Viaje con retorno
En este mundo es fácil perderse, y a él le había sucedido.
Había buscado conexiones reales, humanidad, complicidad, un sentido para su existencia… sin éxito. Había amado, pero sin dar con el secreto para conservarlo, había probado muchos caminos, pero todos ellos acababan quedándose vacíos. Había explorado medio mundo, pero seguía sintiéndose pequeño. Había leído, pero nada había apaciguado sus sentimientos, ni hecho soportable su vacío.
Aquel día había cumplido 30 años y creía que ya lo había vivido todo, y aunque podría hacer mil cosas… sentía como si tuviera la ilusión agotada.
Se había puesto sus prendas favoritas, desde la camisa cían hasta las converse negras, con vaqueros y unos calzoncillos de bugs bunny.
En aquel viaje había conseguido llegar a uno de los acantilados más grandes del mundo, en las Islas Svalbard, en Noruega. Le encantaba acercarse al borde y sentir ese vértigo fresco, cómo el corazón se aceleraba en su pecho ante la espectacularidad de una vista y lo peligroso del momento en el que un soplo de viento, podía cambiarlo todo.
Recordó a su madre y su hermano, a su padre que hacía tantos años les había dejado, la felicidad y la tristeza se mezclaron entre miles de fotogramas para dejar un poso sin sabor, para que se encontrara tan solo lo que él era en aquel momento y pudiera recordar el firme propósito con el que estaba allí.
Entonces cogió fuerza y saltó.
Aquellos segundos fueron eternos pero vertiginosos, su corazón se disparó envuelto en recuerdos y cuando llego al fondo la luz se volvió negra, un gran dolor, al impactar contra las rocas, y luego, tras esa agonía casi invisible, la oscuridad. Mientras tanto, su rostro se apagaba fundiéndose con la tierra sin que nadie viera sus últimas lágrimas, ni la sonrisa que las acompañaba.
Se fue sintiendo ligero mientras el olvido le invadía, sus pensamientos se desprendían de él como las hojas de un árbol en otoño azotado por el viento.
Finalmente, lo olvidó todo… y siguió suspendido en la más profunda oscuridad una eternidad que para él fueron segundos.
De repente, vio una claridad, hacia la cual se dirigía.
Cómo ya no recordaba qué era el miedo, no lo tuvo.
Atravesó la luz y todo comenzó con un gran dolor.
Olvidados los finales, sólo quedaba un comienzo.
Su madre sostuvo al recién nacido en sus brazos.
Él no sabía quien era ella, pero sonrió.
Tampoco sabía que había vuelto a empezar su vida, la misma, y que disponía de otra oportunidad.
El olvido es el primer regalo que te hacen cuando vuelves a empezar, para que puedas estar tranquilo y no llevar un equipaje que podría conducirte a la locura… y así, con la calma de la ausencia de memoria, puedas pasarte la vida sintonizando tu brújula.
Aquel bebé solo tuvo memoria durante un segundo para luego olvidarlo todo de nuevo. Y justo después, con la angustia de ese segundo, lloró por primera vez en su nueva vida.

Imagen original. Origen desconocido / Unknown source
3 Comentarios
Cuaderno de bitácora de...
...un ser humano normal, sin aparentemente nada llamativo ni destacado... salvo quizás una visión diferente del mundo, coleccionista de sonrisas y abrazos, que intercambio por buenas conversaciones. Normal... salvo que puedo ver tu alma en tus ojos, que era gallego antes aún de haber nacido, que tengo tanto que ofrecer y tantos colores con los que pintar... que estoy seguro de que vale la pena conocerme.
Escuchando...
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Feisbus

































2 de mayo de 2012
Tus palabras traen a mi mente muchos recuerdos. Acaricio la idea de la reencarnación y todo cobra sentido, aunque me queden aún mil y una preguntas sin respuesta. Me temo que no es tan simple como en los videojuegos: game over y restart. Por el hecho de que existan futuras vidas, creo que no debemos cejar en el empeño de vivir la actual hasta el final, por dura que pueda resultarnos en algún momento. Acabar con todo, renacer, recordar lo anterior por poco tiempo, olvidarlo por completo y tener de pronto una nueva vida por estrenar. ¡Desenvolver y a vivir! A veces resulta tentador, ¡mucho!, pero nuestro karma se verá penalizado, sin duda. A esta vida venimos a aprender, y nos quedará una importante lección pendiente como asignatura para la próxima si nos rendimos antes de tiempo. Pero siempre es bonito leer un renacer, a lo Ave Fenix
3 de mayo de 2012
Me ha encantado, preciosa historia, contada con tu prosa envolvente, increíble…
Yo no acaricio la idea de la reencarnación, la acepto como una creencia fundada en mis esquemas desde hace tiempo pero eso da para largas conversaciones y reflexiones. Quizá ilusa, quizá es la necesidad de creer en algo… pero bueno, nadie puede acusarnos por necesitar creer.
Un abrazo fuerte!!
5 de mayo de 2012
Me has dejado sin palabras al leer el texto, dios!!! *se pone a hacer la ola* creo que de las entradas pendientes que me quedan por leer, está es sin duda alguna, la mejor. Y como no tengo palabras, he aquí mi comentario jaja.