El Sol sale en el momento oportuno

A menudo dudo entre dos explicaciones al fenómeno atmosférico del título: por un lado la concepción mental humana al más puro estilo Punset, científica y resbaladiza. Por otro, ese sentimiento romántico y dulce de que las parcas que rigen nuestros hilos son realmente geniales y nos entrelazan de formas magistrales.
Sufrimos, tenemos miedos, cruzamos valles oscuros, nos llevan al borde de la desesperación… pero justo en ese momento, siempre aparece una luz, una oportunidad, una salida, esa maravillosa ventana que se nos revela después de que nos invada la claustrofobia del mundo cerrándonos una puerta. Cierto es, siendo ecuánime, que hay gente que no espera a que se revelen las ventanas, pero permitirme hablar como si no fuera así, yo creo que casi siempre hay un motivo para seguir luchando por un mañana mejor, solo debes aferrarte a él, o encontrar uno, siendo paciente, y comenzando desde dentro.

Y olvidándome de otras teorías que puedan explicar esas puertas y ventanas, me encanta la mística con la que la vida en ocasiones pone a prueba nuestras almas de cristal de bohemia, cómo el mundo conspira para hacernos relativos y que dejemos de ser tan tajantes y absurdos. Nuestra corazón compuesto de cristales de colores aprende, crece… y esos pedazos que al principio son cortantes y ariscos, se van erosionando como aquellos que podemos encontrar en una playa, nos suavizan, amplían nuestros puntos de vista, la vida nos hace… inevitablemente, evolucionar.

Y es que a veces la vida nos lleva a extremos tan dolorosos como no los habíamos podido imaginar antes, angustiosos laberintos, jardines secos, cuevas ¿sin salida? a veces parece que el destino se empeña en que perdamos toda esperanza antes de ofrecernos un bote salvavidas, una luz, el comienzo de un camino que nos aleje de esa agonía.

Todos sufrimos, pero el amor… es más fuerte. Tanto cuando tengo épocas mejores como peores, mantengo viva la esperanza de un mañana mejor, me entrego a la magia de las pequeñas cosas: una sonrisa, un momento de diversión, mi bebida favorita, y si tengo suerte, un abrazo, un zumo de zanahoria, una conversación inolvidable o la inspiración para escribir algo de lo que sentirse orgulloso, y confío en que algún día de estos, mientras miro entretenido para algún lado, se plante delante de mi la mujer de mi vida, tan lejos y tan cerca, a menudo creo que tengo que perder toda esperanza para que eso suceda, el destino y sus juegos pérfidos, pero eso esa es otra historia y otro asunto diferente.

Exprimir cada día, quedarte con lo mejor de cada momento, disfrutar de la gente que te llena, centrarte en lo mejor del mundo y eludir pasillos oscuros de la mente, construir un habitat rico en diferentes formas de vida contigo como sustrato, ser agua… no son frases para pintar en el retrete, son pequeñas posibles claves para vivir mejor, para crear una felicidad justa contigo y con el mundo, para ser mejor cada día y redefinir una palabra tan bonita como «crecer».

El corazón humano es asombroso, exploremos sus límites.

Y yo… quiero crecer contigo.

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2 Respuestas

  1. Bruma dice:

    Pues cogiendo las botas de caminante, vamos a explorar. :)
    Maravillosa tu metáfora de los cristales que se van puliendo, me identifico mucho con eso, sobre todo por esa serenidad y esa orientación al equilibrio, a que no todo es ni malo ni bueno, sino relativo.
    Y relativizando aprendemos a poner los cristales al sol y ver los colores que proyectan en nuestro camino.
    Namasté.

  2. Tegala dice:

    Cada vez que tengo la sensación de que la vida me «aprieta el cuello» llega un soplo de aire fresco que me ayuda a no ahogarme. Me parece necesario y una buena «gimnasia» llenar nuestra vida de pequeñas cosas que nos hagan feliz, valorarlas y consumirlas cada día, un Carpe Diem responsable y como tú bien dices una felicidad justa con nosotros mismo.
    Bonito post y bonitas reflexiones. Que los cristales rotos sigan puliéndose y embelleciendose.

    Un abrazo.

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