.
Obsequio del Destino y maldición, todo en uno.
…Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.
Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren…
5
2012
Sparrow derrotado
Aquella cita había empezado bien, y había seguido aún mejor; en un bar tranquilo encontramos un rincón dónde sentarnos a tomar algo y estar cómodos.
Varias cosas me fascinaban de aquella chica.
En primer lugar, su pasión. La pasión es hermosa sea cual sea su destino, tanto si decoras árboles de navidad en Julio como si cazas gamusinos con pompas de jabón, la pasión de alguien por su trabajo, es, para mi, muy atractiva.
En segundo lugar, me encantó su inteligencia y su humor, su manera de entender las cosas, su forma de contarlas, y su valor para cortarme cuando yo estaba hablando; cuando lo hacía, no podía sino quedarme embelesado observando su belleza, nada convencional, y del todo extraordinaria; y ese es el tercer factor, su belleza… no una belleza rencorosa y egoísta, sino una de esas que son un obsequio para el mundo. Sus ojos… parecían el boceto de un maestro, con líneas perfectas y una pupila en la cual si te sumergías creías poder aparecer al timón de la Perla Negra junto al mismísimo Jack Sparrow. Su boca… ¡Qué decir! era un punto y aparte en lo que a labios se refiere, y cuando sonreía, me recordaba el destello de un faro cuando lo miras fijamente y la luz llega a ti.
Claro, estas cualidades, las enmarcaba un rostro dulce y sensual, con un piercing en la nariz y un pelo precioso, y sobre todo… tenían el azúcar de una persona que no es consciente de lo hermosa que es.
Quizás no estuve estelar, pero estuve bien. Simpático, sincero y mostrándome, pese a los nervios, tal cual soy. No me era difícil imaginar una vida junto a aquella chica, no porque fuera igual a mi… sino por cómo podríamos complementarnos. Me veía preparando con esmero aquellos platos que pudiera comer, rediseñando mi estudio para que además de tener mis cosas… hubiera sitio para aquellas que componen su mundo y lo hacen posible. Disfrutaría de nuevos estilos musicales y podría compartir con ella otros que no conociera, había mil cosas, innumerables pequeñas señales que parecían apuntar en una dirección… y tenía la clara sensación, de poder aportar magia a su mundo sin quitarle nada, y de que ella, tal y como es, redecoraría el mío. Todo fue genial, maravilloso, fantástico… su sonrisa, su mirada, sensaciones tan complejas de explicar como extraordinarias.
No conseguí enseñarle todo lo que se puede decir en un abrazo.
Como es habitual, no supe leer si debía o no besarla, y opté por una respetuosa y quizás demasiado cobarde timidez.
Cuando me senté en el coche le envié un mensaje, soñando con que quizás volvería a darme un buen abrazo o un tímido beso, a regalarme esa única primera oportunidad necesaria para revolucionar su mundo.
La respuesta me dejó helado: “Seremos buenos amigos”
Tanto dicho con tan poco, apenas pude moverme durante 30 minutos.
Pensé en el Destino de nuevo conspirando, continuando ese malévolo plan de extinguir todas mis ilusiones, de arrebatarme algunos de mis sueños para dejar, ese tan importante lado sentimental que poseo, marchito. Pensé que no era justo, pensé que por ella valdría la pena una lucha sin rendición, sin más meta que hacerla mía, para darle tanto que no tuviera motivos para elegir otro camino que no fuera conmigo. Pensé que las cosas no siempre salen como uno espera o merece.
Y entonces arranqué el coche, avivé el fuego de mi esperanza por dos motivos. El primero, por ser parte de mi, si dejara de creer en el amor… podría incluso convertirme en un chico más. El segundo… si perdiera la esperanza el Destino seguro me regalaría lo que busco, pero por no darle ese placer, por no concederle esa victoria, podía permitirme ser cabezón y no renunciar a un concepto distinto de amor, aunque solo renunciando a él pueda obtenerlo.
Cuando cogí la autopista puse un buen tema de metal alternativo, excelente loctite para un corazón fracturado. Esa canción me dio la intensidad con la que apretar el acelerador y reanudar mis latidos, porque áún con agujetas, no quería olvidar… que el mañana no espera, y será mío.
Solo masticando con energía el agrio sabor de la derrota, se aprecian las dulces victorias cuando llegan a tus labios.

Image from Stockvault. Called “Human Shadow”, from AD (thanks)
2
2012
El póker de tus besos
Hemos cenado, con una buena serie de fondo.
De primero risas, de segundo besos, y de postre caricias.
Recogemos la casa y seguimos haciendo bromas cómplices.
para después deslizarnos juntos en la cama,
te miro y valoro la fortuna de tenerte a mi lado.
Me respondes con tu sonrisa traviesa,
y tu mirada pícara anuncia el inicio de hostilidades.
Bajo el nórdico, desnudos, comenzamos la partida,
anuncias que no hay farol que valga,
tu apuesta inicial te deja desnuda,
y me obligas a igualarla cuanto antes.
Empieza la partida de Dos, el deseo es nuestra mano.
Me lengua, entre tus labios… es un Tres.
Cuando acaricio tus pechos, somos Cuatro.
Cinco, los dedos con los que aprieto tu culo,
mientras mi otra mano recorre tu cuerpo suave.
Seis… los segundos que dura mi beso en tu cuello.
Siete veces me muerdes el labio, feroz y lasciva,
mientras desciendes tu mano juguetona por mi pecho…
Ocho, los besos que me das mientras bajas por mi cuerpo.
Nueve surcos, los que dejan tus uñas en mi espalda.
Diez segundos los que aguanto antes de cogerte del pelo,
subirte a mi altura, pasear mi boca por tus labios,
desatar mi pasión contenida… y coger las riendas.
Mientras me deslizo dentro de ti, disfruto tu cara,
comienzo despacio… ¡Impón tu ritmo, mi Reina!
Das una bofetada en mi pecho y me miras juguetona,
luego me muerdes la oreja y… me siento tu Rey.
Juntos, nos retorcemos y danzamos sin prisa,
cambiando de canción, creando melodías,
cuando sentimos llegar ferozmente el As…
entre risas y gritos lo recibimos,
acaba entonces en éxtasis la partida…
en la que ambos somos ganadores y vencidos.
Cogemos aire y nos recuperamos de las emociones,
nos besamos dulcemente sin subir la apuesta,
nos acariciamos abrazados, nos miramos.
Y cuando el corazón y los besos se aceleran de nuevo,
me miras mimosa y sonríes susurrándome al oído
¿Otra partida?

Image from Stockvault. Called “Poker night”, from Lokigrl616 (thanks)
23
2012
Fábula de la Luciérnaga Errante
La primera vez que la vi, comprendí que todas mis búsquedas habían tenido sentido, que no estaba loco, que aquella luciérnaga que la madurez me hizo soñar existía y que ella podría hacer mi vida maravillosa, y yo… yo podría revolucionar su mundo pues su corazón junto al mío me daría una fuerza que ni yo mismo era capaz de imaginar, haría sus días extraordinarios… todos ellos.
Su alma, tenía forma de sonrisa, de optimismo, de camino despejado, de “un pasito más”, de “si quieres puedes”, de “la felicidad está en ti”. Su cuerpo, rebosaba esa belleza en unas manos delicadas y suaves, unos labios dulces que enmarcaban la sonrisa más perfecta que jamás hubiera visto. Si ella sonreía no te quedaba más remedio que pararte a contemplar tanta belleza y como te detenías hipnotizado no te dabas cuenta de que los astros se asomaban a verla y el mundo contenía su respiración para ser partícipe de aquella magia. Su melena pelirroja la protegía de quemarse cuando el Sol se paraba a ver su sonrisa. Cada gesto, cada pequeño detalle, completaban la figura de aquel particular ángel ante cuya belleza, tan solo podía emitir un balbuceo torpe y contener mi emoción.
Desde que la vi, desde lejos, soñé con ella. Con desayunos con risas, con cosquillas, con masajes y besos, caminos con piedras que saltar juntos, montañas que hacer menos empinadas compartidas… recordé la última vez que había sentido algo así por alguien, con la salvedad de que esta vez el círculo se cerraba, la persona lo merecía… aunque el mundo me acusara de loco, yo sabía que aquella era no mi media naranja, sino el corazón que encajaba a la perfección con el mío, no para latir juntos, sino para encontrar un ritmo celestial que contagiar, además, al mundo.
Me costó reunir el valor para hablar con ella, consciente de que no era una más, sino la única. Sabía que por inspirado que estuviera, mis palabras serían torpes y escasas, se quedarían cortas… y sin alas. Pero también sabía que por ella cruzaría volcanes descalzo y me bebería los mares si tras una puerta tuviera su sonrisa. A veces saltar al vacío no es una opción, sino el camino de lograr tus más altos y sagrados sueños.
Así que salté…
Sus palabras eran tan coherentes como cada garbanzo que había dejado en el camino. Su amabilidad, dulce, su timidez, cálida.
Pero el destino me ponía a prueba una vez más… llegaba tarde, pues otro caballero había obtenido antes que yo el favor de una oportunidad al lado de tan mágica dama.
Mentiría si no dijera que de todas mis heridas, aquella me había parecido la más profunda.
Mentiría si no dijera que mi cuerpo empezó a temblar y sentí unas ganas de llorar que no pude contener. Mentiría de no decir que me rompí, deseando dejarme llevar hecho ceniza por un viento cruel que podría haberla acercado a mi orilla un poco antes.
Sentía que no había otro camino que ella, ni otros pies al lado de los cuales mereciera la pena caminar.
Tan solo una persona mágica y especial, distinta y plena… y se me había escapado.
Lloré siete días con sus noches, pensé que mi corazón se rompería… pero en eso me equivocaba, sobrevivió.
Con mi última lágrima llegó la idea de no aceptar una rendición, de que si su caballero no daba la talla, quizás, algún día, tuviera mi oportunidad. La idea de que su felicidad era más importante que mi dolor, y que lo asumiría mejor si ella tenía esa plenitud que creía tan solo yo podría ofrecerle.
Y entonces la magia que invoqué accedió a mi deseo sincero, lo cumplió y me convirtió en un precioso narciso que estaría plantado siempre a la puerta de su casa.
Aquí espero.
Podré ver su cara todas las mañana,
incluso con suerte me regará de vez en cuando.
Y si algún día veo tristeza en su alma, si algún día no es feliz,
volveré a ser el hombre que fui,
para llevarla en brazos al mundo que merece,
y si no es así, moriré feliz por haber adornado la puerta,
de lo más bonito que jamás he visto.

Image taken from Stockvault. Called “Daffodil near stream“, by Chris Adzima (Thanks)
Diario "no" secreto de...
...un Ladrón de Noches, Jinete de Olas en el Viento, Drogadicto de la Esencia del Mar, Dibujante con Sal de Nubes, Mago Sin Chistera que convierte los Granos de Arena en Estrellas, capaz de Acariciar con Suspiros y hacer Melodías de Optimismo de Esperanzas Rotas, de Sentir con los Ojos Abiertos, de Soñar Sin los Ojos Cerrados.
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