Archivo 17 de octubre de 2011

Oct
17
2011

Para él… nunca estoy ocupado

 Escrito a las 17:46     Archivado en: Lecturas     3 comentarios


Supongo que en alguna ocasión os habré hablado de mi amor (literario) por Daniel Díaz, el taxista que escribe una de mis bitácoras favoritas: “Ni libre ni ocupado“. Pese a su cara de quinqui, la humanidad tras sus escritos consigue emocionarme de un modo difícil de explicar, y son, a menudo, inspiración y modelo del tipo de escritor (en mi caso, aficionado) que me gustaría llegar a ser. A veces me pregunto qué pasaría si un día su taxi me recogiera a mi ¿Sería capaz de ser frío y montarme un personaje? ¿Cuanto sería capaz de intentarlo? ¿Se emocionarían mis ojos de admiración y casualidad? Algún día lo sabré o me animaré a invitarlo a tomar algo.
Mientras tanto, os dejo con uno de sus últimos relatos, sencillamente ma-ra-vi-llo-so.

OCHO SEGUNDOS

Ana es cardióloga y operó del corazón al que, años después, acabó siendo su marido. Durante aquella intervención el corazón de Carlos se paró ocho largos segundos. Ana no olvidará nunca la sensación de aquel corazón inerte entre sus manos. Lo recuerda cada noche, cuando acaricia la cicatriz en el pecho de Carlos.

Se enamoraron después, en el postoperatorio. Carlos había llegado al hospital de urgencias, víctima de un infarto. Pasó directo de la ambulancia al quirófano. Así pues, cuando Ana le abrió en canal, aún no se conocían. Ella no le había visto antes y Carlos estaba inconsciente, sedado.

Tiene que ser raro conocer primero por dentro al que será el hombre de tu vida, manipular sus órganos antes incluso de haber escuchado su voz, de haber intercambiado unas palabras. Que a Carlos se le pare el corazón y Ana le salve y al salvarlo también se salve a sí misma. Que ahora el corazón de Ana se acelere cada vez que recuerda esos ocho segundos. Que Carlos le deba la vida a la mujer de su vida. Que Ana pegue su oreja al pecho de Carlos y escuche el corazón de Carlos y se duerma plácidamente con la cadencia de sus latidos.

Ahora, sentados bien juntos en el asiento trasero de mi taxi, después de contarme su historia, bromean:

– No habría surgido el amor si Ana, en lugar de cardióloga, hubiese sido forense. Al menos yo no me habría enamorado de ella.

– Yo me habría enamorado igual. Siempre pensé que calladito estás más guapo.

– A veces creo que Ana, en aquel quirófano, se quedó con mi corazón. Que me lo cambió por otro de repuesto. Y que lo lleva siempre consigo. ¿Me enseñas el bolso?

– Qué tonto eres.

En esto se besaron. Fue un beso de esos que producen arritmias.

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Oct
17
2011

El Tigre

 Escrito a las 15:13     Archivado en: Lecturas     2 comentarios


Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?
 
¿En qué profundidades distantes,
en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?
 
¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?
 
¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque?
¿Qué tremendas garras osaron
sus mortales terrores dominar?
 
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?
 
Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?

 
William Blake
Versión de Antonio Restrepo

 
 

 
Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?
 
In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare seize the fire?
 
And what shoulder and what art
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand and what dread feet?
 
What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? What dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?
 
When the stars threw down their spears,
And water’d heaven with their tears,
Did He smile His work to see?
Did He who made the lamb make thee?
 
Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?

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Autor

  Earl grey con cookies de...

...un Ave Fénix reincidente,
Elfo de los bosques gallegos,
un mutante psicohistórico Fundacionista buscando respuestas, un Elemental del Aire enamorado de la Tierra, un ser... qué, de vez en cuando, con el corazón en la mano, juega a pintar nubes y adiestrar libélulas, ejerciendo de Vela por horas. Reflexiones, desvaríos, tecnología, sociedad & coitus interruptus, entre otros.

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