Y sí existiera Dios…

19 de mayo de 2017 en Desde dentro... 1 comentario

Hoy hubo un momento en que ese pensamiento cruzó por mi cabeza.
Comenzaron a sucederse cosas tan improbables, que parecían dispuestas por algo superior.

Ayer yo me acosté con la garganta dolorida, y aunque esperaba equivocarme, no fue así y tras una noche de fiebre, me tocaba ponerme en marcha. Esperaba ir al médico y que me dijera “Estás malito, descansa y vete a trabajar si puedes el Lunes“, yo tenía la tarde de Viernes libre, y esperaba disfrutar de una partida con mis amigos y un momento de descanso más que necesario por todo lo que me ha pasado últimamente. Ahora todo se reducía a mi fiebre, quería hacerme bolita en mi sofá y verme alguna de mis películas favoritas entre sudores.

Me vestí entre temblores, y a las 6:45 estaba en camino. Me crucé Madrid en coche, acompañado de mis inefables Berto Romero y Andreu Buenafuente en su podcast “Nadie sabe nada”, que conseguían arañarme alguna risa en medio de mi malestar.
A las siete envié un email a mi compañero avisándole de que estaba mal y que según lo que dijera el médico, igual no iba al trabajo.
Eran las 8 de la mañana cuando esperaba que abriera la consulta, y me llamó mi compañero, yo suponía que para ver qué tal estaba yo.
Me decía que le había dado un latigazo en el lumbago y que no se podía mover, él tampoco podía ir a trabajar.
Eso reducía mis opciones a una cosa: Yo tenía que ir a trabajar, por mal que estuviera, y todo el día, no solo la mañana.
Faltaban 20 minutos para que abriera la consulta, y después, esperaba irme a casa a descansar.
En ese momento me llevé uno de los chascos más grandes de mi vida, se rompieron todos mis planes e ilusiones más básicas para aquel día, e hice de tripas corazón, y puse rumbo a mi trabajo… faltando mi compañero, me tocaba ser el referente tecnológico de mi oficina.

¿Qué posibilidades había de que un mismo día los dos cayéramos tan enfermos?
Mi mañana fue agotadora y empezó por un debate absurdo con mi pareja, de esos que invitan y obligan a la reflexión. De repente, el problema no era si yo estaba enfermo o no, ni lo de mi compañero, sino si podría ir al día siguiente al mediodía al Ikea.
Me sentía como bajo una cámara oculta, algo a lo que mis 39º (compré un termómetro en una farmacia) no ayudaban.
Lo sucedido me dio la calma y la fuerza para exigir espacio y descanso.
Y en medio de todos esos pensamientos febriles yo pensaba:
Y si existiera Dios y ha diseñado este maquiavélico día para regalarme una oportunidad.

Y en mi febril realidad, tenía sentido que fuera así…

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1 Comentario

  • Tegala
    5 de junio de 2017

    Hacía tiempo que no te visitaba. Incluso con fiebre eres refrescante, lo sabías?
    Y si existiera Dios? Pues seguro que diseñaría un plan maléfico para fastidiarte el momento de vivir la fiebre en la cama viendo la tele. De éso, estoy segura.

    Un abrazo.

Autor

  Backup mental de...

...un Ladrón de Noches, Jinete de Olas en el Viento, Drogadicto de la Esencia del Mar, Dibujante con Sal de Nubes, Mago Sin Chistera que convierte los Granos de Arena en Estrellas, capaz de Acariciar con Suspiros y hacer Melodías de Optimismo de Esperanzas Rotas, de Sentir con los Ojos Abiertos, de Soñar Sin los Ojos Cerrados.

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