Archivo julio 2019

Jul
17
2019

Mrs. No

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Relatos o Versos     Añadir comentario


Ante todo, es una historia ficticia… eh, que luego la gente se lía. Hoy pensaba en esas personas negativas, y en cómo te sonríen… para arrastrarte con ellas.

— ¡Buenos días! — le dije con mi mejor sonrisa
— No tan buenos — me respondió — la tormenta de verano me ha dejado el coche lleno de mierda, qué asco.
— Bueno mujer, eso le das un manguerazo y queda como nuevo — repliqué, con mi habitual e insoportable tono conciliador.
Me miró entre extrañada y asqueada — Pues nada, ahí lo tienes ¿Cuándo me lo limpias?
— ¡Venga! Vayamos a darle un agua ahora… hay una gasolinera cerca que tiene un buen lavado a presión. — dije jovial, si algo merece una persona amargada es un extra de alegría… si se anima bien, sino, pues peor para ella.
— Deja, deja… ya lo haré yo otro día. — respondió agria.
 
Con lo a gusto que estaba yo en la camita, pero había postpuesto varias veces en las últimas semanas el tomar algo con esta chica, y sigo intentando mejorar en eso de cumplir promesas. Así que cuando me dijo que se acercaba a verme a mi tranquilo pueblo de montaña un Sábado por la mañana, me pareció tan cómodo como sencillo compartir un café con ella.
En la plaza del pueblo hacía una temperatura ideal, aún no había llegado el calor del mediodía y las calles rebosaban el frescor de la noche. Nos encontramos dónde le había sugerido, y sólo llegó diez minutos tarde, no me puedo quejar. Después del comienzo con lo de su coche, continuó la mañana…
 
— Venga, vamos a tomar algo en este bar ¿Qué quieres? ¿Algo de desayunar?. — De nuevo me miró con cara rara, como si en lugar de hacerle una pregunta con cariño me hubiera metido con su difunto abuelo el buscador de oro.
— Tomaré un capuchino con leche de soja y sacarina, yo ya he desayunado en casa. — me respondió. Hablé con el camarero y añadí a la orden un zumo de naranja y un pincho de tortilla para mi. Me senté en la silla, y recliné mi cabeza hacia atrás para que el Sol me diera de pleno en la cara, respiré hondo…
— Venga ¡cuéntame algo! ¿Han estrenado alguna de esas películas frikis tuyas de tíos con pijamas? — dijo con un tono despectivo hacia lo friki que me hizo imaginarla delante del Alien cuando saca la lengua y no es una lengua, es otro alien más chiquitín.
— Pues aún queda para el próximo gran evento, pero esta semana estrenan la cuarta temporada de Narcos en Netflix. — le respondí tranquilo.
— Yo no tengo Netflix, una compañera me dijo de compartir plan, pero hasta cuatro o cinco euros al mes me parece caro… — digo nuevamente burlona. Si fuera una cachonda mental y me estuviera picando, no me importaría, pero no era así, despreciaba todo lo que no fuera con ella.
— No me lo parece… pero para gustos, colores. — dije tranquilo, y justo después añadí — ¡Cuéntame! ¿Cuales son tus pasiones? — probando cambio de tema de emergencia.
— ¿Pasiones? — dijo con su patentada cara de asco
— Ay mujer, sí, quiero decir, tus hobbies ¿a qué dedicas tu tiempo libre? ¿qué cosas te gustan? — dije, algo más serio. Por mensajes parecía maja, y sin embargo ahora era como esas personas que no se aguantan a si mismas. Hay quienes que no se soportan, y luego pretenden que el resto del mundo lo haga, y encima agradecidos por tal honor, es… irónico.
— Pues… mi perra. Tengo una chihuahua, se llama Campanilla, como la de Paris Hilton. — dijo sonriendo por primera vez en toda la mañana. Mi cara debió hablar por si sola, no me había dado tiempo a mandar mi mente a mi lugar feliz, me pilló por sorpresa.
 
Le di un sorbo al zumo de naranja que lo dejé temblando, y decidí que iba a matar del todo ese delicioso pincho de tortilla. Ella se quedó pensativa mientras bebía su café a sonoros sorbos, cosas de la alta suciedad, supongo, y podía ver en su cara un gesto de que algo le había molestado, sentía la acumulación de energía en ella, como cuando Goku hacía la bola esta de energía para cargarse a un malo. El problema es que… ahora para ella el malo era yo, y me apuntaba fijamente.
 
— ¿Qué problema tienes tú con mi perra? — preguntó de repente, asustándome, por unos segundos no me atraganto pues acababa de engullir el último trozo de tortilla, de ser así… qué muerte más tonta.
— Si no tengo el placer de conocerla ¿cómo voy a tener problemas con ella? — contesté
— ¿Ironía? — replicó furiosa
— ¡No! — dije tajante, pero sí, era sarcasmo.
 
Se quedó mirándome un buen rato, como si quisiera atomizarme con la mirada. Estaba claro que no solo no había química, sino todo lo contrario, ella podría ser mi Lex Luthor en caso de existir un Superman gallego, alimentado con percebes y cuya kryptonita sea el petróleo del Prestige o los sobres de Bárcenas. Era muy guapa, pero tenía esa belleza rencorosa y egoísta, y yo estaba cansado de anteriores debates. De haberlo sabido… no habría quedado, pero como en anteriores ocasiones dejé que la belleza me hiciera obviar las dudas que me planteaba mi sexto sentido, y me dije a mi mismo que no debía ser prejuicioso. Ella era de estas personas que se lo comen y se lo guisan todo ellas solas, y luego te culpan a ti si sale mal. Y cuando asumes que hagas lo que hagas para esa persona estará mal, y que siempre vas a ser el culpable, al final todo te da un poco igual.
Yo me limitaba a disfrutar del día y poner mi mejor cara, pero todo le molestaba, nada ofende más a una persona llena de rencor hacia el mundo que sonrías, y eso hacía yo mientras gozaba el calor del Sol en mi cara…
 
— ¡Eres insoportable! ¡Me voy a ir! — dijo amenazante.
— Pues ahí tienes tu coche. — repliqué tranquilo — Saludos a Campanilla.
 
Empezó a recoger sus cosas con cara de odio, yo ni me alteré pues me había hecho cargo de la cuenta al ir al baño. Yo había intentado estar tranquilo, pero no había manera, es tan difícil evitar el conflicto con quien solo busca guerra. Decidí regalarle, eso sí, un instante de esperanza. Y sin saber muy bien qué decir después, dije:
 
— ¡Espera! — se giró y me miró, con esa sonrisa de quien engreído, se cree poseedor de la verdad, y espera tu disculpa.
Entonces añadí: “Por favor, recuerda que debes lavar el coche que lo tienes sucio.”
— ¡Imbécil! — me respondió.
Le sonreí, y de repente… me sentí afortunado, y libre.

 
 
  
 
 
Y esto no tiene que ver con lo de arriba, pero…
 

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Jul
9
2019

Calle Melancolía 7

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro..., Música     1 comentario


Crecí con la voz de Joaquín, aprendiendo sus letras y con la vida como maestra para descifrar algunas de ellas. A veces pasaba años cantando mal alguna palabra, sin entender del todo una parte, o sencillamente no era capaz de comprender la profundidad de los momentos que dibujaban por no haber vivido nada parecido. Mientras dejaba atrás la niñez y me hacía hombre, las mujeres llegaban a mi mundo y las letras de Sabina ganaban presencia, ya no era solo un amigo, ahora era también consejero, y con el amor no correspondido, me mudé a una dirección virtual que pinté con pincel en la entrada de mi habitación…

Vivo en el número siete
Calle Melancolía

Quiero mudarme hace años
Al barrio de la Alegría
Pero siempre que lo intento
Ha salido ya el tranvía
En la escalera me siento
A silbar mi melodía

Y lejos queda aquella calle Saltoxo dónde me enamoré de mi tierra, dónde mis amigos querían jugar a mi futbolín y dónde aprendí a besar. Donde Dire Straits, Mike Oldfield y Joaquín sonaban por los rincones, reinando sobre todas las demás canciones del momento. Allí conocí la informática que me llevó allá dónde se cruzan los caminos, allí dejé mis pájaros y sus plumas y descubrí que hay rincones del alma a los que solo llegan las caricias. Comenzaba entonces un viaje, del cual no era ni consciente… una búsqueda personal, un enigma que resolver, un camino que recorrer…

Como quien viaja a bordo
De un barco enloquecido
Que viene de la noche
Y va a ninguna parte

Así mis pies descienden
La cuesta del olvido
Fatigados de tanto
Andar sin encontrarte…

Y coleccionamos momentos y personas, vicios y lágrimas, orgasmos y escalofríos. Y aprendemos a dejar ir para sobrevivir, con ausencias que te rompen un poquito y otras que sin embargo se celebran, como la del tabaco o la gente tóxica, o la de los amigos que no eran sino grandes disfraces… y sin embargo, esas otras partidas, las que se llevan un poco de ti, se recuerdan siempre con cariño, personas y momentos que dejan sus huellas de luz y corazón en tu mundo, como aquellas que nos subieron a un pedestal del que nunca queríamos bajar, deseando tener algo que no pudimos darles, no hay nostalgia peor… que añorar lo que nunca, jamás, sucedió…… no hay que dejar cosas sin hacer, ni personas sin vivir… aunque las historias no acaben bien, queda el recuerdo de unos días distintos, de instantes perfectos. Sino…

…Luego, de vuelta a casa
Enciendo un cigarrillo
Ordeno mis papeles
Resuelvo un crucigrama

Me enfado con las sombras
Que pueblan los pasillos
Y me abrazo a la ausencia
Que dejas en mi cama…

Dime de qué presumes, te diré de qué careces… lo he vivido una y mil veces, santos que arrasaban con todo sin piedad, estrellas de fútbol que no tenían gol, personas que decían quererte pero que no tenían corazón, contradicciones que me rodeaban mientras yo no podía evitar ver en mis actos más incomprensión que mala intención. Quien te quiere, no te quiere cambiar; quien te quiere, empieza por comprender y aceptar, no por criticar, un buen amigo afina tus gafas existenciales con risas e ironía, con abrazos y vida, y deja la espada para la batalla del día a día, un buen amigo ve en ti belleza que tu a veces no eres capaz de vez, ni encendiendo todas las velas que te regala la vida.
Evito abusar de la nostalgia, no es un sofá en el que me sienta cómodo, pero para seguir y acabar con la canción, no puedo sino aferrarme a ella…

…Trepo por tus recuerdos
Como una enredadera
Que no encuentra ventanas
Donde agarrarse, soy
Esa absurda epidemia
Que sufren las aceras
Si quieres encontrarme
Ya sabes dónde estoy.



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Jul
1
2019

La tan ansiada e imposible libertad

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desvarios     Añadir comentario


Es increíble los grados de libertad que existen. Por ejemplo, este blog, siendo bastante libre… no lo es del todo. Dado que mucha gente conocida pasa por aquí, debo de tener cuidado con lo que expreso, en más de una ocasión he molestado a alguien sin pretenderlo, unas veces por mal entendidos y otras por subestimar quien podría estar interesado en leer lo que yo tenga que decir. Así que, si algo que yo diga puede perjudicar a una persona que esté buscando su calma ¿debo escribirlo? Supongo que si a alguien le daña lo que yo escriba, debería dejar de leerme, pero a veces no sabes cómo puede afectar lo que digas, y es mejor guardar silencio. O lo que es igual, amordazarte a ti mismo.

Ahora estoy en una de esas etapas en las que lo que pienso, que es bastante más de lo habitual, lo escribo y lo guardo para más adelante… para dejar que el estanque se calme tras las enormes turbulencias que ha habido en mi vida en los últimos meses. Infinitas palabras se pueden resumir en unas pocas, del mismo modo que una imagen vale más que mil palabras. A veces pasamos horas y horas hablando cuando la verdad está ahí y no la queremos reconocer:
Esta persona no es para mi.
En esta última década, yo tenía el gatillo fácil a la hora de identificar esa falta de pertenencia y “nominar” a esa persona a abandonar mi vida. Y aunque alguna de esas personas podrían decir “fuiste un cabrón” o “te equivocaste”, yo también podría defender con argumentos por qué hice lo que hice, y mi parcela de razón, que no era pequeña. Todavía sigo indagando sobre qué fue lo que me eclipsó la última vez que estuve enamorado y por qué tarde tanto en endurecerme y ser consciente de que la continuidad era perjudicial e imposible para ambos.
Esos años de altos y bajos dejarán sin duda una huella importante, una que borrar con amor y paciencia sin prisa… y sin pausa.

Las libertades son siempre relativas a tu contexto, hay gente que no es libre ni para respirar aire limpio, ni para beber agua potable… en fin, vaya mundo de contrastes hemos creado. “¡Problemas del primer mundo!” Me decía hace poco un amigo que se tiró una hora hablándome, entre otras cosas, de que su hermano le regaló un donut por su cumpleaños, a lo que yo le decía que me hace eso a mi y le arranco la cabeza como a una gamba, que prefiero que no me regalen nada a eso, “Un solo donut, ni siquiera un paquete de dos“, y sin embargo… a saber cuántas personas verían en ese donut, un regalo que jamás olvidarían en toda su vida ¿no? Una deliciosa delicatessen que quizás jamás hayan probado.

Siempre he sentido que estaba en un punto medio del mundo, entre esas personas que nunca probarán un donut y los que llenan su piscina con ellos para hacerse una foto simpática para Instagram, pero quizás esté más cerca de arriba que de abajo, y aunque cuesta no sentirme culpable por ello… hoy optaré por sentirme afortunado y agradecido, consciente siempre de que la vida y su suerte cambian de un momento a otro, así que precisamente por ello, disfrutaré de mi estado actual, dando las gracias.

¿Qué privaciones de tu libertad llevas peor?
¿Qué errores sigues sin perdonarte?
¿Intentas agradecer de vez en cuando lo bueno y lo mejor que tienes en tu mundo?

Cuéntame…

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Autor

  Libreta de notas de...

...un ser humano normal, sin aparentemente nada llamativo ni destacado... salvo quizás una visión diferente del mundo, coleccionista de sonrisas y abrazos, que intercambio por buenas conversaciones. Normal... salvo que puedo ver tu alma en tus ojos, que era gallego antes aún de haber nacido, que tengo tanto que ofrecer y tantos colores con los que pintar... que estoy seguro de que vale la pena conocerme.

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