Archivo 5 de junio de 2011

Jun
5
2011

Odiándome en el espejo

 Escrito a las 2:10     Archivado en: A5, Desde dentro...     5 comentarios


Siempre pensé, que de escribir una biografía, empezaría con algo del tipo “He cometido muchos más errores de los que un hombre normal de mi edad habría cometido…“. He mentido, he hecho daño a gente que no lo merecía (aunque también le perdoné la vida a varios que no lo merecían) y he dejado escapar a varias mujeres de mi vida… pero bueno, por lo menos he encontrado modos de hacer que mi madre se sintiera orgullosa, y eso no es poco.
Pero hoy no hablaré de orgullo materno ni de méritos, hoy hablaré de partir el corazón de alguien en pedazos, algo en lo que los hombres somos especialistas. Bueno, tampoco es del todo cierto, hay matices, los corazones de ambos géneros son tan diferentes que parecen provenir de Universos diferentes, uno es de diamante, brillante y precioso, y el del varón, de grafito, tosco y oscuro. Siempre he sostenido que lo más hermoso que hay en este mundo es un corazón de mujer, el fenómeno más increíble, inexplicable y mágico de todos cuantos se pueden contemplar en este planeta azul.

Nunca se olvida ese rostro, lleno de lágrimas y con ojos desgarradoramente tristes, cuando le explicas a alguien que quieres, con o sin motivos, que no quieres compartir su futuro. Unas veces puedes creer que haces lo correcto, otras piensas con la punta del… zapato, otras tan solo eres un cabrón malparido. En los últimos cinco años he sido lo primero, en los diez anteriores… quizás lo segundo, pero siempre me he sentido como lo tercero. No se puede gobernar el corazón, eso está claro, aunque a veces lo darías todo por poder tener un cuchillo a mano para entregárselo a quien lo merece, y en mi caso, siempre me ha separado de esa metáfora un único pensamiento, el de tres mujeres, hermanas y madre, a las que no podría dejar solas sin morir dos veces, me hacen sentir necesario y vital, pero como dije antes, esto no va de orgullo.

¿Cómo algo tan hermoso puedo sufrir tanto por culpa de algo tan insignificante como tú? Esa pregunta, me la he hecho varias veces, y otras, sacando a pasear mi orgulloso lado femenino, he sido yo el que he dedicado horas a llorar por ser el sacrificado en un juego en el que todos perdemos alguna vez, siendo más mortales, frágiles y humanos que nunca. Si pudiéramos visionar fugazmente el instante en que el destino salda sus deudas, si nos dieran un mapa con nuestro sentido en ese momento y nos explicaran cómo acaba todo… si fuera así, no habría dolor ni lágrimas, ni contrastes… ni enseñanza.

No sé qué ha pensado el karma para que pueda pagar mis deudas. El tiempo, en casi todos los casos, puso las cosas en su sitio, y aquellas personas cuyo corazón rompí acabaron encontrando medios limones más adecuados a sus necesidades que yo. Me llevé un buen puñado de recuerdos que limpiar y cuidar adecuadamente, y un libro-álbum de enseñanzas que repasar antes de Septiembre para ver si la próxima vez apruebo. ¿El regalo de ellas? Un poco de lo mismo, supongo, y una estación de paso de la que quizás, se llevaron algo que necesitaron más adelante para completar su puzzle. La vida es una ramera astuta que en el ajedrez, tiene título de maestra.

No siempre he tenido la oportunidad de enmendar mis errores, tan solo la mala memoria y un baúl de los recuerdos dónde acomodo al fondo lo más dañino me permiten dormir tranquilo. He conseguido comprender que en el ciclo de la vida, es necesario llenarte de lágrimas para que llegue el Sol y las seque, es preciso vaciar un vaso para poder volver a llenarlo, y en ese ciclo, todos nos perdemos y nos encontramos muchas veces, aprender o no… es nuestra elección.

Y miro al frente viendo mi imagen en el espejo… y a menudo, me gusta lo que veo al fondo de mis ojos. Pero hay días que recuerdo y no me hablo, otros me doy pena y me perdono, en contadas ocasiones… no me soporto. Intento sonreírme en mi reflejo cuando siento arder el tatuaje que grabé con hierro candente y que me obliga a seguir adelante y ser optimista aún en medio de un huracán, a esperar tranquilo la vela que milagrosa siempre surge en medio de toda oscuridad, y sobre todo, a seguir buscando algún modo de transmitir esa enseñanza y visión del mundo a quienes me rodean.

Quizás, el día que consiga eso, mi karma se equilibre,
y pueda encontrarme a mi mismo en todo momento,
tranquilo y pleno, al fondo del espejo.

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Autor

  Cuaderno de bitácora de...

...coleccionista de sujetadores del presente, sintonizador de melodías y momentos, de besos y recuerdos. Derrochador de optimismo, aprendiz de todo, maestro dando abrazos y cunnilingus, tiburón sin agua, gaviota con cielo.

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